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Sobradamente preparados

El tanto por ciento de votos para los de siempre refleja que vamos a seguir permitiendo que no cambie absolutamente nada por miedo a que pueda cambiar absolutamente todo. ¡Ni que las cosas fueran bien! ¡Qué país éste!

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Este jueves pasado, me encontraba yo meditando sobre el devenir del mundo, cuando Fray Angélico golpeó súbita y repetidamente la puerta de mi celda en el monasterio del monte Sant Michel.

- Es urgente- dijo con un hilillo de voz carente de aire y se esculpió el rostro de algún condenado de esos que caracterizan las tablas de la derecha de los trípticos de El Bosco.

Le seguí hasta la capilla en silencio, descendimos por el pasadizo que se abre camino por debajo del altar hasta lo más profundo del cerro y, después de accionar varios mecanismos de seguridad, entramos en la sala secreta donde solemos reunirnos los miembros del Colegio de Exorcistas.

Estaba repleta. Todos los miembros de mi orden y un numeroso grupo de gente que no conocía lloraban desconsolados y me miraban como la última esperanza de sus vidas. Me quedó claro que algo grave, probablemente muy grave, estaba pasando.

Lo primero que hice, como es habitual, fue santiguarme y agachar levemente la cabeza frente a la estatua de San Miguel. Después, miré las caras de mis compañeros y de los asistentes. "Nada bueno", pensé. Fray Angélico, tembloroso, cogió unos papeles que estaban sobre la mesa y me los pasó.

- Tiene que ver esto; el fin está cerca.

- No sea exagerado, hermano. El fin es mucho decir.

Tomé lo papeles con mis manos. Difuminé a su alrededor los llantos, las lágrimas y la desesperación de la sala. Leí y volví a leer. Tenían razón: no estaban siendo exagerados. Os puedo asegurar que tengo un amplio CV en el oficio de limpiar almas impías, exterminar brujas y acabar con posesiones demoníacas, sin embargo, aquello…

Dejé caer los papeles sobre la mesa, me recosté, miré al techo y recé mientras mis hermanos me miraban con impaciencia.

- ¿El apocalipsis?- se apresuró a decir uno de ellos.

- Peor- contesté tras unos segundos de silencio dramático.

- ¿Pero cómo es posible?

- No lo sé.

- Pero… con todo lo que hemos ido sabiendo estos últimos meses, todas las pequeñas batallas que hemos ido ganando, todos los pasos dados…  ¿cómo es posible?- suplicó una señora al tiempo que sujetaba unas bolsas de la compra.

- Pues eso me pregunto yo, ¿cómo pueden ser posibles estos resultados en la encuesta de intención de voto del CIS? ¿¿¡¡Cómo!!??

- Casi la mitad de la población de este país sigue arropando a…

- No lo digas.

- A los que nos han traído hasta aquí. ¿Cómo diablos…?

- No lo sé; parece ser que no aprendemos. Nos da igual que nos roben, que las candidaturas estén llenas de imputados, que se rían de nosotros a la cara con despidos en diferido, que se produzcan recortes generalizados mientras se duplica la deuda pública… nos dan igual las cuentas en Suiza, las de Andorra, los discos duros borrados, la contabilidad en B, los tesoreros, las explicaciones vacuas, el exterminio de la separación de poderes… nos da todo igual.

- ¿Pero no crees que estará cocinada la encuesta?

- Seguramente sí, como siempre. Pero por muy cocinada que esté, el tanto por ciento de votos para los de siempre refleja que vamos a seguir permitiendo que no cambie absolutamente nada por miedo a que pueda cambiar absolutamente todo. ¡Ni que las cosas fueran bien! ¡Qué país éste!

- ¿Pero algo se podrá hacer? Cambiar la educación, la televisión pública, las leyes, un exorcismo…- medio aseveró, medio lloró, medio imploró un señor con unos pantalones verde pistacho.

- Querido hermano, esto no se soluciona ni con 46 millones de exorcismos.

- ¿Y qué podemos hacer?- dijo Fray Angélico.

- Amigo mío, creo que este es un buen momento para que reces; para que reces para que una raza alienígena llegue urgentemente a este planeta y nos esclavice; visto lo visto, para eso estamos sobradamente preparados.

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