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LOS DISCOS DE LA SEMANA

Las rarezas de Beach House, algo más que 'caras b'

El dúo de Baltimore publica un recopilatorio de rarezas 10 años después de su creación

También comentamos el segundo disco de las hermanas Haim y lo nuevo de Bedouine, Max Richter y Public Service Broadcasting

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Haim

Something to Tell You
Universal
POP
8/10

Hace un tiempo las hermanas Haim comentaban en una entrevista su obsesión por una serie de vídeos en los que se mostraba a Fleetwood Mac y a Tom Petty con su banda en el estudio. Ambas son formaciones emblemáticas del rock americano, con varias décadas de trabajo a sus espaldas, que han hecho del directo una razón de ser y de su traslación al estudio de grabación un arte.

Aún sin esa descomunal experiencia Este, Danielle y Alana, con edades que se mueven entre los 31 y los 25 años, llevan tocando juntas desde que eran unas crías, algo evidente para quien vea cómo se desenvuelven sobre un escenario. Por eso, tras sorprender al mundo con su disco de debut Days Are Gone en 2013, el reto de Haim pasaba precisamente por trasladar a su segundo disco todo eso que han aprendido de clásicos como los citados Fleetwood Mac, con quienes por cierto las comparaciones son recurrentes.

El resultado puede comprobarse en una serie de clips registrados por Paul Thomas Anderson en los que Haim se enfrentan en el estudio a sus nuevas canciones sin trampa ni cartón: un plano secuencia y las tres hermanas desarrollando su música en una situación de directo controlado que da cuenta de su pericia instrumental. Era la forma en que Haim querían presentar al público este esperado segundo disco en el que, apoyándose en la producción de Ariel Retchshaid (Adele, Charlie XCX, Major Lazer, Carly Rae Jepsen, Kylie, Brandon Flowers, Madonna...) y el ex Vampire Weekend Rostam Batmanglij, dan cuenta de las múltiples posibilidades de la formación.

Aunque se las ha vinculado desde el primer momento con el soft rock, aquí hay excursiones por otros géneros como el r’n’b, el soul o el pop orquestal, de los que las hermanas se han declarado abiertamente fans. El resultado es un álbum que tal vez no cuente con la inmediatez pop de su debut, pero que llega bien cargado de buenas canciones dispuestas a asaltar las listas de ventas norteamericanas.

 

Beach House

B Sides and Rarities
Bella Union / [PIAS]
POP
7/10

Sin concesiones, rigiéndose estrictamente por su instinto y con un firme compromiso estético, Beach House se han convertido en uno de los nombres esenciales para valorar lo que llevamos de siglo XXI en lo que al terreno del pop respecta. Hasta el punto de que el dúo formado por Victoria Legrand (sobrina del compositor Michel Legrand) y Alex Scally puede permitirse apenas una década después de su disco de debut publicar un recopilatorio de rarezas y caras b.

Se trata de un material que va desde una canción original de 2005, que cerraba su homónimo primer álbum a modo de track oculto, hasta un tema bastante reciente, Chariot, elegido con acierto como adelanto del disco y que se encuentra a la altura de lo mejor de su discografía.

Entre medias, versiones para el lanzamiento en single y sesiones en falso directo para iTunes (el equivalente contemporáneo de las clásicas Peel Sessions) de algunos de sus temas más reconocidos, como Norway o Used To Be.

También material de desecho que, aún sin estar a la altura de su producción oficial, mantiene el sello de calidad de una fórmula que hasta el lanzamiento en 2015 de Depression Cherry y Thank You Lucky Stars parecía infalible: pop ambiental y melancólico, a medio camino de Cocteau Twins, los shoegazers británicos y las colaboraciones entre David Lynch, Angelo Badalamenti y Julee Cruise. Esto es, como casi todos los discos de estas características, un fetiche destinado a quienes ya son fans de la banda de Baltimore.

Bedouine

Bedouine
Spacebomb / Music As Usual
FOLK-POP
8/10

Spacebomb, colectivo y subsello asociado a Domino Records y radicado en Virginia, ya había demostrado con los lanzamientos de Natalie Prass y Matthew E. White que viven en una burbuja ajena a las tendencias musicales y el paso del tiempo. Ese desaforado amor por el clasicismo pop, lejos de remitir, parece acrecentarse con el lanzamiento del primer disco de Bedouine, alias artístico de Azniv Korkejian.

