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ENTREVISTA | Juan Tallón

“La columna es una fiesta breve pero intensa a la que voy a buscar placer”

El escritor y periodista gallego acaba de publicar en castellano 'Fin de poema', cuatro historias sobre los poetas suicidas Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton y Gabriel Ferrater por las que desfila el tormento vital, el alcohol y las drogas

Tallón, que escribe columnas literarias para diversos medios, desgrana en esta entrevista el oficio del columnista y su relación con la actualidad y el periodismo

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El escritor y periodista Juan Tallón

El escritor y periodista Juan Tallón

Entre el grupo de nuevos columnistas surgidos en los últimos años, Juan Tallón (Vilardevós, Ourense, 1975) está en la línea de cabeza. Igual es porque, como muchos de ellos, también es gallego. Cada semana afila su pluma en El progreso con historias cotidianas que siempre dejan un regusto placentero en el lector. También escribe en El País sobre fútbol desde una perspectiva muy distinta a la del minuto y resultado. Arma reportajes para JotDown y tiene su propio blog  descartemoselrevolver.com por el que desfilan escritores, libros y todo lo que hay más allá de los argumentos literarios.

Para rematar, aún le da tiempo para escribir novelas como  Fin de poema  (editorial Al revés), publicada originalmente en gallego y que acaba de aparecer en castellano traducida por él mismo. En ella aborda las últimas horas de cuatro poetas suicidas: Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton y Gabriel Ferrater. De estas historias, del nuevo columnismo y de periodismo hablamos con él tras su paso por Madrid para presentar la novela.

¿Por qué estas cuatro historias y estos cuatro poetas?

Un escritor no siempre tiene una razón. Lo que puedo hacer es una hipótesis de trabajo para explicar por qué acometo determinados proyectos literarios. El tema del suicidio me ha producido siempre muchísima curiosidad y más todavía el suicidio de los poetas. Aunque es algo estadísticamente irrelevante, es una pauta a lo largo de la historia de la poesía. ¿Y por qué estos cuatro poetas y no otros? A mí me ha interesado siempre su obra, que normalmente es imposible de desligar de sus vidas. Todas esas molestias han acabado por generar la novela. Ha sido como una forma de acabar con mi curiosidad y por eso decidí escribir sobre ello.

¿Y halló algo?

En realidad no iba buscando nada. Ni siquiera escribir una novela, Pero sí construir una caja negra, y eso es Fin de poema. Una caja negra donde se registran las últimas voces, las decisiones finales de los cuatro protagonistas. Ni siquiera es una novela sobre el suicidio, aunque de alguna forma casi vaporosa lo reflejo, apenas escribo unas pinceladas sobre la muerte. Lo que sí me interesaba era narrar la angustia de las últimas horas, y eso sí que era lo que buscaba. Saber si un poeta en su último día acomete acciones comunes como las de cualquier otro día y otra persona.

Fin del poema, el último libro de Juan Tallón

Y esto ocurre, pero además estas últimas horas están regados de alcohol. Algo que foma parte de su narrativa en general y sus columnas.

No vamos a descubrir a estas alturas que la bebida es un hecho común en nuestras vidas y que nos acompaña desde hace muchísimo tiempo. Faulkner enfatizaba que la civilización comienza con la destilación aunque la humanidad sea mucho más antigua. Es un juego literario que yo a veces puede desarrollar en determinadas columnas, como el papel que puede tener en esta novela el alcohol o incluso las drogas. Todos los protagonistas, de un modo u otro, están carcomidos por sus adicciones. Además de su incendio personal, la situación que les ha conducido a tener esa visión insatisfecha de la vida es porque están acosados por las adicciones. Todo eso sumado puede conducir al entendimiento de su final.

Lo curioso es que ese malditismo de Pavese, Pizarnik, Ferrater o Sexton ya no existe.

Es difícil saberlo… Tal vez sí podemos coincidir en que ya no existen poetas malditos como los de antes, pero seguro que eso no implica que no siga habiendo un abuso del alcohol y las drogas en los autores. Maticemos, pero algunos han buscando los límites a través de su obra y eso te exige empujar los márgenes de la realidad en la que está sometido cada uno, y podemos estar tentados a pensar que una forma de ensanchar los márgenes puede ser yendo más allá y flirteando con las drogas y la bebida.

¿Suele buscar así los límites?

¿A través del alcohol o las drogas?

En realidad le iba a decir a través de la literatura… En su blog su biografía se titula 'Mi basura personal'.

Ah, porque te iba a decir que no. Me parece que el narrador debe siempre intentar descender a las partes más hondas en las que hay poca luz, y tratar de buscar la claridad en esa zona. Y eso se puede hacer al margen de lo que estés narrando. No necesitas que el individuo que protagoniza tu novela sea una persona al borde la locura o sometido a una situación dramática.

¿Y el columnista también tiene que descender a esas zonas oscuras?

