eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Pau Marí-Klose

Profesor de Sociología en la Universidad de Zaragoza. Doctor en Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid, Máster en la University of Chicago y en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March. Ha sido investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC (2010-2012), profesor de la Universitat de Barcelona (2006-2010) y responsable científico del Instituto de Infancia y Mundo Urbano (2008-2010), donde fue director de los Informes de la Inclusión Social en España de Caixa Catalunya en 2008 y 2009. Actualmente es investigador principal de un proyecto del Plan Nacional I+D+I y otro de la Fundación Areces, e investigador participante en un Programa Marco de la Unión Europea y otro de la Fundación CSIC-La Caixa. Pertenece al grupo de investigación sobre Política Social y Estado de Bienestar (POSEB) en el CSIC y del grupo Analysis of Inequality and New Social Risks (AINSR), con los que realiza investigación sobre pobreza, infancia, reformas políticas del Estado de bienestar, los perfiles edatarios de los beneficiarios de las políticas sociales, educación y políticas educativas. Es autor o co-autor de nueve libros y más de treinta artículos académicos y capítulos en obras colectivas.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 654

In, Inde, IndePPendencia

Parece cada vez más claro que el “referéndum” del 1-O no será un referéndum ni nada que se le parezca, pero algo será. Ernest Urtasun (Eurodiputado de ICV) lo califico recientemente en un programa de televisión matutino como una gran protesta contra el PP. Y pensamos que no se equivoca. Posiblemente ese será el mínimo común denominador de los que se movilicen, y será también un sentimiento ampliamente compartido por muchos ciudadanos catalanes que no salgan a la calle, no quieran la independencia y rechacen la alocada carrera hacia el precipicio impulsada por los partidos nacionalistas durante estos últimos años. Todos unidos frente al PP.

El PP gana elecciones, pero concita al mismo tiempo un enorme rechazo entre amplios sectores de la población española. Según el último barómetro del CIS de julio, un 55,3% de los ciudadanos declara que nunca votaría al PP, con toda seguridad. De media, el conjunto de españoles, sitúan al PP en el 8,26 de la escala de ubicación ideológica de los partidos (de 1 a 10). Un porcentaje alto de ciudadanos (40,5%) situaba al PP en las posiciones 9-10 de la escala de ubicación ideológica (es decir, en la extrema derecha). Esta cifra aumentó sensiblemente desde que ese partido llegó al poder (en enero de 2012 era del 27%). Paradójicamente, fue incluso más baja en las legislaturas de Aznar (la cifra se situó generalmente entre el 20-25%).

Seguir leyendo »

Acaparadores de oportunidades

Acaparar es un comportamiento muy extendido en el reino animal para hacer frente a situaciones de escasez. También lo llevan a cabo los seres humanos, con el agravante de que muchas veces provocan privación de bienes necesarios para sus congéneres. Una modalidad de este fenómeno que cobra mucha actualidad es el acaparamiento de oportunidades. Esta es la tesis del nuevo libro de Robert V. Reeves, Dream hoarders. How the American Upper Middle Class Is Leaving Everyone Else in the Dust, Why That Is a Problem, and What to Do. Se trata de un ensayo que defiende una tesis controvertida. En su opinión, para entender las nuevas dinámicas de generación de desigualdades, haríamos mal en concentrarnos en lo que sucede con el 1% o el 0,01 más rico. Su trabajo, centrado en Estados Unidos, sugiere que alguno de los mecanismos que subyacen a la creciente polarización social son resultado de la acción de la clase medias-alta (Reeves habla del 20% más rico, pero quizás se podría extender un poco, al 30%, especialmente en los procesos de trasmisión intergeneracional de estatus entre padres e hijos). Las clases medias altas se apropian y “acaparan” oportunidades (opportunity hoarding).

