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Mertxe Leránoz, Instituto Navarro para la Igualdad

“A la violencia de género y la desigualdad no se les da la relevancia que tienen”

La responsable del Instituto Navarro para la Igualdad repasa en qué punto está el desarrollo de la ley foral para combatir la violencia contra las mujeres: “Los asesinatos de mujeres son la punta del iceberg, lo que más se ve, y lo que refleja que la desigualdad sigue presente y desde una base estructural”.

“Si entendemos la educación afectivo sexual, la educación en igualdad, poca gente va a estar disconforme con ella”, defiende

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La directora del Instituto Navarro para la Igualdad, Mertxe Leránoz.

La directora del Instituto Navarro para la Igualdad, Mertxe Leránoz.

“¿Qué presencia se dio en los medios de comunicación a la manifestación en Madrid del pasado 7 de noviembre?”. Mertxe Leránoz Goñi (Pamplona, 1966), licenciada en Psicología, con un doctorado en sexualidad, pareja y familia, y extécnica de igualdad en Berriozar, lanza esta reflexión al analizar qué pasos quedan por delante contra la violencia de género. Leránoz, en su primera entrevista desde que fue nombrada directora gerente del Instituto Navarro para la Igualdad, repasa las novedades que supondrá la ley foral contra la violencia contra las mujeres, con qué margen presupuestario contará y cómo puede llegar la educación afectivo sexual a los centros educativos.

El pasado 4 de noviembre, presentó ante el Parlamento de Navarra la hoja de ruta de un plan de acción para poner en marcha la ley foral contra la violencia contra las mujeres. Lo que faltó fue concretar de qué presupuesto dispondrá.

Ahora estamos en una fase de preparación del borrador de ese presupuesto y, en cualquier caso, hay que matizar que el plan de acción estructurará las líneas estratégicas para trabajar en esta ley, y de ahí habrá que pasar a unos planes sectoriales donde se determinarán las medidas, así que es muy difícil anticipar el presupuesto cuando todavía estamos en ese proceso.

Entre diversos colectivos sociales, al presentarse esta ley, se valoró que era pionera en el texto pero que faltaban  el reglamento y los recursos disponibles.

Nuestro reto es concretar esa ley, y se está haciendo de forma muy rápida. La ley se aprobó en abril y ya la estamos desarrollando. Es cierto que la anterior tardó cinco años en hacerlo, pero ahora estamos dentro de los plazos. Entiendo las dudas, porque es importante que lo que está escrito se lleve a la práctica, para que no se quede en el papel.

Las asociaciones también han coincidido en un punto: la valoración positiva de esta ley, que la promovió el anterior gobierno de UPN. ¿Usted también la destaca así?

Sí, se hizo durante la legislatura de UPN y se aprobó por todo el acto parlamentario y con un proceso participativo. Y lo que está bien hecho está bien hecho.

Algunas de las novedades de esta ley es que especifica los tipos de violencia, como la psicológica, la sexual o la económica. ¿Qué otras novedades destacaría?

Es fundamental que recoja todas las violencias hacia las mujeres, y no solo la que se ejerce por parte de las parejas. Otras novedades es que abarca una atención muy amplia, incluye medidas como la prevención y la sensibilización, pero también la protección y la reparación.

¿Los recortes han afectado a la igualdad?

Claramente. El Instituto, por ejemplo, estaba dentro del área de familia, y eso supuso una pérdida que también redujo su presupuesto.

En comisión parlamentaria se aprobó reflotar las partidas para colectivos de mujeres. ¿Se recuperarán en su totalidad?

Consideramos que el trabajo con el movimiento social es uno de los que más se han visto afectados, y es una prioridad recuperarlo. Entendemos que hemos hecho el esfuerzo hasta donde era posible, e iremos progresivamente.

Este jueves participó en unas jornadas sobre violencia de género organizadas por Médicos del Mundo. ¿Qué tiene que cambiar para que la sensibilización también se traduzca en una reducción de los casos de violencia?

