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Los Mossos, esos chavales tan majos de la Administración

Los Mossos han protagonizado demasiadas actuaciones en los últimos años con un grado de fuerza superior al necesario. Hay imágenes que lo demuestran. Sólo hay que buscarlas en la red: el desalojo de plaza Catalunya, la agresión a un niño de 13 años en Tarragona, lanzamiento de balas de goma...

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Apartados del cuerpo los ocho mossos d'Esquadra imputados en el caso del Raval

De izquierda a derecha, Manel Prat, director general de los Mossos d'Esquadra, y Ramon Espadaler, consejero de Interior.

La reputación de los Mossos d'Esquadra está por los suelos. ¿Y quiénes son los responsables de esta situación? El consejero de Interior, Ramon Espadaler, y el director de la Policía, Manel Prat. Son ellos los que mandan -o intentan mandar- y ponen orden en la policía catalana. Aunque lógicamente, los propios agentes y sus actuaciones fuera de lugar también tienen gran parte de responsabilidad de que una buena parte de los ciudadanos de Cataluña tenga una visión negativa de la policía catalana.

Ramon Espadaler -como hizo Felip Puig en su día- y Manel Prat no han gestionado bien la comunicación en los momentos críticos. Una actuación desproporcionada de los Mossos con una respuesta contundente de sus dirigentes puede minimizar el efecto negativo de la mala praxis policial, pero si los responsables de la policía no se atreven erradicar ciertas actuaciones y las encubren, el daño que le hacen a la organización es muy grande. Si piensan que encubriéndolos les hacen un favor, se equivocan.

El trabajo de cualquier policía nunca es fácil, pero hay maneras y maneras de resolver problemas o situaciones de tensión. Y los Mossos en momentos delicados parece que a menudo utilizan una fuerza excesiva, que a veces tiene consecuencias muy graves para algunas personas. Algunas trascienden a los medios y otras no.

Muchos de los 16.500 mossos que hay en Cataluña seguro que son grandes profesionales y entienden muy bien que su misión es ayudar y proteger a los ciudadanos. Pero también es evidente que otros no lo ven así. Habría que analizar por qué. ¿Quizás el rápido despliegue del cuerpo y el descenso del nivel de las pruebas de acceso tienen algo que ver?

Desproporción policial

Los Mossos han protagonizado demasiadas actuaciones en los últimos años donde han aplicado un grado de fuerza superior al necesario. Hay imágenes que lo demuestran. Sólo hay que buscarlas en la red: el desalojo de plaza Cataluña, agresión a un niño de 13 años en una manifestación en Tarragona, lanzamiento de pelotas de goma en manifestaciones, detención del empresario en el Raval...

En el último caso que ha saltado a los medios de comunicación, el de la muerte de Juan Andrés Benítez, sorprende la contundencia con la que los agentes lo reducen. En los vídeos que grabaron los vecinos se percibe un detalle importante: lo primero que hacen los agentes que llegan de refuerzo es apartar a todos los que estaban observando lo que sucedía. ¿Por qué? ¿Querían evitar que vieran cómo actuaban?

Pero lo más preocupante de todo es cómo el consejero Espadaler, en vez de abrir rápidamente una investigación para averiguar lo que sucedió y tomar las medidas pertinentes, se decanta por proteger y justificar la actuación policial. Los altos cargos de Interior construyen un argumentario que a menudo no se ajusta a la realidad con el único objetivo de justificar lo que a ojos de la mayoría de la población es injustificable. ¿Por qué actúan así? ¿Es lo que tienen que hacer? ¿Deben proteger a sus agentes o los derechos de los ciudadanos?

Los políticos, principales responsables

Los consejeros reclaman respeto por su policía, pero si no cambian su manera de proceder será imposible que se la ganen. Si quieren que los Mossos recuperen la imagen que tuvieron en los primeros años de su desarrollo los primeros que tienen que cambiar de actitud son ellos, los políticos. Y deben actuar de forma implacable para averiguar si hay excesos policiales y tomar las medidas necesarias para evitar que se repitan. Y si hace falta deben asumir ellos mismos la responsabilidad. Si no pueden poner orden deberían abandonar y dar paso a alguien que sí lo haga, a toda costa.

