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Una veintena de hombres y solo dos mujeres: la foto del comité organizador de la Feria Internacional del Libro

Fotografía del Comité Organizador de Liber19

Este lunes ha comenzado en Madrid la Feria Internacional del Libro (Liber19), un encuentro que reúne en IFEMA a los principales actores del mercado editorial español y latinoamericano. La inauguración dejó una foto fija del Comité Organizador que queda muy lejos de la paridad: más de una veintena de hombres y tan solo dos mujeres.

El Comité Organizador, junto con diversas autoridades entre las que se encuentra el ministro de Cultura y Deporte en funciones, José Guirao, dan la bienvenida a #Sharjah, el Invitado de Honor de la 37ª edición de la Feria. #Liber19pic.twitter.com/XBFYeDCo2U

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Los comentarios que aguanto desde que hago Crossfit y tengo músculos

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La verdad es que nunca he sido una persona especialmente deportista. Como buena hippie-vasca he hecho rutillas por la montaña de vez en cuando, algunos flirteos con el running, algo de bicicleta y poco más. Tampoco es que entre el activismo político, los trabajos precarios y el deporte nacional de arreglar el mundo entre pintxos y potes tuviera demasiado tiempo para la constancia deportiva semanal. Sin embargo, a raíz del último año preparando la tesis doctoral, decidí embarcarme en algún deporte intenso que me permitiera descargar adrenalina y centrarme en actividades muy corporales. 

Así es como, junto a mi pareja, aterricé en este deporte tan de moda, el Crossfit, un entrenamiento de alta intensidad que mezcla diferentes ejercicios. Y así es también cómo constaté de primera mano el machismo en el deporte. Su existencia, tanto a nivel profesional como amateur, es incuestionable: hablar de lo buenas que están las jugadoras de fútbol o de lo femeninas que son en vez de comentar sus majestuosas jugadas, es un clásico de dimensiones estratosféricas.

Desde que inicié mis andaduras en el Crossfit y a medida que he ido mejorando, ganando fuerza y, por consiguiente, tono muscular, también ha comenzado un murmullo entre mis amistades –parte de lo que se denomina un "entorno progre y feminista"– en torno a mi cuerpo que no podía haber imaginado. Los comentarios tipo "vaya tía, qué espalda y piernazas estás echando", "te estás poniendo como Hulk Hogan" o incluso alguna que otra conversación seria sobre "los peligros de la vigorexia" no han sido poco frecuentes. Yo ya los cuento por docenas.

Al principio no entendía nada. No es que sea una loca enganchada al Crossfit. Concretamente, en mis mejores semanas voy entre tres y cuatro veces durante una hora. Al principio no asocié estos comentarios al machismo inherente en la sociedad, sino que les presté atención preocupada e incluso me llegué a plantear mirándome al espejo y a la tripita que siempre me acompaña alegremente si estaba desarrollando alguna clase de obsesión, de súper musculación o algo raro.  

Mi pareja se enfadaba mucho y me decía que me dejase de "tonterías", que ante esos comentarios hablara de la energía que me da el Crossfit, lo calmada y despejada que me mantiene y lo bonito que es ir evolucionando en el deporte: la primera vez que consigues subir una cuerda, caminar haciendo el pino, hacer una dominada... Sin embargo, siempre, en toda conversación, volvía el tema del músculo, de la espalda y de las piernas.

Por el contrario, mi pareja, que es un hombre cis, no ha recibido ni un solo comentario respecto a su físico, aunque incluso compartamos parte del mismo entorno. ¿Qué tendrán los músculos en el cuerpo de una mujer para que, cuando aparecen, incluso salten las alarmas de enfermedades tan graves como la vigorexia? ¿Por qué mi compañero no tiene riesgo de ser vigoréxico si hace el mismo deporte que yo?, ¿Por qué él no es Hércules, Hulk o Rambo y yo sí que lo soy? Tengo varios amigos que corren tres veces a la semana durante dos horas y dos fines de semana al mes hacen corriendo rutas de más de 40 kilómetros o participan en maratones. ¿Por qué sobre ellos no recae "la alarma de la vigorexia"?

Cada día, desde que empecé a hacer deporte de alta intensidad me sorprende la poca costumbre que hay en nuestros entornos feministas a los cuerpos que rompen con los estándares de la feminidad hegemónica. Por suerte, tenemos referentes como los movimientos contra la gordofobia que están abriendo camino para valorar la belleza y la erótica de cualquier tipo de cuerpo.