Aunque el discurso sobre la clases medias-alta en Estados Unidos de Reeves no es totalmente trasladable a España, los paralelismo son evidentes, y nos ayudan a reflexionar sobre muchas cosas acaecidas en los últimos años, tanto en el terreno socioeconómico como político. La clase media-alta la constituyen, por lo general, personas con estudios superiores, buenos empleos, salarios adecuados que les permiten ahorrar, tener una buena vivienda, posiblemente una segunda residencia y solvencia ante cualquier adversidad. Pero catalogar a alguien en este segmento no es fácil. La posición social no depende de una variable, pero los ingresos (ajustados por la composición del hogar) suelen ser bastante definitorios. El INE le coloca en el 20% más adinerado (lo que se conoce como quintil más alto) si usted vive en un hogar unipersonal e ingresa, por todos los conceptos, 22.300 euros netos anuales o más. Si vive usted con otro adulto y dos niños, pertenecerá a ese quintil solo en el caso en que en su hogar se ingresen 46.800 o más. La clase media-alta no suele estar en el punto de mira de los que denuncian el enriquecimiento de los más ricos. Bastantes se tienen por personas de centro moderado, incluso de izquierda, esquivando la idea de que su situación de relativo privilegio los aboca al conservadurismo. Muchos niegan a los demás ser clase media-alta. Incluso se lo niegan a sí mismos. Sus pautas de consumo no son necesariamente ostentosas. Buena parte de la clase media en el capitalismo postindustrial evita el “consumo conspicuo”, esa forma de exhibicionismo que, como señalaba Thorstein Veblen, se utilizaba en la fase de capitalismo industrial para marcar la posición de uno en la escala social. Bastantes de los miembros de esta clase acomodada proceden de estratos algo más bajos, y han sido aupados a su nueva posición por la modernización del país y la expansión de oportunidades educativas. De ahí que entiendan que las experiencias de adversidad y desvalimiento no son plato de buen gusto y estén dispuestos a sostener la red de protección pública existente, siempre que los impuestos para ello se mantengan en un nivel razonable. Pero su éxito social les ha vacunado frente a la compasión excesiva. Vengan de donde vengan piensan que el mundo está lleno de oportunidades para quien tiene talento y se esfuerza. Se trata de aprovecharlo. Están firmemente convencidos de que ellos mismos son la viva materialización de las oportunidades que ofrece un sistema meritocrático. La sólida posición económica de la clase media-alta suele tambalearse poco en los periodos adversos. No lo hizo en la última crisis: ni sus salarios ni sus ingresos totales se resintieron apenas. Reproducir su estatus, situando a sus hijos en las posiciones de clase que les corresponden (a la altura de la de sus padres o por encima) les costó algún quebradero de cabeza, pero al final la lógica se impone y las inversiones realizadas en sus hijos suelen ofrecer los retornos esperados. Esa es su verdadera seña de identidad: el empeño en que sus hijos puedan sortear las dificultades que se les presenten en la vida y puedan encontrarse en las mejores condiciones para aprovechar las oportunidades que les lleguen. A este empeño dedican tiempo y dinero. Cuando no tienen suficiente tiempo, ponen dinero. Dinero para sufragar buenas escuelas infantiles, donde puedan quedar al cuidado de profesionales adiestrados para estimular sus competencias cognitivas, y luego un buen colegio. Dinero para campamentos, estancias de verano en el extranjero, actividades extra-escolares, el bachillerato en Estados Unidos (o Irlanda, si la cosa no da para tanto), un Erasmus en una universidad de campanillas o un buen posgrado. Si la cosa va mal, dinero para pagar tutores de repaso, psicólogos o internados. Lo que haga falta. Pero el dinero, como casi siempre, no lo explica todo. Los vástagos de la clase media-alta se benefician del capital cultural de sus familias. El capital cultural lo constituyen bastantes intangibles y algunos recursos materiales de que disponen estas familias. Forma parte de ese patrimonio el lenguaje que utilizan los padres en las interacciones con sus hijos, que moldea la forma de hablar de estos últimos; los recursos educativos de los progenitores para inculcar conocimientos y estimular competencias; la capacidad para apreciar y dar cauce a los talentos de los menores; la mayor propensión a cultivar valores pro-escolares y aspiraciones al logro educativo; la orientación y el apoyo que les ofrecen para superar retos escolares. En muchos hogares de clase media-alta hay libros, lo que no es baladí: el número de libros en el hogar es uno de los indicadores que mejor correlaciona con las puntuaciones de los adolescentes en la prueba PISA. Padres y madres de clase media-alta tienen un concepto de lo que significa ser buen padre y buena madre que pasa principalmente por colocar a su hijo/a en la pista de despegue del éxito social. Y si no despega, se trata de conseguir que no se precipite por la escalera social. Los sociólogos nos referimos al umbral social por debajo del que no caen los hijos de la clase media-alta como “ suelo de cristal” (glass floor). La mayoría de personas que escribimos columnas en la prensa o emitimos juicios de autoridad como expertos en los medios, en las empresas, en los partidos políticos o en las entidades sociales, pertenecemos a la clase media-alta o estamos en sus aledaños, esperando meter el hocico donde creemos que merecemos estar. Nuestra voz es la más oída porque tenemos foros para expresarnos y pericia para hacerlo. La clase media-alta tiene una capacidad enorme de marcar el paso al debate público, imponiendo sus preocupaciones y sensibilidades. Aspiramos a que el gobierno solucione la precariedad de nuestros hijos, olvidando que la verdadera precariedad es la de quienes la experimentan en combinación con la pobreza y la exclusión. Recompensamos a gobiernos y partidos que nos prometen bajadas de impuestos y desgravaciones que nos benefician mientras toleramos el deterioro de servicios públicos que, a la postre, no utilizaremos porque estamos en condiciones de contratar servicios privados. Celebramos la multiculturalidad y nos mostramos dispuestos a acoger refugiados, pero no nos preocupamos por sus condiciones de vida una vez en el país, ni de que disfruten las mismas oportunidades que los demás. Las verdaderas oportunidades --las que conducen al éxito social-- son y pretendemos que sigan siendo para nosotros y nuestros hijos. Gracias a ello, en última instancia, seremos (y serán) los que podamos (puedan) acreditar “méritos” que justifiquen nuestra posición de clase preeminente. La crisis ha acabado y la clase media-alta debe arrimar el hombro para sacar del pozo en que han caído millones de españoles que no tuvieron la fortuna de haber podido sortear los embates del desempleo y la falta de protección social ni se están beneficiando de una salida desigual de esa coyuntura. La clase media-alta debe ser convencida de que la próxima crisis que nos toque vivir tiene que ser más democrática. No puede concentrase de nuevo solo sobre los maltrechos hombros de los grupos más desfavorecidos. No es solo una cuestión de justicia. La clase media-alta debe entender que anteponer su bienestar y acaparar todas las oportunidades conduce a situaciones colectivas sub-óptimas, en que salimos perdiendo todos. ¿Será posible desactivar su tendencia egocéntrica al acaparamiento de oportunidades con apelaciones a favor del bien común? ¿o habrá que confiar en la aparición de una nueva generación de intervenciones públicas para frenarla? *Agradezco los comentarios y sugerencias de mejora de Laura Fernández y Marga Marí-Klose a versiones anteriores de este artículo.

