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No hay tiempo para dudas, no hay margen para el fracaso

Resulta tremendamente llamativo cómo hacia fuera de nuestras fronteras se observa una situación dramática, una Europa impasible, un cementerio llamado Mediterráneo y una guerra que está a punto de cumplir cinco años de edad.

La situación cambia al dirigir la mirada hacia casa y encontrarnos partidos políticos incapaces de desatascar esta situación con programas muy difusos en protección y política exterior.

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La travesía por el Egeo es la experiencia más traumática. En 2015 han fallecido 3.600 personas en el Mediterráneo.

La travesía por el Egeo es la experiencia más traumática. En 2015 han fallecido 3.600 personas en el Mediterráneo. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón 2015

Vivimos tiempos convulsos en los que una de cada 122 personas en el mundo es una persona refugiada, desplazada interna o solicitante de asilo. Más de 60 millones huyen de contextos de guerra y arriesgan su vida por encontrar refugio, a la vez que muchas otras personas se ven obligadas a desplazarse como resultado de la desigualdad, la pobreza o el cambio climático.

En 2015, más de un millón de personas refugiadas y migrantes llegaron a las puertas de Europa procedentes de Siria, Irak o Eritrea, entre otros. Aunque el incremento de esta cifra ha atraído todos los focos, son los países de Oriente Medio, África y Asia, más pobres que cualquiera europeo, quienes asumen esta labor de acogida (el 86% de las personas refugiadas se encuentran en países como Turquía con 2,5 millones o Líbano con 1,2, entre muchos otros).

En Siria la situación no mejora, las necesidades humanitarias son extremas y la cifra de personas desplazadas internas asciende a 7,6 millones. Ante el fracaso de la comunidad internacional por salvaguardar las vidas de estas personas y poniendo más barreras a aquellos que huyen, parece que en el mundo, parafraseando a Orwell, "todas las personas son iguales, pero algunas personas son más iguales que otras".

Este frágil contexto precisa de medidas urgentes. España debe actuar acorde con la responsabilidad de su posición privilegiada al contar con un asiento (desde enero de 2015) en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Y no solo para satisfacer las necesidades de millones de personas, sino para dar ejemplo y trabajar por que otros países también lo hagan.

Es urgente que España se comprometa a asumir una cuota de reasentamiento y una financiación justa para aliviar la situación de las personas afectadas

Esto es lo que debe, pero lo que hace es muy distinto. Las trabas burocráticas frente a agilizar el proceso de las solicitudes de asilo o la excusa de la crisis económica para ignorar las obligaciones internacionales son ejemplos de lo que hace frente a lo que debe.

España suspende en todo. Ni en financiación, ni en cuota de reasentamiento llega a un mínimo razonable. 2015 vio a un país muy lejos de ser el reflejo de su población contribuyendo con apenas un 37% de los fondos que le corresponderían para esta crisis, así como un triste 6% de la cuota justa de reasentamiento con 854 personas, cifra irrisoria frente a las 15.344 personas exigidas.

Los números no corresponden con la respuesta que debería dar nuestro país, ni con la dimensión del problema, ni, por supuesto, con la responsabilidad que tiene al ser miembro del Consejo de Seguridad.

Es urgente que España se comprometa a asumir una cuota de reasentamiento y una financiación justa para aliviar la situación de las personas afectadas tal y como pide Oxfam (Oxfam Intermón en España) en su informe anual Análisis de la contribución justa a la financiación . Además, debemos exigir que en los posibles pactos políticos se priorice dar protección y asistencia a la población siria y encontrar soluciones políticas sostenibles al conflicto.

Hoy comienza la Conferencia Internacional de donantes sobre Siria en Londres. Esta cita supone una oportunidad para que las promesas se carguen por fin de hechos concretos y que España se comprometa a garantizar una financiación y una cuota de reasentamiento justa. Hay que aprovechar el momento político, que la comunidad internacional sepa reaccionar en consecuencia, haga frente a los obstáculos que ella misma se pone y demuestre a las personas desplazadas por el conflicto y a las que aún se encuentran en el país que el mundo no se olvida de ellas. La ciudadanía seguro que no lo hace. Y los políticos, ¿estarán a la altura? Lo veremos.

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