Sin embargo, irónicamente, el refuerzo positivo que recibo para seguir haciendo un deporte que me encanta y me genera tanto bienestar sin los prejuicios estéticos de estar "pareciendo un machorro" ha venido precisamente del entorno, tan criticado, del Crossfit. En esta actividad, personas de diferentes características físicas, capacidades y géneros se mezclan para pasar un buen rato realizando ejercicios gimnásticos, de halterofilia y alta intensidad sin preocuparles la musculatura que vayan a desarrollar por ello. Mujeres referentes que están atentas para repetirte una y mil veces sin tapujos los lemas feministas cotidianos más importantes: "¿Tu te sientes bien? ¿Te lo pasas bien? ¡Pues que les zurzan a esos machistas ya, mujer, y mueve ese culo!".

Irati Mogollón

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Estoy gorda y los hombres tienen sexo conmigo pero no quieren que nadie lo sepa

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Que la gordofobia y el machismo van de la mano no es un misterio para nadie que haya analizado ambos fenómenos un poquito. O que los haya sufrido. ¿Que cómo lo sé? Porque llevo varias décadas de trabajo de campo. Efectivamente, estoy gorda. Pero gorda, gorda. No gorda de: "Después de tener al bebé he subido a la talla 42". Gorda de que mido 1,65 y mi peso tiene tres cifras. 

La genética me bendijo con una cara razonablemente bonita y unas proporciones corporales casi inalterables: cada kilo de grasa se distribuye uniformemente desde la frente hasta las plantas de los pies, así que incluso ahora, en mi máximo histórico de peso, conservo la cintura marcada y una silueta de reloj de arena… muy grande. Esto implica que la gente, sobre todo la que me quiere, nunca deja de ver en mí el potencial de la tía buena que podría llegar a ser si zampase menos bollos, y no ceja en su empeño de hacérmelo saber.

Porque, admitámoslo, en una sociedad que mide el valor de los hombres en función de su éxito profesional y el de las mujeres por cuánto se acercan sus cuerpos al estándar de belleza, una de las peores cosas que puede ser una mujer joven es gorda. ¡Sacrilegio! Si perdiera cien gramos cada vez que me dicen "con lo guapa que eres de cara, si te esforzases un poquito...", "es que con lo bien hecha que estás, a nada que adelgaces un poco..." o alguna de sus variantes, habría desaparecido de la faz de la tierra hace mucho tiempo.

"Gorda", con "puta" y "malfollada" componen la tríada de insultos favoritos de los trolls en redes sociales. Para las mujeres, claro. Y ya si eres feminista, acabáramos. Copio y pego de los comentarios de mi modestísimo canal de YouTube: "Una pregunta: ¿tiene algo que ver que seas gorda con que seas feminista?", "Mira que eres gorda, pero más mala aun". "Una patà en el culo! Te daba. Seguro que no iba a fallar... que tienes un culo como para jugar ¡al béisbol! Poniendo sus gradas para los espectadores y hasta el parking!".

Cuando me separé de mi marido, tras 18 años de relación, creí que no volvería a echar un polvo en mi vida. ¿A quién le iba a gustar una gorda como yo? Pero cuando, pese a todo, me hice un perfil en Tinder, descubrí, asombrada, que no solo no me resultaba difícil echar un polvo, sino que podía elegir. Salía de una relación muy larga y no buscaba nada más que sexo de buen rollo, sin ataduras, y eso era facilísimo de conseguir. 

Empecé a notar que pasaba algo raro cuando vi que, pese a que todos parecían satisfechos, casi ninguno repetía y la mayoría se volatilizaban.Pregunté. Me encontré evasivas y solo unos pocos valientes que respondieron con sinceridad. "Sí es por lo de la gordura, pero de verdad que fue un polvazo". "De corazón que eres una mujer interesante, en otras circunstancias me hubiera gustado seguir adelante". "Me suelen atraer más delgadas. Entiéndelo, es que yo hago deporte y cuido mi alimentación". "Solo para sexo me vales, no me resultas desagradable". "No eres mi tipo, no quiero darte esperanzas".

