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Cómo recuperar el cobijo de una plaza

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La plaza de España, en Getafe, tras el proyecto de remodelación. / Cynara

La plaza de España, en Getafe, tras el proyecto de remodelación. / Cynara

Si en los bancos de una plaza no se sientan los mayores, los árboles que la pueblan pasan desapercibidos, uno de sus espacios es un punto habitual para hacer botellones y solo los niños muestran algo de interés por la zona de juego es que ese espacio urbano no está cumpliendo la función de resguardo al peatón con la que se ideó. Fue el diagnóstico que hizo  Cynara , un proyecto que une arquitectura y paisajismo en sus trabajos, de una céntrica plaza del municipio madrileño de Getafe. El resultado tras la regeneración es que los vecinos han recuperado un cobijo que antes no tenían, la vegetación se ha hecho visible y los niños tienen espacios de juegos que fomentan la experimentación e imaginación.

“Nos encontramos con una plaza que estaba enferma y esto es como ir al médico, que antes de poner un tratamiento se hace un diagnóstico”, explica Marta Gallego, una de las tres integrantes de Cynara, junto a María Agudo y Ana Spalla. Así que comenzaron a examinar al paciente. “Nos dimos cuenta de que la gente mayor no sentaba en los bancos, no solo porque estaban un poco degradados, sino sobre todo porque eran muy bajos lo que hacía muy difícil poder levantarse después”, cuenta Agudo.

Vieron además que esos bancos, en forma de media luna, formaban una circunferencia de casi seis metros lo que alejaba a los vecinos que querían sentarse a mantener una conversación. Permanecían pegados a uno de los principales viales de la ciudad y el peatón que se sentaba casi daba con su espalda al tráfico rodado. Los que querían sentarse lo hacían entonces en los muros de los parterres. Les quedaban más a su altura y les alejaba del tráfico.

Espacio de paso, en lugar de descanso

“La plaza era casi un lugar de paso, la gente no se quedaba en ella, a excepción de los niños, que estaban en la zona de juego”, explica Agudo. La falta de cohesión y conexión entre unas zonas y otras facilitaba además que uno de los espacios, situados junto a la zona infantil se hubiera convertido en una zona habitual para hacer botellón y donde se acumulaban desechos. La zona infantil se limitaba a juegos, como toboganes y columpios, que se perdían unos de otros en un inmenso arenero.

Tras el diagnóstico comenzó el tratamiento, en el que también ha colaborado el filósofo y arquitecto Félix Martínez. El primer paso consistió en cohesionar la plaza colocando un único tipo de pavimento -antes eran diferentes según las distintas zonas de paso y descanso-. En la segunda acción, de lo que se trataba era de unir entre sí todos esos espacios. Para ello, los arquitectos crearon el concepto “Cosiendo espacios”, una suerte de hilo rojo que se puede ver en la plaza siguiendo el trazado de planchas metálicas rojas que discurren entre los bancos, los parterres y la zona de juego.

“Elegimos el color rojo porque cromáticamente es el que más resalta la vegetación que ya existía, que era otro de los objetivos a la hora de idear el proyecto”, subraya Gallego. Los espacios en los bancos de media luna se estrecharon para favorecer de nuevo las conversaciones entre vecinos, y sobre todo, al “subrayarlos” con el color de nuevo apareció la hilera de cedros, palmeras y abedules que antes permanecía casi invisible.

En la zona de juegos -junto a los columpios y toboganes convencionales- idearon en el espacio del arenero lo que denominan “muro lúdico”, que además de formar parte del hilo conductor que une todos los espacios, se ha convertido en una herramienta que fomenta la imaginación de los más pequeños. Se trata de una especie de muro de color rojo y gris que en forma de onda transcurre a lo largo del arenero. En las partes altas de las ondas hay unos círculos que pueden servir para todo lo que a los niños se les ocurra. “Es un poco el concepto del anuncio de ¡un palo!”, indica Gallego. La superficie va cambiando por zonas para que la sensación al tacto sea también diferente.

La zona infantil está separada del resto por una suerte de “jardín didáctico” que reúne más de 60 especies arbustivas que se encuentran en Getafe. “Nosotras creemos que una de las funciones de las administraciones públicas tiene que ser didáctica y cultural”, detalla Agudo. De ahí, que quien se acerque a conocer las diferentes especies de este mini botánico pueda luego identificar qué tipos de arbustos se encuentra caminando por la calle.

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