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Cómo salvar los alimentos cuando se nos estropea el congelador

Un corte de luz, una avería en el congelador o no haber cerrado bien la puerta puede echar a perder todos los alimentos de su interior.

Pero con cuatro acciones clave pueden minimizarse los riesgos y recuperar la mayoría de ellos

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Foto: Francois Schnell

Foto: Francois Schnell

Admitámoslo: sin el congelador ni la nevera nuestro día a día sería muy distinto. Estos dos electrodomésticos son los inventos que mejor nos han facilitado una de las tareas domésticas más habituales, la de almacenar y conservar los alimentos en buen estado durante mayor tiempo. Con ellos podemos adquirir productos perecederos sin necesidad de tener que comérnoslos en el mismo día y sin que ello suponga un riesgo de intoxicación alimentaria.

El frío que generan es uno de nuestros mejores aliados porque los patógenos, a temperaturas de refrigeración o de congelación, pierden su fuerza, se ralentizan o detienen su actividad hasta que vuelven a encontrar las condiciones adecuadas (temperaturas de entre 5ºC y 65ºC). Por debajo de los 5ºC, la mayoría de las bacterias que causan intoxicaciones alimentarias paran de crecer o lo hacen más lentamente.

En condiciones normales, por tanto, las ventajas del congelador y la nevera son evidentes. Se han hecho imprescindibles porque nos hacen la vida más fácil y cómoda. Pero cuando dejan de funcionar se convierten en un problema.

Sin luz o averiado

¿Qué ocurre cuando se estropea el congelador o cuando hay un corte en el suministro de la luz? La finalidad tanto de la nevera como del congelador se echa a perder y, si no tomamos las acciones adecuadas, también pueden echarse a perder los alimentos. Es muy importante saber qué hacer durante y después para manipular con seguridad los alimentos.

Debe tenerse en cuenta que si la avería o el corte de luz dura más de cuatro horas y no hay perspectivas de que se solucione, la inocuidad de los alimentos queda seriamente comprometida y se convierte en una cuestión prioritaria. También es importante tener en cuenta el estado en el que se encuentra el congelador. Si funciona bien y la temperatura de almacenamiento es -15ºC aproximadamente, los alimentos pueden mantenerse en buenas condiciones de uno a dos días

Foto: Roger McLassus 1951

Foto: Roger McLassus 1951

Normas a seguir

Una de las normas básicas y fundamentales es mantener, durante el tiempo que dure la emergencia, la puerta cerrada. Esto es fundamental para garantizar que las temperaturas internas se mantienen durante más tiempo. Debe tenerse en cuenta que la temperatura interior no baja hasta pasadas 12 horas o más.

A partir de ese momento, los alimentos pueden empezar a descongelarse. También ayudará si el congelador está más lleno que vacío; a diferencia de la nevera, un congelador cuanto más lleno (dentro de sus posibilidades), mejor. La razón es que así será más fácil mantener los alimentos congelados.

Si se cumplen estas dos condiciones, el tiempo que el congelador mantendrá los alimentos en condiciones adecuadas será de unos dos días (algo menos si está medio lleno). Otra medida que nos ayudará a mantener los alimentos más seguros es aportarles una fuente de frío alternativa, como comprar hielo e introducirlo en el congelador.

Peligro de infecciones

Uno de los peligros que podemos encontrarnos es, tal y como reconoce también el Consejo Europeo de Información sobre Alimentación (Eufic), es la formación de microbios psicrotróficos, es decir, capaces de crecer a temperaturas bajas (entre 4ºC y 8ºC). En algunos casos son peligrosos; en otros, producirán mal olor.

Cuando aumenta la temperatura en la nevera o en el congelador porque han dejado de funcionar, estos microbios pueden multiplicarse rápidamente, lo que hace que el líquido de los alimentos se filtre y se pudra y, por tanto, provoque malos olores. Para acabar con este problema bastará con limpiar bien y desinfectar.

Foto: Romana klee

Foto: Romana klee

¿Cómo sé si me lo puedo comer?

En cuanto volvamos a tener luz y el congelador vuelva a funcionar con normalidad, el siguiente paso será revisar los alimentos y comprobar si se han estropeado o no. Algunos alimentos habrán empezado a descongelarse mientras que otros todavía estarán bastante congelados. ¿Cuáles son seguros?

En líneas generales, una manera saber si podemos aprovechar los productos o no será mirar si contienen cristales de hielo. Si es así, fácilmente pueden volver a congelarse. Si no, deberán desecharse por precaución. Pero lo más recomendable será evaluar cada elemento por separado. Si, por ejemplo, teníamos marisco o comida precocinada y han estado estado más de tres horas a temperaturas superiores a los 5ºC, lo tiraremos.

La carne roja y de ave y el pescado crudo resisten mejor a la descongelación que los platos precocinados. La carne cruda expuesta a más de 5ºC no más de seis horas puede aprovecharse siempre que cuando se cocine el interior de la pieza llegue a los 75ºC.

Deberemos tirar cualquier alimento perecedero, como carne, aves, pescado o sobras que se han descongelado por completo y que han estado a temperaturas superiores a los 4ºC durante más de dos horas. También deberemos tirar a la basura cualquier producto que haya entrado en contacto con los jugos de la carne cruda que hayan podido formarse durante la descongelación.

No olvidemos limpiar el congelador

No podemos olvidar que, con el aumento de la temperatura, el líquido que eliminan los alimentos congelados puede quedar en zonas estancadas y lugares de difícil acceso y, por tanto, convertirse en un foco de contaminación. En consecuencia, antes de volver a introducir los alimentos, deberemos limpiar y desinfectar bien el congelador y secarlo para que no queden zonas húmedas. 

Una vez hayamos hecho un repaso de lo que podemos aprovechar y lo que debemos tirar, esperaremos antes de volver a llenar el congelador a que alcance las temperaturas deseadas. Pero debemos tener en cuenta que un alimento que lleva varias horas descongelándose es preferible no volverlo a congelar. En caso de duda, ¡desechar! Nunca deberán probarse los alimentos para comprobar si están bien. No podemos fiarnos ni de la apariencia ni del olor. 

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