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Jornada sobre micromachismos en Madrid

Este jueves y viernes se celebra en Madrid la jornada 'Había una vez un machismo, ¿chiquitito?', organizado por la Federación de Mujeres Progresistas y en la que participará el espacio Micromachismos. El encuentro tiene lugar en la Fundación Once en sesión de mañana y tarde.

La periodista de eldiario.es Ana Requena Aguilar estará presente el viernes por la mañana en una mesa redonda en la que también participarán Rafael Soto, de la Asociación de Hombres por la Igualdad, Marta del Pozo, secretaria académica del Máster de Estudios Interdisciplinares de Género de la Universidad de Salamanca, y Mercedes Bengoechea, filóloga de la Universidad de Alcalá de Henares.

La jornada quiere visibilizar las actitudes de machismo sutil que perpetúan los roles de género, concienciar sobre el papel de los agentes de socialización en la trasmisión de micromachismos y generar un espacio de reflexión para que el público pueda identificarlos y contrbuir a eliminarlos.

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VÍDEO: Diez horas de acoso callejero en Nueva York

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Una chica cogió una cámara, la ocultó y se grabó durante diez horas por las calles de Nueva York para denunciar el acoso callejero que experimentan las mujeres en su día a día. El resultado es este:

El vídeo está apoyado por Hollaback, un movimiento para acabar con el acoso callejero y promover el acceso al espacio público en iguales condiciones para hombres y mujeres.

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Hipercor retira ropa de bebés con mensajes sexistas

La cadena de supermercados de El Corte Inglés Hipercor ha anunciado que retira varios modelos de ropa de bebés en la que se podían leer mensajes sexistas, después de la denuncia hecha por @Micromachismos_ y decenas de cuentas de usuarios y colectivos.

El primer tuit llegó a Micromachismos el 24 de septiembre:

Inteligente como papa,bonita como mama @Micromachismos_ @EverydaySexism #shiftbalance pic.twitter.com/tmawNfxHwl

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Carlo Ancelotti: "El fútbol no es un juego para señoritas"

El entrenador del Real Madrid, Carlo Ancelotti, durante una rueda de prensa. Víctor Lerena/(EPA) EFE/Newscom

El entrenador del Real Madrid, Carlo Ancelotti, ha asegurado este viernes en la rueda de prensa previa al enfrentamiento de mañana contra el Atlético de Madrid que "el fútbol no es un juego para señoritas". Preguntado por los diferentes estilos de juego de ambos equipos y por la agresividad de los rojiblancos en el campo, el técnico madridista se ha escudado en que el fútbol es un juego de hombres.

"Esto es el fútbol", ha comentado entre risas el entrenador italiano, dando a entender que las mujeres quedan excluidas de la ecuación. Estas polémicas declaraciones aumentan la controversia en torno al machismo en los terrenos de juego y en las instituciones de un deporte en el que las mujeres apenas cuentan para nada. Con una liga mucho menos mediática y relegada a un plano muy inferior que la masculina, la presencia femenina en el colegio de árbitros es muy escasa e inexistente en las divisiones superiores.

 

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"Mira qué tetas tiene esa y va en bici"

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El otro día salí a dar un paseo en bici por mi ciudad, como habitualmente hago. No era excesivamente temprano, pero en zona de veraneo y a las 9 de la mañana en pleno agosto no suele haber mucha gente por la calle.

En un momento dado he disminuido la velocidad en una zona estrecha para adelantar a dos chicos que iban caminando. He podido oír cómo, entre risas, uno de ellos le decía a su amigo: “Mira qué tetas tiene esa y va la tía en bici. ¡Tírala, tírala!”. Aunque no viene al caso, llevaba una camiseta básica de tirantes. Nada de licras, porque no iba a hacer deporte sino a pasear. Mi bici es urbana y sin amortiguación, y por mucho sujetador deportivo que me ponga, debería fajarme el pecho si quisiera que no se transmitiera ni la más mínima vibración. Evidentemente esto no es excusa para su comportamiento, pero lo peor de todo cuando pasan estas cosas, es que durante un horrible segundo tú crees que sí, e inconscientemente empiezas a analizar tu indumentaria.

