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DESALAMBRE

La vida no es vida en el campo de refugiados de Malakal

El número de pacientes tratados por Médicos Sin Fronteras en el campo de Malakal, Sudán del Sur, se triplica

El deterioro de las condiciones de vida del campo ponen en riesgo la salud de 48.000 desplazados

"La enfermedad de nuestros pacientes está directamente relacionada con las circunstancias deplorables y de hacinamiento en las que viven", Mónica Camacho, MSF en Sudán del Sur

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La pequeña Mary, de apenas tres meses, ha estado durmiendo durante dos meses en un somier de acero en el campo de refugiados de Malakal, Sudán del Sur. Ahora lucha por su vida en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF). Con la llegada de la estación fría, aumentan los casos de neumonía y otras infecciones respiratorias. En el caso de las infecciones respiratorias graves, éstas se han multiplicado por tres en los últimos dos meses. Fotografía: Anna Surinyach

La pequeña Mary, de apenas tres meses, ha estado durmiendo durante dos meses en un somier de acero en el campo de refugiados de Malakal, Sudán del Sur. Ahora lucha por su vida en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF). Con la llegada de la estación fría, aumentan los casos de neumonía y otras infecciones respiratorias. En el caso de las infecciones respiratorias graves, éstas se han multiplicado por tres en los últimos dos meses. Fotografía: Anna Surinyach

Actualmente casi 48.000 personas viven en el campo de Protección de Civiles de Naciones Unidas (PoC) de Malakal tras la llegada en verano de más de 16.000 desplazados. Muchos proceden de áreas donde el acceso humanitario lleva meses cortado por la inseguridad en la zona. La falta de ayuda obligó a miles de personas a huir del conflicto y el hambre; la mayoría llegó sin nada. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Actualmente casi 48.000 personas viven en el campo de Protección de Civiles de Naciones Unidas (PoC) de Malakal tras la llegada en verano de más de 16.000 desplazados. Muchos proceden de áreas donde el acceso humanitario lleva meses cortado por la inseguridad en la zona. La falta de ayuda obligó a miles de personas a huir del conflicto y el hambre; la mayoría llegó sin nada. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Los desplazados llegaron al PoC de Malakal en busca de un lugar donde protegerse de la violencia que estalló en diciembre de 2013. En 2015, la población del campo se ha duplicado con creces tras la llegada de 10.000 personas desplazadas en abril y de otras 16.000 que llegaron entre julio y agosto. Los recién llegados buscan abrigo en refugios improvisados que se ubican en zonas inundadas del campo que carecen de agua, duchas y letrinas. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Los desplazados llegaron al PoC de Malakal en busca de un lugar donde protegerse de la violencia que estalló en diciembre de 2013. En 2015, la población del campo se ha duplicado con creces tras la llegada de 10.000 personas desplazadas en abril y de otras 16.000 que llegaron entre julio y agosto. Los recién llegados buscan abrigo en refugios improvisados que se ubican en zonas inundadas del campo que carecen de agua, duchas y letrinas. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

7.000 de las 16.000 personas que llegaron entre julio y agosto, la mayoría mujeres y niños, han sido traslados a un área de contingencia que se ha adaptado para dar cabida a los desplazados. En esta zona la gente vive en tiendas de campaña comunales de gran tamaño que son compartidas por más de 50 personas. Estas familias tienen menos de 4,5 metros cuadrados de espacio habitable por persona, muy por debajo de los 30 metros requeridos por las normas humanitarias internacionales. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