Y es que una cosa era acostarse con una gorda atractiva en la intimidad de su casa y otra muy distinta tener algo con ella en público. Salían huyendo cuando se planteaban siquiera la posibilidad de que aquello pudiera conducir a otra cosa porque una gorda no es una pareja presentable. No es un trofeo, por muy "guapa de cara" que sea, por muy culta, inteligente e interesante que sea su conversación es material defectuoso que no permite enorgullecerse ante los amigos. No eleva tu estatus de macho.

Fue entonces, al comprender esto, cuando tuve una revelación: en nuestra sociedad machista y gordófoba, muchos hombres no tienen ningún problema en acostarse con una gorda, lo que no quieren es que se sepa.

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"Edad del ama de casa", el criterio usado por el Ministerio de Agricultura para medir el desperdicio de comida

Captura del informe, donde el Ministerio de Agricultura mide el desperdicio de alimentos según la "edad del ama de casa"

La persona encargada de decidir lo que se cocina, se come y, en última instancia, se tira en el hogar es una mujer. Es lo que trasluce el reciente informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, hecho público el pasado mes de junio, en el que se analiza el desperdicio alimentario en España en 2018. Y es que el estudio cita entre los criterios para calcular cuánta comida desaprovechamos "la edad del ama de casa". 

El informe "Panel de cuantificación de desperdicio alimentario en los hogares españoles" mide de forma exhaustiva la evolución del desperdicio de comida en el país de acuerdo a cinco variables demográficas: la región, la presencia de niños en el hogar, la clase socioeconómica, el ciclo de vida en el hogar (si son parejas jóvenes, hogares monoparentales, retirados, etc.) y la edad del ama de casa. Entre las conclusiones, la investigación alerta de que el 84% de los alimentos que desperdician los hogares ni siquiera han sido cocinados.

La "edad del ama de casa", en vez de encargado de la alimentación o responsable del hogar, es una terminología que aparece en el informe, pero no en la presentación que resume el estudio. Este habla de "responsable de la compra", aunque no para hablar de desperdicio de comida, sino de cuánto se compra en los hogares.

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'Si no lo has visto, míratelo!': el corto que muestra cómo pasan desapercibidos 18 micromachismos en tres minutos

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Fragmento del clip "Si no lo has visto, míralo!"

18 micromachismos en menos de tres minutos. Es el número de actitudes machistas cotidianas que muestra el reciente vídeo 'Si no lo has visto, míratelo!', publicado por la ONG andaluza Paz con Dignidad para denunciar la existencia de micromachismos en nuestra sociedad. El corto apela especialmente a los hombres a reconocer este tipo de comportamientos y apunta a lo naturalizados y frecuentemente invisibles que se muestran. "Si quieres descubrirlos por ti mism@, vuelve a verlo", zanja.  

El clip, realizado por Noveno B Producciones, muestra a un grupo de amigas y amigos que acuden a una fiesta de verano en una casa con piscina. Una vez allí, en menos de 3 minutos, se exponen estas actitudes micromachistas: desde que el grupo de hombres llega a la piscina y uno de ellos grita "maricón el último" para zambullirse todos en el agua hasta que las mujeres sean las únicas encargadas de ocuparse de la comida y bebida mientras ellos se divierten. 

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"Espero que se afeite los pelos del sobaco cuando nos represente": un concejal del PP sobre Irene Montero

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Jesús López ataca con un mensaje machista a Irene Montero.

Un concejal y portavoz del Partido Popular en Barajas de Melo (Cuenca), Jesús López, ha publicado en su cuenta de la red social Twitter un mensaje machista atacando a la diputada de Podemos, Irene Montero. 

El comentario ha ocurrido en la tarde de este lunes, en pleno debate de investidura en el Congreso de los Diputados. Ante la incógnita de si habrá o no acuerdo de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos, y cuál sería el reparto de carteras de haberlo, López se ha referido al caso en el que a Irene Montero se le adjudicara la vicepresidencia del Gobierno.

Se refiere a ella de forma despectiva como "tipa" y ha utilizado la forma masculina para referirse al cargo. "Espero que si esta tipa es Vicepresidente del Gobierno de España se afeite los pelos del sobaco cuando nos represente", ha escrito el popular junto a una foto de Montero en la que aparece levantando un brazo.

