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Que el Primero de Mayo rompa mitos

Muchas personas desde distintos ámbitos y organizaciones ponen su empeño en el día a día por defender los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, pero cuando llegamos al ámbito político local, hay quien se echa para atrás esgrimiendo como principal argumento que las políticas activas de empleo solo tienen sentido en el ámbito autonómico o estatal.

Desde Compromís per València hemos roto ese mito.

Hemos propuesto una inversión real en I+D+i, que el gobierno municipal no dé la espalda a las universidades y a los parques tecnológicos, sino que entable con ellos una cooperación que en el medio plazo será muy fructífera. Apostamos por una política de rehabilitación de vivienda y de suficiencia energética como alternativa a la depredación salvaje de la especulación urbanística, que tantos puestos de trabajo se ha cobrado… Y también tomamos medidas en lo más cercano: en la propia administración.

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Un nou suïcidi col·lectiu a la valenciana?

Canal 9 (i cal entendre el conjunt de RTVV quan dic Canal 9) és la història d’un seguit d’herències perverses que arranquen en els acomplexats i mediocres sis anys del tàndem Lerma/Fabregat i acaben en la desfeta d’Alberto Fabra. Enmig: de tot, i tot molt miserable. Pels despatxos de Canal 9 han passat molts més delinqüents que persones honrades i, que jo conega, ni un sol directiu exemplar. 

Vint-i-cinc anys de perversió van emplenar aquella empresa de tantes i tantes bombes que, moltes d’elles, encara estan per esclatar. En vull esmentar una que em sembla fonamental, convençut com estic que després de les eleccions del 24 de maig el PP va a perdre el poder; em referisc a la fórmula de reobertura. No dic el futur model, parle, només, de la manera de reobrir el que va tancar el PP.

El com recuperar Canal 9 enfronta dues opinions extremes: la d’aquells que defensen que cal tornar a novembre de 2013 quan el Tribunal Superior de Justícia va revocar el primer ERO i que, per tant, han de tornar la totalitat de treballadors i els que, per contra, volen foc nou i començar de zero. L’embolic legal no és senzill però, més enllà, hi ha consideracions polítiques a fer que no són menors i que, tenint-les en compte i negociant-les, podrien servir per a evitar que una picabaralla legal ho encallara tot. 

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Rus y los dedos ágiles del prestidigitador

Aunque su integración entre los arcanos del tarot le haya otorgado un cierto halo de transcendencia, lo cierto es que si algo caracteriza a la figura del prestidigitador es su carácter mundano. Hieronymus van Aeken Bosch, más conocido como El Bosco, supo captarlo en una de sus primeras obras conservada hoy en un museo de Saint Germain-en-Laye. Se trata de un pequeño óleo sobre madera donde en una escena costumbrista un mago ambulante hace aparecer un pequeño sapo de la boca de uno de los parroquianos que miran su función. Absorto en la sorpresa del supuesto prodigio, el iluso espectador se convierte entonces en víctima fácil del cómplice del prestidigitador, hábil en las artes de hacer desaparecer las bolsas ajenas.

Detrás del prestidigitador no hay ningún milagro por muchas palomas que salgan de su chistera. Ni siquiera cuando atraviesa con sables la cesta de mimbres donde se acurruca una bella mujer, o cuando con afiladas cuchillas divide la caja en la que poco antes se introdujo la misma temeraria ayudante. Todas esas extravagantes proezas esconden siempre un truco, un artificio, un ágil movimiento de manos capaz de cambiar los naipes ante la mirada más inquisitiva. Y aunque el público contenga la respiración durante la actuación o estalle en aplausos al acabar el número, lo cierto es que todos son conscientes de la falsedad. Porque en el fondo lo que provoca admiración no es el supuesto hecho maravilloso en el que nadie cree, sino constatar en cada representación la misma destreza del mago para engañarnos impunemente delante de nuestras propias narices.

Es por ello que el truco se convierte en el secreto mejor guardado del prestidigitador, su más valioso tesoro. Por el contrario, si el azar, la especial agudeza visual de algún presente o la mera ineptitud del artista permiten desvelar el enigma, la fascinación desaparece de la sala de golpe, se evapora. Peor aún, el público, conocedor de sus artimañas, no perdonará al mago desenmascarado que haya perdido su capacidad para engañarle y le hará pagar con desprecio su nueva condición de embaucador al descubierto.

