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¿La última llamada? Sí… pero el cartero siempre llama dos veces

Ilustración de un ecosistema del periodo Cretácico. En primer plano, un Iguanodon con su característico pulgar terminado en una garra con forma de cono (Ilustración: Juanjo Castellano)

La verdad es que añoro a mi viejo cartero de uniforme azul.

Aquel que siempre llamaba dos veces y era mi amigo

Pérez –Reverte

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Viéndolas venir: Rockefeller abandona el negocio petrolero

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Un ingeniero camina por un yacimiento de petróleo. / Efe

"Éstos ya están viéndolas venir". Eso fue lo que dijo un compañero mío cuando le comenté lo que me parecía una de las noticias más importantes del día, que según reza el titular de la BBC es "¿Por qué los Rockefeller abandonan el negocio petrolero?" Un amigo de Facebook dio la respuesta más corta, sintética y veraz: "Porque ya no es un negocio".

La noticia de que los herederos del fundador de Standard Oil han renunciado voluntariamente a los ingresos que les garantizaban sus participaciones en las empresas del mundo petrolero es, ciertamente, chocante. En el artículo que lo explica, el periodista nos cuenta que han decidido poner todo su dinero en empresas del sector renovable, porque "es donde está el futuro" y, aparentemente, por conciencia ambiental. Es curioso que a esta familia le haya entrado la conciencia ambiental de repente, después de más de un siglo dedicándose a un negocio poco respetuoso con el entorno pero muy lucrativo. ¿Será que les han convencido las huecas palabras que hemos escuchado en la convención del clima de Naciones Unidas, celebrada unos días antes en Nueva York? ¿O será más bien que les ha convencido esta preocupante gráfica del Departamento de Energía de los EE UU, publicada el pasado mes de julio?

Evolución reciente de los ingresos (línea verde) y gastos (línea azul) de las 127 mayores compañías de explotación de petróleo y gas del mundo. / Departamento de Energía de EE UU

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Jaula de grillos pseudoecológica en la ONU

El presidente estadounidense, Barack Obama, interviene en la Cumbre del Clima en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. / Efe

Llegan todos a Nueva York a asistir a la Cumbre sobre el Cambio Climático en la ONU. Van en sus aviones presidenciales, desde todos los países del planeta. Les acompañan asesores, guardaespaldas, alquilan lujosas residencias y caros hoteles. En comitivas paralelas, algunas poderosas organizaciones medioambientales, envían a sus delegados a tratar de hacer lobbies u organizar manifestaciones de algún centenar de miles de neoyorquinos para exigir acciones. Desde otros países, hay menores réplicas de activistas pidiendo lo mismo. Los medios mundiales se agolpan con miles de fotógrafos para captar las mismas imágenes de los mismos líderes.

Luego, los líderes mundiales suben por estricto orden de protocolo al estrado y sueltan sus respectivas lecciones:

Ban Ki-moon: “El cambio climático amenaza la paz lograda con muchas dificultades, la prosperidad y la oportunidad para miles de millones de personas”, dijo Ban durante su discurso inaugural. “Ahora debemos poner al mundo en una nueva vía”.

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"Última llamada": un manifiesto que no debería quedar sin consecuencias

Logotipo del manifiesto Última Llamada.

"Última llamada" es el título de un manifiesto hecho público en julio de 2014, en el que se reclaman propuestas de cambio audaces para hacer frente a la grave crisis ecológico-social que llevamos sufriendo desde hace décadas, y que en los últimos años ha llegado a alcanzar dimensiones extremas. Una crisis que compromete todas nuestras posibilidades de vida buena –y que puede amenazar hasta las mismas posibilidades de supervivencia de la especie humana-. En sólo dos meses (y no los más propicios: los del verano de 2014) casi siete mil académicos, intelectuales, científicos, políticos y activistas de base firmaron este documento, dirigido especialmente a potenciar modificaciones en los nuevos proyectos sociales y políticos que se están presentando en nuestro país, porque hoy hacemos frente a "la mayor discontinuidad de la historia humana" (como indica Ian Morris en su recién traducido estudio ¿Por qué manda Occidente… por ahora?), y ya no valen recetas antiguas ni ambiguas. Lo que necesitamos es una Gran Transformación.

"Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible", explica el manifiesto. Pues se agotan los recursos naturales y energéticos, se desorganizan y destruyen los ecosistemas, se perturban los metabolismos entre sociedades y naturaleza, se cierran las "ventanas de oportunidad" para las trayectorias de sustentabilidad que probablemente teníamos hasta ahora. El calentamiento global entraña riesgos -ya inminentes- que pueden poner en cuestión la propia supervivencia de la humanidad (ya sabemos que en el pasado, en otras ocasiones, los cambios climáticos dieron lugar a grandes transformaciones históricas). La crisis ecológica ni puede esperar ni es un tema parcial. En el manifiesto "Última llamada" se subraya la necesidad de romper con las inercias de los modos de vida de una sociedad capitalista, basados en el consumismo y subordinados a los intereses de grupos privilegiados, que representan menos del 1% de la población.

Evolución demográfica y contradicciones productivas y energéticas llevan a una situación de creciente insostenibilidad ecológica, desigualdad social y cambio climático que, de no corregirse radicalmente, pueden conducir a un colapso brusco de la sociedad, con altísimos costes en términos humanos y sociales. Reparemos sólo en el enorme asunto del calentamiento climático. Según el último informe del IPCC- Intergovernmental Panel on Climate Change, de Naciones Unidas (septiembre de 2014) caminamos a paso firme hacia un genocidio preprogramado (aunque previsible y evitable), y ello incluso si sólo consideramos los efectos devastadores del cambio climático. El cuerpo humano puede adaptarse a un aumento de 4 o 6 °C en la temperatura promedio del planeta, pero en muchas regiones los cultivos y los agrosistemas que utilizamos para la producción de alimentos no pueden adaptarse a esos cambios. De hecho, no hay adaptación posible a un planeta 4-6ºC más cálido para una población de 8 ó 9.000 millones de personas.

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