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Psico, el capitalismo siniestro

Aurelio Delgado dirige en Carme Teatre una obra inspirada libremente en American Psycho, de Breat Easton Ellis

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Portada del libro 'American Psycho'

Portada del libro 'American Psycho'

A modo de introducción de la novela, Easton Ellis cita a Dovstoievski hablando de "Apuntes del subsuelo" cuando dice:... "Individuos como el autor de estos Apuntes no sólo pueden existir en nuestra sociedad, sino que por fuerza deben existir, si se considera las circunstancias bajo las que, generalmente, esta sociedad nuestra se desarrolla."  Y es esta sociedad mínimamente moral, banal, superficial, donde impera la imagen y que hace posible el personaje de Bateman la que interesa a la obra Psico, de Aurelio Delgado, inspirada en American Psycho, por encima del sadismo y la narración de los crímenes que el protagonista comete.

Más que centrarse en el asesino en serie, aspecto fundamental que desde luego se aborda en el montaje, la obra que nos presenta Aurelio Delgado durante el mes de febrero en Carme Teatre no se centra tanto en la narración de sus crímenes, como en la presentación de un universo que no sólo corresponde al mundo de los brokers de Wall Street  sino que se extiende por todo el mundo occidental,  donde el capitalismo impone unas normas, que atendiendo principalmente al consumo, sumerge nuestra realidad en esa "sociedad del espectáculo" de la que habla Guy Debord.

La representación, dentro de esa sociedad, vacía el personaje de Bateman. Lo convierte en un paradigma, si bien llevado al extremo, del hombre actual, presionado a olvidar la esencia en favor de la presencia, de ofrecer una imagen de sí mismo que lo acerque a un ideal de clase, prescindiendo de la moral para establecerse y, si es posible, convertirse en líder.

La paradoja le sobreviene al personaje, cuando en medio de seres condicionados al igual que él mismo para las mismas finalidades, pierde su identidad frente a los demás y se convierte en anónimo, susceptible de ser confundido con cualquier otro. En este contexto donde nada significa más que la apariencia, donde los valores y el hombre mismo se vacían de contenido, no es descabellado pensar que surja el monstruo.

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