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Día Internacional del Voluntariado: los voluntarios y el valor

Alberto Casado.

«Yo hice la 'mili'… Uno tiene ya una cierta edad y, cuando la terminabas, te entregaban la tan ansiada cartilla militar –creo que se llamaba–, aunque todos la conocíamos por 'la blanca'… Sí, era de color blanco, no es original pero éramos muy jóvenes y de sexo masculino. En ella, en una de sus páginas, se detallaba tu grado, el cuerpo donde habías servido y alguna cosa más, pero había una anotación sobre tu 'valor'…. Imagino que era la valoración que de ti se haría en tiempos de guerra; en todas las que yo pude leer de mis compañeros (y gracias a los tiempos, no acabamos en ninguna trinchera), estaba escrita por defecto la contestación a valor: “se le supone”».

Hoy es el Día internacional del Voluntariado y realmente a todas estas personas, millones de personas en todo el mundo que son voluntarias en favor de alguna de las muchas causas necesarias, el valor, en prácticamente todas las diferentes acepciones del diccionario, no sólo se les supone, sino que lo demuestran a diario.

Porque hay que tener valor para que en los tiempos actuales, en los que todos vamos a mil quinientos por hora y pensando las más de las veces en nuestro entorno más cercano y familiar para resolver los millones de problemas cotidianos que nos asaltan, este grupo de personas sea capaz de reservar y preservar, no sólo una parte de su tiempo para dedicarla a diferentes y nobles causas, sino en algunos casos, a destinar una parte importante de sus vidas a ayudar, a colaborar, a pelear junto a otras personas para que el mundo pueda ser cada día un poco mejor.

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Bangladesh: sueños quemados

Khodaja Khatun. Foto: Luigi Baldelli / ActionAid

“Tenía miedo. No sabía si iban a sobrevivir. Inicialmente no sentí enfado o ira, sólo preocupación y miedo”. Estas palabras son de Nurul Islam, padre de Sonali y marido de Khodaja Khatun. Hace diez años que fueron atacados por un miembro de su propia familia. Les roció de ácido mientras dormían con la única intención de culpar a otra persona, un vecino con el tenían una disputa por la propiedad de unas tierras.

Nur sufrió heridas leves, pero los rostros de su hija y de su mujer reflejarán de por vida las terribles secuelas de esta forma de violencia que en el 80% de los casos es causada a mujeres y en el 90% perpetrada por hombres. Sonali apenas contaba 18 días, Khodaja tenía 15 años: “Tardé dos días en tomar conciencia de mi alrededor tras el ataque. Luego me invadió la preocupación por el futuro y los retos que surgirían, mi bebé y yo teníamos la cara desfigurada. Supe que nada sería lo mismo".

Khodaja perdió un ojo y la forma de su cráneo se alteró por los efectos del ácido. Necesitó diez meses de tratamiento para recuperarse, luego tuvo que acostumbrarse a las miradas, a sentirse observada. Vivir con la idea de que quizá su hija Sonali no se casaría nunca, en un país que entiende que el mejor futuro para una niña es el matrimonio. Pasados diez años, Khodaja y Nur siguen lidiando con el sentimiento de culpabilidad, “es a causa de nosotros que haya tenido que superar el trauma de este ataque”.

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Día de la Infancia: mucho por hacer

Rabia y su hermano Sidra son pakistaníes. Tienen 8 y 10 años. A pesar de que ambos estudian, deben ayudar en la economía familiar y por eso trabajan en la fabricación de materiales de construcción. Sin zapatos, sin acceso a un baño, sin agua potable y sin tener un descanso. Sólo comen una vez al día. (Umar Farooq/ActionAid)

La desigualdad, la pobreza, la falta de acceso a la educación, los conflictos o desastres naturales forman parte de la realidad a la que nos enfrentamos diariamente y afectan especial e injustamente a las personas más vulnerables: los niños y las niñas. Este 20 de noviembre celebramos, un año más, el Día Universal de la Infancia, recordando que aún queda mucho por hacer y que la protección de sus derechos no es sólo cosa de un día.

Esta fotogalería en eldiario.es es un repaso a las desigualdades y situaciones que amenazan su bienestar, salud, educación... incluso su vida. Y lo más importante: que son evitables.

