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Calígula clama en Mérida que el poder y la corrupción viven en él y que es actual

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Calígula clama en Mérida que el poder y la corrupción viven en él y que es actual

Calígula clama en Mérida que el poder y la corrupción viven en él y que es actual

El emperador romano Calígula, encarnado esta noche en el Teatro Romano de Mérida por el actor Pablo Derqui en la obra homónima de Albert Camus, ha clamado que el poder tiránico y su corrupción viven en él, como sucede hoy muchas veces, y se ha defendido con afirmaciones como "¡todos son culpables!" y "¡todavía estoy vivo!".

Derqui, que ha sido ovacionado junto al resto del elenco de actores por aproximadamente dos tercios de las personas que han ocupado el aforo, de casi 3.000 personas, ha interpretado a Calígula en el segundo estreno del LXIII Festival Internacional de Teatro Clásico emeritense, que ha presentado una obra de Camus dirigida por Mario Gas.

Este espectáculo de casi dos horas sobre el totalitarismo y los caprichos de algunos poderosos también ha contado con la intervención de Borja Espinosa como Quereas, Mónica López como Cesonia, Bernat Quintana en el papel de Escipión y Xabier Ripoll en el de Helicón, entre otros.

Así ha acontecido en una noche muy calurosa en plena canícula extremeña, estos días en auge, y en la que los abanicos ha hecho furor entre el público junto a los refrescos.

En medio de una escenografía muy espartana que ha ocupado gran parte de la escena de una forma levemente inclinada y con relieves que han remedado a las estructuras de pilares y arcos de monumentos romanos, cuyos huecos han usado los artistas para sus evoluciones, Calígula-Pedro Derqui ha afirmado que "yo quería la Luna porque es una de la cosas que no tengo".

Para lograrlo ha justificado el asesinato y humillación de numerosas personas a su capricho ya que "el poder da libertad a lo imposible" y, así, quien no se sometiera a sus designios estaba expuesto al "exterminio".

En su opinión, y según el denso texto de Camus, "¡el poder hasta el fin, hasta la consumación!".

El atrezo también ha sido muy austero, casi sin togas sino fundamentado en trajes de chaqueta blancos a excepción de los de los personajes más notables, que en ocasiones han lucido atuendos oscuros.

La seriedad de la obra ha sido conjugada en ocasiones con intervenciones hilarantes de Calígula-Pedro Derqui con chascarrillos irónicos sobre su clemencia al perdonar a los conspiradores en su contra mediante una salida digna, la muerte.

Uno de ellos, Quereas-Borja Espinosa ha denunciado ante sus pares en la conspiración contra el emperador que "Calígula transforma su filosofía en cadáveres" y que había que luchar contra él para "encontrar la paz".

Durante la presentación esta semana de la obra, el director del Festival, Jesús Cimarro, ha dicho que se trata de denunciar el uso "totalitario" del poder, lo que sucede en cualquier tiempo histórico, mientras que Gas ha subrayado que Camus se enfrentó a "la ortodoxia comunista" y a otras de otro tipo con trabajos como "Calígula", una obra "enigmática y fascinante".

Esta representación sobre la arbitrariedad del poder o la fragilidad de la existencia se ve reforzada en una simbólica escenografía creada por Paco Azorín e inspirada en el Palazzo della Civiltà del Lavoro en Roma (conocido también como el Colosseo Quadrato), un edificio representativo de las construcciones de la época fascista italiana de Mussolini.

La obra de Albert Camus ha podido verse en otras seis ocasiones anteriores en el Teatro Romano de Mérida, la última en 2010.

En esta ocasión se trata de una coproducción del Festival de Mérida, el Teatre Romea y el Festival Grec de Barcelona, al que viajará tras su estreno en la ciudad extremeña.

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