Me avergüenza reconocer que no les he respondido una bordería, como me hubiera gustado. En lugar de eso, me he concentrado en dar un acelerón y no parar de pedalear hasta llegar a una zona un poco más concurrida, ante el temor de que efectivamente me tiraran de la bici de un empujón, me la robaran y encima me llevara un manoseo de propina. Puede que sólo fuera una bravuconería, pero el miedo y la humillación se han apoderado de mí igual.

Por el camino de vuelta a casa me he cruzado con otros ciclistas hombres y he pensado con envidia que a ellos esos chicos no les dirían nada al pasar por su lado. Como probablemente tampoco se hubieran atrevido a decírmelo a mí, de haber salido a montar con mis amigos como en otras ocasiones. Estamos hablando de España, en el año 2014. Parece mentira que a día de hoy todavía haya que soportar estas actitudes denigrantes, que acaban convirtiendo una actividad que te gusta en un mal rato innecesario.

Teresa (nombre ficticio)

Si tú también quieres compartir tu experiencia de machismo cotidiano escribe a micromachismos@eldiario.es o menciona la cuenta @Micromachismos_ en Twitter.

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Desdichadas que no cagan

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En la televisión rioplatense aparecen anuncios publicitarios dedicados al tránsito intestinal femenino. El estreñimiento por estos parajes es cosa de mujeres, nunca de hombres.

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Si cocinas bien brillas (si eres mujer)

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Lo que el anuncio da a entender es que su cara brilla porque el guiso de arroz le salió muy bueno (usando la marca publicitada, claro). Y yo me quedé perpleja. En casa es mi marido quien cocina y creo que nunca he guisado un arroz que merezca halagos, con lo cual el anuncio me hizo sentir (solo por un momento, pero lo consiguió) que soy una mujer que no brilla. Y eso no me gustó.

Entonces recurrí a la técnica de darle la vuelta para saber si es machista: cambiar a la protagonista por un hombre y considerar si tiene sentido. Y fue cuando me imaginé a un hombre normal, de hoy en día, que se ocupa de la cocina en casa, y a una vecina diciéndole en el ascensor: tu cara brilla, el guiso del día debe haberte salido bueno... Y me pareció absurdo.

Para rematar la faena, al comentarlo con mi marido surgió un nuevo matiz. Él me dijo que si el protagonista del anuncio fuera un hombre, solo quedaría bien si fuera o interpretara a un cocinero de prestigio. Y entonces pensé: esta sociedad asume que las mujeres se encargan de la cocina en casa y los hombres de los restaurantes de prestigio.

Y me sentí mal. Y decidí escribir esto.

María José

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Los hombres solo piensan en fútbol y las mujeres en compras

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El Granada Club de Fútbol busca abonados. ¿Cómo? Con un anuncio en tono de humor que explota los tópicos de siempre. Los hombres viven por y para el fútbol, las mujeres por y para las compras. Los hombres solo son felices con el fútbol y, cuando acaba la temporada, las mujeres les obligan a ir de compras, cargar con bolsas y esperarles fuera de las tiendas, que es lo que a ellas les gusta hacer.

"Se acaba el fútbol, empiezan las rebajas y con ellas los hombres aparcados. Hombres olvidados, remolcados, maltratados. Hombres sin rumbo, pero sobre todo vacíos", dice el anuncio.

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Masturbándose en mi ventana

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La semana pasada estaba estudiando en mi habitación (vivo en un bajo): eran cerca de las dos de la mañana y no tenía sueño. Tenía la persiana subida y la cortina sin echar, quería despertarme con luz a la mañana siguiente. Estaba sentada en la cama a un par de metros de mi ventana. Enfrascada en los apuntes, escucho unos murmullos y cuando levanto la mirada tengo a un tío mirándome fijamente pegado a mi cristal. A pesar de la oscuridad de la calle pude ver sus ojos bien abiertos, la forma en que me miraba, fijamente, sus labios se movían pero yo no entendí nada, no sé si llevaría mucho tiempo masturbándose en mi ventana.

