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Las actividades y movimientos actuales más molones de San Sebastián

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Una de las quejas más habituales en San Sebastián es que es una ciudad aburrida. Pero la verdad es que, como ya he comentado en alguna ocasión en esta columna (léase el texto que redacté para San Valentín el de conciertos o mercadillos) la verdad es que vivimos en un sitio donde hay una gran oferta de actividades varias. A continuación, expongo algunas que considero, están pisando fuerte en la agenda local.

El movimiento roller: Ajá. Aquí nunca hubo esas mujeres de muslos firmes paseando por el paseo de la playa con sus patines de botas blancas. Esas imágenes de los 70 sucedieron en otra parte del mundo. Pero el gusto por la música disco y la cultura skater ha traído a la ciudad movimientos relacionados con los patines, los patinetes y las bicis y van cogiendo fuerza. La tendencia, su moda, y su música han dado paso a fiestas roller party, y pinchadas de Disco Bambinos son ya un clásico de la noche donostiarra. Los 70 han vuelto sobre ruedas.

Los ciudadanos guías turísticos: el modelo de guía tradicional sabe rancio. La gente quiere enseñar sus barrios, mostrar la ciudad que ve con sus ojos, hacerlo a su manera, y no contar San Sebastián con el mismo discurso de las revistas de viaje. Yo es una labor que vengo realizando desde hace tiempo de manera particular, y varias entidades en la ciudad han empezado también a ofrecer estas visitas guiadas hechas por vecinos locales. Era un servicio que, tarde o temprano tenía que comercializarse. También, y en formato gratuito, como súper novedad, se acaba de crear la asociación de Greeters Donostia que, perteneciendo a la red internacional, da la bienvenida a los turistas que lo solicitan, realizando desde servicios de acogida a nivel informativo para la autogestión por la ciudad, como servicios de guía, o introducción a la vida local. Siendo esta una ciudad tan turística, ya era hora de que sus habitantes pudiesen ser embajadores de su propia ciudad.

La crisis recuperó desde hace tiempo lo de zurcir los calcetines y aprender a hacer un collar con abalorios, y desde hace ya dos años los talleres para aprender corte y confección y los de DIY se han convertido en una nueva tendencia a la alza

El cine por el cine: Sí. Hay festivales insignia: Zinemaldia, Terror, Derechos humanos, Dock of the Bay... Pero también hay otros como el Nosferatu o el Kresala, programas de cine menudos que marcan la agenda y que traen películas que muchos disfrutan con el placer de ver cine solo por verlo. Este gusto por vivir historias en la gran pantalla está dando paso a iniciativas como Bang Bang (fiesta del cine a la antigua: pelis de los 70, 80, 90... un super combo y la posibilidad de ir disfrazados según la temática de la peli), o ciclos temáticos en Tabakalera. No hay que ser muy cinéfilo, ni saber sobre directores. Solo se necesita ser una de esas personas que sienten placer con un cubo de palomitas, una pantalla gigante, y una sala oscura.

Los talleres de costura y lo hecho a mano: la tradición textil y lo hecho a mano ha regresado con mucha fuerza a la ciudad. La crisis recuperó desde hace tiempo lo de zurcir los calcetines y aprender a hacer un collar con abalorios, y desde hace ya dos años los talleres para aprender corte y confección y los de DIY se han convertido en una nueva tendencia a la alza. En el caso de la costura, la gran diseñadora Tutty Thusberg y sus talleres de reciclaje textil, la Academia Asun Dominguez, el estudio Amansa, Kiluka Miluka, Le Titare... y los que me dejo por el camino, por no entrar al detalle con todas la personas que ofrecen sesiones de DIY en diversas disciplinas. Para una ciudad de apenas doscientos mil habitantes, la oferta es amplísima.

Los mercadillos: lamento ser pesadita, pero es que esto va a más. Desde que los mencioné la anterior vez en este espacio, no han hecho más que surgir nuevos eventos. El Olatu Talka ha diseñado un mercadillo bajo los arcos de La Concha, y en el Velódromo de Anoeta se celebra un nuevo outlet de grandes firmas el finde del 14 de junio. Donostia empieza a ser una mezcla entre Biarritz (con oferta vintage), Bayona (con los mercados en la calle) y Ossegor (con el outlet de firmas). Encantadora y muy diversa la oferta. Lo que no sé es si los bolsillos nos aguantan tanta actividad comercial.

Los conciertos en bares: la música pesa más que el teatro sobre las tarimas de los pequeños escenarios locales. Rock, pop, jazz, indie, y sesiones Dj se suceden cada vez más por toda la ciudad. Donde un día fueron los amos El Bukowsky, Doka, Etxekalte, Mogambo o Be Bop, y que mantienen su oferta, hoy se suman Dabadaba, la sala del Victoria Club, y una interminable lista de locales en los que siempre hay sitio para una mesa de mezclas. La música es la reina.

¿De verdad alguien se aburre? Inabarcable.

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