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El narrador de San Fermín define como un "accidente" asociado al alcohol la violación de 'la manada' en 2016

Concentración en Madrid contra la puesta en libertad de los miembros de la manada

Este miércoles durante una conexión con Pamplona en el programa matutino Los Desayunos de TVE, el periodista Javier Solano, encargado de narrar los Sanfermines, calificaba la violación múltiple de los cinco miembros de 'la manada' -Antonio Manuel Guerrero Escudero, Jesús Escudero, José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo y Ángel Boza- como "accidente", unas palabras ante las que las redes sociales han respondido mostrando su indignación. El conductor de Los Desayunos de TVE, Xabier Fortes, ha pedido perdón a través de las redes sociales y este viernes lo hará en directo.

Durante su intervención, Solano, periodista de Televisión Española especializado en el encierro, ha afirmado que "la ciudad de Pamplona es una ciudad que respeta a las mujeres" y que el caso de 'la manada' "fue un accidente que se produjo por parte de unas personas que evidentemente estarían muy bebidas, que estaban de juerga, pero que esto no es la esencia de la fiesta para nada". Solano no ha sido cortado ni repreguntado durante su intervención.

El periodista ha añadido que lo que ha definido como "accidente" es algo que "puede producirse en San Fermín o en cualquier fiesta en la que se aglutinen muchos miles de personas y muchos litros de alcohol".

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La frase de Rafa Nadal sobre la brecha salarial que se ha vuelto viral: "¿Por qué ganan más las mujeres en la moda?"

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El tenista Rafael Nadal. (EFE)

El comentario lleva unos días circulando por las redes sociales. El tenista español Rafa Nadal ha vuelto a hablar sobre la brecha salarial en el deporte para restarle importancia y justificarla. No es la primera vez que hace una afirmación similar y, de nuevo, ha creado polémica. "¿Por qué las mujeres ganan más que los hombres en la moda? Pues no lo sé, pero ahí sí que tampoco hablamos todo el día de diferencia salarial", afirmó el pasado martes en una rueda de prensa a la pregunta de una periodista sobre su opinión sobre la desigualdad salarial entre ellos y ellas en el tenis y por qué se produce.

"Pues no lo sé. No sé en qué se basa en el fútbol, en el golf o en el modelaje...", comenzó la intervención el tenista. "Evidentemente tengo madre, tengo hermana, y son de las personas que más quiero en este mundo o sea que qué más quiero yo que los hombres y las mujeres seamos exactamente igual y tengamos los mismos derechos", prosiguió. 

Acto seguido, el deportista se agarró, como en otras ocasiones, al argumento de que gana más quien más beneficios genera. Lo mismo que espetó el pasado mes de junio, cuando aseguró que las ganancias de hombres y mujeres "es una comparación que ni siquiera debería hacerse". "Las modelos ganan más que sus colegas pero nadie dice nada. ¿Y por qué? Porque ellas tienen más seguidores. En el tenis pasa lo mismo, ganan más aquellos que movilizan más público", dijo.

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El machismo cotidiano como lesbiana: "Un buen rabo y se les pasa la tontería"

Manifestación LGTB.

En los tiempos que corren, las bolleras vivimos en un continuo estado de tensión entre la armarización y la visibilidad, sean ambas voluntarias o sistemáticamente forzadas. Esta tensión, además, incrementa su rigidez si se le añaden los efectos sociales de la heterosexualidad obligatoria y de los micromachismos, o maniobras sutiles y cotidianas que vulneran el poder autónomo de las mujeres. Como usuarias del espacio público, podemos dar testimonio de agresiones verbales y gestos que han confluido en nuestro mapa diario como parte de nuestra andadura en el itinerario heteropatriarcal. Los ejemplos brillan, en este caso, por su presencia.

Empezaré por el factor 'desacreditación'. Una noche quise argumentar en favor de una amiga que acababa de ser agredida por un comportamiento machista en la vida nocturna de un barrio céntrico de la capital. La intromisión de un elemento humano (yo) leído como mujer por la sociedad pero con una masculinidad latente en los rasgos físicos (pelo rapado, zapatos anchos, ¿quizás?) hizo que la primera observación del agresor hacia mí fuera: "¿Tú que eres?, bollera, ¿no?". La desacreditación que mi discurso acababa de recibir por el hecho de no conectar unas expectativas de género en la mente del emisor hizo que mi reacción se viera desviada hacia una defensa personal. Le increpé que eso no era relevante y continué respaldando el discurso de mi amiga, pero…claro que lo era. Ahí se dieron la mano la lesbofobia y el machismo.

