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Kevin, pescador de conchas: "Trabajo desde los ocho años"

El 72% de la infancia de El Salvador vive en situación de pobreza. Según la OIT, casi 200.000 niños y adolescentes de entre 5 y 17 años, desarrollan alguna actividad para ayudar en la economía familiar.

En la Bahía de Jiquilisco, más del 40% de los hogares cuentan con niños trabajadores. Muchos, como Kevin, se dedican a la recolección de moluscos como el curil.

Evitar las condiciones que provocan el trabajo infantil es uno de los objetivos del trabajo de Ayuda en Acción en la Bahía de Jiquilisco y de la campaña Dile al Hambre

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Kevin Rivera, recogiendo curiles en la localidad salvadoreña de Puerto El Triunfo. Foto: Josefina Ramírez

Kevin Rivera, recogiendo curiles en la localidad salvadoreña de Puerto El Triunfo. Foto: Josefina Ramírez

La pobreza es uno de los mayores obstáculos al que se enfrentan niñas y niños para su desarrollo. Según un estudio reciente de la CEPAL ( Comisión Económica para América Latina y el Caribe), publicado en diciembre de 2013, el 45,3% de la población salvadoreña vive en condición de pobreza, siendo una de las tasas más altas de toda América Latina. Este mismo estudio refleja que el 72% de la infancia de El Salvador vive en situación de pobreza, lo cual provoca que muchas familias desarrollen como estrategia de supervivencia la incorporación de niñas y niños en el trabajo infantil.

El seguimiento que se le da a algunos indicadores de trabajo infantil se debe a que El Salvador, es parte del convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que expresamente establece que “deben tomarse medidas inmediatas y efectivas para asegurar la prohibición y eliminación de las perores formas de trabajo infantil”. Los resultados obtenidos en el año 2012, indican que existen 191.599 niños y adolescentes entre la edad de 5 a 17 años desarrollando alguna actividad para aportar ingresos en la economía de su hogar.

Kevin Rivera, de 10 años de edad, es uno de ellos. Vive precariamente junto a su abuela Paquita y su hermana Tania, de 13 años, y por eso dedica media jornada diaria a la extracción de curiles desde que tiene 8 años. La localidad de Puerto El Triunfo (Bahía de Jiquilisco, departamento de Usulután), está mayormente dedicada a las actividades portuarias y pesqueras gracias al comercio generado en el muelle. En una de las zonas aledañas se encuentra la comunidad El Progreso, donde reside Kevin y  familias humildes y de escasos recursos que para sobrevivir se dedican a la extracción del molusco llamado curil. 

El último estudio del Instituto Nacional de la Niñez y Juventud y la Organización Internacional del Trabajo sobre trabajo infantil en la Bahía de Jiquilisco, reveló que en más del 40% de los hogares hay niños y niñas que trabajan. La pobreza en esta zona impulsa a muchas familias a involucrar a los menores de edad en tareas productivas para incrementar los ingresos familiares, pero la situación también tiene que ver con patrones culturales en los cuales no se considera importante que los niños asistan a la escuela y que tengan espacios de entretenimiento que forman parte de sus propios derechos.

La historia de Kevin

Kevin, aunque terminó el tercer grado de educación básica en el Centro Escolar Puerto El Triunfo compaginando sus estudios con dos horas diarias de trabajo, asegura continuar curileando en los alrededores del malecón de su localidad: “Después de la escuela, siempre me vengo para acá a sacar curiles, me estoy unas dos horas y saco cuatro canastos de molusco. En el malecón, cada canasto me lo compran a tres dólares y ya con eso llevo algo de comer donde la abuela”.

Y lo entiende como una responsabilidad, porque la subsistencia de su familia es muy compleja. “Aunque no me guste venir al manglar a pasar agachado sacando conchas, debo hacerlo porque mi abuela está bien anciana y no puede trabajar y mis padres no viven con nosotros, ellos se fueron de Puerto El Triunfo y no nos ayudan”.

Este ambiente, inadecuado para Kevin y para los demás niños y niñas que trabajan sobre los pantanos y raíces de los manglares, les expone a un desagradable olor, las nubes de zancudos, las enfermedades respiratorias, las infecciones o el riesgo de cortarse debido a las ramas y estopas de coco escondidas en el lodo… “No es fácil ir a curilear. Yo me he herido varias veces las manos y los pies con el filo de las conchas o espinas porque en el lodo no se ve nada”.

Las posturas en que los niños permanecen agachados durante horas les pueden causar  deformaciones en la columna vertebral, corriendo el riesgo de que sus pequeños huesos, aún en crecimiento, se desvíen de su posición natural. La probabilidad de sufrir accidentes y enfermedades comunes en los bosques salados es muy alta. Como lo es también en aquellos que se dedican a cortar caña de azúcar, otra de las tareas comunes que ocupa a menores de edad en esta zona salvadoreña.

De hecho, el Convenio 182 de la OIT, suscrito por El Salvador hace 10 años, prohíbe a los niños, niñas y adolescentes participar en las actividades consideradas como las peores formas de trabajo infantil, entre ellas y de forma expresa, la recolección de curiles y productos de los bosque salados y la corta de caña de azúcar.

A Kevin le gustaría pasar más tiempo en la escuela. Piensa que así ya no tendría que dedicarse a sacar curiles como hacen y han hecho muchos niños y jóvenes de su comunidad durante generaciones. Sueña con poder terminar sus estudios y hacer cosas que como niño nunca ha hecho plenamente: jugar y divertirse con sus amigos y amigas.

La población de Puerto El Triunfo vive tradicionalmente de la actividad pesquera y portuaria. Foto: Josefina Ramírez

La población de Puerto El Triunfo vive tradicionalmente de la actividad pesquera y portuaria. Foto: Josefina Ramírez

El reto: disminuir el trabajo infantil en El Salvador

Ayuda en Acción ha venido desarrollando esfuerzos en este sentido en la Bahía de Jiquilisco, trabajando para evitar las condiciones que provocan el trabajo infantil y contribuyendo a minimizar en gran medida el número de niños y niñas que trabajan. Desde el año 2000, se han realizado enormes esfuerzos por fomentar el acceso a la educación y la calidad educativa y disminuir el abandono escolar. Mediante la construcción, ampliación, equipamiento y mejora de los centros escolares, la formación a docentes y la dotación de aulas de informática. O la implementación de un programa de becas escolares que ha permitido a muchos jóvenes concluir sus estudios de bachillerato o de formación técnica.

Asimismo se ha prestado apoyo a familias para la producción autónoma de alimentos como hortalizas o granos básicos y a varias cooperativas de pescadores, con el objetivo de que puedan generar sus propios medios de subsistencia o ingresos. Como una única condición: no involucrar a sus hijos e hijas en actividades laborales como la recolección de curiles o conchas.

De forma paralela, uno de los objetivos del proyecto también es el desarrollo ecoturístico, llevado a cabo por Ayuda en Acción gracias al apoyo financiero de la Junta de Andalucía, en esta bahía declarada Reserva de la Biosfera. Desarrollar el potencial turístico de la zona generando empleo para adultos y jóvenes reduce las posibilidades de que los más pequeños tengan la necesidad de involucrarse en actividades de trabajo infantil.

El trabajo permanente en la promoción y defensa de los derechos de la niñez, impulsado por Ayuda en Acción de manera coordinada con diferentes organizaciones del Estado y la sociedad civil de la zona, busca sensibilizar a las familias, comunidades y actores en el conocimiento de los derechos de la niñez y adolescencia y el desarrollo de acciones positivas que contribuyan al goce de los mismos. 


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