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Fundación MONA: una vida digna para primates rescatados de la explotación

Marco y Toni pasaron diez años en una jaula donde no podían ni ponerse de pie. Romie fue paseada por las playas buscando turistas para fotografiarse y obligada a criar para seguir vendiendo a sus bebés. Víctor fue comprado para ser tratado como un niño humano, y recluido cuando salió a la luz su carácter salvaje. Todos ellos fueron rescatados por la Fundación MONA.

A pesar de que los primates son decomisados por las autoridades y son propiedad pública, MONA sigue rescatando y rehabilitando primates con la única aportación de socios, padrinos, visitantes, empresas solidarias, eventos y entidades colaboradoras.

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Toni, uno de los chimpancés rescatados en la Fundación MONA. Foto: Pau Brugues/Fundación MONA

Toni, uno de los chimpancés rescatados en la Fundación MONA. Foto: Pau Brugues/Fundación MONA

Una historia de pura compasión

Olga Feliu, veterinaria de Barcelona, 47 años, casada y con cuatro hijos, ha pasado los últimos veinte años de su vida rescatando y ayudando a chimpancés, sobre todo los dedicados al reclamo turístico en la costa catalana.

Un matrimonio inglés, totalmente movido por la compasión, empezó a rescatar a principios de los noventa a algunos de estos primates para reubicarlos en centros de recuperación en el extranjero. Olga se encargaba de toda la parte veterinaria y también de firmar las autorizaciones para los traslados.

Al morir la pareja de ancianos nadie más hizo nada para continuar con el proyecto. Las autoridades seguían llamando a Olga cada vez que un nuevo caso era descubierto pero nada se podía hacer, solo ponerlos en lista de espera por si en un futuro tuvieran suerte.

Harta de esperar a que la solución viniera por parte de las autoridades, decidió seguir el camino de Ghandi: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”, así que redactó el proyecto y lo presentó a un sinfín de municipios hasta que finalmente Riudellots de la Selva (Girona) decidió donar unas tierras.

El dinero inicial para establecerse llegó gracias a WSPA, fundación internacional que trabaja por todo el mundo apoyando los inicios de proyectos que considera necesarios, valiosos y sostenibles. Olga habló con directores de otros centros de recuperación que intentaron desanimarla, ya que un proyecto así no solo conlleva muchas dificultades en la gestión del día a día sino que económicamente suele ser deficitario. Viajó durante meses a África, a un santuario en Camerún, para aprender al máximo y conseguir todos los contactos posibles.

Sin dejarse desmoronar y con el apoyo de su familia, en especial de su padre y de su marido,  MONA abrió sus puertas en 2001 rescatando a los primeros cinco chimpancés, que llevaban diez años sin ver la luz del sol. “Cuando los visité por primera vez y vi su realidad y sus ojos sin esperanza pensé: tengo que hacer algo, no podré vivir en paz hasta que los vea fuera de estas jaulas”, recuerda Olga. “Mi padre, un albañil jubilado, dedicó miles de horas a construir el primer dormitorio de los chimpancés. Teníamos tantas ganas de sacarlos de aquellas jaulas que se trabajaba prácticamente día y noche para acabar cuanto antes. Se me pone la piel de gallina, ahora que él no está, al pensar que sin su apoyo desde el primer momento no hubiera tenido la certeza de hacer lo correcto”.

Mi padre, un albañil jubilado, dedicó miles de horas a construir el primer dormitorio de los chimpancés. Teníamos tantas ganas de sacarlos de aquellas jaulas que se trabajaba prácticamente día y noche.

El equipo de MONA está compuesto en un 99% por mujeres, tanto el personal fijo como el voluntariado, y curiosamente también lo son las estudiantes de Primatología que cada año se forman en este centro. Cuidar de ellos despierta la parte maternal y cuidadora que todas llevamos dentro, compasión infinita hacia el que sufre.