Otro factor clásico es la inclusión como participantes de su juego de macho porque, claro, "te gustan las mujeres como a mí". Yo añadiría lo que de verdad creen: "del mismo modo que a mí". Aquí se dieron dos variables. En el primer caso, me tomaron como un aliado más con el que comentar la jugada. Aquí, la invisibilidad vino conectada con la complicidad en la que me involucraron sin yo querer ser nada de eso: "Mira, no me digas que esta tía no te gusta a ti también (señalando delante de testigos auditivos a una mujer en bañador y buscando mi sonrisa complaciente)". Sí, salí del armario en un contexto laboral, pero no me había adscrito a ningún sindicato de machistas, me faltó decirle. También hablaban de mujeres que salen en la tele, o incluso anónimas, con las que mantendrían relaciones sexuales y lo hablan delante de ti haciéndote cómplice de cómo las tratan como objetos de usar y tirar: "A ésa le enseñaba yo un par de cosas, sin compromisos eh, que luego se enamoran", por ejemplo. Te incluyen en sus conversaciones y dan por hecho que apruebas que hablen así de las mujeres porque… "a ti te gustan como a mí".

En el segundo caso, yo era un jugador más contra el que competir y aplastar en la conquista del objetivo. La competición desbordaba misoginia en uno de sus estados más efervescentes. Me di cuenta que había un sector de los hombres que nos ve a las bolleras como una amenaza y eso me generó un estrés que hizo que me relegase a un segundo plano. Tampoco pertenezco al sindicato de concursos televisivos. Se pensaron que porque me gustasen las mujeres tenía que participar en la maratón también. Aquí no son tanto los comentarios los que lanzaban sino los gestos sutiles y, sobre todo, el vacío. La competición empieza cuando ellos te dejan de tener en cuenta, de nuevo la desacreditación de tu presencia y tu valor, todo por demostrar que una mujer no tiene nada que hacer ante un hombre en el arte de ligar.

Mi manera de actuar frente ambas situaciones tendió a desnaturalizar el ligoteo que, de otro modo, podría haber gestionado libremente sin la aprobación ni la evaluación del macho de turno.

El último factor que quería resaltar es el concepto de "amiga". Muchas han sido las ocasiones en que nuestros allegados preguntan por aquella amiga con la que te ves o viajas a menudo: "¿Qué tal está tu amiga?". En ese momento te pasan decenas de caras por tu cabeza hasta que recuerdas que eres bollera y concluyes ingeniosamente que deben referirse a tu amante, novia, o a tu ex reciente. Como todas somos perra vieja en el manejo de la invisibilización lésbica contesté "muy bien, ahí anda". Que el mundo que te rodea no se atreva a evidenciar el amor entre mujeres es también el resultado de naturalizar comentarios que ponen a las lesbianas como personas que no han experimentado suficiente el mundo de los hombres y están carentes de lo bueno: "a éstas les daba yo lo que se merecen", o "un buen rabo y se les pasa la tontería". Al reducir nuestras relaciones con otras mujeres a la calidad de "amiga", nuestros familiares están armarizándonos y están perpetuando la idea de que solo los hombres pueden alcanzar el estatus de noviazgo, pareja o matrimonio con otra mujer.

Como consecuencia de este tipo de micromachismos, la invisibilidad lésbica es una realidad que nos empuja hacia el ocultamiento y desafía aspectos básicos como la supervivencia o el anonimato de nuestras vidas. Las reglas del juego las escribimos nosotras con nuestros cuerpos, nuestras alianzas y nuestras complicidades. No nos incluyáis en vuestro equipo.

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Un chiste sobre una violación introduce el menú de un mesón en Cartagena

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De primero, paella de pollo; de segundo, filete de magra al oporto; de postre, natillas de café; pero el menú del pasado lunes 18 de marzo del mesón Cabezo Baeza en Cartagena está en primer lugar aderezado por un chiste que concluye "que me viole el cuarto para asegurar".

Esto es suyo, @MESON_JR ?
Esto es lo que consideran un chiste?
Sirven mamut?
Cómo es que tienen twitter y no señales de humo? pic.twitter.com/ZBeGd0An8I

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