Puedes verla aquí.

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¿Y si ganamos?

Blog de Ayuda en Acción en eldiario.es.

Esto es un blog, sí. Un blog de una ONG. Un blog colectivo hecho por trabajadores y colaboradores de una organización. Es un blog de una ONG cuya prioridad es la de poner a las personas en el centro y, para ello, qué mejor que hacerlo a través de un periodismo hecho con rigor, con calidad y teniendo acceso de primera mano a las historias, a los problemas y éxitos de las personas con las que trabajamos. 

Este espacio en eldiario.es es una apuesta más de Ayuda en Acción para mejorar la comunicación basada en contenidos con su comunidad, es una herramienta de rendición de cuentas. 

Nos planteamos, ¿y si ganamos un premio Bitácoras? Sabemos que será un chute de energía, de motivación para que todos los compañeros sigan escribiendo, para seguir trabajando desde nuestro laboratorio de comunicación, pero sobre todo servirá para dar difusión, presencia y voz a Rosa, Jorge, Damiana o Brayan, los auténticos merecedores del Bitácoras 2013.

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Cinco niños demandan al Estado de Guatemala por no luchar contra el hambre

El maíz es el principal sustento de las comunidades pobres de Guatemala. Foto: Daniele Volpe / Action Aid

El municipio guatemalteco de Camotán pertenece al departamento de Chiquimula y cuenta con la cabecera municipal, 29 aldeas y 78 caseríos. Allí viven Brayan, Mayrita, Leonel y las hermanas Dina Marilú y Mavelita Lucila, a cuyas familias se ha responsabilizado por negligencia y falta de precaución por su enfermedad y desnutrición crónica. Esta es la historia de cuatro familias que han luchado contra el Estado para defender el derecho a la alimentación de sus hijos. La pequeña crónica de una demanda inédita, de una sentencia histórica.

En Camotán, algunas comunidades están inmersas en la necesidad y en la impotencia. Allí, los ingresos económicos se limitan a conseguir empleo precario en la plantaciones de café de la frontera con Honduras (y aún así, el salario no les permite cubrir necesidades básicas) o depender de la agricultura en caso de tener tierras propias. La alimentación, se reduce al maíz, frijol o milpa que puedan cultivar, comprar o mendigar. A los nances que puedan recolectar de los árboles cercanos a sus casas. Hay días que sus dos comidas diarias se limitan a varias tortillas de maíz. Así, es imposible superar el ciclo de desnutrición que afecta no sólo a los más pequeños, sino a las familias al completo. Muchas no cuentan con ningún tipo de saneamiento y sus comunidades son caldo de cultivo de parásitos y enfermedades digestivas. El acceso al agua potable requiere muchas veces de un largo recorrido a pie, pues utilizar otro tipo de transporte se llevaría buena parte de los ingresos de los que disponen para… malvivir. Muchos niños se ven obligados a trabajar con apenas diez años y dejan la escuela; las niñas se emparejan, casan y quedan embarazadas a los 13 o 14 años.

Y surgen las preguntas. ¿Cómo salir del círculo de pobreza? ¿Está el estado guatemalteco libre de responsabilidad? ¿Hasta qué punto se puede responsabilizar a las familias cuando carecen de alimentos o de trabajo y no tienen acceso a la tierra o a servicios básicos como agua potable o vivienda? ¿Por qué no exigir que el estado repare el daño que la desnutrición y la pobreza extrema ha causado a las familias?

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“Esto no está en las manos de uno, pero sí en las de todos”

Padres en el patio de un colegio. Foto: Romina Peñate

La frase no es mía, es del “Sr. Antonio”, presidente de la Peña Dominó de Cornellá, que colaboran –igual que con otras muchas causas locales– con Ayuda en Acción desde hace  nueve años.

La frase concentra el principio básico de convivencia y de solidaridad , juntos podemos conseguir muchas cosas, pero es labor de cada uno dar ese primer paso y unirse o participar a la causa que considere más justa. Sobran las causas y siempre –aunque haya también muchas–  faltan las manos.