Seguir leyendo »

¿Le pasa algo a la Universidad española?

La pregunta es retórica. Obviamente, a la Universidad española le pasan cosas, y muchas merecen atención. La Universidad española adolece de múltiples problemas. Se ha hecho habitual señalar que los más importantes derivan de sus estructuras de gobernanza, que conducen al clientelismo y la endogamia. No seremos nosotros, que alguna vez hemos padecido en carne propia las consecuencias de esas prácticas, quienes quitemos razón a los que lo argumentan.

Pero en el mapa de problemas del sistema universitario español hay muchos otros sobre los que posar la mirada. Hay analistas que apuntan a la falta de recursos para investigar, o para enseñar (grupos-aula demasiado grandes para ofrecer atención personalizada, ausencia de profesores asistentes). Otros observadores destacan la falta de incentivos. La Universidad no atrae talento, claman en algunas banderías. O lo expulsa. O lo quema, asfixiado por la carga de trabajo burocrático. Están los que destacan los graves problemas de dualización laboral de las plantillas, fragmentadas entre profesores estables y bien pagados y otros con carreras laborales precarias. También están los que creen que el problema es la desconexión entre las enseñanzas que los estudiantes reciben en la universidad y las demandas del mercado de trabajo.    

Seguir leyendo »

¿Qué harías por los tuyos?

"Yo por mi hija, mato, ¿me entiendes? ¡eh! MAAA-TO". Belén Esteban ha sido una heroína popular. La Princesa del pueblo. Suya es esta declamación de contenido universal. La Esteban expresaba, de manera estrafalaria y desmedida –propia del personaje que ha construido– un sentimiento que no nos resulta ajeno. Somos proclives a anteponer las necesidades y aspiraciones de los "nuestros", especialmente nuestros familiares (por los que podemos llegar a estar dispuestos a matar para protegerlos), pero también de los semejantes que sentimos más próximos, a nuestros ídolos y los líderes que nos representan.