En estos quince años ha habido momentos de mucha dificultad, especialmente económica, tentaciones de rendirse, tirar la toalla y aceptar que no es posible, pero aun así siempre hay esperanza y poco a poco miles de personas se suman a este proyecto en forma de socios, padrinos, empresas solidarias, voluntariado que procede de todos los rincones del planeta ofreciendo tiempo y habilidades para proporcionar una vida mejor a quien, sin buscarlo ni merecerlo, se encontró viviendo durante años en el horror.

¿Qué es y qué hace la Fundación MONA?

La Fundación MONA es una entidad sin ánimo de lucro fundada en 2001, ubicada en Ruidellots de la Selva (Girona) y dedicada al rescate y rehabilitación de primates, en especial chimpancés y macacos procedentes del tráfico ilegal de especies. Los primates rescatados por este santuario proceden del mundo del espectáculo (circo, publicidad, fiestas privadas, reclamos turísticos en playas) o fueron comprados para servir como mascotas en casas particulares. Todos ellos tienen en común una vida de maltrato, abuso, privaciones y aislamiento.

Toni, chimpancé rescatado por la Fundación MONA, antes de ser liberado de su encierro permanente. Foto: Pau Brugues/Fundación MONA

Toni, chimpancé rescatado por la Fundación MONA, antes de ser liberado de su encierro permanente. Foto: Pau Brugues/Fundación MONA

Casos como el de Marco y Toni, chimpancés obligados a actuar en circos y anuncios de publicidad para acabar encerrados durante diez años en una jaula donde no podían ni ponerse de pie. Romie era una chimpancé a la que paseaban cada verano por las playas buscando turistas dispuestos a pagar por una foto sosteniendo en sus brazos a un mono bebiendo cerveza o fumando. Además, fue utilizada como máquina de hacer bebés, quitándole cada cría al poco de nacer. En MONA se encontró con dos de sus hijos pero no se reconocieron. Al menos tuvieron la ocasión de vivir juntos y en armonía varios años. Romie murió de cáncer hace tiempo. Víctor, también chimpancé, fue robado de su hábitat natural en Mali para ser vendido como mascota en París, viviendo una vida parecida a la de un niño humano. Cuando a los cinco años de edad empezó a mostrar su carácter salvaje fue recluido en una jaula de exposición en un parque público. En MONA disfruta con su familia y amigos, especialmente con África, a la que suele proteger y mimar.

Casos como los suyos no son aislados, ya que lo habitual cuando dejan de ser útiles es ser recluidos a oscuras en pequeñas y sucias jaulas para pasar el resto de su vida; eso sí, intentando hacerlos criar cada año para poder seguir vendiendo a los bebés en el mercado negro.

En MONA encuentran por fin una vida digna y tranquila donde recuperarse de sus traumas y miedos, donde poder vivir con otros individuos de su especie en amplios espacios naturalizados. Actualmente hay acogidos 13 chimpancés y un grupo de macacos de barbería, pero en sus quince años de vida ha pasado por el santuario cerca de una treintena de primates. Aun así el trabajo de este centro de recuperación no ha terminado, ya que unos veinte chimpancés que han sido decomisados por las autoridades languidecen en una jaula engrosando la lista de espera.

MONA es una entidad que no recibe ayudas públicas, aunque los primates hayan sido decomisados y sean, de hecho, propiedad y responsabilidad del Gobierno central. Las aportaciones de socios, padrinos, visitantes, empresas solidarias, eventos y colaboraciones de otras entidades son los pilares económicos para seguir rescatando a todos los primates que viven en el horror y la miseria.

El Centro de Recuperación de Primates se puede visitar, ya que la sensibilización y la educación son uno de los ejes de su trabajo:

  • Bienestar de los animales, respeto, dignidad y tranquilidad para el resto de sus vidas.
  • Investigación etológica, formación de nuevos primatólogos a través del  Máster en Primatología que imparte conjuntamente con la Universidad de Girona.
  • Sensibilización y concienciación a través de visitas guiadas para centros educativos y particulares.
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