Su nombre efectivamente da pistas de una vida nómada: nacida en Aleppo de descendientes armenios, Korkejian vivió en Siria y Arabia Saudí antes de instalarse definitivamente en Estados Unidos. Pero pocas trazas encontramos de esas experiencias en un exquisito disco de debut que bucea en el baúl de los recuerdos del folk-pop psicodélico norteamericano, si acaso con puntuales excursiones por el pop orquestal afrancesado de Claudine Longet o Françoise Hardy.

Lo componen diez canciones construidas sobre arpegios de guitarra acústica y la cálida voz de Korkejian. A partir de ese esqueleto las canciones se hacen grandes en el estudio de Gus Seyffert (Norah Jones, Beck o Michael Kiwanuka) con una serie de arreglos orquestales de gusto exquisito y tono nostálgico. Al igual que le ocurrió a quien esto firma la primera vez que escuchó a Laura Marling –con quien Bedouine comparte muchas cosas- la sensación es de haber descubierto un tesoro oculto rescatado directamente desde la década de los setenta.

 

Max Richter

Behind the Counter with
Rough Trade / Music As Usual
NEOCLÁSICA
8/10

Uno de los platos fuertes de la programación de Veranos de la Villa 2017 (ciclo de actividades culturales del Ayuntamiento de Madrid cara al verano) ha sido  Sleep, un concierto-performance de ocho horas de duración en el que Max Richter y su Ensemble interpretan durante la noche la obra en cuestión con un público que duerme frente a ellos. Este peculiar proyecto ha arrancado aplausos allá por donde ha pasado y es el último de una serie de trabajos que, más o menos desde la publicación de la banda sonora de Vals con Bashir, han convertido al compositor alemán en nexo de unión entre dos mundos que tienden a mostrarse indeferencia: la clásica y el pop.

Behind the Counter with es otra forma de aproximarnos a su particular territorio sonoro, un doble álbum (triple en caso de que optes por el vinilo) que Richter ha calificado como "un recopilatorio de la música que amo. Algunos temas los he estado escuchando durante décadas. Otros son nuevos descubrimientos pero creo que deben aparecer aquí. Y también hay algunas piezas propias. Bienvenidos a mi mundo".

El resultado nos da efectivamente una visión muy certera de ese universo musical , con una línea invisible que une el rock de guitarras de Mogwai, Low o Godspeed You Black Emperor, la electrónica popular de Boards Of Canada, Aphex Twin y Kaitlyn Aurelia Smith, el avantgarde de Luciano Berio, Philip Glass, Charles Ives o Steve Reich y el clasicismo de Bach, Rachmaninoff, Handel o Guillaume De Machaut. Hay un hilo, una espiritualidad inherente a esas piezas que obviamente encontramos también en la obra de Richter. Y la selección merece la pena, aunque sólo sea como consejo de amigo, como esas cintas de favoritos que cuidadosamente grabábamos e intercambiábamos hace ya demasiados años.

 

Public Service Broadcasting

Every Valley
[PIAS]
AVANT-POP
8/10

Acompaña a las notas interiores de este disco una acongojante tabla que muestra las principales tragedias en la minería galesa con sus respectivos números de víctimas. Cuenta J. Willgoose, Esq., cincuenta por ciento de este dúo londinense, que no tiene del todo claro qué le ha llevado a lanzarse de cabeza a componer Every Valley, álbum homenaje a las extintas comunidades mineras del sur de Gales. Desde luego, no han sido sus propias raíces: él se autodefine como un londinense de clase media que incluso ha llegado a sentirse como un usurpador por afrontar este proyecto. También explica que, lejos de sentir el rechazo de los herederos naturales de aquellas comunidades, su respuesta ha sido en todo momento extremadamente cálida y positiva. Posiblemente porque el amor con el que ha sido concebido el proyecto se percibe a lo largo del mismo.

A partir de archivos sonoros de la época, una característica que define al dúo, Public Service Broadcasting vuelve su mirada a una época no demasiado lejana y que sin embargo se ha perdido para siempre. Sin cargar tintas en los componentes políticos -deliberadamente se ha optado por dejar fuera de esos clips de audio a Thatcher y su némesis, el presidente de la National Union of Mineworkers Arthur Scargill- el disco supone una libre y nostálgica recreación de aquellos días.

Musicalmente, el dúo se rodea de toda una orquesta para dar forma a un discurso que, como ya demostraron en el cósmico The Race for Space (2015), se sitúa a medio camino del post-rock a lo Mogwai, el sonido fantasmagórico del sello Ghost Box y la nostalgia del pop sesentero clásico.

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