En Ayuda en Acción tenemos una causa, trabajamos junto a algunas de las comunidades más pobres en África, Asia y América Latina para mejorar sus condiciones de vida, contribuyendo a que cada vez más personas puedan acceder a sus derechos más básicos. Para nosotros, la manera más potente de conseguir este complicado reto es el fortalecerles y apoyarles en sus organizaciones locales. Nosotros, gracias a nuestras socias y socios, apoyamos sus propios proyectos de vida digna.

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Los indígenas guaraníes contra la esclavitud

Exilda en una cosecha de maíz para su comercialización

La situación en la que se encuentra el pueblo indígena guaraní en la región conocida como el Chaco, Bolivia sometidos a condiciones de servidumbre por deudas y trabajo forzoso, es conocida como “comunidades cautivas” que representan indudablemente formas contemporáneas de esclavitud.

Según un informe de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en 2008  constató la continuidad de prácticas análogas a la esclavitud en la forma de servidumbre y trabajo forzoso que afectaban aproximadamente a 600 familias pertenecientes al pueblo indígena guaraní en el Chaco de Bolivia, las cuales vienen de décadas atrás y se mantienen vigentes.

A pesar de los esfuerzos realizados por el Estado boliviano para hacer frente a la situación de servidumbre y trabajo forzoso y para facilitar la reconstrucción del territorio guaraní, todavía existen comunidades cautivas que se encuentran sometidas a realizar trabajos forzosos por deudas supuestamente contraídas, y que la mayoría de las veces no reciben un salario por el trabajo que desarrollan. Los miembros de  estas comunidades cautivas viven en la extrema pobreza y son sometidos a castigos crueles, quema de sus cultivos y muerte de sus animales. 

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La no vuelta al cole

Colombia. Las escuela García Márquez de Altos de Cazucá, a las afueras de Bogotá, fue construida junto a la organización Pies Descalzos y otras entidades locales. Hoy atiende a 1.300 niños, niñas y jóvenes y más de 800 familias del barrio se benefician de las actividades que se organizan. (Salva Campillo/AEA)

Durante esta semana y la pasada, más de siete millones de niños y niñas en toda España, y también sus familias, vuelven al cole. Unos sentirán la agradable sensación de la vuelta a la rutina (especialmente padres y madres). Otros el vértigo del libro por estrenar o la intriga de quién será su profe. Unas sensaciones que seguro sentirán a lo largo de las distintas etapas educativas que cada uno viva. Sin embargo, son muchos los niños y niñas en todo el mundo que no tendrán la fortuna de sentir nada de eso. 57 millones ven negado su derecho a ir a la escuela, y las implicaciones van mucho más allá de no poder estrenar libros, o no sentir la ilusión de las vacaciones escolares que empiezan. No ir a la escuela significa que ante ellos y ellas se abre un futuro poco prometedor.

Perú. La escuela de Conoden, un municipio rural, registra unas altas tasas de abandono escolar, sobre todo en el caso de los adolescentes que dejan las aulas para ir a trabajar al campo con su familia. Allí trabajamos en la formación del profesorado y en la captación y reingreso de los niños en la escuela. (Salva Campillo/AEA)

Perú. La escuela de Conoden, un municipio rural, registra unas altas tasas de abandono escolar, sobre todo en el caso de los adolescentes que dejan las aulas para ir a trabajar al campo con su familia. Allí trabajamos en la formación del profesorado y en la captación y reingreso de los niños en la escuela. (Salva Campillo/AEA)

No ir a la escuela significa que difícilmente van a poder aprender a leer o escribir. En términos prácticos, esto les limitará sus posibilidades de leer un periódico, o llevar la cuentas de casa. Pero también supondrá no poder optar a un trabajo digno que les permita tener unos ingresos. Desconocer cuestiones básicas de salud que harán que su vida y la de sus hijas sea mejor. Poder participar en la vida de su comunidad y ser partícipes de las decisiones que les afectan. En definitiva, ser dueños y dueñas de su vida.