La tendencia a favorecer a los miembros del propio grupo ha sido acreditada en condiciones experimentales. Son particularmente interesantes las investigaciones académicas que crean grupos con personas desconocidas entre sí usando criterios arbitrarios. Diversos estudios con experimentos han mostrado como incluso esas agrupaciones pueden conducir a identidades grupales, en que los miembros de esos "equipos" terminan manifestando preferencia por individuos de su grupo recién creado (endogrupo) frente a los de un grupo externo (exogrupo). Bajo ciertas condiciones pueden acabar desarrollando actitudes negativas hacia los miembros del exogrupo.

Seguir leyendo »

El Procés ante la delgada línea entre el disparate y la estupidez

El pasado viernes se dio a conocer una carta en que Neymar se despedía de la afición culé. Su marcha no había estado exenta de polémica por lo que, quizás, en un gesto para recongraciarse con los seguidores espetó: "El Barça es una nación que representa a Cataluña". No faltaba lógica a la aparente extravagancia. Si el Barça es una entidad deportiva que es "más que un club", un estatus obvio en una liga de muchos clubs que no pasan de ser simples clubs era ser una nación.

Pero no nos cebemos con un pobre futbolista que no ha venido a Europa a manejar con soltura conceptos tan escurridizos como el de "nación". Ni siquiera nos cebemos con Guardiola, tan pulcro y medido en sus ruedas de prensa como entrenador de fútbol, pero que en una congregación nacionalista reciente leía obedientemente un panfleto en que se pedía ayuda internacional contra "los abusos de un Estado autoritario". Fútbol es fútbol. No pidamos peras al olmo. En adelante, me referiré solo a declaraciones de personas que participan activamente en el Procés como representantes políticos, cargos de designación política o intelectuales significados por su posición sobre el tema, y a los que cabría presuponer competencias y conocimientos suficientes para evitar el disparate.

Seguir leyendo »

Ciudadanos: ¿Oasis o espejismo socioliberal?

Nos acercamos a los primeros cien días de gobierno Macron, y ya no todo es color de rosa. En los sondeos comienzan a atisbarse las primeras desafecciones y algunas de sus medidas ya han granjeado críticas y suscitado reacciones de incomprensión. Los indicios de desgaste de su figura son hasta ahora leves, y posiblemente disfrute todavía una larga luna de miel con buena parte del electorado francés y muchos observadores externos. Todos ellos habían saludado con ilusión y esperanza la emergencia de un político que, además de mostrarse capaz de frenar el ascenso del populismo de extrema derecha, parecía reivindicar nuevos valores y estrategias, con los que lograba representar las ambiciones ilustradas y progresistas de capas amplias de la población francesa y europea.

Por muy novedosa y refrescante que resulte la aparición de Macron en el contexto actual, ni su retórica ni sus ideas son originales. Macron irrumpe en el escenario abanderando ideas que ocupan la agenda política hace dos décadas, cocinadas a fuego lento en departamentos universitarios, think tanks y comisiones de expertos de organismos nacionales y supranacionales en un breve interludio dorado que experimentaron las opciones de centro-izquierda en la última década del pasado milenio. Este interludio trajo a Bill Clinton, Gerhard Schröder y Tony Blair al gobierno de sus respectivos países. Macron recoge veinte años después el testigo de una corriente ideológica  —el socioliberalismo o Tercera Vía— que en su día no arraigo en Francia y que, pese a algunos éxitos, no acabo de rendir siempre los frutos electorales esperados, pero que logro eludir buena parte de la responsabilidad en el declive socialdemócrata.

Seguir leyendo »

Apuntes "maquiavélicos" para un PSOE en transición

El 39º Congreso del PSOE no será recordado como un Congreso más.  En él, el PSOE ha acometido una renovación drástica de programa ideológico y su equipo, y ha replanteado su rumbo estratégico en cuestiones claves como el reconocimiento de la plurinacionalidad y la política de alianzas. Se trata de un reconocimiento tardío pero necesario de que España cambió de manera inusitada durante los últimos años, y el partido debía adaptarse.