Los asesinatos de mujeres son la punta del iceberg, y lo que más se ve, lo que refleja que la desigualdad sigue presente y desde una base estructural. Trabajar en ello es trabajar en igualdad, en los derechos humanos. Y este tema está más presente de lo que nos gustaría, aunque hay avances: por ejemplo, el pasado 7 de noviembre con la movilización en Madrid, que fue una manera de demostrar que muchas personas estábamos ahí, con personas de todas las edades y mucha gente joven. Luego me llevé la sorpresa con la repercusión que tuvo en los medios de comunicación, porque no se recogió lo importante que fue esa marcha.

¿Por qué cree que fue así?

Porque no se da a la violencia de género y a la desigualdad que vivimos las mujeres la relevancia que realmente tienen. Es claro que, mientras se ha avanzado contra el machismo y el sexismo más evidente, y ya no es tan fácil mostrarlos de forma tan visible, hay formas más sutiles que se mantienen y que, por otro lado, siempre han estado ahí. Hablamos de la invisibilidad de las mujeres, el lenguaje sexista, la brecha salarial, la falta de conciliación porque las que conciliamos somos las mujeres, los estereotipos en publicidad y en la televisión…

Beatriz Sagrado, representante de la Junta Directiva de Médicos del Mundo, alertó esta misma semana de la presencia de casos de violencia en parejas muy jóvenes. ¿A qué lo atribuye?

El sistema patriarcal tiene siglos de antigüedad, y es lo que tenemos que cambiar aunque está muy arraigado. Y sabemos que hay nuevas violencias y más control a través de las nuevas tecnologías, también surge por la concepción del amor romántico, por lo que la juventud ve a través de la televisión… Todo influye.

¿Cuál es su valoración sobre el respeto a la diversidad en Navarra? La plataforma LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), por ejemplo, ha pedido  cambios en el decreto sobre salud sexual en el que trabaja el Gobierno para dejar claro qué servicios se dirigen a este colectivo.

En Navarra hablamos de un colectivo muy activo pero muy poco reconocido por las instituciones. También en este tema ha habido socialmente avances, pero se tiene que visibilizar, ese es el gran objetivo y así está recogido en el acuerdo programático.

La educación en igualdad debería estar dentro de la formación de profesionales del mundo educativo

Históricamente, se ha reivindicado que la educación en igualdad llegue a los centros educativos de Navarra, pero no se ha concretado en medidas para todos los colegios. ¿Se habla de coeducación por imagen?

La coeducación exige trabajar en contenidos, lenguaje, estructura…

Pero en ese borrador del decreto sobre salud sexual y reproductiva se habla de apostar por incluir en el currículo no universitario la educación afectivo sexual. ¿Y cómo se va a hacer? Porque es una medida ambiciosa y no se concreta cómo.

Es una medida ambiciosa, pero también histórica. Para empezar, este tema de educación en igualdad debería estar dentro de la formación de profesionales del mundo educativo.

Abordar la educación sexual en los colegios es un tema sensible. ¿Qué reacción espera entre el profesorado, madres y padres?

Esto genera susceptibilidades, pero Navarra también ha sido pionera en este tema. Si entendemos la educación afectivo sexual, la educación en igualdad, poca gente va a estar disconforme.

¿Y con el hecho de que los abortos se realicen en el sistema público de salud? El director general de Salud, Luis Gabilondo, ha reconocido que espera  un aumento “notable” del personal registrado en la lista de objetores (ahora hay apuntadas cuatro personas).

Se trata de conjugar el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo no deseado con el del personal profesional a no llevarlo a cabo. Pero la institución tiene que garantizar que, aunque haya profesionales que objeten, ese servicio pueda llevarse a cabo [Leránoz trabajó en Andraize, uno de los dos primeros centros de salud sexual en los que se realizarán IVE farmacológicas]. El objetivo tiene que ser que el número de abortos disminuya. Cuando hay que interrumpir un embarazo no deseado es porque ese embarazo no tendría que haberse producido, por eso hay que enlazarlo con la educación afectivo sexual.

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