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La basura, según la RAE

Esta semana quiero hablar de una basura distinta a la habitual en mis escritos. Con esto, me refiero a que no quiero escribir de Bankia, ni de Blasco, ni de la cúpula directiva de la extinta CAM…ni de desahucios o del déficit de becas escolares de comedor para este verano. ¡No! Esta semana escribo de la basura en su primera y segunda acepción según la Real Academia de la Lengua (RAE): suciedad o residuos desechados y otros desperdicios. Y lo hago porque, como ya habrán leído o escuchado o visto en algún informativo de televisión, un estudio de la OCU sitúa a Alicante como la tercera ciudad más sucia de España. Y a Valencia, la cuarta. ¡Triste honor!

No es nuevo. Al menos, para los que vivimos en Alicante. Lo sabíamos, pero que te lo digan así como que te deja un pelín helada. Principalmente porque los que hemos aprendido a caminar sorteando cacas de perros, oliendo a orín y diciendo a nuestros hijos que dejen de chutar los cartones y latas que se encuentran por la calle, empezábamos a asumirlo como parte de nuestra normalidad. Y para los que no tenemos mucha oportunidad de viajar, ¡pues eso! Que creemos que es lo habitual. Más aún en mi caso que tengo a Valencia como ciudad de destino principal de mis fines de semana. La cuarta ciudad más sucia según este deshonroso ránking.

Pero ahora vemos que no. Que lo habitual no es eso. ¡Vamos, que hay sitios en los que el pago de la tasa de basura se emplea en eso…en limpiar! Algo que puede resultar curioso para valencianos y alicantinos a la vista del espectáculo bochornoso de nuestras calles.

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El TRAM, ese desastre castellonense

Con la desfachatez y el desahogo del que está acostumbrado a la impunidad, el PP de Castellón y el Presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, anunciaron en la inauguración del TRAM de Castellón el pasado diciembre que se alcanzarían 2,5 millones de viajeros al año y que la ciudad de la Plana, con este medio de transporte, sería “comparable a Roma o Londres, las dos únicas en Europa que también lo tienen”. Ahí queda eso. Con un par de narices. Las mismas que se necesitan para anunciar en pleno periodo electoral, con una desvergüenza si cabe mayor de la habitual que emplean, una línea del TRAM en el sentido norte-sur que hace apenas un año declararon inasumible por su elevado coste.

Tres meses después de inaugurado el TRAM, a finales de marzo de este año, el alcalde de Castellón tuvo que reconocer implícitamente que habría 700.000 usuarios menos de los estimados al año. Y por supuesto, con el oscurantismo habitual, no se especificó ni el número de usuarios que pagaba por dicho servicio ni el que supuestamente se beneficiaba de alguna subvención. Tampoco, acostumbrados a colar a la opinión publicada lo que les da la gana, precisaron en qué cifras de viajeros diarias se basaban para dar esos datos. En este sentido, por una simple regla de tres, resulta que según sus propios datos, cuando el TRAM circulaba de Ribalta a la UJI (apenas 1,5 km de distancia) llevaba 3.700 viajeros al día, y que ahora, desde el Grao a la Universidad (8,3 km de recorrido) lleva 5.000. De risa. Y un insulto a la inteligencia. Entonces y también ahora. Pero eso a ellos, que nunca han dado un solo dato fiscalizable real del tema, que están acostumbrados al reinado del Mambo, les da igual.

En cualquier caso, la fanfarria habitual no puede ocultar que, según se anunció desde el propio Ayuntamiento en su momento, hasta el 2027 se compensará y subvencionará a la empresa concesionaria, pues se calcula un déficit anual en la explotación de 1, 3 millones de euros. Unamos a esa cifra que el TRAM ha costado más de 100 millones de euros, una cantidad que, dividida entre los 160.000 castellonenses, supone una media de 625 euros por cabeza, es decir, y para entendernos, medio millón de las antiguas pesetas por familia de cinco miembros, y comprenderemos parte de la magnitud del desastre. Y ello para poco más que un carril bus. Porque no es otra cosa, por mucho que se empeñen los responsables en disfrazar la realidad; un triste carril bus por donde circulan buses con conductor.  Y no vale decir que parte ha sido sufragada por fondos europeos; seguro que se podían haber gastado en algo más útil.

