eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Todas las situaciones machistas que ha vivido mi hija de cuatro años en vacaciones

67 Comentarios

Los padres responsables.

Lo bueno del verano es que te coges vacaciones y puedes dejar en casa las preocupaciones. Lo malo es que hay dos cosas de las que no puedes escapar: el machismo y criar a tu hija de cuatro años libre de patriarcados. Lo que sigue son anécdotas reales ocurridas en las últimas dos semanas.

Día 1. Puerta del Mercado Central de Cádiz. Hora de comer. Una chica con un top en el que pone ‘Pepsi’ pasa frente a una obra. Uno de los trabajadores, rondaría los 30, le grita: “Por ti dejo la Coca-Cola”. Le grita aunque ella camina a un par de metros de distancia. Como no consigue que se gire, decide seguirla unos metros mientras repite gritándole: “Yo por ti dejo la Coca-Cola y lo que haga falta”. Mi hija me pregunta: “Papá, ¿por qué le grita ese chico a esa chica?”.

Día 2. Tienda de deportes en Conil de la Frontera. Entro buscando unos calcetines para Jimena. Yo a la de la tienda: “¿tienes calcetines de su (señaló a mi hija) tamaño? Lleva un 26”. La de la tienda busca en un estante, nos mira, piensa y finalmente dice: “tengo estos (señala unos negros)… pero claro negros para ella no... y de estos (señala unos rosas)no me queda su talla”. Al final encontró unos blancos. Menos mal, me ahorró llevar a una princesita con calcetines negros. 

Día 3. Playa de la Mangueta, Vejer de la Frontera. Una mujer en topless se levanta de la silla para pasear junto a la orilla. Su marido le dice: “tápate, no me gusta que vayas a pasear así”. Ella se pone el sujetador del bikini antes de ir de paseo junto a la orilla. Mientras camina se cruza con mujeres en topless, mujeres desnudas, hombres desnudos y varios perros.

Día 4. Asiento de atrás de mi coche, en algún punto de la A-92. Siete horas de coche son muchas así que dejamos que Jimena haga parte de viaje viendo dibujos en la tablet. Lleva la app de HBO y ella elige qué ver. Pone 'Los cuentos de Masha'. Va callada mientras nosotras hablamos de lo bonita que es la Andalucía interior y decidiendo si paramos en Ronda. Nos callamos un momento y oímos a Masha decir algo así como: “si no te importa trabajar duro y limpiar tu casa, podrás conseguir casarte con alguien que te haga muy feliz.” Limpiar para encontrar marido. Maravilloso.

Día 5. Feria de Torrevieja, media tarde. 10 euros y 20 patos después la feriante le ofrece a mi hija los regalos que le corresponden. A saber: una barbie falsa (rosa), unos muñecos de Peppa Pig (rosas), un maquillaje de la patrulla canina (rosa) y un pony blanco (con pelo rosa para peinar). Me quedo con ganas de decirle a le feriante que, a lo mejor, a mi hija le gustan los robots, los soldados de asalto o un balón de fútbol pero hace tiempo que mi hija pedía un “maquillaje como el de mamá” y no me las voy a dar de feminista del año para acabar cogiendo el regalo “de niña”.

Día 6. Playa de Torrevieja. Jimena saluda a una pareja de jubilados. Enseguida le preguntan que si tiene hermanitos. Mi mujer y yo estamos un  poco cansados de la pregunta así que intentamos cortar el tema: “No, nos hemos plantado”. A partir de ahí lugares comunes: “Claro, si no lo habéis tenido ya, no lo vais a tener”, “ya no os acordaréis casi ni de cambiar pañales”. Y el colofón (del señor jubilado): “Y que el papá no querrá ya quedarse sin dormir por la noches”. Pues la verdad es que no, pero mi mujer tampoco. Pero claro, a ella se le presuponen ganas de tener hijos, con los sacrificios que vengan, que para algo tiene matriz.

Día 7. A los postres, en una boda. La novia se acerca con una bolsa. Una vela y un ambientador de vainilla. Para mi mujer. El novio se acerca con otra. Una botella de licor de crema con un chupito para mí. Por lo menos no me ha dado un puro. Mi hija: “Papá, ¿por qué a mamá le dan eso (señalando) y a ti eso (señalando)?”. Los novios tienen 35 años y una hija, también, de 3 años.

