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Ataques terroristas contra la humanidad con independencia del lugar

Varias personas heridas son trasladadas en ambulancia en los alrededores del Estado de Francia. EFE

Raquel Martí

Directora ejecutiva de UNRWA España —

El sangriento ataque terrorista de París se produjo sólo un día después de que ocurriera el peor atentado sufrido por la capital libanesa desde que acabara la guerra civil en 1990. Las víctimas mortales y los heridos de ambos atentados son civiles inocentes asesinados con la misma barbarie por el mismo grupo terrorista. Sin embargo nuestra consternación y solidaridad se ha focalizado únicamente en la capital parisina.

Los actos solidarios con Francia se han sucedido a escala global. A ellos se han sumado los líderes mundiales, al igual que reconocidos artistas, políticos e intelectuales. Los edificios emblemáticos de todo el mundo han sido iluminados con la bandera francesa, incluso Facebook nos ha permitido mostrar nuestro apoyo virtual con una aplicación que permitía añadir la bandera tricolor a nuestras fotos de usuarios.

Es normal que la cercanía de un acto tan brutal como es un atentado nos afecte en mayor medida. Sin embargo, deberíamos de reflexionar si éste es el único factor que nos llevado a sentir más empatía con las víctimas francesas.

Líbano es, en nuestro imaginario, uno de esos lugares donde las bombas, las explosiones y asesinatos se producen a menudo. Lo mismo pensamos de Irak o Afganistán. Cuando un atentado terrorista ocurre, las víctimas se convierten en monótonas estadísticas. No suelen ir acompañadas de información que nos hagan empatizar con ellas, son solo meros datos despojados de rasgos humanos.

La cobertura internacional no nos ha esbozado ninguna breve biografía de los hombres, mujeres y niños que perdieron la vida en el brutal atentado libanés, tampoco nos ha descrito el dolor de sus familias, no nos han ofrecido ninguna imagen con sus seres queridos. Nada que nos haga sentir a las víctimas de este atroz atentado más humanas, más cercanas. Sin embargo el ataque terrorista en Beirut que se llevó la vida de 44 personas e hirió a 239 se produjo en el sur de la ciudad, cerca del popular mercado del distrito de Bourj al-Barajneh, donde muchas personas realizaban sus compras. Había también familias con sus hijos, extranjeros, tenderos, profesionales dirigiéndose al trabajo o simplemente tomando café, así como fieles congregándose en un espacio religioso cercano.

Durante el atentado se produjeron historias extraordinarias, humanas, como la del libanés Adel Termos que, encontrándose con su hija pequeña en el mercado, abordó y derribó a uno de los terroristas en un intento suicida de evitar el atentado. Es posible que su heroico acto salvara la vida a decenas de personas, lo que si es seguro que acabó con su vida y la del terrorista que detonó el explosivo al ser derribado.

Lejos de esta narrativa mucho más humana, la cobertura de la mayor parte de los medios internacionales se ha centrado en deshumanizar y unificar a las víctimas bajo el único rasgo de pertenecer al “feudo de la milicia chiita de Hezbolá” y de explicar fríamente el motivo por el cual se produjo el atentado en la capital libanesa. En los artículos se suceden las explicaciones de lo que significa la rama chií del islam o se informa sobre la alianza de Hezbolá con el régimen sirio de Bashar el-Asad. Se utilizan incluso los términos de “gentío” o “muchedumbre” para describir a la población en el momento del atentado y no existen apenas frases que describan la consternación y el dolor que este brutal ataque ha causado entre la población civil libanesa.

Por supuesto debemos de mostrar nuestra solidaridad y preocupación ante el brutal ataque en París, pero también debemos de cambiar nuestra actitud para entender que lamentablemente París únicamente sobresalía este viernes pasado entre toda la violencia y miseria que está golpeando de forma despiadada al mundo en el que vivimos. Sí el viernes sobresalía París, el jueves lo hacía Beirut y el mes pasado Turquía, aunque no hace mucho era Egipto, Irak, Nigeria o Afganistán.

No podemos seguir lamentándonos más por unos que por otros, tenemos que solidarizarnos con todos por igual. Seamos humanos y compartamos el dolor con la misma intensidad independientemente del lugar en el que la barbarie se produzca. Empecemos a pensar se trata de ataques contra toda la humanidad. Una humanidad que tiene que estar unida para luchar contra el terrorismo y que tiene que solidarizarse con todas las víctimas por igual.

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