Eso me lo cuestiono más. El columnista que yo pretendo ser, o que a mí me gusta leer, debe hacerte pensar, sonreír y para conseguir esos objetivos se puede valer de las herramientas que él juzgue. El columnista va en busca de otra cosa distinta a la del novelista.

¿Dónde bucea para escribir las columnas? ¿Qué son esas cosas que busca?

Trato de buscar las columnas donde no las hay. Me cuesta mucho escribir o al menos aplicar un enfoque sobre las cosas que ya se están escribiendo. La actualidad me angustia mucho y si voy a escribir de actualidad procuro que sea con una actitud en la que yo a veces tampoco crea demasiado. Por eso desarrollo teorías que no comparto. Una provocación que pasa por eso, tratar de escribir una columna donde no la hay.

Forma parte de una nueva generación de columnistas en la que se puede citar también a su colega Manuel Jabois. ¿A qué cree que se debe este nuevo boom del género?

Sí, estoy de acuerdo contigo. El género está experimentando una floración que además coincide con la llegada a los medios de comunicación de una nueva generación de autores que tienen en común que huyen de la solemnidad, no pretenden convertirse en líderes de opinión aunque hagan opinión y que utilizan para sus columnas herramientas tan prósperas y a la vez tan despreciadas como puede ser el humor o el uso del yo para generar historias universales aunque estén protagonizadas por el propio columnistas.

Es un columnismo que podríamos llamar literario.

Sí, tal vez habría que matiza qué entendemos por literario, pero sí es un columnismo muy bien escrito. En eso estamos de acuerdo, Al final las cosas bien escritas acaban gustando a la gente. Y ¿por qué este nuevo columnismo? Igual la respuesta es porque escriben bien.

Y además escriben bien los gallegos.

Sí, hemos coincidido una generación de autores que por la razón que sea hemos tenido que salir de Galicia para encontrar un hueco, pero sí… No me atrevo a decir mucho más.

¿Esto es porque necesitamos nuevos referentes en nuestra generación?

No sé si necesitamos referentes para entender la actualidad. Lo que necesitamos para comprender lo que está pasando es, primero, adoptar una posición crítica, buscar la mejor información posible y crearnos nuestra propia idea. Yo ahí sí sería muy cuidadoso a la hora de tomar al nuevo columnista por un radar o un faro. Porque yo también tengo el concepto de la columna como una fiesta breve pero intensa a la que voy a buscar placer, pero nada más.

A la hora de escribir una columna o una novela, ¿cómo se lo plantea?

No puedes ir en busca del mismo objeto/objetivo. La novela utiliza la ficción y para el columnismo están los hechos y procuras aplicar otro tipo de herramientas. En cualquier caso, lo que procuro siempre es escribir lo mejor posible en cualquier género en el que me desenvuelva. Pero trabajas con materiales diferentes y para manipularlos tienes que utilizar guantes diferentes. Aunque la novela sea tan difícil de definir a veces te permite escribirla novela como si no estuvieras haciendo periodismo. Y como después de tanto tiempo todo se vuelve mestizo también puedes hacer periodismo con las herramientas atribuibles a la novela No vamos a descubrir ahora que el Nuevo Periodismo irrumpió sobre eso. Pero esto no significa que cuando te pones a trabajar no disciernes muy bien cuál es la metodología que vas a aplicar sobre tu trabajo en función del género que quieres desarrollar.

Últimamente hay muchos reportajes con el uso del ‘yo’. Quizá ese recurso solo está al alcance de unos pocos y se está abusando de la herramienta.

Sí, tal vez estemos abusando de la fórmula, y tal vez acaso la fórmula sea solo una moda. No puedo saberlo, pero sí es cierto que cada vez es más común el uso del ‘yo’, lo cual no es ilegítimo para desarrollar el periodismo, pero ha de haber un equilibrio. Una cosa es que utilices el ‘yo’ en una columna para contar algo que tú estás viendo y que tiene interés y que puede servir para iluminar otra cosa. Y otra cosa es que tú partas del ‘yo’, continúes con el ‘yo’ y al final otra vez el yo. Y ya está. Y lo que yo empiezo a advertir es que los chavales que están acabando ahora la carrera de Periodismo de pronto quieren ser Manu Jabois, Gistau… que son chicos que utilizan el yo, pero lo utilizan con maestría y saben cuándo no hay que ir más allá. Pero los chavales los han tomado como referentes y creo que han equivocado el tono. El periodista está para contar lo que les ocurre a los demás. Si eres columnista puedes contar cosas que en un determinado momento te ocurren a ti, pero porque te sirven para explicar algo que está pasando en la actualidad. Así que sí, yo creo que se nos está yendo de las manos…

Cierta falta de humildad…

Completamente. Está equivocado el planteamiento,eso de pensar que una historia, por estar escrita en primera persona, va a tener un interés por sí mismo. Al Nuevo Periodismo o a otros periodistas hay que leerlos, pero no hay que intentar copiar su modelo. Con esas lecturas y con otras que hagas lo que tienes que hacer es forjar tu estilo, pero no pensar que para tener un estilo hay que estar hablando continuamente de ti. Vale, es tu estilo, pero no eres tú el protagonista. De todas maneras, al final esta moda acabará pasando. Es lo mismo que ocurre ahora con el fútbol. Todo este columnismo sobre fútbol que estamos desarrollando y del cual yo participo puede ser una moda porque al fin y al cabo atravesamos una futbolización de todo. No tiene mucho sentido que todos estemos ahora escribiendo sobre futbol.