Día 8. Sofá de casa. Ayer mismo, viendo el final de etapa del Tour. En la ceremonia de entrega de premios le digo a mi hija: “mira, ese es el que se escapó antes, que ha ganado” y ella me responde “¿por eso le dan un beso esas chicas?”

También hemos visto a camareros que me han traído la cerveza y la cuenta a mí y el agua a mi mujer. Hemos estado en restaurantes con el cambiador de bebés sólo en el aseo de mujeres. Hemos comprado en una perfumería en la que creen que hay cepillos de dientes para niños y cepillos de dientes para niñas.

Son todo pequeñas cosas pero pequeñas cosas que van construyendo una determinada forma de comportarse, de relacionarse, de estar en el mundo. Pequeños machismos diarios contra los que debemos luchar. Y todo en menos de dos semanas. De aquí a final de verano me sale un libro entero.

Si tú también quieres compartir tu experiencia de machismo cotidiano escribe a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter.

Seguir leyendo »

El machismo cotidiano de una lesbiana: del "sed discretas" al "¿puedo participar?"

53 Comentarios

Dos mujeres se dan la mano.

Era el cumpleaños de Pedro, un gran amigo, y le hacía mucha ilusión celebrarlo con su gente más allegada. Recuerdo cuando, años atrás, le conté que me gustaban las chicas, el temor inicial ante un posible rechazo, el pinchazo en el estómago por si podía decepcionarlo. Éramos jóvenes y yo aún tenía mucha homofobia interiorizada. Sin embargo, su reacción me sorprendió gratamente, ya que me mostró su tristeza por no haber confiado antes en él y haberse perdido parte del crecimiento y desarrollo de mi identidad. Para Pedro, mi lesbianismo no suponía ningún problema, para él lo importante era que yo fuera feliz. Tenía el típico argumento de quien cuenta con personas LGTB entre sus amistades: a mí no me importa con quién te acuestas, lo importante es que tú seas feliz, mi amistad contigo está por encima de todo, etc.

Pedro sabía que en aquellos momentos yo vivía una historia con una chica, es decir, que tenía pareja y estaba enamorada. Conocía a mi novia y habíamos compartido alguna que otra cerveza juntxs.

Se acercó el momento de la gran fiesta de cumpleaños en la que nos mezclaríamos familia y amistades. La familia de Pedro era muy conservadora y, aunque él había crecido en ese ambiente, a priori no cultivaba los mismos prejuicios.

Cuando se acercó a mí para invitarme personalmente me dio la gran sorpresa: "Las espero el sábado en el local, a ti y a Ana". Le sonreí emocionada porque sabía lo importante que era aquella ocasión para él y le dije antes de que terminara: "Allí estaremos. Cuenta con nosotras". La sonrisa me duró poco, porque acto seguido sus palabras fueron: "Solo te pido que seas discreta". Me dejó helada, sin capacidad de movimiento ni de respuesta. Con la misma alegría con que me había invitado, dio media vuelta y se marchó.

Esa misma noche lo llamé para salir de dudas: "Pedro, ¿a qué te refieres con que sea discreta?". Y me respondió:""Bueno, pues ya sabes, a mi familia no le gustan y solo te pido que no te pongas de relajos con tu chica, que no se muestren cariñosas ni estén dándose besos".

Evidentemente en esa fiesta no me colé. Yo no estaba invitada, ni estaré nunca invitada allí donde se avergüencen de mí.

Los casos de micromachismos se acumulan en nuestro haber en el día a día. Este es uno de los primeros que tengo registrados en mi historia. Sin embargo, de entre los últimos que tengo guardados se encuentra el siguiente. Me lo trajo a la memoria una noticia reciente de la Comunidad Valenciana, en donde dos chicas fueron agredidas por un hombre que las interpeló por estar besándose en la calle.