Artur Mas también quiso decir la suya y aseguró que garantizaba que no habría "ningún encubrimiento" de los Mossos, a la vez que reclamaba que no hubiera "prejuicios sobre una policía democrática". Encubrimientos, como se ha demostrado, ya ha habido algunos (Ester Quintana, Bertran Cazorla ...), y los prejuicios acabarán el día que el Gobierno actúe de forma implacable con las actuaciones incorrectas de algunos agentes.

En este caso, como en muchos otros, en Cataluña falta autocrítica. Estaría bien que quien tanto dice querer Cataluña se preocupara por garantizar primero los derechos individuales de sus ciudadanos antes de defender a cualquier precio las actuaciones poco adecuadas de la policía catalana.

Más asumir responsabilidad y menos buscar culpables fuera

Por otra parte, no deja de ser curiosa la defensa radical que hacen los miembros del Gobierno y algunos creadores de opinión de la órbita gubernamental de este colectivo. Es una defensa constante pase lo que pase y hagan lo que hagan los Mossos. Nada que ver con el trato que a menudo dispensan a otros servidores públicos como los profesores, médicos, bomberos... ¿Qué tienen los Mossos para que sean siempre tan bien tratados y tan protegidos?

Y como siempre, no falta quien ve ataques a los Mossos desde Madrid. Y se pregunta por qué siempre los casos que salen en los medios son los de los Mossos y no los de la Policía Nacional. Que vendría a ser lo mismo que preguntarse que por qué los medios catalanes hablan más del referéndum de Cataluña que del de Escocia o por qué hablan más del Barça que del Madrid.

El doble criterio

Y también se lamentan que actuaciones puntuales tengan tanta repercusión mediática. Eso sí, son los mismos que cuando hay una manifestación pacífica de 50.000 personas y 50 energúmenos queman contenedores se dedican durante una semana a criminalizar las protestas por la reprobable conducta de estas 50 personas y no hablan ni un momento de lo que reclamaban los demás 49.950. Curioso criterio. Todo muy coherente.

Hay quien cuando le interesa se mira el ombligo y cuando no le interesa busca siempre culpables en la capital de España. Sólo un apunte sobre este tema: el Gobierno de Madrid hace un año indultó por segunda vez a  cuatro mossos sentenciados por torturas. A veces conviene recordar ciertas noticias para ponerlo todo en contexto. Por lo que interesa se ​​pide ayuda a Madrid y al parecer Madrid ayuda. ¿O alguien piensa que el indulto de los Mossos se produjo porque el Consejo de Ministros de ese viernes de noviembre del año pasado no tenían nada más interesante que hacer?

Espadaler, tarde y mal

Este lunes se ha sabido que ocho de los mossos que detuvieron al empresario el Raval han sido imputados por delitos contra la integridad moral, contra la vida, por obstrucción a la justicia y por coacciones. El consejero de Interior, al saberse la noticia, ha convocado una rueda de prensa para anunciar que los apartaba de sus funciones. Hasta hace pocas horas seguían ejerciendo como si no hubiera pasado nada.

Espadaler llega tarde y mal. Hace sólo una semana defendía la gestión de los Mossos que participaron en la detención de Juan Andrés Benítez. Hoy que la justicia ha intervenido y que se ha visto acorralado no ha dudado en actuar y hacer lo que debería haber hecho hace unos días. La situación era suficientemente grave como para haber abierto una investigación interna -seria, creíble y valiente- y mientras duraba apartar a sus agentes de las tareas que realizaban. Hacerlo requería valentía, pero siempre es más fácil mirar hacia otro lado.

Como suele ocurrir en política, optó por el camino más sencillo y lo que le generara menos problemas internos. Una vez más los ciudadanos pasan a un segundo plano. Los ciudadanos hubieran agradecido una rápida y efectiva reacción del consejero. Y hubieran percibido que el Gobierno empezaba a poner freno a las actuaciones desproporcionadas de los Mossos. Y si Espadaler hubiera actuado así habría dado un paso para intentar recuperar la reputación de la policía catalana que tanto le preocupa a él y al presidente de la Generalitat.

La huida hacia adelante que emprendieron Espadaler y el siempre discreto director de la policía Manel Prat se ha visto paralizada hoy de golpe. Eso sí, ni una dimisión política. Habrá que seguir de cerca el proceso judicial y comprobar cómo reaccionan los máximos responsables de la Policía si finalmente hay una condena contra los agentes imputados. ¿Asumirán algún tipo de responsabilidad?


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