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Un acusado por el secuestro del empresario señala que el "ajuste" se complicó

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Jesús M., el considerado cabecilla del secuestro de un empresario de Cambre en enero de 2014, ha declarado en la Audiencia Provincial de A Coruña que inicialmente pretendían ajustar cuentas con el hermano de la víctima por una deuda, pero se equivocaron de persona y después "se complicó".

La vista por el secuestro del empresario de Cambre, que continuará los próximos días, se ha celebrado por la falta de acuerdo entre las partes.

La defensa, según explicó uno de los abogados a los periodistas antes de la vista, ofrecía hasta 45.000 euros como indemnización para la víctima, pero, en el juicio, la Fiscalía solicita 70.000 euros y la acusación pide 200.000 euros.

El juicio había sufrido ya un aplazamiento y una suspensión en diciembre de 2015 y los hechos juzgados se remontan a enero de 2014, cuando el empresario fue secuestrado cinco días, motivo por el que se pide para los ocho procesados penas que oscilan entre los diez y los trece años de cárcel.

Jesús M., que había regresado de Venezuela en agosto de 2013 después de veinte años emigrado, inició este miércoles la ronda de declaraciones en la Audiencia Provincial de A Coruña, donde se le juzga a él y a otras siete personas (entre ellos su hermano y su hijo) por el secuestro de Abel D., que fue retenido cinco días en enero de 2014, primero en Palas de Rei (Lugo) y, después, en Lalín (Pontevedra).

"En ningún momento se pensó en el secuestro. Fue en caliente", aseguró a preguntas del Ministerio Fiscal, que luego repitió cuando fue interrogado por la acusación.

Según su versión, pretendían citarse en un monte de Aranga con Jorge D., y no con su hermano Abel, con la intención de cobrar una deuda que los empresarios de Cambre, relacionados con la madera, tenían con su padre, "de 81 años" y que, además, "había sido amenazado" por el hermano del secuestrado.

La idea, dijo, era "pegarle unas hostias" a Jorge, "meterle en el coche" (en el que trasladaron a Abel) y "decirle: dame el dinero que le debes a mi padre. Después se complicó porque apareció la persona que no era".

A la familia del secuestrado le pidieron 70.000 euros por el rescate y, cuando la mujer de la víctima, Pilar, les respondió que disponía de 15.000, "posiblemente" le espetaron: "Guárdelos para el entierro".

Jesús M. relató que se citaron con la víctima en el monte, adonde se trasladaron en tres coches, y acusó a otro de los imputados, Jesús M.G. de haber atado a la víctima "como un becerro" después de haberle introducido en el maletero de uno de los vehículos y haberle golpeado con una pistola.

Además, indicó que al empresario querían "darle un susto" y el secuestro fue "en caliente" porque, de hecho, "no sabían dónde llevarle".

Igualmente, comentó que la caseta en la que la Policía encontró al secuestrado "no tenía cerradura y era de aluminio por fuera" y de la víctima, a la que él le quitó "las bridas", dijo que en el galpón "estaba solo muchas veces" y "no se fue porque no quiso".

También explicó que a los propietarios de la finca donde quedó retenido el empresario se les abonaron 3.000 euros por tres días y acordaron 1.000 más por cada día que se alargase el secuestro.

Indicó, además, que a la víctima le llevaron pulpo y vino para que no pasara hambre, aunque matizó que el empresario no comió porque tenía molestias en una muela.

Jesús M. implicó al resto de detenidos ya que "todo el mundo estaba de acuerdo porque quería cobrar".

El botín que pretendían recaudar era de 70.000 euros que se iban a repartir entre él y su hermano por la deuda que la empresa maderera tenía con su padre.

Asimismo, pactaron una entrega de 5.000 euros a quien metió al empresario en el maletero del coche, Jesús M.G..

De los ocho que se sientan en el banquillo de los acusados, aseguró que uno de ellos Ramón M.T., el único al que se le imputa tenencia ilícita de armas, había participado en los hechos sin motivación económica.

"Fue una estupidez y el alcohol y las drogas no me ayudaron mucho", declaró Jesús M. a preguntas de su abogado, ya que no quiso contestar al resto de letrados.

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