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¡Mi perro no es una maleta!

Las compañías aéreas tratan como maletas a los animales que nos acompañan en el viaje. Algunos no sobreviven a los golpes de calor, la deshidratación, la manipulación y el estrés, y mueren durante el trayecto.

El transporte de mascotas en los aviones no está regulado por ninguna ley o normativa común. Varía dependiendo de cada compañía aérea y del peso del animal.

La empresa reclamador.es, especializada en la defensa de los derechos de los usuarios de aerolíneas, ha puesto en marcha la campaña ‘Reclama conmigo’, dirigida a pedir a la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) que regule el transporte de los animales en los vuelos, y que, por lo tanto, los animales no sean tratados como un objeto más.

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Coco murió en la bodega del avión en un trayecto de Air Berlín.

Coco murió en la bodega del avión en un trayecto de Air Berlín. Foto: Manuel Álvarez

¿Qué normas son las que rigen para las mascotas cuando acompañan a sus dueños en un viaje de avión o en un tren? ¿Qué derechos tienen? ¿Qué responsabilidad deben asumir las compañías aéreas en el caso de que un animal muera o llegue en mal estado a su destino? ¿Qué pautas hay que seguir para que sufran lo mínimo? Estas son algunas de las preguntas que nos surgen cuando se presenta un viaje y deseas llevar a tu animal contigo y no dejarlo en manos extrañas.

Lamentablemente, muchas de estas respuestas no se conocen hasta que ocurre una desgracia y la mascota fallece durante el trayecto o llega en mal estado. No es algo habitual, por fortuna. Pero los casos que han transcendido –sobre todo durante los meses de verano- son suficientes como que hayan saltado las alarmas entre aquellas personas que suelen viajar con sus animales de compañía sin saber cuáles son sus derechos. O, simplemente, si los tienen.

La primera sorpresa que se sufre cuando se va a emprender un viaje con una mascota es comprobar cómo en los aeropuertos se les trata como a las maletas. Sin miramientos de ningún tipo. Para los dueños es muy duro ver desaparecer a sus perros dentro de un pequeño transportín por la misma cinta por la que desaparece el equipaje. La preocupación por su estado no desaparece hasta el final del trayecto. Y a veces ese final viene con tragedia. 

No es una exageración. Tres casos recientes de perros que han muerto mientras realizaban viajes en avión –casualmente en la misma ruta aunque en fechas diferentes- son motivo suficiente para la indignación y la alarma.

El caso de Coco

El pasado 25 de julio falleció Coco, un buldog inglés de cinco años, durante el trayecto entre Palma de Mallorca y Sevilla en un vuelo de Air Berlín. El animal estaba perfectamente de salud antes de embarcar y ser depositado en la bodega del avión, según cuenta su dueño, Manuel Álvarez, que viajaba acompañado de su mujer, embarazada entonces de ocho meses.

“En Palma pesaron al perro con el transportín en la misma cinta en la que facturan las maletas. La señorita nos dijo que no nos preocupáramos porque le vimos algo nervioso. No nos dejaron ponerle agua. Pagamos los 75 euros de su billete. Cuando llegamos a Sevilla y vimos que el trasportín de Coco no salía por la cinta nos extrañó. Esperamos, y nada. Hasta que llegó una operaria y nos dijo: “Tu perro no viene bien’”.

Imaginándose lo peor, Manuel preguntó: “¿Está muerto?”. “Pues, sí”, fue la respuesta. A los pocos minutos, un carrito del aeropuerto les entregó el transportín con Coco dentro, sin vida. Manuel, viendo que el cuerpo aún estaba caliente, intentó reanimarlo dándole masajes cardíacos. Todo fue inútil.

“A mi mujer le dio un ataque de ansiedad y se puso a llorar”, relata el hombre. Aun así, nadie les atendió. Ante la irreversible situación, Manuel se dirigió al puesto de la Guardia Civil del propio aeropuerto y puso la pertinente denuncia. Después, logró que los responsables de Air Berlín firmaran un certificado en el que se acreditaba que se les entregó el perro muerto. El caso está manos de abogados.

“¿Que qué es lo que quiero?”, pregunta Manuel. “Solo que alguien asuma responsabilidades por lo ocurrido. Esto no se puede tolerar”, replica.

Norah también murió tras un viaje en avión

Un caso similar ocurrió el 17 de agosto de 2013 en el vuelo de Palma de Mallorca a Sevilla, esta vez de Air Europa. Cristina García viajaba con su novio y con los tres perros de su hermana, bulldogs franceses: Norah, de tres años, Ronny, de dos, y Happy, de un año y medio. Los tres, como es habitual, fueron “facturados” y trasladados a las bodegas del avión.