Paseaba yo con mi pareja por una avenida comercial de noche. Estábamos de viaje en una ciudad nueva. Había poca gente, pero el lugar no era solitario. Íbamos de la mano y un hombre que se acercaba de frente en dirección contraria clavó la mirada en nosotras y la mantuvo fijamente mientras nos sonreía. Yo opté por meternos en el patio interior de un edificio que me llamó la atención para detenerme más en su arquitectura. Al darnos media vuelta para salir del portal, el hombre, que ya estaba dentro, se acercó a nosotras y comenzó a hacer gestos insinuantes con la boca, soltando besos al aire e invadiendo nuestro espacio al tiempo que nos impedía continuar. Nos preguntó: "¿Puedo participar? Os los haré pasar bien". No entiendo cómo no lo maté con la mirada de asco y furia que me salió. Afortunadamente, conseguimos sortearlo y salir de allí a la calle principal donde había más gente paseando bajo la luz de las farolas.

Recuerdo cómo me temblaban las piernas y unas inminentes ganas de vomitar. Al recuperar nuestro camino no sabía siquiera cuál era nuestra dirección inicial. Seguimos andando sin mirar atrás, preguntándonos si persistiría en su intento, temiendo que nos siguiera y con el susto en el cuerpo de lo que podía haber sido y no fue. Pero con el miedo aún de una posible reaparición.

Entre las indefensiones a las que nos vimos sometidas estaba la incertidumbre de qué hubiera pasado si la agresión hubiera ido a más: ¿alguien nos habría ayudado? ¿Sentirían que la culpa era nuestra por manifestar públicamente nuestra relación paseando de la mano? A la inquietud por lo que acabábamos de vivir se le unieron la tristeza de la discriminación y el desamparo por sentir que, a la hora de la verdad, aún estábamos desprotegidas y nuestro amor tenía un precio que debíamos pagar si optábamos por vivirlo en libertad.

A nosotras nos salió bien la jugada, pero a la pareja de lesbianas del barrio de Patreix, en Valencia, no.

Las lesbianas estamos expuestas a una doble discriminación: por mujeres y por lesbianas. Ser disidentes de la heterosexualidad y no desear ni amar (en el sentido estricto de pareja) a los hombres hace que estos sientan amenazada su virilidad y se sientan de alguna forma rechazados. Enfrentarse a la evidencia de no tener acceso al cuerpo de dos mujeres que se expresan públicamente deseantes y deseadas entre ellas, la idea (que no la certeza, porque lo intentan hasta la saciedad) de que no son eróticamente bienvenidos ni deseados por mujeres, los desestabiliza, los deja fuera de juego. Y saberse fuera de un juego erótico con mujeres es superior a ellos, como si fuera un insulto. La visibilidad lésbica aún supone un acto de riesgo para nosotras, las mujeres lesbianas. Es por ello que necesitamos referentes públicos y visibles en todas las esferas de la vida cotidiana para ir naturalizando la visibilidad, es decir, las muestras de afecto entre mujeres sin este plus de peligrosidad que recogen estas historias: la mía y la de las chicas valencianas.

En la semana del Orgullo, Micromachismos quiere visibilizar el machismo cotidiano específico que sufren las mujeres lesbianas por serlo. Si tú también quieres compartir tu historia escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter.

Seguir leyendo »

"Novio no tenemos aún, ¿no?": la entrevista de Onda Cero a la campeona del mundo de boxeo

23 Comentarios

Joana Pastrana es desde el pasado viernes campeona del mundo de boxeo del peso mínimo. La boxeadora madrileña lo consiguió tras imponerse en combate a la alemana Oezlin Sahin. Un logro por el que está concediendo entrevistas a los principales programas deportivos.

Pero sus éxitos no han impedido que los tópicos machistas se cuelen en alguna de las preguntas que ha tenido que responder. Como le ocurrió con José Ramón de la Morena en El Transistor, en Onda Cero.

Seguir leyendo »

Burger King retira un anuncio que ofrecía hamburguesas y dinero a las rusas que se quedasen embarazadas de futbolistas

La división rusa de Burger King  ha retirado de sus redes sociales un anuncio machista en el que animaba a las mujeres a quedarse embarazadas de futbolistas del Mundial a cambio de hamburguesas gratis para "garantizar" el éxito de las futuras selecciones del país. En concreto, en su promoción ofrecía 3 millones de rublos (algo más de 40.000 euros) y un suministro de Whoppers de por vida.

