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ENTREVISTA | Elvira Lindo

"Tengo que dar más explicaciones que un hombre por hacer humor"

Llega a las librerías Tinto de verano, la primera edición integral de sus columnas escritas entre 2000 y 2004

"La piel se nos ha vuelto tan fina a todos que siempre hay algún indignado que pide explicaciones"

"El periodismo puede entrar en franca decadencia si solo consiste en opinión"

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Elvira Lindo: "En España hay desconfianza hacia el que se va porque quiere"

Elvira Lindo nació en Cádiz hace poco más de cincuenta años, se dio a conocer en Radio Nacional de España hace unos treinta y escribió su personaje más popular, el eterno Manolito Gafotas, hace veinte. En el camino, se ha convertido en una de las voces más personales del periodismo y el columnismo español contemporáneo.

Manolito Gafotas apareció primero en las ondas interpretado por ella misma y luego se convirtió en ocho libros publicados entre 1994 y 2012. Uno de ellos, Los trapos sucios, le dio el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Luego vinieron cinco novelas adultas, otras tantas obras de no ficción, dos obras de teatro, varios guiones y centenares de columnas.

Entre estas últimas destacan, por su proximidad y su habilidad para el retrato social, los llamados tintos: columnas diarias escritas en los meses de agosto del 2000 al 2004.  La editorial Fulgencio Pimentel se ha encargado de compilarlos todos y cada uno en Tinto de verano, un testimonio de lo que el columnismo y el costumbrismo han sido en España.

Elvira Lindo. Foto: Patricia González Cámpora. Fulgencio Pimentel.

Elvira Lindo. Foto: Patricia González Cámpora. Fulgencio Pimentel.

Desde las primeras páginas de su libro se aprecia distancia respecto a lo que escribía y cómo lo hacía hace 16 años. ¿Cómo cree que ha cambiado su relación con la literatura?

¡Pobre de aquel que no haya cambiado en 16 años! Claro que he cambiado, no solo en mi relación con la literatura, yo diría que en todo. Voy haciéndome poco a poco más libre, libre para hacer lo que desee con el tono que quiero utilizar en un momento preciso. Podría haber decidido ser siempre una escritora cómica, pero quise abordar otros asuntos con un humor más sutil. Aunque creo que el humor forma parte de mi naturaleza y me sale aunque yo no quiera.

En la misma línea, también se aprecia una diferencia de tono en el columnismo español. ¿Tanto ha cambiado la profesión en este ámbito?

Me resulta difícil hablar del columnismo en general. Le diré que yo que tenía a Umbral como referencia a mis 17 años, no he querido ser luego una constructora de frases ocurrentes, porque la ocurrencia es un vicio del que es difícil escapar. Es como escribir frases para que sean entrecomilladas en las redes. Ahora, para mí, lo esencial es contar cosas, no todo pueden ser divagaciones o fuegos artificiales. El lector ha de quedarse atrapado porque lo que estás contando le interesa.

Por otra parte, siempre he percibido que el columnismo español es muy autorreferencial, de tal forma que si no vives en España no vas a entender de lo que habla el columnista. Del periodismo anglosajón he aprendido que una columna debe ser para el lector de siempre, pero también para el recién llegado. Una última apreciación: los medios han tendido al columnismo y al opinionismo porque sale más barato que pagar periodistas, pero el periodismo puede entrar en franca decadencia si solo consiste en opinión. Y una crítica más: una no debe escribir como si el espacio fuera suyo. Hay que escribir siempre como si estuvieras en una habitación prestada, y estar a la altura de ese préstamo.

Dice usted, citando a Azcona, que el humor ni se explica ni se disculpa. ¿Cree que sigue plenamente vigente esta afirmación? ¿Sirve para explicar casos como el del concejal Zapata, por poner un ejemplo?

Claro que sigue vigente. Azcona me dio algunos consejos muy agudos, era un hombre generosísimo, por eso la gente joven lo quería tanto, porque siempre te trataba con consideración. De cualquier manera, él ejerció de guionista y el guionista es uno más en un trabajo colectivo. Sin embargo, escribir humor en un periódico es mucho más arriesgado, te pones de pronto en boca de todo el mundo. Además, el hecho de ser mujer hace que tenga que dar más explicaciones que un hombre, porque el humor basado en la propia vida escrito por una mujer se considera una inconveniencia. Y sé de lo que hablo porque lo he vivido.

En cuanto a lo de Zapata, yo creo que podemos sacar dos conclusiones: que Twitter es un medio público y que lo que vertemos ahí queda registrado. Hemos aprendido esa lección. Por otra parte, judicializar el caso Zapata es ridículo. The Boston Globe me pidió un artículo sobre este asunto, el de Rita Maestre, el de los titiriteros... Son asuntos que se utilizan desde un punto de vista partidista y hay una derecha que desea mantenerlos vivos. Y es hipócrita, porque a diario se leen tantas cosas en ciertos medios, como la utilización de motes insultantes, vejación de las mujeres políticas, comentarios homófobos, racistas, xenófobos, que, francamente, no sé a qué viene tanto escándalo. Además, Zapata pidió disculpas ya. Y estas cosas se arreglan disculpándose. Punto.

Alguna vez ha comentado que se la ha juzgado duramente por escribir los tintos debido a su carácter y tono personal. ¿Hasta qué punto son pedazos de la vida de Elvira Lindo?

La realidad actúa en estas piezas cómicas de manera muy peculiar. Estoy haciendo comedia de mi vida. Y cuando uno hace comedia todo aparece exagerado, distorsionado, absurdo. Lo que buscas es divertir al lector, no contarle tu vida. Tenga en cuenta que yo escribía desde un pueblo en el que no sucedía nada, así que el material de las columnas era yo misma. Si el lector piensa que estoy contando la verdad, es problema suyo. Y volvemos al consejo de Azcona. De cualquier manera, la piel se nos ha vuelto tan fina a todos que siempre hay algún indignado que te pide explicaciones. Es una época muy poco relajada.

