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El último cirujano de Al Yarmuk

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El último cirujano de Al Yarmuk

El último cirujano de Al Yarmuk

Al médico Riad Idris no le da la vida para sentarse ni cinco minutos, es el único cirujano que queda en el campo de refugiados palestinos de Al Yarmuk, en el sur de Damasco, y pasa el día y parte de la noche atendiendo a pacientes en medio de la precariedad.

Desde abril, el lugar es escenario de combates entre el grupo terrorista Estado Islámico (EI) y facciones palestinas, después de que los yihadistas se infiltraran en su interior.

Actualmente, los enfrentamientos son en los alrededores, lo que permite al Centro de Rescate Médico Quirúrgico de Al Yarmuk, donde trabaja Idris, funcionar con "normalidad" dentro de una situación extraordinaria, en medio de bombardeos, un asedio y choques en las cercanías.

Las complicaciones forman parte de la rutina diaria: "el panorama sanitario de Al Yarmuk es muy malo por la falta de medicinas y material ambulatorio, además de anestesia. Tenemos también escasez de combustible y los precios son elevados", enumera Idris, en declaraciones a Efe por internet.

Solo permanecen tres médicos en el campo, dos de atención primaria y este cirujano, después de que el resto huyera por la violencia.

Los dos facultativos de medicina general atienden a pacientes tres horas al día en el Hospital Palestina y en la sede de una organización caritativa.

Idris trabaja en el Centro de Rescate, que está abierto las 24 horas y que es el único donde se llevan a cabo operaciones quirúrgicas.

Al mes, el cirujano ve una media de 250 enfermos, entre los que hay mujeres y niños, muchos de ellos con heridas causadas por los bombardeos y el fuego cruzado de los combates.

La metralla de las piezas de artillería, proyectiles y bombas es la causante principal de las heridas.

Las operaciones más frecuentes son las del aparato digestivo, como extirpaciones de intestinos, bazo, apéndice y vesícula, así como el tratamiento de heridas en el hígado, colon y estómago, ocasionadas por explosivos.

Idris también ejecuta operaciones del sistema urinario, repara vasos sanguíneos, trata hernias y asiste heridas externas en cabeza, cuello y extremidades.

"Este ha sido nuestro trabajo de los últimos tres meses", rememora el doctor, quien destaca que ha practicado, además, tres cesáreas a embarazadas "que gracias a Dios salieron bien".

Un saldo laboral bastante intenso para un solo cirujano y más si se tiene en cuenta que las medicinas brillan por su ausencia en Al Yarmuk, lamenta Idris, quien explica que las compran en el mercado negro en zonas próximas, como Yalda y Babila, a través de intermediarios y a precios cinco veces superiores.

A la escasez de médicos y medicamentos, y la gran presión de pacientes, se suma la falta de laboratorios de análisis y medios de diagnosis, además de la contaminación del agua y la comida.

"Puede parecer fantasioso pero jamás imaginé que iba a trabajar de esta manera", reconoce Idris, que vive en Al Yarmuk de forma voluntaria desde hace tres años para ayudar a sus habitantes.

Tras licenciarse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Damasco y especializarse en Urología, quiso investigar el tratamiento de las heridas por los bombardeos y se trasladó a trabajar al campo de refugiados palestinos: "No he visto a nadie de mi familia desde que entré aquí hace tres años", confiesa.

Antes de que el EI se infiltrara en Al Yarmuk, que está solo a cinco kilómetros del corazón de Damasco y donde, según la ONU, residen 18.000 personas, el campo fue testigo de choques entre partidarios del régimen y de la oposición, y sufrió el cerco del Ejército, que todavía sigue.

Estas difíciles condiciones de vida han favorecido la aparición de enfermedades como la fiebre tifoidea, e infecciones derivadas de la hepatitis C y en las vías respiratorias.

La última en hacer acto de presencia ha sido la temida rabia.

"Se ha extendido por los perros, e incluso un niño ha muerto, por eso estamos desarrollando una campaña con varias organizaciones para matar a todos los perros de Al Yarmuk, ya que, por supuesto, aquí no tenemos vacuna contra la rabia", se queja.

Pese a todas las dificultades, si hay algo que amenaza la labor de Idris y la existencia del Centro de Rescate Médico Quirúrgico es la ausencia de financiación.

"En la actualidad, el centro tiene una deuda acumulada de 10.000 dólares y amenaza con cerrar", advierte el médico, no sin antes hacer un llamamiento desesperado de ayuda para poder seguir salvando vidas en Al Yarmuk.

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