"Las mujeres que consigan los mejores genes de fútbol garantizarán el éxito de las próximas generaciones", decía el anuncio, acompañado de la imagen de una mujer embarazada,  según ha publicado la BBC. La compañía de comida rápida se ha disculpado por la campaña, que circula todavía a través de capturas en las redes sociales, tras la multitud de críticas recibidas. En un comunicado emitido horas después, explican que se han eliminado todos los materiales relacionados con la promoción y reconocen que era "claramente ofensivo".

The now deleted promotion pic.twitter.com/mg7xETHfQW

Seguir leyendo »

Una habitación compartida en un hostal: cuatro chicos eyacularon en mi maleta

26 Comentarios

Varios hombres caminan por la calle con sus maletas.

Me fui a trabajar a Londres un verano para aprender inglés. Vivía en un youth hostel con habitaciones mixtas por las que iban pasando muchas personas diferentes cada día.

Un día llegaron unos chicos franceses que se empeñaban en hacerse mis amigos. Siempre me interrumpían mientras leía en la cama superior de la litera, me invitaban a acompañarlos aquí y allá y se ponían a rezar muy alto para llamar mi atención. Yo iba capeando con sonrisas vacías, casi sin mirar, rollo "dejadme en paz". 

Su última noche en el hostal llegaron borrachos, yo estaba dormida y justo coincidió que estábamos solos en la habitación. Hicieron mucho escándalo, yo estaba asustada porque sabía que estaba indefensa ante esos cuatro tíos. De repente sentí como me apretaban un colchón de otra cama encima mientras coreaban frases que no podía entender. Yo ni me moví, hice como si no estuviera o no me diera cuenta y casi milagrosamente la cosa no fue a más. 

A la mañana siguiente sabía que se iban, así que me quedé custodiando mis pertenencias mientras "hacía que leía en mi litera". Los escuchaba animarse unos a otros de una manera extraña, pero una vez más ni les dirigí la mirada. Finalmente  fueron desfilando con sus maletas y me dijeron "bye" al salir. Yo les respondí con el mismo "bye", sin apartar el libro de la cara. 

Cuando me vi liberada bajé de la litera y me encontré su semen bien esparcido en mi maleta. Me di cuenta de que mientras se animaban unos a otros estaban masturbándose colectivamente para castigar mi pasotismo y dejarme su "huella" en mi maleta y en mi memoria.

Llamé a una de las chicas que estaban como yo por una larga temporada y se lo expliqué. Me dijo, "¡Va, corre! , vamos a recepción a decírselo", pero cuando bajamos ya se habían ido. Así que tuve volver a subir con la maleta a cuestas, aguantarme mis escrúpulos y limpiar yo misma sus secreciones.

Creo que la mujer que soy hoy no hubiera aguantado ni la primera de estas cosas. Al reescribirlo me ha sorprendido que no me hubiera asustado más en su momento considerando que era una persona joven, falta de experiencia y estaba sola  en un país extranjero. 

Mar

Si tú también quieres compartir tu experiencia de machismo cotidiano escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter.

Seguir leyendo »

'El camarero machista', en la prueba de selectividad de la Universidad Pública de Navarra

Un artículo publicado el pasado 30 de agosto en Micromachismos, 'El camarero machista', ha sido uno de los dos textos escogidos por la Universidad de Navarra para el análisis de texto de Lengua y Literatura de la evaluación de Bachillerato, antigua selectividad. El testimonio, que fue enviado por una lectora, Leyre, aparecía en la cara B; en la A, había una columna de la sección Retina de El País.

Los alumnos que se examinan pueden elegir cualquiera de las dos opciones. En la que tenían que trabajar con 'El camarero machista' iban referidas tres preguntas, además del comentario lingüístico: el ejercicio de comprensión, que incluía el razonamiento de la frase "no sé qué nos ofende más, si la discriminación en sí o la reacción del encargado"; y otra que pedía una opinión crítica acerca de si existe justificación para los actos del camarero. La última era la cuestión literaria, sobre la obra de Antonio Machado.