¿Cree que el juicio constante al que se refiere cuando habla de las redes sociales ha podido, de alguna manera, imponer un tipo de autocensura dirigido por la corrección política?

Estoy convencida. Pero eso se empieza a poder decir ahora, había un papanatismo tal al principio de este invento que es mejor que no criticaras los contras de las redes. Tenías que estar permanentemente entusiasmada para que no te consideraran una antigua. Yo utilizo las redes, pero he ido aprendiendo a usarlas. Y, desde luego, en la red como territorio salvaje y de la gresca no entro. Me roba energías.

Los tintos tienen una filosofía particular dentro del articulista, en cierto modo clásica. Es aquello de mirar a nuestro alrededor y hacer sociología. ¿Cree que puede haberse perdido esa capacidad con un teléfono que hace que miremos menos a lo que nos rodea y más a la pantalla del móvil?

Nada hay más inspirador que la vida real y la presencia humana, eso lo tengo muy claro, tanto como que una opinión en la red puede ser muy fácilmente tergiversada. Yo tengo un Facebook privado en el que lo paso estupendamente con unos cuantos amigos, diciendo alguna que otra barbaridad. Mi pretensión es que se sientan libres y como en casa. Es algo que no hay en mis páginas públicas porque, como siempre ha ocurrido, hay cosas que dices en privado y otras en público. Las redes provocan esa confusión porque uno escribe sus opiniones desde un espacio doméstico, pero ya digo, creo que vamos aprendiendo.

Elvira Lindo en el Festival Ja! de Bilbao

Elvira Lindo en el Festival Ja! de Bilbao

¿Puede que Internet haya afectado, en parte, a la presencia del costumbrismo literario en los periódicos de nuestro país?

No sé si tanto como afectar. A mí me encanta la buena crónica social, pero hasta en eso el columnista sabe que va a ser juzgado. En estos momentos, parece que ningún periodista va a un buen restaurante, porque no se mencionan los lugares concretos, cosa que empobrece una crónica, porque la narración del espacio, de lo físico, siempre añade luz a un texto. Sin embargo, tú vas a ciertos restaurantes y te los encuentras llenos de periodistas. Imagino que se tiene miedo de parecer pijo. Tan simple como eso. Creo que el exceso de juicio nos ha afectado, somos menos naturales, menos espontáneos.

Tinto de verano también es un mar de confesiones, hace sociología pero también se analiza a usted misma. Visto con perspectiva, ¿qué ve en su modo de ser de entonces que ahora sería radicalmente distinto?

Lo que veo no está estrictamente en los textos, sino en el descaro de haberlos escrito. Hay descaro, espontaneidad, mucha guasa. No es que ahora tenga todo eso, pero la incluyo de manera más sutil en mis textos. Ahora no me expondría con una crónica diaria humorística en un periódico. No es cobardía, es que me cuido y me protejo más.

En uno de sus tintos cuenta que su corazón siempre se ha debatido entre la más absoluta superficialidad y el ejercicio intelectual. ¿Sigue debatiéndose entre ambas?

Jajaja, bueno, esa es una de esas frases absolutamente cómicas... Volvemos a Azcona y ¡viva la comedia! Lo que le decía: yo tenía mucho morro pero porque no pensaba que la gente se fuera a creer lo que escribía.

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Portada de 'Tinto de verano'. Fulgencio Pimentel.

También cuenta que un día se encontró con un escritor de culto en Madrid y "dejó que la compadeciera" por tener que escribir un tinto al día. ¿Cree que esto es una tónica de la literatura actual? Me refiero a si opina usted que hay más escritores compadeciéndose unos de otros que compañerismo en el mundo editorial, de la prensa, etc.

También era una broma y una invención. Yo no me muevo mucho en el mundo de la literatura, no le puedo decir. Cierto es que el humor se considera un género de segunda categoría. Peor para la gente que lo crea. No hay una sensación más agradable que la de provocar la risa. Hace poco leí un monólogo en Bilbao, en el Festival Ja!, que se titulaba Una mujer inconveniente. Esa soy yo, una mujer inconveniente. Pero cuando le tomas el gusto a hacer lo que te da la gana ya no estás dispuesta a renunciar a ello. Yo tengo una firme propensión a hacer lo que me da la gana desde niña, forma parte de mi carácter.

Empezamos ahora el primer año sin elecciones desde 2013. ¿Como cronista, cree que se acerca un tiempo de relativa tranquilidad política y -por ende- periodística?

Yo no me creo esta tranquilidad. Es un periodo exasperante. Todo sigue igual: el mismo presidente, el mismo partido en el poder, una izquierda incapaz de ponerse de acuerdo, peleas internas en todos los partidos, luchas internas por el poder. Me entra entre indignación y aburrimiento.

Su uso de redes sociales, en especial de Instagram, alude a la literatura que ejerce usted: esa mirada hacia los pequeños detalles que cuentan historias. ¿Vivimos otro modo de narrar con este tipo de redes? ¿Existe un nuevo articulismo, o una nueva literatura más ligada al instante y a la imagen?

Yo no sé vivir sin la imagen. Lo que escribo siempre es muy visual, me gusta que el lector pueda hacerse una idea visual de lo que estoy contando. Y musical incluso. Lo de Instagram es un vicio. Me encanta captar pequeños instantes y agrandarlos con un pie de foto ingenioso. Es un juego de niños, nada más que eso.

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