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El Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis cumple 50 años

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Cincuenta años en ciencia son mucho y nada a la vez. Mucho, por el camino recorrido y las dificultades salvadas. Nada, porque aún queda mucho por recorrer. Ésta es la filosofía con la que trabaja el Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBVF), uno de los primeros centros mixtos de la Universidad de Sevilla y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que acaba de cumplir sus bodas de oro y que, a día de hoy, cuenta con una plantilla de más de un centenar de personas.

Medio siglo hace que D. Manuel Losada Villasante, con las ganas y la ilusión por las nubes, se trasladó a Sevilla y creó el Departamento de Morfología y Fisiología, dependiente del Instituto de Biología Celular (CSIC) y de la Facultad de Ciencias de la Hispalense. Con un proyecto que comenzó en el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid y unos recursos limitados en todos los sentidos, empezó a gestarse el actual IBVF en uno de los locales del actual Rectorado de la Universidad de Sevilla.

Fue en 1976 cuando se produjo el traslado a la Facultad de Biología, en el Campus de Reina Mercedes, un emplazamiento donde los investigadores tenían a su disposición nada más y nada menos que… ¡800 m2! ¿Quién se lo iba a decir a los investigadores que llegaron a trabajar en los lavabos de señoras del Rectorado? Sin duda alguna, todo eran buenas noticias.

Justo veinte años después y, aprovechando las instalaciones que la Expo’92 había legado a Sevilla, el IBVF se volvió a cambiar de ubicación, en esta ocasión al Centro de Investigaciones Científicas Isla de la Cartuja (cicCartuja), otro organismo mixto CSIC-US que alberga dos institutos más: el de Ciencia de Materiales de Sevilla y el de Investigaciones Químicas.

Llegado este momento, no queda más remedio que hablar de enriquecimiento, gracias a la interdisciplinariedad que caracteriza al cicCartuja. Compartir el edificio con investigadores ligados a la Física, la Química o la Ingeniería de Materiales ha supuesto para el IBVF un paso más hacia la colaboración y la excelencia científica.

Del “Manolito no sirve para estudiar” al Premio Príncipe de Asturias

La familia de Manuel Losada Villasante (Carmona, Sevilla, 1929) estaba más que convencida de que aquel chico no iba a llegar a nada académicamente hablando, sobre todo cuando su madre escuchaba frases como “Manolito no sirve para estudiar”. Afortunadamente, y contra todo pronóstico, Manolito no sólo llegó a la universidad, sino también a convertirse en el primer científico andaluz en lograr el Premio Príncipe de Asturias en 1995, referente mundial en el campo de la fotosíntesis y propuesto en varias ocasiones para el Nobel de Fisiología.  

Dejar Estados Unidos en 1967 y volver a Sevilla en pleno Franquismo no le supuso ningún trauma, ya que venía con la idea de que en su tierra estaba “todo por hacer”. Sin esa tenacidad y optimismo, el IBVF no se habría gestado, ni estaríamos festejando sus cincuenta años mirando al futuro por todo lo que aún nos queda por hacer. Es una realidad que muchos de los científicos que hoy desempeñan su labor en los laboratorios del IBVF han seguido la estela de Losada.

A sus 87 años de edad, Losada conserva la brillantez de ideas que siempre le caracterizó, un hecho que quedó patente en las palabras que, en su nombre, dedicó al público su hija María el pasado 30 de junio, día en el que todo el IBVF se reunió para festejar su medio siglo de vida.

"1967-2017: Cincuenta años de docencia e investigación"

Éste es el lema que resume la misión del IBVF, formar a investigadores, no sólo en las típicas tareas de laboratorio, sino también en la creación de vocaciones científicas, la aportación de su conocimiento a empresas públicas y privadas y, por supuesto, a la labor docente, en Primaria, Secundaria y Bachillerato. Es en esa etapa de la vida donde nace la vocación y se perfilan los sueños, por ello es tan importante la labor que  muchos de sus egresados realizan en colegios e institutos.

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Tras estos cincuenta años nos quedan más retos que cumplir, pero, sobre todo, queremos los fundamentales: seguir creando escuela y mantenernos a la vanguardia del conocimiento, con una plantilla competitiva y excelente. El fruto de este esfuerzo se traduce en la lectura de más de 200 tesis doctorales y en la publicación de 1.500 artículos en revistas de alto impacto del área de la Biología Vegetal, la Bioquímica y la Biología Molecular.

Después de una época horrible, en la que todos temíamos lo peor y en la que la falta de dinero minaba las ilusiones de muchos jóvenes –y no tan jóvenes- investigadores, ahora podemos decir que se ve la luz al final del túnel. Sigamos construyendo talento, no tiremos la toalla.

Las principales líneas de investigación del Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBVF) se centran, a grandes rasgos, en el estudio de la Biología Vegetal, más concretamente en: el conocimiento fundamental de la regulación celular, el desarrollo y la adaptación al estrés ambiental de organismos responsables de la fotosíntesis (cianobacteria, algas y plantas); o la biotecnología de microalgas para la producción de biocombustibles y compuestos de interés industrial.

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