Al llegar al aeropuerto sevillano la pareja se dirigió a la cinta de las maletas para recoger los transportines de los animales. “El macho y el chiquitín tardaron en salir y llegaron con claros síntomas de haber vomitado y orinado. Respiraban mal porque son perros chatos. Pero los reanimamos y poco a poco se recuperaron”.

La última en salir fue Norah. Cristina cuenta que enseguida se percató de que “algo no iba bien”. “No se movía”, explica. Se quedó petrificada. La perra estaba muerta. Nadie acudió a darles explicaciones. Tampoco a ayudarles. “Los que se desvivieron con nosotros fueron los demás pasajeros, que nos pasaban botellitas de agua para ver si podíamos hidratarlos”, relata.

La primera reacción de Cristina y su pareja fue ir al mostrador de la compañía aérea. Pero estaba cerrada. De modo que se dirigieron a la Guardia Civil del mismo aeropuerto e interpusieron una denuncia.

Después de mucho batallar, Air Europa les ofreció 600€ de indemnización. Pero no están de acuerdo. Creen que ese dinero no reemplaza el sufrimiento y la pena que han pasado. Como el dueño de Coco, también quieren que haya un cambio en la normativa para que ninguna otra mascota pase por esas terribles circunstancias..

Nano, fallecido por un golpe de calor

El tercer caso se remonta a julio de 2012. Francisco Javier Ramos viajaba con Nano, su perro bulldog inglés de seis años, desde Sevilla a Palma de Mallorca con Air Berlín. Según denunció su dueño, y certificó un veterinario, el animal falleció como consecuencia un golpe de calor después de haber permanecido a pleno sol más de una hora en la pista del aeropuerto. Su transportín iba en el mismo carro donde iban también las maletas para ser subidas a la bodega del avión.

Lo más indignante es que la compañía aérea ocultó el cadáver del perro. Esperó a que todos los demás pasajeros acabaran de recoger sus equipajes y se marcharan de la zona para entregárselo a su dueño.

Como en los anteriores casos de Coco y Norah, Francisco Javier puso su caso en manos de reclamador.es, una empresa especializada en la defensa de los derechos de los usuarios, cuyos abogados interpusieron una demanda contra la compañía aérea alemana por “negligencia” durante el transporte del perro y “daño moral” ocasionado a su dueño.

En un principio, y ante la escasa respuesta de Air Berlín, se llegó a fijar un juicio. Sin embargo, finalmente ambas partes llegaron a alcanzar un acuerdo “amistoso” y Francisco Javier fue indemnizado con 2.635 euros, con lo que quedó zanjado el asunto. “La victoria no es solo económica sino moral y ética”, expresaron entonces los artífices de la denuncia.

¿Qué dice la ley?

El transporte de mascotas en los aviones no está regulado por ninguna ley o normativa común. Varía dependiendo de cada compañía aérea y del peso del animal.

Según nos explica Cristina Naveda, responsable de comunicación de reclamador.es, los animales de pequeño tamaño pueden viajar junto al dueño en cabina. Siempre que no excedan de cierto peso.

¿Cuál es el máximo permitido en estos casos?. “El tope de kilos lo decide cada aerolínea. Algunas compañías incluso permiten reservar asientos para ellos”, aclara Cristina. Los de tamaño medio y grande deben viajar en la bodega, previo pago de un billete cuyo coste oscila entre 40 y 80 euros o incluso más si el animal es de gran tamaño. Deben ir dentro de un transportín cerrado y homologado por la UE, del que no puedan escaparse. Aunque dentro llevan un recipiente para que durante el trayecto puedan beber, en la mayoría de los casos no se les permite dejarles agua ni comida. Salvo que el viaje sea de largo recorrido, por lo que entonces necesitan que el transportín esté mejor acondicionado.

Además de asegurarse de que su traslado es seguro, los dueños de las mascotas deben presentar en el aeropuerto el certificado veterinario de vacunas y los datos pertinentes de control del animal.

Cuando el viaje se realiza en coche, la ley de tráfico establece como obligación del conductor que el animal esté bien ‘anclado’ en la parte de atrás del vehículo para que no pueda salir despedido, y también como medida de seguridad para la circulación.