Una percepción muy generalizada de los asistentes al Congreso (al menos de aquellos con los que tuve ocasión de hablar) es que el nuevo PSOE de Sánchez se había ganado de nuevo el derecho a ser escuchado. Este derecho se había perdido entre sectores importantes del electorado progresista en los últimos años como resultado del papel del partido socialista en la gestión de la crisis, la desatención a demandas ciudadanas o su división interna. Aupando a Pedro Sánchez a la Secretaría General sin grandes sobresaltos tras su victoria clara en las primarias, el PSOE demostraba que estaba menos fracturado que lo que pronosticaron muchos agoreros durante los meses de campaña. Todo sugiere que Pedro Sánchez va a disfrutar de una dulce luna de miel, que puede ser luna de hiel para alguno de sus rivales más recalcitrantes, cuyo futuro político al frente de baronías y otros cargos orgánicos puede peligrar si los sanchistas acometen una ofensiva en las federaciones autonómicas díscolas para situar sus peones al frente de la organización.

Seguir leyendo »

Pedro Sánchez y la profecía autocumplida

Los populistas son animales mitológicos que algunos ven corretear por todos lados. La capacidad de estos seres de agitar el cóctel de las bajas pasiones es descomunal. Cuando te expones a sus hechizos, al parecer, estás perdido. Tu racionalidad se tambalea. Entras en un carrusel caótico de estados mentales de agitación, que nubla tus capacidades cognitivas y las competencias analíticas que tanto te ha costado adquirir y cultivar. Crispación, indignación, ira y cólera se alternan, salpicadas por episodios de ilusión excesiva, gregarismo y entrega acrítica a un líder cuyos defectos son visibles a todos que todavía tienen la fortuna de no haber sido contagiados por la infección populista.

Esta es la retórica que han manejado (a veces con soltura, últimamente ya con cierta fatiga o falta de imaginación) acrisolados políticos, tribuneros, columnistas y tertulianos para fustigar a candidatos que cometían la osadía de desafiar a partidos o líderes llamados a ocupar la hegemonía política en nuestro país (alguno diría " tocados por los dioses" para ello).

Seguir leyendo »

La preverdad: el PSOE era contingente

El 4 de mayo ha sido un día aciago para la Gestora del PSOE. Pedro Sánchez y su equipo, esos que han conseguido 53.117 avales, han demostrado que tenían razón en dos asuntos bien importantes.

Por un lado, como ha demostrado el cuponazo vasco, el PP podía buscar apoyos en otro sitio. No era inevitable que el PSOE le apoyara en la formación de gobierno. Parafraseando al parroquiano de Amanece que no es poco de José Luis Cuerda, el PSOE no era necesario, era más bien contingente. Sin embargo, la presión, toda la presión del mundo, se puso sobre el entonces secretario general que debía sí o sí apoyar al PP para que este no tuviera que llegar a pactos con los nacionalistas.

Seguir leyendo »

Desigualdad, injusticia e insensibilidad "socialdemócrata"

Acaban de salir los resultados de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2016. Con datos de ingresos de 2015, vuelve a constatarse que la desigualdad no se revierte en la nueva etapa de crecimiento económico. El coeficiente de Gini –que mide la desigualdad en una escala donde cero es el valor de una sociedad (imaginada) donde la desigualdad fuera mínima y 100 el de una sociedad donde fuera máxima– España se sitúa en 34,5, apenas una décima menos que el año anterior, a pesar de que 2015 fue un año de crecimiento económico (3,2 del PIB en 2015). En 2014 también había "descendido" una décima (con crecimiento de 0,7%). A este ritmo necesitaríamos más de dos décadas de crecimiento continuo para volver a los niveles de desigualdad de 2008, donde España ya se situaba en niveles medio altos de desigualdad en Europa.

Los seres humanos no toleramos fácilmente la desigualdad, y menos si entendemos que deriva de causas inmerecidas o es producto de la (mala) suerte. Un volumen ingente de literatura académica acredita esta aversión natural a la desigualdad. Numerosos estudios experimentales muestran que, bajo condiciones controladas en un laboratorio, individuos a los que se solicita dividir recursos entre un grupo de personas con las que no mantienen relación alguna previa, eligen repartos igualitarios. El sesgo es tan poderoso que, muchas veces, los sujetos prefieren incluso resultados igualitarios en los que todo el mundo gana menos que resultados en los que todo el mundo gana más pero es mayor la desigualdad entre los que más tienen y los que menos.

Seguir leyendo »