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Larraín y Guzmán, representantes del "momento mágico" chileno en la Berlinale

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Larraín sube el listón de la Berlinale con su "Club" de demoníacos sacerdotes

Larraín sube el listón de la Berlinale con su "Club" de demoníacos sacerdotes

Los directores Pablo Larraín y Patricio Guzmán plasmaron en la Berlinale el momento mágico que vive el cine de Chile, no solo por la presencia de dos películas chilenas a competición, sino porque además son firmes aspirantes al Oso de Oro.

Dos años después de que Sebastián Lelio pusiera fin a más de veinte años sin presencia chilena a concurso -con "Gloria", Oso de Plata a la mejor actriz para Paulina García-, la cinematografía de ese país fue recibida como superpotencia en Berlín a través de ambos cineastas.

El domingo se estrenó "El botón de nácar", el documental de Guzmán a la estela de "Nostalgia de la luz", que se disparó al segundo lugar en las preferencias de la crítica de la revista del festival, "Screen", tras la británica "45 Years".

Hoy le correspondió el turno a Larraín, con "El Club", un intenso filme sobre un grupo de sacerdotes retirados del ejercicio por pederastia u otras atrocidades, que fue recibido con fuertes aplausos tras el pase ante los medios.

Guzmán, un maestro del documental, incidió en un tema que "Chile aún no investigó como debería", según comentó en entrevista con Efe, como son los crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet, que impide a su país "hacer las paces consigo mismo".

Larraín, tras el éxito internacional de "Tony Manero" y "No", se centró en lo que denomina la "impunidad de la Iglesia", que impide que la Justicia investigue los horrores cometidos en su seno y pretenda resolverlos "de puertas para adentro", con la confesión.

"Estamos en un momento mágico, emocionante. Los chilenos estamos muy orgullosos. No solo por tener dos películas a competición, que también, sino por la acogida recibida", comentó a Efe Constanza Arenas, directora de CinemaChile, agencia dedicada a la promoción de la industria audiovisual del país latinoamericano.

"Son dos películas muy distintas entre sí, de dos nombres de mucho peso para nuestro cine", añadió Arenas, quien recordó que, además de la presencia a competición, hay otras ocho producciones chilenas en distintas secciones de la Berlinale.

Latinoamérica es un plato fuerte en este festival, con cerca de 50 títulos en sus distintos apartados y cuatro títulos a competición: "Ixcanul", del guatemalteco Jayro Bustamante, y la coproducción mexicano-británica "Einsenstein in Guanajuato", de Peter Greenaway, además de las cintas de Larraín y Guzmán.

"Europa se ha dado cuenta de que en Chile y en Latinoamérica están pasando cosas muy buenas y nos están dando mucho espacio para mostrar al mundo lo que hacemos", prosiguió Arenas.

Se trata de una evolución positiva de la que ahora de ve "el pico", pero que se estaba "gestando desde hace años", afirmó.

El éxito de Lelio en 2013 permitió "desatascar" la situación de sequía en que se encontraba el cine chileno en la Berlinale, donde no había concursado ninguna película de ese país desde "La luna en el espejo", de Silvio Caiozzi (1990).

Especialmente destacable, para Arenas, es el ciclo de cine indígena "Native", una subsección del festival dedicada en esta 65 edición de la Berlinale íntegramente a Latinoamérica y donde se proyectó "Las niñas Quispe", dirigida por Sebastián Sepúlveda.

El auge del cine chileno y su proyección exterior contrasta con su déficit en cuando a su difusión en las salas de cine y televisión del país.

Guzmán mencionó, en este sentido, que de sus 14 filmes sólo "Nostalgia de la luz" fue emitido por la televisión chilena, cuestión que atribuye a una "falta de libertad de imagen".

Arenas admitió que el director tiene "algo de razón"; "En Chile tenemos un problema grave para la difusión de nuestras producciones. Las pantallas están tomadas por intereses privados. No hay ninguna pantalla, grande ni pequeña, que sea un espacio público".

Del momento mágico del cine chileno y de la Berlinale espera la directora de CinemaChile que contribuyan a romper esta "falta de conexión entre los creadores y la ciudadanía".

"Hoy por hoy, nuestro cine se ve mucho mejor fuera que adentro de nuestro país. No por su calidad, sino porque los espacios de difusión no están a disposición de los artistas", apuntó.

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