7.000 de las 16.000 personas que llegaron entre julio y agosto, la mayoría mujeres y niños, han sido traslados a un área de contingencia que se ha adaptado para dar cabida a los desplazados. En esta zona la gente vive en tiendas de campaña comunales de gran tamaño que son compartidas por más de 50 personas. Estas familias tienen menos de 4,5 metros cuadrados de espacio habitable por persona, muy por debajo de los 30 metros requeridos por las normas humanitarias internacionales. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Las condiciones de vida y el saneamiento también son deficientes en el resto del recinto. Solo un tercio del mismo está pensado para acoger desplazados. Se trata de un área de menos de medio kilómetro cuadrado para una población equivalente a la de una ciudad como Ibiza. En las zonas más pobladas, solo hay disponible una letrina por cada 70 personas, menos de un tercio de la proporción requerida por las normas humanitarias. Niños juegan en una zanja con agua estancada entre las tiendas. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Las condiciones de vida y el saneamiento también son deficientes en el resto del recinto. Solo un tercio del mismo está pensado para acoger desplazados. Se trata de un área de menos de medio kilómetro cuadrado para una población equivalente a la de una ciudad como Ibiza. En las zonas más pobladas, solo hay disponible una letrina por cada 70 personas, menos de un tercio de la proporción requerida por las normas humanitarias. Niños juegan en una zanja con agua estancada entre las tiendas. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Entrada al hospital de MSF en el POC de Naciones Unidas en Malakal. El centro cuenta con 50 camas y una unidad de urgencias. Desde junio, el número de consultas médicas atendidas semanalmente por MSF se ha triplicado con creces y, en el caso de las atenciones a niños menores de 5 años, los más vulnerables en estas condiciones, se ha multiplicado por cinco. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Entrada al hospital de MSF en el POC de Naciones Unidas en Malakal. El centro cuenta con 50 camas y una unidad de urgencias. Desde junio, el número de consultas médicas atendidas semanalmente por MSF se ha triplicado con creces y, en el caso de las atenciones a niños menores de 5 años, los más vulnerables en estas condiciones, se ha multiplicado por cinco. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Parte de la población desplazada tiene que emplear contenedores como vivienda. Las zanjas y los callejones estrechos que separan las tiendas comunitarias (que acogen a grupos de más de 50 personas) están repletas de lodo y agua estancada. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Parte de la población desplazada tiene que emplear contenedores como vivienda. Las zanjas y los callejones estrechos que separan las tiendas comunitarias (que acogen a grupos de más de 50 personas) están repletas de lodo y agua estancada. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Miles de tiendas de campaña y refugios improvisados construidos con plásticos o ubicados en contenedores se suceden en el campo. En algunas zonas, el espacio es tan pequeño que sus ocupantes tienen que transitar en fila india o de lado por algunos de los pasajes más estrechos. “Debe asignarse de inmediato más espacio para la población que busca refugio en el campo y, al mismo tiempo, las organizaciones humanitarias deben mejorar urgentemente la provisión de servicios básicos y necesidades”, recalca Mónica Camacho, responsable de operaciones de MSF en Sudán del Sur. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Miles de tiendas de campaña y refugios improvisados construidos con plásticos o ubicados en contenedores se suceden en el campo. En algunas zonas, el espacio es tan pequeño que sus ocupantes tienen que transitar en fila india o de lado por algunos de los pasajes más estrechos. “Debe asignarse de inmediato más espacio para la población que busca refugio en el campo y, al mismo tiempo, las organizaciones humanitarias deben mejorar urgentemente la provisión de servicios básicos y necesidades”, recalca Mónica Camacho, responsable de operaciones de MSF en Sudán del Sur. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Una larga hilera de bidones señala uno de los escasos puntos de agua del campo. Los grifos están conectados a una cisterna que se llena de agua dos veces al día. En muchas ocasiones, grupos de mujeres tienen que esperar su turno durante horas y no siempre consiguen el agua que necesitan.  La falta de higiene, el hacinamiento y la bajada de las temperaturas hacen que  MSF prevea que la salud de los desplazados empeore a no ser que las condiciones del campo mejoren inmediatamente. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

Una larga hilera de bidones señala uno de los escasos puntos de agua del campo. Los grifos están conectados a una cisterna que se llena de agua dos veces al día. En muchas ocasiones, grupos de mujeres tienen que esperar su turno durante horas y no siempre consiguen el agua que necesitan. La falta de higiene, el hacinamiento y la bajada de las temperaturas hacen que MSF prevea que la salud de los desplazados empeore a no ser que las condiciones del campo mejoren inmediatamente. Fotografía: Anna Surinyach/MSF

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