Afortunadamente reaccioné al instante. "¡Pero qué haces!", le dije mientras me levantaba hacia la ventana para correr la cortina, "¿Quieres que llame a la policía, gilipollas?", le grité. El tío también reaccionó y se fue. Se había saltado el jardincillo que separa mi ventana de un camino que comunica a los bloques de enfrente con la avenida.

Salí de mi habitación con una sensación de miedo en el cuerpo que me paralizaba. Pensaba que había despertado a mis compañeras con mis gritos pero todas dormían. Me daba miedo volver a entrar a mi cuarto y una semana después sigo imaginando que vuelve a aparecer en mitad de la noche increpándome en mi casa. Después del susto, me fui al salón a seguir estudiando. Al rato escuché una tos cerca de la terraza y llamé a la policía. Esa noche dormí en el sofá. A pesar del susto, me alegra haber sabido reaccionar y haberme crecido ante la intimidación que sufrí de ese tío en mi propia habitación. No debemos tener miedo, no debemos quedarnos calladas. La reacción de todas nosotras es clave para luchar contra estas violencias cotidianas. ¡Ninguna agresión sin respuesta!

Sol

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Uniforme con falda y tacones

Hace tres meses empecé a trabajar de camarera en Berlín. En realidad soy periodista, ya sabéis: crisis, paro, aprender a sacarse las castañas del fuego. Lo cierto es que es un trabajo agradable en el que nos llaman para trabajar espontáneamente en eventos que tienen lugar en distintos hoteles de la ciudad. Lo que pasa es que hay detalles, quizá insignificantes, que a mí me molestan.

1. Uniformes con falda

En una cadena de hoteles en concreto nos toca ponernos el uniforme de ‘la casa’. En el caso de las mujeres, consiste en una camisa, una falda y unos zapatos incómodos con un poco de tacón. ¿En el caso de los hombres? Camisa, pantalones y zapatos planos negros, que pueden ser de las marcas más cómodas de calzado, esas que permiten que tu pie respire y tal. Y así toca trabajar durante una jornada de 8 a 10 horas.

2. Reparto de tareas por sexo

Reparto de tareas del día: como buen hotel moderno y avanzado, los hombres se encargarán de traer las pesadas mesas del almacén para, a continuación, montarlas. Las mujeres, mientras tanto, estarán a cargo de las máquinas de café para servir, siempre con una bonita sonrisa en la boca, a los clientes que salen de una conferencia para sus quince minutos de pausa.

3. Mujer y fuerza son antónimos

En un momento de la mañana hay que hacer otro reparto de tareas. Mujeres, pulid la vajilla. Machotes, llevad las cajas de agua a la sala Y para la reunión Z de la 12. Resulta que falta un mozo para una de las cajas. Cojo la caja y me dispongo a llevarla a la sala Y. Me para un compañero y me pregunta condescendientemente: “¿Seguro que puedes? ¿No pesa demasiado?”

4. Los tacones: incómodos pero imprescindibles

Lógicamente, a las 4 horas las mujeres solo nos aguantamos de pie por inercia debido al trabajo frenético que tenemos que realizar con zapatos de tacón. Aprovechamos cualquier momento en que no estamos de cara al público para trabajar descalzas. Pero viene el jefe y nos dice que “ya sabe que es incómodo, que nos entiende” (¿seguro?), pero que “mejor que nos calcemos porque nunca se sabe y nos podríamos cortar o hacer daño” en nuestros delicados piececitos de princesas.

Y todo esto, aguantando miraditas a culos de compañeras que se lo están dejando en trabajar más que otros. No es un episodio de Mad Men. Es el Hyatt, es Berlín y es el año 2014.

Carla

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