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La radio es la escuela

Participantes del proyecto de eduación a distancia de Betanzos, Bolivia. (ACLO)

Desde la década de los 30, la educación por radio se ha revelado como un instrumento eficaz en la alfabetización y formación de personas de escasos recursos, habitantes de comunidades aisladas, adultas… y es una metodología aún vigente en muchísimos países, como es el caso de la UNED o de ECCA en el nuestro o de la Fundación ACLO en Bolivia. Con esta última, hemos llevado a cabo una experiencia de educación a distancia por radio en municipios rurales de los departamentos de Potosí y Chuquisaca entre el 2004 y 2012, que ha permitido acercar la educación a poblaciones bolivianas como Betanzos.

En este municipio, la educación por radio ha sido uno de los varios proyectos educativos inmersos en el programa de desarrollo integral que a lo largo de 13 años ha tenido el objetivo de mejorar las condiciones de vida (educación, salud, economía familiar) de más de 13.000 personas. Al iniciar el proyecto en 1998, había baja cobertura educativa, gran absentismo y deserción escolar, así como altos índices de analfabetismo en adultos, con cifras del 38% en hombres y del 73% en mujeres. En la actualidad, el 100% de los niños y las niñas de primaria y más del 50% de adolescentes de secundaria asisten a la escuela, y el 100% de la población de Betanzos tiene acceso a una educación alternativa, adecuada para el entorno rural en el que viven, a través de medidas como la construcción de un colegio, dos centros de recursos pedagógicos o cuatro telecentros y, por supuesto, las ondas radiofónicas. Más de 500 personas, de las cuales al menos el 50% son mujeres, han reducido el analfabetismo a partir del programa de educación básica por radio que, destinado a jóvenes y adultos mayores, se ha prolongado durante varios años. Iniciado en 2004, siete años más tarde, el 70% de la población del municipio había sido alfabetizada.

Derecho a la educación, por radio

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“A pesar de los riesgos, voy a volver a intentarlo”

Heriberto Guzmán ha migrado en dos ocasiones a EEUU (Salva Campillo/AEA)

140.000 migrantes llegan a México cada año para intentar cruzar a EEUU, dicen los datos oficiales. La gran mayoría son centroamericanos que recorren el país de sur a norte encaramados en un tren de carga, conocido como La Bestia, que es noticia estos días por el accidente del domingo que dejó seis muertos y una veintena de heridos. Viajar en ese convoy les permite cruzar el país sin someterse a controles migratorios, pero se juegan la vida exponiéndose a las mutilaciones que se producen al subir o bajar de los vagones en movimiento y a los secuestros, extorsiones, violaciones y asesinatos a manos del crimen organizado e incluso de las propias autoridades. Solo en el estado de Tamaulipas, fueron rescatados 81 migrantes secuestrados en julio, 52 a finales de junio y otros 165 a principios del mismo mes.

A Heriberto Guzmán le ha tocado vivir de cerca los peligros del camino. Su primo fue secuestrado y encerrado hasta que su familia consiguió reunir el dinero que costaba devolverlo a casa sano y salvo. Ese recuerdo, y la eterna sensación de jugar a la ruleta rusa, le han acompañado en los tres viajes que ha hecho a EEUU. En los dos primeros, consiguió entrar en el país. En el último, a finales del año pasado, lo detuvieron las autoridades de Arizona. “Tuve que pasar seis días encarcelado”, recuerda. “ Nos meten en una jaula, como si fuéramos animales. Nos dan agua y poca comida, que no llena. Cuando terminan los seis días nos llevan a la frontera y allí nos botan (dejan). Sin dinero y sin nada para volver a casa, cada uno llega como puede”, reconoce el joven de 28 años.

Cuando entró la primera vez, en 2004, las cosas en la frontera eran diferentes. “No tuve problemas para entrar, pero ahora cada vez se pone más difícil. Hay más control, más gente a la que están regresando a México y menos gente que consigue su sueño”. Según el Instituto Nacional de Migración, el año pasado, 400.000 personas fueron deportadas de EEUU a México. Aunque la peor parte, asegura, es cruzar el desierto. En muchas ocasiones, los migrantes recurren a los 'polleros', intermediarios que se encargan de organizar el viaje. “Cada vez piden más dinero, la última vez fueron 20 000 pesos (1 130 euros). Y el camino es muy duro. Caminamos como cinco días por el desierto. Tenemos que llevar agua. Algunos se mueren y algunos quedan perdidos”.

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