La autora del testimonio contaba cómo fue a pedir su comida cuando un camarero comenzó a hacerle preguntas personales y le insistió para saber su nombre y su teléfono. Cuando ella y una amiga con la que repitió la actitud se quejaron al encargado, éste les ofreció un helado gratis como compensación.

Seguir leyendo »

Críticas a Juan Carlos Monedero por su gesto machista con Sáenz de Santamaría

199 Comentarios

Era el final de la moción de censura y, con la confirmación de que Rajoy salía de La Moncloa y Pedro Sánchez era el nuevo presidente del Gobierno, el fundador de Podemos Juan Carlos Monedero se acercaba a hablar con la hasta ahora vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Más allá de la conversación, el gesto de Monedero le ha valido cientos de críticas por su machismo y paternalismo: mientras conversaba, Monedero cogía fuertemente por los hombros a Sáenz de Santamaría y la mantenía a corta distancia. La hasta ahora vicepresidenta, de hecho, parecía querer desprenderse de esa cercanía. 

Seguir leyendo »

El chico que me escupió cuando le respondí a un piropo

48 Comentarios

Una calle de Bilbao.

Es difícil recordar exactamente cuándo fue la primera vez que recibí un piropo callejero. Es difícil recordar el primero, para mí y para otras amigas a las que les he preguntado para escribir esto, pero, curiosamente, todas recordamos vívidamente la última vez.

El mío, para ser exacta, que soy una gran amante de los detalles, sucedió a las cinco de la tarde en un cruce amplio de una gran ciudad. Iba por la acera cargada con dos bolsas de la compra inmensas esperando llegar al cajero cuanto antes. En ese trayecto, pasó un chico en bici por la carretera que, a varios metros de mí, empezó a espetarme comentarios de bastante mal gusto sobre mis piernas. Y si bien os puedo asegurar que hace años ni me planteaba nada que no fuera bajar la cabeza mientras apretaba, al mismo tiempo, los dientes y el paso, he decidido dejar de hacerlo y de soportar semejante comportamiento.

Como iba hablando por teléfono con mi madre me limité a alzar como buenamente pude el dedo anular. Una imagen vale más que mil palabras, y ese gesto creo que todos lo entendemos. Sin embargo, cuando estaba cruzando sentí a mi espaldas movimiento. El chico se había molestado en girar y circular en dirección prohibida con la bici para alcanzarme y... escupirme de lleno. El escupitajo cayó con la inercia de su trayecto en bici y con la fuerza de una mentalidad que se ofende si no te sientes agradecida ante palabras soeces –gratuitas y en alto– recibidas por parte de desconocidos.

Le vi escapar a toda velocidad (¿por qué las cadenas de la bici no se salen cuando por razones del karma deberían?) y me quedé con un escupitajo en la cara, el mal sabor de la injusticia en el pecho, mi madre esperando que siguiera con el relato de algo rutinario que le estaría contando y los ánimos por los suelos. 

-"Me acaba de escupir un tío en la cara", le dije llorando.

-"¿Cómo?". Ella no daba crédito.

Se lo conté llorando mientras alcanzaba a quitarme como buenamente pude el escupitajo de la cara, todo el lateral del cuello y parte del pelo con la mano. Al final, al llegar a casa y tras una ducha a conciencia, el salivazo se fue, pero no la sensación de que había merecido la pena enfrentarme (aún con el húmedo desenlace) solo para que viera que no estaba dispuesta a dejarme tratar en esos términos por nadie. 

Así que todavía con la impotencia latente, sentí que tenía que hacer algo, lo que me animó a compartirlo en mis stories. En una hora tenía el buzón de mensajes de Instagram lleno de otras anécdotas de amigas, conocidas, seguidoras que me hablaban de sus abuelas de jóvenes e incluso compañeras de clase de mi hermano pequeño a las que habían gritado, piropeado, silbado, tocado y, como a mí, escupido. Todas coincidíamos en lo mismo, en que estábamos hartas de esto.

