La melodía que nunca termina: ¿cómo evitar que las canciones se atasquen en nuestro cerebro?
¿Por qué al escuchar ciertas melodías se nos quedan pegadas en la cabeza? Quien más quien menos se ha encontrado tarareando, de forma involuntaria, una canción pegadiza, sin poder quitársela de la cabeza y se vuelve esclavo de su ritmo y melodía. Son fragmentos musicales persistentes que se repiten sin cesar en nuestra mente, lo que se denomina como gusanos musicales, earworm o imagen musical involuntaria. Pueden ser cautivadores y, a la vez, frustrantes.
La melodía se abre camino en el cerebro y se niega a irse. La mayoría de las veces, es solo un fragmento, un pasaje corto de una canción que se repite una y otra vez y otra vez… como si se hubiera quedado atascada en bucle. Generalmente es con letra, de entre 15 y 20 segundos de duración.
Este fenómeno no es algo raro, “es muy común y normal”, afirma el Doctor Sergio Benavente López, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Elena. Según datos de la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos, hasta el 98% de la población occidental ha experimentado los earworms en alguna ocasión.
Por qué se nos pegan algunas canciones
Los sonidos pegadizos son sonidos —generalmente canciones o melodías— que se quedan grabados en la mente y se repiten una y otra vez, a menudo sin esfuerzo consciente. Generalmente no duran más de unos segundos. “Nuestro cerebro está especialmente diseñado para detectar, aprender y repetir patrones, y la música es un patrón casi perfecto, porque tiene ritmo, repetición, estructura y una enorme repercusión emocional”, afirma el Doctor Benavente.
Para que una canción se convierta en un éxito pegadizo, primero debe formarse una serie de redes neuronales, que se crean entre las partes del cerebro implicadas en el procesamiento de la memoria, la percepción, la emoción y el pensamiento. Una vez que se han formado estas redes cerebrales, pueden activarse al escuchar la canción pegadiza. Como explica el Doctor Benavente, “cuando escuchamos una melodía sencilla, repetitiva o inacabada, como un estribillo, el cerebro tiende a crear un bucle y repetir la forma automática, incluso sin que lo queramos”.
También influye nuestro estado emocional: es más probable que aparezca este fenómeno cuando asociamos una canción con un estado de ánimo positivo o si tiene algún significado personal. Por ejemplo, si una pieza nos reconecta con eventos pasados significativos, un recuerdo positivo o crea un estado nostálgico. Y es que, como afirma el Doctor Benavente, “muchas veces la canción se asocia a un estado emocional, a un recuerdo o a un contexto concreto, como un anuncio, una película, un momento agradable… lo que facilita que se reactive más tarde al volver a experimentar un estado emocional similar sin que seamos conscientes del motivo”.
¿Por qué nos pasa esto con la música y no con otros sonidos? “Porque la música no es solo un sonido, es una experiencia cognitiva y emocional compleja”, afirma el Doctor Benavente. Como hemos visto, la música, a diferencia del ruido ambiental, “activa varias áreas del cerebro al mismo tiempo, concretamente las relacionadas con el lenguaje, la memoria, la emoción y el movimiento”, explica el Doctor Benavente.
Debido a su peso emocional y personal, la música tiende a almacenarse mejor en la memoria. “Además, muchas canciones están diseñadas para ser memorables, con ritmos simples, frases cortas, repeticiones frecuentes… todo eso hace que el cerebro las ensaye internamente, incluso en silencio”, matiza el Doctor Benavente. Esto explicaría también porqué no nos quedamos enganchados a otro tipo de sonido, y sí a un estribillo.
Algunas personas son más propensas a entrar en este bucle
No todas las personas son igual de susceptibles a estas intrusiones musicales. Para algunos, esto es solo eventual, y les ocurre casi sin darse cuenta. Por sí solo, no produce molestia, es un fenómeno normal y común, no una señal de enfermedad. “La mayoría de las veces es algo incluso agradable, la canción acompaña y ya está, como un pensamiento pasajero”, explica el Doctor Benavente.
Una característica que parece aumentar su frecuencia es el vínculo que se tiene con la música. Es decir, son más comunes entre quienes tienen interés en la música, “quienes escuchan mucha música, tararean, tocan algún instrumento o se emocionan con facilidad con una canción, les puede ocurrir más”, matiza el Doctor Benavente. A menudo son canciones que conocemos bien, que aprendemos fácilmente y que hemos escuchado recientemente.
Para otras personas, sin embargo, este fenómeno va más allá de lo anecdótico y lo viven con más frecuencia e intensidad. “Suele ocurrir más en quienes tienen la mente muy activa, en quienes tienden a darle vueltas a las cosas o en momentos de cansancio y estrés, cuando el cerebro está más ‘en automático’ y se cuela cualquier melodía”, advierte el Doctor Benavente. En algunos casos puede ser un problema y se convierte en una molestia de verdad, “cuando interfiere en la concentración, con el descanso o con la sensación de tener la mente tranquila”, advierte el Doctor Benavente.
Incluso, en algunas personas, puede generar ansiedad, al no poder controlarlo. “Habría que empezar a preocuparse si produce un malestar importante, se vuelve muy persistente y repetitivo o si se acompaña de otros pensamientos obsesivos”, explica el Doctor Benavente.
Cómo deshacerse de una canción
Una vez que una melodía se nos queda grabada en la cabeza, lo primero que tenemos que hacer es “entender que, cuanto más luchamos contra la canción, más se pega”, advierte el Doctor Benavente, que afirma que “muchas veces, cuando dejamos de pelearnos, la canción se va sola al cabo de un rato”. Si no es así, hay algunas estrategias que pueden ayudarnos, como escuchar la canción entera para dejar que el cerebro continúe “enganchado justo en un fragmento, como si intentara cerrarlo una y otra vez”, explica el Doctor Benavente.
Escuchar solo una parte de una canción la deja incompleta y, por tanto, aumenta la probabilidad de que vuelva a sonar como pegadiza. De ahí que esta idea sugiera que escucharla entera pueda ayudarnos, sobre todo porque la repetición de la música es el aspecto más molesto de las canciones pegadizas. Reproducirla entera, ya sea mentalmente o en voz alta, hasta el final, puede ayudar a aliviar esta molestia.
También nos puede ayudar evitar las tareas mentales demasiado “fáciles”. Cualquier actividad que aumente nuestra divagación mental también será terreno fértil para el desarrollo de una melodía pegadiza. De igual manera, involucrarnos en una tarea absorbente agotará los recursos mentales e impedirá que la melodía pegadiza crezca. Es mejor, por tanto, ocupar la mente con algo que exija atención, “porque la melodía necesita un hueco libre para repetirse”, reconoce el Doctor Benavente.
Por último, otra estrategia más para acabar con este bucle es “cambiar de estímulo, poner una música distinta y, si estamos pasando una etapa de estrés o falta de sueño, cuidar el descanso y bajar el nivel de tensión”, concluye el Doctor Benavente.