Las únicas excepciones que hay para que una mascota pueda acompañar al dueño en un viaje sin tantas medidas de seguridad son los perros guía para personas ciegas o los de asistencia a las personas con alguna minusvalía.

¿Qué es lo que hay que hacer antes de un viaje?

Javier García, educador canino, alerta de las consecuencias que pueden sufrir las mascotas después de una situación de estrés. Si lo han pasado mal, el miedo a volver a ser sometidos a un nuevo viaje es motivo suficiente para que presenten un estado elevado de ansiedad o lleguen a desarrollar fobias.

Para intentar que el animal sufra lo mínimo posible, este experto recomienda que antes de emprender un viaje, sobre todo si éste va a ser largo, “lo primero que deberíamos hacer es habituar al perro al transportín. Se debe hacer con periodos cortos de adaptación, dándole comida, dejándole juguetes en el interior y poniéndole su cama dentro. En definitiva, hacer que forme parte de su rutina diaria y que lo identifique con algo agradable”.

“Pasada esta primera fase", añade Javier, "hay que ir poco a poco dejando al perro periodos de tiempo más largos dentro del transportín con la puerta cerrada, tal y como va a viajar, hasta completar el tiempo que se tiene previsto para la duración del viaje, con el fin de minimizar el posible estrés que le pueda producir esa situación”.

No dar tranquilizantes, salvo en viajes largos

Si el viaje se va a realizar en tren, la normativa tiene previsto que el perro vaya con bozal, por lo que es posible no tener que usar transportín y llevarlo en brazos. “En este caso también se le debería ir habituando al bozal, primero durante cortos periodos de tiempo y más largos cada vez”, explica Javier.

¿Cuál es la responsabilidad de la aerolínea?

Mucha gente se pregunta asimismo qué responsabilidad contrae la compañía aérea en el caso de que la mascota sufra algún daño, se pierda durante el traslado o incluso muera. Porque lo cierto es que al adquirir el billete para una mascota ninguna compañía presenta a los dueños documento alguno para firmar en el que conste que no se responsabilizan de los perjuicios que ésta pueda sufrir durante el viaje.

“Se genera una responsabilidad extracontractual por parte del que ha causado el daño. En España es delito el maltrato animal, pero dudamos mucho de que los casos de mascotas fallecidas que han llegado hasta reclamador entren en esa categoría”. “Las actuales normas de aviación solo diferencian entre personas y maletas; por lo tanto, ante la ley, una mascota es lo mismo que un equipaje”, explica Naveda.

Mejorar las condiciones de transporte

Todos los expertos consultados creen que se deberían mejorar las condiciones en las que viajan nuestras mascotas en los aviones, habilitando un lugar bien acondicionado de temperatura y ruido, y permitiendo, además, que el propietario pueda supervisar de vez en cuando su estado. Sobre todo, si se trata de perros enfermos que necesitan medicación o de mascotas de avanzada edad.

Igualmente, todos coinciden en que las compañías aéreas deberían mejorar las condiciones del embarque de los animales para que éstos no sean tratados como si fueran “equipaje”. Muchos perros han sufrido en verano las consecuencias de permanecer largo rato a pleno sol en las pistas, esperando el momento de ser introducidos en la bodega del aparato junto a las maletas. Las consecuencias pueden ser nefastas. El caso de Nano lo acredita. “Esto se podría evitar si pudiéramos acompañar a nuestra mascota hasta el momento del embarque”, afirma el educador canino.

Una campaña para exigir cambios en la normativa

Ante el aumento de las denuncias por maltrato y daños ocasionados a los animales durante los viajes, reclamador.es ayudó a poner este verano en marcha la campaña ‘ Reclama conmigo’, dirigida a pedir a la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) que regule el transporte de los animales en los vuelos, y que, por lo tanto, los animales no sean tratados como un objeto más.

La campaña la lidera Cristina García, dueña de Norah, y cuenta con el apoyo de rostros tan conocidos como Michelle Jenner, Vanesa Romero, Javi Nieves, Mar Amate, Roberto Pablo, Nathalie Seseña, Adriana Abenia, Helena Resano, Rosa Montero, Antonia San Juan, Carlos García-Hirschfeld y Silvia Abascal, y el de nuestra compañera, Ruth Toledano, entre otros.

La iniciativa está teniendo una gran repercusión. Hasta el momento van recogidas más de 80.000 firmas. Pero pretenden alcanzar las 100.000. ¡Desde El caballo de Nietzsche os animamos a que os suméis a ella abriendo este enlace y firmando la petición!

https://www.reclamador.es/reclama-conmigo

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