El escupitajo, muestra de una rabia visceral por no someterme a lo que no es otra cosa que un acoso callejero no deseado perpetuado solo por uno de ambos géneros, fue la prueba de que hacen falta más mujeres que nos plantemos y que, con tan solo un dedo expresemos que ya basta. Basta de sentirnos incómodas por la calle cuando solo queremos estar tranquilas. Basta de ser abordadas con opiniones que no hemos pedido en la que solo se nos valora por nuestros cuerpos. Basta de mirar hacia otro lado. Ahora, yo quiero devolver el escupitajo y lo mando directo a esas ideas que, de prehistóricas y de negarse a evolucionar con el cambio social que estamos viviendo en nuestro tiempo, espero se extingan pronto.

Los gapos mojan, pero no callan.

Mara Mariño

Si tú también quieres compartir tu historia de machismo cotidiano escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos_ en Twitter. 

Seguir leyendo »

"Piensa en tu reputación online" y otros cinco tuits machistas de las Fuerzas de Seguridad

22 Comentarios

"Vaya foto que has puesto, sal ya sin camiseta", "eres lo que proyectas", "qué vergüenza", "parece que insinúas". Son frases de una supuesta reprimenda de una madre ("mami") a una hija o hijo por su foto de perfil en Whatsapp. Quien lo comparte es la Policía Nacional, que añade como consejo que pienses en "tu jefe, en tu profe, en tu familia... en tu #reputación online": "Ten cuidado con lo que subes a las redes".

Que mami no tenga que leerte la cartilla, que ya eres mayorcit@. Piensa en tu jefe, en tu profe, en tu familia...en tu #reputación online. Ten cuidado con lo que subes a las redes✌️🤳 pic.twitter.com/mrDiJwvD5v

El tuit levantó críticas este lunes porque, aunque no especifican que vaya dirigido a chicas jóvenes, se trata de una advertencia que sitúa la culpabilidad en la persona insultada, acosada o chantajeada por mostrar su cuerpo, y no sobre el agresor. Algunas feministas se lo recordaron. La diputada Ángela Rodríguez les preguntaba si "de verdad estaban fomentando esto": "El problema no es cómo vestimos, son los violadores. Seguir pensando lo primero es cultura de la violación".

Seguir leyendo »

A una ingeniera: "Tengo una pregunta complicada, no creo que puedas ayudarme"

88 Comentarios

Una oficina.

Soy ingeniera de estructuras de hormigón. El machismo me ha acompañado desde la universidad, donde mis compañeros desacreditaban mis notas diciendo que me acostaba con los profesores. He ido a reuniones de todo hombres donde me han sugerido que me podía sentar sobre las rodillas de alguno. He tenido a hombres el doble de mi edad babeándome, mandándome mails fuera de tono y tratando de emborracharme en eventos comerciales. He tenido al menos seis compañeros de trabajo en distintas empresas que, borrachos, me han empujado contra paredes para tratar de besarme. Dependiendo de su tamaño han tenido más o menos éxito.

Las dos preguntas que me hizo el gerente de mi actual empresa al entrar fueron si tenía novio y si quería tener hijos. Le dije que no. En estos momentos, soy la única chica en una oficina de 12 y la que tiene más formación en cálculo. Ahora que he demostrado mi valía y he resultado un pilar fundamental para que mi empresa desarrolle obras en el extranjero, he tenido un bebé. Han accedido a mi baja maternal siempre y cuando volviera sin reducción de jornada. Sé que todo eso es ilegal, pero a la última chica que se quedó embarazada la echaron.

Hoy acabo de colgar el teléfono tras escuchar, por tercera vez esta semana, la misma cantinela:

- Buenos días

- Sí, hola. Es que quería hablar con el departamento técnico. ¿Puedes pasarme?

- Ya te han pasado. Yo soy técnico

- Ya. Pero es que es una pregunta complicada. No creo que puedas ayudarme.

Y quiero contestarle que con lo que sinceramente no puedo ayudarles es con el machismo latente que tienen, porque las dudas técnicas es muy posible que ninguno de mis compañeros pueda solucionárselas mejor que yo. También se me ocurren miles de otras respuestas más divertidas, pero al ser clientes potenciales, no puedo hacerlas.

Nerea

Si tú también quieres compartir tu historia de machismo cotidiano escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter. 

Seguir leyendo »