Operación Boomerang: los navarros que emigraron a Australia huyendo del franquismo
Eran los años de la posguerra. En la Ribera de Navarra, donde las familias vivían esencialmente del campo, fueron tiempos de penurias económicas y escasez. A ello se le sumaba la ausencia de libertades y en muchos casos incluso la represión franquista. “Mi padre era de izquierdas, en el pueblo estaba marcado con una equis”, cuenta Jesús María Asín. “Estaba hasta las narices de ir a la plaza del pueblo a ver si ese día al terrateniente de turno le daba por decir: 'hoy vas a trabajar'”, añade. “Me pagaban 40 pesetas por ocho horas. Esta situación tan pobre no la podía aguantar, necesitaba labrarme un futuro”, cuenta en su diario de viaje Juan José Miranda Aznárez, nacido en la localidad de Valtierra en 1932.
Es en ese contexto en el que muchos optaron por emigrar: Francia, Alemania o Suiza fueron algunos de los destinos más recurrentes. También países de Latinoamérica. Pero un grupo de en torno a un millar de navarros se marchó a la otra punta del mundo, a Australia. ¿Por qué? El gobierno australiano había llegado a un acuerdo con el régimen franquista para fomentar esta emigración. “Era un plan racista”, resume Peter Moreno, hijo de inmigrantes navarros a ese país y presidente de la Asociación Navarra Boomerang Australia Elkartea. El país oceánico, tras la fiebre del oro, había recibido mucha inmigración asiática, a la que se sumaba la población indígena autóctona, y existía un interés por “repoblar” el país con población europea.
En España buscaban sobre todo a gente del norte porque sabían que era tierra de pastores y gente de campo, útiles para trabajar en plantaciones de tabaco o caña de azúcar. Así, entre los años 1958 y 1961 más de 900 navarros hicieron las maletas y decidieron embarcarse a la “aventura”. Una exposición virtual del Instituto Navarro de la Memoria recoge ahora algunas de sus historias.
“Mi madre era de Valtierra, un día viajó a Pamplona y vio en el escaparate de un comercio un anuncio de que se requerían trabajadores en Australia. Fue a casa y se lo contó a mi padre, que vivía del campo, era jornalero. Seguramente no sabían dónde estaba Australia, pero era una oportunidad para ellos”, cuenta Peter Moreno. Antes de emprender el viaje, los interesados debían pasar un reconocimiento médico que hacía un comité de médicos australiano. “Hice uno en Pamplona y dos en Bilbao. El médico me dijo que estaba muy bien pero que los nervios los dejara en España”, relata Carmen Ocáriz. “Era un reconocimiento que ahora sería para denunciarlo. A los hombres les dejaban en calzoncillos, pero a las mujeres nos desnudaban completamente. Nos quejamos, pero en eso acabó, en una queja”, apostilla Agustina Cillero.
También jugó un papel importante la Iglesia católica, que al igual que el gobierno australiano, tenía intereses en atraer población católica al país. De esta época es el conocido 'Plan Marta', por el que centenares de mujeres solteras reclutadas a través de las parroquias bajo la promesa de lograr un buen trabajo con un salario atractivo, fueron engañadas para ser empleadas domésticas en condiciones precarias. El objetivo final del gobierno australiano y la Iglesia era que estas mujeres se casasen con los españoles que habían emigrado a trabajar y así repoblar el país reforzando la proporción de australianos blancos frente a las bolsas de habitantes indígenas.
Y llegaba el momento del viaje. El gobierno australiano sufragaba los costes del trayecto, que en la mayoría de los casos se realizaba en barco (años después también en avión), en un itinerario que se podía prolongar durante más de 30 días y en el que se salía de Italia y se viajaba por el Mediterráneo atravesando el canal de Suez. “Sabíamos a dónde íbamos, pero ninguno conocía Australia”, rememora Cándido Andueza, que viajó en un barco lleno de españoles emigrantes.
Al llegar les esperaba un periodo de confinamiento en barracones, donde también convivían con otros trabajadores migrantes y donde recibían clases de inglés. Pasado ese periodo de unas semanas se les ofrecía un trabajo. En la inmensa mayoría de los casos eran empleos de fuerte exigencia física, ya sea en el campo o en el sector de la metalurgia. “Donde más dinero ganabas era en la caña de azúcar o en el tabaco”, explica Félix Ayala, oriundo de la localidad navarra de Cintruénigo. “Pero era un trabajo muy duro, los australianos no lo querían”, matiza Agustina Cillero.
Pero los salarios en Australia eran mucho más altos que en España, incluso tres o cuatro veces más. “En Navarra ganaba 70 pesetas al día, allí 300. Me compré un coche a los dos meses de llegar. No había conducido uno en mi vida”, cuenta Armando Ansó. Así, si bien las jornadas eran largas y el trabajo sacrificado, les permitía ahorrar, el objetivo de todos los que emigraron.
Aunque no todo fue positivo. A muchos de ellos también les tocó sufrir episodios racistas que recuerdan a los del presente. “En el bar a veces te empujaban y te llamaban sinvergüenza. Decían que les quitábamos el trabajo, cuando había trabajo para todos, nosotros teníamos los trabajos que nadie quería”, apunta Armando.
Con los ahorros algunos de ellos incluso se compraron casa allí, lo que hizo que alargaran todavía más su estancia. No es el caso de los padres de Peter Moreno, que vivieron 13 años en Australia, periodo en el que nació Peter. “Los primeros años la situación es algo precaria, hasta que te estabilizas, pero tras unos años habían ahorrado dinero. Estuvieron a punto de comprar un terreno y quedarse allí, pero mi madre no quería porque toda nuestra familia estaba en España”.
Es el caso de la gran mayoría de migrantes, que terminaron regresando. “Cuando nació mi hija me di cuenta de que ya no quería vivir más allí y nos volvimos”, señala Armando Ansó. La mayoría de testimonios recogidos por el Instituto Navarro de la Memoria coinciden en destacar el choque cultural que supuso el regreso.“Al volver vine con una minifalda, que aquí no se llevaban, y en el pueblo me decían que qué poca vergüenza tenía por llevarla”, rememora Milagros Blasco. Venían de un país muy desarrollado y con un alto grado de libertad política y social que contrastaba con la España de los últimos años del franquismo o los primeros de la democracia.
Con la exposición virtual 'Operación Boomerang' el Instituto Navarro de la Memoria busca que las historias de estos navarros no caigan en el olvido y que la memoria de esas migraciones sirva “como un ejercicio de empatía y pensamiento crítico” en el debate “sobre las migraciones del presente”. “Emigraron por ver cerradas en sus localidades las puertas a una vida adecuada, al pertenecer a familias represaliadas tras el golpe militar de 1936. Sufrieron una forma de represión del propio régimen franquista, más sibilina, pero real”, destaca la vicepresidenta segunda del Gobierno de Navarra y consejera de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera, Ana Ollo.
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