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Pel maig, llibre al cabàs

Este maig que s´acosta no només és el mes de Maria (amb majúscula) i del final d´estes Lligues tan comprimides. També és mes de llibres i eleccions. Així que hui em fique, disculpes de bestreta, a crític eventual agraït per un regal, el del llibre Mediterráneo Descapotable.

Com, en ocasions, no quadren les efemèrides per a justificar la redacció de determinades peces, la que més he pogut forçar és la del viatge que inspira el llibre citat: este estiu farà trenta anys del viatge del periodista italià Michele Serra (amb un Fiat Panda) per la costa italiana. Esta idea va ser importada pel corresponsal a Roma Íñigo Domínguez, a qui li ha eixit una àcida crònica viatgera que recrea la conjuntura del Mediterrani peninsular durant l´estiu de 2008, poc abans que es decretara l´inici oficial de la crisi econòmica.

L´observació escèptica i el sarcasme sobrevingut de qui, en tornar a la Costa Est, comprova els efectes en paisatges i costums de l´imperialisme de la rajola adquirix un valor visionari, a dia de hui. A banda d´estes cròniques mediterrànies, l´autor afegix un annex on els valencians tenim una quota protagonisme que supera el proverbial 10% (generalment, menys; especialment, en finaçament) assignat per Madrid.

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Els criminals que ens governen

Aquesta setmana han estat set-cents, o nou-cents o mil més els immigrants sepultats en la immensa cuneta en la qual s'ha convertit el mar Mediterrani. Unes aigües que, en boca dels poetes, sonen a pont de cultura, casa oberta o platges de somni però que, en realitat, són una muralla, una presó, una gran fosa comuna. 

Em vénen ganes de vomitar quan escolte, de nou, els nostres grans dirigents europeus, un grapat de miserables, assegurant que estan desolats i que això no es pot tornar a repetir. Ho han dit mil colps. Ho van dir solemnement quan en 2013 hi va haver 400 morts camí de Lampedusa. És igual que siga Renzi, Hollande, Rajoy, Merkel o Cameron. Ells, o els seus fills, o els seus pares, són els que haurien d'anar en les barques on moren els pobres immigrants. 

El serial institucional es repeteix: convocatòria de reunions, discursos amb cara greu i vestit fosc i poca cosa més. Al final, no són capaços d'altra cosa que endurir les fronteres (és a dir, alçar encara més les tanques de les presons dels pobres), fer concessions a dictadures com les del Marroc o similar a fi que no deixen eixir la gent i, això, sí, anunciar més duresa contra les màfies. No sé quina duresa podem esperar si ells són la màfia més gran. Al fons, sempre hi ha idèntic missatge: no es pot fer res. Clar, si cada dia moren al món, segons Unicef, uns 19.000 xiquets per causes perfectament evitables, en què afecten set-cents cadàvers enmig del Mediterrani? 

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Las placas y calles del Franquismo

La primera vez que vi un colegio con el nombre de Primo de Rivera, creía que el singular nombre del centro se debía a la muy desafortunada casualidad de que en Crevillente hubiera existido un hombre con el mismo apellido que el dictador, pero no, no era el caso, sino que se mantenía el nombre del colegio pese a la Ley de Memoria Histórica. Tal vez la gente de Crevillente se había acostumbrado a semejante deshonra, y no le prestaban más atención, pero los que no estábamos muy acostumbrados a ver tal despropósito, nos quedamos de piedra caliza. Todavía en pleno siglo XXI existía un colegio con ese nombre.

Aunque la anécdota, que no por ser desagradable no deja de ser también curiosa, fue algo que pensaba puntual, de un sólo municipio, tal vez por dejadez de sus funciones o por amor a una forma de mandar en España. Pues no, me equivocaba. Ciudades que se las dan de progres y modernas en sus instituciones, también están afiliadas a la desmemoria de un parte de la historia nacional. Honran a dictadores y no sufren remordimientos en ellos, porque evidentemente si lo hicieran, al coger el báculo del poder Rita lo habría quitado ipso facto.

