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Scioli, otra víctima de la "maldición" de la "bruja de Tolosa"

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Scioli, otra víctima de la "maldición" de la "bruja de Tolosa"

Scioli, otra víctima de la "maldición" de la "bruja de Tolosa"

El gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, perdió hoy la elección presidencial en Argentina, una derrota que consolida el mito de la "maldición bonaerense": desde hace un siglo y medio ningún mandatario de la provincia más rica y poblada del país logró llegar la Casa Rosada a través de las urnas.

Bartolomé Mitre fue gobernador bonaerense entre 1860 y 1862 y ese año, tras ganar una guerra civil, fue elegido presidente de Argentina. En 1882 quiso volver a la Presidencia, pero la fractura de su espacio político significó un golpe mortal para su candidatura.

Desde entonces, una decena de gobernadores de la provincia acariciaron en vano el sueño presidencial. Algunos solo alcanzaron a manifestar su deseo de conducir el país, otros llegaron a formalizar su candidatura y unos pocos a competir en elecciones. Sus apetencias quedaron truncadas por rencillas partidarias o derrotas en internas o en comicios generales.

La "maldición bonaerense", como tal, fue inaugurada por Dardo Rocha, gobernador entre 1881 y 1884 y quien aspiraba a suceder al presidente Julio Argentino Roca, pero este ungió como candidato a su cuñado, Miguel Juárez Celman.

El maleficio se basa en una leyenda urbana ligada a la fundación en 1882 de La Plata, capital bonaerense (y situada a unos 60 kilómetros de la capital del país). Al parecer varios invitados al evento, enviados por el presidente Roca, lo pasaron mal en la fiesta y su regreso a Buenos Aires en tren y, en venganza, recurrieron a una bruja de Tolosa, localidad vecina a La Plata y ahora célebre por ser la tierra natal de la presidenta, Cristina Fernández.

Según la leyenda, la "bruja de Tolosa" profanó el monumento fundacional de La Plata y en su ritual lanzó una maldición para que ni Rocha ni ningún otro gobernador bonaerense llegaran a la Presidencia.

Mito urbano o no, Rocha abrió el sendero de la frustración política para los gobernadores bonaerenses: Marcelino Ugarte, Martín Fresco, Rodolfo Moreno, Domingo Mercante, Oscar Allende... ninguno pudo dar el salto a la Casa Rosada.

Desde el regreso de Argentina a la democracia, en 1983, los casos se circunscriben al peronismo.

Antonio Cafiero, gobernador entre 1987 y 1991, aspiraba a suceder al radical Raúl Alfonsín en 1989, pero Carlos Menem le ganó en la interna peronista.

Menem fue elegido presidente y su vicepresidente, Eduardo Duhalde, renunció en 1991 para convertirse en gobernador bonaerense.

"Yo no le temo a esa maldición", había dicho Duhalde en una entrevista en 1996, un año después de que sus sueños presidencialistas quedaran congelados por la reelección de Menem.

Un año después, en un acto electoral, Duhalde ya no se mostraba tan incrédulo: "Pido a los bonaerenses que me ayuden a romper lo que es un maleficio histórico, por el cual ningún gobernador bonaerense ha llegado a la Presidencia".

En la noche de San Juan de 1999, Manuel Salazar, un parapsicólogo, hizo un ritual de "destrabe" en el monumento fundacional de La Plata y lanzó un conjuro para librar a Duhalde de la maldición de los gobernadores.

"El desencantamiento alcanzará a todas las personas de buena voluntad que vivan en la ciudad", prometió por entonces el que pasó a ser conocido como "el brujo de Duhalde".

En octubre de 1999 Duhalde compitió efectivamente por la Presidencia, pero la elección la ganó el radical Fernando de la Rúa.

Al final, Duhalde sí se convirtió en presidente, pero no por las urnas: tras la renuncia de De la Rúa, se sucedieron varios mandatarios provisionales proclamados por el Parlamento, el último de ellos, Duhalde, que gobernó entre enero de 2002 y mayo de 2003.

Daniel Scioli, quien gobierna la provincia desde finales de 2007, soñaba con ir por la Presidencia en 2011, pero Cristina Fernández tenía la primacía y optó a la reelección.

Esta vez llegó a ser candidato, pero no ganó.

"La bruja de Tolosa lo hizo otra vez", dirán los inclinados al esoterismo, sin entrar en análisis políticos.

La realidad evidencia la dificultad intrínseca de gobernar una provincia de la superficie de Italia y con 16,6 millones de habitantes, el 43 % de la población del país, con problemas estructurales complejos, como los bolsones de pobreza y la inseguridad.

Para hacer un buen gobierno en la provincia y tener créditos para la Presidencia habría que ser, si no brujo, mago. O por lo menos un político brillante.

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