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De la energía escasa a la energía inagotable

La transición energética es no solo necesaria para superar riesgos y desequilibrios sino técnicamente posible y económicamente viable.

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Desde el comienzo de la revolución industrial, la disponibilidad de energía utilizable ha estado históricamente asociada a la escasez relativa de las fuentes de energía primaria disponibles. El siglo XIX fue el siglo del carbón y el siglo XX el del petróleo con el carbón, el gas natural y la energía nuclear de fisión como energías de acompañamiento del petróleo.

Por lo tanto, durante los dos últimos siglos hemos construido un mundo basado en la utilización de las energías fósiles –carbón, petróleo y gas natural- y de la energía nuclear de fisión que si bien abundantes son recursos limitados y por lo tanto en principio agotables.

En el mundo existen seis fuentes de energía primaria, cinco reales o positivas y una virtual o negativa. Las cinco fuentes reales son el carbón, el petróleo, el gas natural –las denominadas energías fósiles-, la nuclear de fisión y las denominadas energías renovables. La sexta la forman el ahorro y la eficiencia energética, que a pesar de ser virtuales se comportan de hecho como una fuente positiva más al casar de manera muy real la oferta y la demanda energéticas por el lado de una menor demanda para satisfacer las mismas o superiores necesidades energéticas asociadas al desarrollo económico y al bienestar.

Basar nuestras necesidades energéticas en la utilización de las energías fósiles y la nuclear de fisión ha permitido un extraordinario desarrollo material de sectores importantes de la humanidad pero ha ocasionado graves desequilibrios tanto de tipo geopolítico –desigualdad de acceso y disponibilidad del recurso energético, guerras y conflictos sin fin- como ambiental –residuos radiactivos, accidentes nucleares, contaminación local, lluvia ácida, cambio climático,…-. Al mismo tiempo se ha generado la percepción muy extendida de que la utilización masiva de las fuentes de energía fósil está poniendo en riesgo la propia supervivencia de la vida humana sobre el planeta como consecuencia del cambio climático de origen antropogénico.

Por otra parte, la escasez relativa de estas fuentes de energía que ha sido potenciada por las naciones hegemónicas del momento -Gran Bretaña en el siglo XIX con el carbón y Estados Unidos en el XX con el petróleo- para reforzar su dominio sobre el panorama político y económico mundial en beneficio propio, ha generado un discurso de agotamiento a corto plazo de estas fuentes de energía y la percepción generalizada de que el fin de la era de los combustibles fósiles abundantes y baratos era inminente.

Todo ello –percepción de agotamiento de los recursos energéticos convencionales y generación de graves riesgos globales- impulsó el que, como consecuencia de las dos grandes crisis del petróleo de los años 70 del siglo pasado, los países que carecían de ese recurso así como el conjunto de países desarrollados y muchas agencias gubernamentales, universidades, institutos de investigación e industrias varias impulsasen la implantación de políticas de ahorro energético y el desarrollo de tecnologías de eficiencia energética y de aprovechamiento de las energías renovables.

En este sentido, el desarrollo tecnológico de la eficiencia energética y las energías renovables que se viene produciendo desde hace tres décadas está ocasionando un cambio de paradigma de repercusiones revolucionarias en la manera de abordar el futuro energético de la humanidad, hasta el punto de que a día de hoy podemos hablar de una transición energética no solo deseable sino posible, en términos tecnológicos y económicos, desde un mundo de energía fósil escasa a un mundo de energía renovable inagotable por definición.

En efecto, las energías renovables provienen de la energía proporcionada por la radiación solar, la atracción lunar y el calor interno de la tierra y así continuará siendo durante los próximos 4.500 millones de años que seguirá radiando nuestro sol. Son por lo tanto fuentes de energía inagotable a escala humana. Hay que tener en cuenta que nuestro planeta recibe todos los días energía suficiente como para cubrir casi 20 veces el consumo anual de energía primaria mundial y bastaría con aprovechar menos del 0,02% de la energía que nos llega del sol para cubrir todas las necesidades energéticas actuales de la humanidad.

Que las energías renovables proporcionadas por el sol, la luna y la tierra eran inagotables es un hecho físico, químico y biológico sin discusión en el ámbito científico. Lo que el desarrollo tecnológico de las tres últimas décadas ha propiciado es que su aprovechamiento sea técnicamente viable y económicamente competitivo hasta el punto de que un mundo basado exclusivamente en las energías renovables es un mundo que no solo se puede soñar, sino que se puede planificar.

Desde esta perspectiva, la formidable progresión del aprovechamiento de las energías renovables, del almacenamiento de electricidad, del vehículo eléctrico y de todas las tecnologías de acompañamiento, ha hecho que las nuevas tecnologías necesarias para hacer realidad la transición energética, sean ya o estén en camino de ser plenamente competitivas cuando no más baratas que las energías convencionales.

A día de hoy podemos hablar de una transición energética desde un mundo de energía fósil escasa a un mundo de energía renovable inagotable por definición

La transición energética es así no solo necesaria para superar riesgos y desequilibrios sino técnicamente posible y económicamente viable. Hoy podemos plantearnos la descarbonización de nuestro sistema energético para luchar contra el cambio climático, el abandono del carbón como fuente de energía primaria, la desvinculación progresiva del petróleo que disminuya riesgos de suministro y manipulación de precios por parte de la OPEP o la eliminación del riesgo de un accidente nuclear mayor, sin temor a las consecuencias de un mundo sin energía disponible a precios asequibles.

Y así, frente al viejo modelo energético en el que todas las fuentes de energía primaria eran necesarias, incluso las contaminantes y peligrosas, en el nuevo modelo energético no todas serán necesarias (incluso la fusión nuclear puede llegar tarde y no ser tampoco necesaria), bastará con la eficiencia energética y las energías renovables. El reto por lo tanto no está en el qué, el cómo o el cuándo, sino en el ritmo en que queremos, podemos o debemos hacer la transición energética hacia un sistema energético basado en el ahorro, la eficiencia energética y las energías renovables.

Y el ritmo está condicionado por muchas variables. Por supuesto, en primer lugar, por las condiciones de partida de cada país respecto a la estructura de su sistema energético, así como por el grado de amortización de las infraestructuras energéticas existentes o por la capacidad de su sistema eléctrico de integrar energías renovables de forma masiva.

Pero el ritmo de esta transición también va a estar condicionado por la capacidad de las energías renovables de proporcionar energía a precios competitivos con las energías convencionales o por la posibilidad de almacenar, de forma masiva y barata, la energía producida por las energías renovables dado el carácter intermitente de muchas de ellas y su característica de no gestionables directamente a voluntad.

Finalmente, el ritmo va a estar fuertemente condicionado por el impacto que el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero va a suponer en el calentamiento global y en sus potenciales efectos de cambio climático de origen antropogénico.

Un breve apunte geoestratégico para terminar. España es un país pobre en recursos energéticos convencionales pero muy rico en recursos energéticos renovables como el solar, el eólico o la biomasa. La transición energética es por lo tanto una oportunidad para nuestro país, tanto desde el punto de vista tecnológico e industrial como desde el punto de vista económico, de balanza de pagos y de generación de empleo. Y a pesar de la falta de visión estratégica de nuestros gobernantes de los últimos años, nuestros recursos renovables y nuestras capacidades tecnológicas e industriales siguen ahí intactas a la espera de un impulso político menos condicionado por visiones estrechas y por intereses económicos de corto alcance.

Xabier Garmendia ha sido viceconsejero de Industria y Energía en el Gobierno de Patxi López

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