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El amor a España de Montserrat Caballé


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Monserrat Caballé dice que no quiere dejar de cantar; ni lo piensa dejar

Montserrat Caballé es una persona mayor, relativamente propensa al sentimentalismo. Ya se ve en sus últimas apariciones públicas. Que ahora trascienda un acto suyo de hace un mes y medio donde declaraba su amor a España y a la unión española no debe parecer extraño. Extraño sería todo lo contrario. Montserrat Caballé nunca ha dejado de proclamar su españolismo. No podemos decir lo mismo de otras personalidades catalanas. Cuando se repartieron los títulos de catalanes universales, ella aceptó el suyo, porque es catalana y universal. Pero siempre dentro de la concepción unitaria española  Y eso se debe respetar.

No podemos montar grandes aspavientos cada vez que un catalán dice que también se siente español. De cara al futuro -y quien aquí firma quiere un futuro libre e independiente- ya es hora de que empecemos a avanzar sin necesidad de que todo el mundo se adscriba a un lado u otro. Porque igualmente, pase lo que pase, tendremos que convivir.

La vergüenza de Montserrat Caballé y tantos otros es su españolidad de corazón y su andorranidad de bolsillo. Eso sí es vergonzoso, sobre todo en una época en que gente como ella debería servir de ejemplo. Quizás la diva de la ópera podría pedir la nacionalidad andorrana. Supongo que se la darían encantados. Claro que entonces no sería ni catalana ni española, sería una andorrana universal. Y esto quizá no le gustaría tanto.

Mientras tanto, acostumbrémons al hecho de que hay catalanes que se sienten españoles, por la causa que sea. Estos catalanes -y todo lo demás- un día u otro votaremos. Y tendremos que aceptar las reglas democráticas derivadas de la votación. Empieza a ser un poco aburrido que la pelea dialéctica se reduzca a no escuchar al otro, y a ir por la vía del tú eres de los míos o no. Y si no lo eres, estás contra mí.

Intentemos subir un poco el listón de la discusión, por favor. No me cansaré de repetirlo: Un referéndum de autodeterminación con votaciones positivas de más del 90% como se dio Eslovenia en 1991 no lo tendremos nunca. Aquel resultado permitió a los eslovenos hacer frente a la federación yugoslava. Nosotros, vista la patética imposibilidad de los políticos para ponerse de acuerdo, no llegaremos ni de lejos a un resultado así. Por lo tanto, hay que sumar tanto como se pueda. Hay que conseguir que tantos catalanes castellanohablantes como sea posible voten que sí.

Y en este sentido, también hay que convencer a un catalán que se siente español que le interesa votar que sí, porque no perderá nada, al contrario. Y en cualquier caso, aunque vote que no, este catalán que se siente español debe poder vivir sin problemas en una Cataluña independiente. Porque esta Cataluña independiente debe poderse hacer en positivo. Si lo basa todo en la antiespañolidad cometerá un gran error. Primero, porque será poco práctico y segundo porque provocará dilemas innecesarios en la mitad de la población catalana.


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