Es cierto: el futbol se ha literaturizado.

Bueno, no estoy del todo convencido de la teoría pero puede ser que la futbolización sea pasajera. Ahora bien, en contra de que la futbolización sea pasajera conspiran varios hechos y es que ya hace mucho tiempo, desde los años sesenta, setenta se empezó a quebrar esa teoría que acaso proceda de Dickens o Borges que vinculaban el fútbol con la barbarie. El prejuicio de que con el fútbol no se podía hacer literatura ya se ha superado. Ahora bien, si estamos rebasando los límites eso es algo que yo me puedo preguntar. Es más, hasta cuándo vamos a estar sometidos a tanta información futbolística.

Todo esto es que es muy postmoderno: ya no hay jerarquías en la cultura. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Sí, pero también puedes pensar que el mundo de la literatura es tan amplio y tan poderoso y tan libre que cabe hacer literatura sobre cualquier cosa, y¿ por qué no va a ser el futbol? Además, desde hace cincuenta años hay gente que escribe muy bien sobre fútbol, y que lee con entusiasmo a gente que luego le interesa muy poco y eso hay que reconocerlo. Ahora, tengo dudas de que este boom sea sostenible.

Trabajó en un periódico pero ahora es freelance… ¿Cómo ha cambiado su forma de trabajar?

Como me encuentro más cómodo es así, pero no porque sean varios sino porque no me someto a las tiranías de ninguna redacción, ese poder que tienen los medios por dentro y genera esclavitudes. Yo ahora soy muy libre. Tengo compromisos que cumplir y a los que someterme, pero casi siempre hago lo que me da la gana, y eso es placentero. Además tengo más tiempo, soy capaz de ordenarme mejor y hacer compatible la actividad de periodista con la de escritor, que era algo que no me había podido permitir en absoluto cuando estaba en nómina para un medio. Tuve que inventar mi literatura cuando dejé las redacciones porque llevaba mucho tiempo sin escribir.

Trabaja en nuevos medios y medios online, lo que choca con el discurso de la crisis del periodismo.

Cada vez se pueden hacer más cosas porque aparecen nuevos medios que han de forjarse su futuro y para ello han de tratar hacer lo que no están haciendo los otros. Porque si no no vas encontrar un nicho para crecer y como tienes pocos recursos no vas a poder competir con lo que están haciendo los otros. Los medios nuevos empujan los márgenes y permiten hacer cosas diferentes. En ese sentido no me apresuraría a dar por muerto el periodismo como no me apresuraría a dar por muerta la novela. Hay margen para ser optimista. Naturalmente, los medios de comunicación están sometidos a la amenaza de su desaparición porque hay un nuevo escenario en el que jugar, hay que aprender a cobrar por la información cuando siempre ha tenido que pagarse… Estamos en un escenario en el que sabemos muy poco. Y en tercer lugar, y esta es una de las mayores amenazas porque no tiene que ver con la forma sino con el fondo: la sociedad se ha banalizado y con ella se ha banalizado el ejercicio de la profesión. Vemos muchos casos de malas praxis. Es una de las mayores amenazas para el periodismo y curiosamente no tiene nada que ver con el ejercicio del periodismo. Esas malas praxis, aunque se desarrollan desde el periodismo, son antiperiodísticas.

Cuando habla de banalización… ¿el culo de Kim Kardashian? ¿Los gatitos? ¿De qué estamos hablando exactamente?

Cada vez más en los medios de comunicación tienen sitio cuestiones que creíamos que pertenecían al ámbito privado. Me refiero al tratamiento amarillo de la información y a los contenidos amarillos.

Pero antes hablábamos de que existe otro lado en el periodismo, ¿por qué los directores de periódicos más tradicionales siguen empeñados en este amarillismo? Me recuerda mucho a la historia del grupo Tribune en EEUU. Se declaró en quiebra después de una huida hacia adelante con noticias de gatos y mujeres desnudas.

Desde luego, se dan las condiciones para hacer buen periodismo. Habrá que tener medios para hacerlo, al fin y al cabo, cuesta dinero enviar a un corresponsal a otro país o poner a un redactor a investigar va a exigir una inversión. Además, va a exigir mucha imaginación, en el sentido de buscar nuevos caminos, nuevas historias que contar que muchas veces están justo al lado. ¿Y por qué los medios tradicionales están poniendo trabas a esto? A mí eso se me escapa. Quizá son tan grandes que su movimiento es casi obligatoriamente lento, pero yo creo que al final tendrán que cambiar porque no pueden seguir como si estuvieran viviendo hace veinte años.

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