En 1942 la ciudad de Valencia, Medalla de oro de la ciudad a Francisco Franco. No sorprende que en aquella época las ciudades tuvieran que inventarse honores para con los dictadores de medio pelo o que les regalaran los oídos con poesías a sus grandes dotes en esto o aquello. Lo que sorprende y sonroja es que ahora sea cuando se vayan a retirar esos honores y no antes. En Valencia no sólo ha gobernado el PP, ni tampoco ha sido el único gobierno que a tenido cierto poder, sino que los tres alcaldes de la ciudad socialista parece que tampoco debieron en su momento ver muy importante que Franco, ese genocida y dictador que había matado a cientos de miles de españoles y había encerrado en la cárcel o enviado a trabajos forzados a otros tantos de ciudadanos, tuviera honores en la capital. Tal vez se les olvidó. Sólo tuvieron doce años para que alguno de sus asesores les comentasen que había llegado el momento de quitarlo, aunque fuera por vergüenza, pero no.

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Analfabetos en la intimidad

No me voy a andar con paños calientes en este asunto: que un responsable político que ha dedicado su vida al ámbito de la cultura no sepa escribir es una vergüenza. Y cuando digo saber escribir no me refiero a tener una prosa deslumbrante ni un estilo envidiable. Me refiero, únicamente, a tener la capacidad de expresarse por escrito con la mínima corrección exigible a un alumno de secundaria.

En efecto. Cuando escribo esto estoy pensando en Mayrén Beneyto y en su atroz misiva de despedida. Quienes, desde su partido, quieren restar importancia al asunto y circunscribirlo a un ámbito privado demuestran una ignorancia con respecto a la tecnología al mismo nivel que el de la de Beneyto con la ortografía. Lamentablemente no existen las redes sociales de ámbito privado. ¿O acaso no les suenan Wikileaks y el caso Snowden?

Las redes sociales, para bien o para mal, están sometidas al escrutinio público. Incluso la información vertida y pública en un perfil privado es susceptible de generar exposición pública. Por eso la jurisprudencia considera las injurias y calumnias vertidas en la red casi al mismo nivel que las publicadas en un medio de comunicación. Es justo, por tanto, que la impericia o incluso la flagrante incapacidad de la que haga gala un cargo público a través de las mismas sea también del dominio público.

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Rato, el topo y el desmán

Siempre me ha atraído el mundo animal; aunque, eso sí, más llevado por mi interés hacia la sociología que por amor a la zoología. Pues bien, en ese apasionante reino animal, el topo y su ceguera minera me ha parecido uno de sus habitantes más interesante. También uno de los seres vivos más intelectuales que existen, compitiendo sin complejos con la presuntuosa lechuza que los griegos clásicos tuvieron a bien transformar en el símbolo de Atenea, diosa de la sabiduría.

El topo, por ejemplo, se convirtió para Karl Marx en la metáfora de esa revolución que va horadando los cimientos del sistema, incluso en esos tiempos muertos en que aparentemente no pasa nada. La imagen tomaría cuerpo por estas latitudes en la veterana revista El Viejo Topo que tan sabiamente dirige Miguel Riera y que, de vez en cuando, tiene a bien acoger a este pobre escribiente cuando los fríos del ciberespacio le hacen añorar la calidez del papel y la tinta impresa.

El animalillo en cuestión pasó luego del ámbito del análisis social al de la introspección. Y lo hizo de la mano de Franz Kafka que en El maestro de pueblo (1914) convertirá el supuesto descubrimiento de un topo gigante en la obsesión de dos pobres hombres. Años más tarde, el escritor checo, ya al final de su vida, volverá a referirse en La construcción a un misterioso y amenazante ser, del que sólo podemos oír el arañar de sus garras bajo la tierra. Por su parte, John Le Carré convirtió al topo en un sinónimo de espía infiltrado de la Guerra Fría, mientras que en 1970 el chileno Alejandro Jodorowsky hizo de su película El Topo un peculiar western surrealista, psicodélico y alucinógeno.

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