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La historia se estaba casi inventando la noche en que cayó el Muro de Berlín

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"La historia se estaba casi inventando" y en cierta manera "se improvisó". Es la sensación que tiene Alonso Álvarez de Toledo y Merry del Val, último embajador de España en la República Democrática Alemana que vivió la euforia de una noche, la del 9 de noviembre de 1989, en la que cayó el Muro de Berlín.

"La gente no se creía en Berlín que aquello fuera a pasar", relata el diplomático español y abogado en una entrevista con Efe con motivo de la publicación de su libro "Notas a pie de página. Memorias de un hombre con suerte" (Marcial Pons Historia).

Fue testigo directo de la apertura del muro -símbolo de división de Alemania y por extensión de Europa, consecuencia de la Guerra Fría- ya que se encontraba en el checkpoint (punto de control) del Berlín Oriental por el que se abrió en un primer momento.

Álvarez de Toledo, que ha estado destinado en Nueva York, Washington, París, México, Ginebra y Düsseldorf y que fue también embajador en Luxemburgo, cuenta los hechos que ocurrieron esa noche para que a las 22.00 horas se abriera el primer paso fronterizo en Bornholmerstrasse y que se debió a varias "casualidades".

La tarde del 9 de noviembre de 1989, en una rueda de prensa "poco clara", el portavoz del Politburó, Günther Schabovski, anunció "la emisión inmediata de visados de salida, prescindiendo de las normas aún vigentes para la salida del país".

A los pocos minutos, un periodista de Associated Press afirmaba en un teletipo que Alemania Oriental abría sus fronteras y la información era transmitida por todos los medios de comunicación.

Inmediatamente miles de berlineses del Este comenzaron a acercarse a los puntos de control para cruzar la frontera, aunque los medios oficiales anunciaban que antes había que solicitar el visado. Pero los ciudadanos ya habían perdido el miedo y la policía no respondió con violencia, sino que abrió las vallas.

"Lo viví con mucha más naturalidad de la que sentí horas después. No me estaba dando cuenta de lo que pasaba", explica Álvarez de Toledo, quien añade que esa noche preguntó a la policía que había en ese paso cuándo iban a abrir el muro y le dijeron que al día siguiente. "Se abrió a los veinte minutos", añade.

Explica que no lo sabía nadie y que se fue sorprendiendo "poco a poco" y recuerda que de hecho la apertura del muro cogió desprevenidos a los políticos.

El propio canciller de la RFA, Helmut Kohl, estaba de visita oficial en Varsovia y no llegó a Berlín hasta 24 horas después.

"La historia se estaba casi inventando", dice, antes de explicar que habló con mucha gente esa noche -en la que estuvo acompañado por un equipo de Informe Semanal de TVE que se había desplazado a la RDA para otro asunto- y nadie creía que el muro iba a caer.

La euforia fue total y la situación no tuvo vuelta atrás. Miles de berlineses del Oeste se dirigieron a la frontera para abrazar a los alemanes que pasaban por primera vez a esa parte de la ciudad y recibirlos con rosas y champán.

Muchos no esperaron a cruzar por los pasos fronterizos, se encaramaron al muro y comenzaron a derribarlo con las herramientas que tenían a mano.

El diplomático conversa con Efe sobre la Alemania de entonces y la de ahora y habla de las diferencias entre alemanes y españoles.

"Somos muy diferentes. Ellos son más consecuentes", dice, y valora el hecho de que cuando se produjo la reunificación ese país "integró" a millones de ciudadanos de la RDA "sin pedir un céntimo al resto del mundo".

Señala que lee lo que ocurre en la UE con motivo de la crisis en los periódicos extranjeros, destaca que ni los economistas se ponen de acuerdo en si la política de austeridad que propugna la canciller, Angela Merkel, es la adecuada y opina que este país nunca pondría en peligro la UE porque "siempre va a estar en el pelotón de mando". "Así que mejor por las buenas que por las malas", precisa.

Más allá de la política y de los hechos históricos que ha vivido Álvarez de Toledo por el mundo, lo que más le ha impactado fue que solo hace tres meses el jefe de la policía que estaba al mando del checkpoint por el que se abrió el Muro de Berlín le escribiera una carta para decirle que su presencia allí aquella noche del 9 de noviembre como embajador de España "tuvo cierta importancia".

"Yo durante veinte años no había pensado que el hecho de estar allí fuera a tener alguna importancia, pero la tuvo. Ayudé un poco, abrí un poco la puerta, empujé un poquito. Alguien lo habría hecho si no hubiera sido yo", añade.

Belén Anca López

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