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Laura García Portela

Laura García-Portela (Madrid, 1990) es licenciada en filosofía. Actualmente es investigadora predoctoral en el Departamento de Filosofía y forma parte del Programa Doctorado Interdisciplinar en Cambio Climático de la Universidad de Graz (Austria). Su tesis doctoral versa sobre la distribución de responsabilidades en el contexto de las políticas climática de 'daños y pérdidas’. También ha sido investigadora en la Universidad Valencia, Keele, y Washington. 
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Algunas claves para desmontar argumentos ‘negacionistas’ contra la litigación climática contra los estados

Hubo un tiempo en que a los negacionistas del cambio climático – aquellos que afirman que el cambio climático no es una realidad o que no es un fenómeno causado por el ser humano – se les llamaba simplemente escépticos. La diferencia entre un negacionista y un escéptico es que el negacionista niega lo que está científicamente probado y el escéptico promueve el examen detallado de afirmaciones que sean controvertidas. Los numerosos informes del Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC) muestran que el cambio climático antropogénico –esto es, el hecho de que el cambio climático haya sido causado por la actividad contaminante del ser humano– ha quedado sobradamente probado desde un punto de vista científico. No solo existen abrumadoras pruebas que demuestran esta realidad, sino también un amplio y sólido consenso científico.

Al no poder negar lo evidente, las estratagemas para eludir responsabilidades morales y políticas por el cambio climático se han ido afinando. Una de estas estrategias consiste en evadir responsabilidades por las emisiones contaminantes que podrían dar lugar a demandas judiciales contra ciertos estados o empresas con altos niveles de contaminación. Algunos de los casos judiciales pueden encontrarse aquí. La estrategia para rehuir estas responsabilidades consiste en afirmar la imposibilidad de conectar las emisiones contaminantes con fenómenos climáticos extremos concretos. O, dicho de otro modo, se argumenta que es imposible conectar las emisiones contaminantes (de este u otro agente) con un fenómeno extremo en este tiempo y lugar. Esto resulta problemático porque estos fenómenos extremos, como huracanes, lluvias torrenciales, sequías, olas de calor, etc., son los fenómenos derivados del cambio climático que más daño causan. Por tanto, si señalar una conexión entre estos daños y emisiones no fuese posible, sería difícil atribuir responsabilidades causales – y morales y políticas -- por los fenómenos climáticos más destructivos. Mi propósito aquí es abordar algunas de las afirmaciones que soportan esta estrategia a medio camino entre el escepticismo y el negacionismo. En particular, aquí trato de mostrar que, dados los avances de la ciencia de la atribución climática, dicha estrategia es cada vez más difícil de sostener cuando las demandas afectan a los estados.

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COP23: tres argumentos para insistir en las demandas de compensación

La negativa de los países más contaminantes del planeta y, en concreto, de los Estados Unidos, a aceptar cualquier tipo de compensación a los países más afectados por el cambio climático quedó reflejada en la decisión 1/CP.21 del Acuerdo de París, donde se excluyen especialmente las palabras “compensación” y “responsabilidad”. Es de esperar que en la 23º Conferencia de las Partes que se desarrolla estos días en la ciudad alemana de Bonn, presidida por el Primer Ministro de las Islas Fiji, los países más afectados por el cambio climático y, en especial, los estados de las islas del Pacífico, vuelvan a tratar de convencer a la comunidad internacional de la necesidad de incluir mecanismos de compensación y asunción de responsabilidades en los acuerdos climáticos.

En oposición a estas demandas, buena parte de la comunidad política y académica ha concluido que la manifiesta y absoluta falta de voluntad política para asumir las consecuencias de las responsabilidades históricas de los países más contaminantes debe ser tomada como punto de partida para cualquier propuesta en materia de justicia climática. La inviabilidad política de un marco compensatorio les lleva, por tanto, a no enfrentar esta premisa y a buscar otros mecanismos con los que lograr impulsar políticas climáticas en favor de los más vulnerables.

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¿Qué hay de moralmente pernicioso en el cambio climático?

Si los cada vez más firmes y numerosos informes científicos están en lo cierto, la humanidad está causando en la actualidad un giro drástico en el clima global. De no corregir urgentemente esta tendencia, los cambios que generamos nos llevarán a cumplir el anhelado sueño de vivir en otro planeta . La mala noticia es que este sueño se parecerá más a una pesadilla. En lugar de haber alcanzado un más allá donde todos los seres humanos pudieran vivir en condiciones ideales , habremos conseguido hacer de nuestro mundo ese otro planeta . La diferencia es que esto será a fuerza de que no todos podamos sobrevivir y que, los pocos que queden, lo hagan en condiciones lamentables .

La tendencia política, sin embargo, sigue siendo desoladora. Las posibilidades de frenar este desastre se ven de nuevo fuertemente mermadas con el anuncio de la destrucción de los compromisos adquiridos por los Estados Unidos para la reducción de emisiones contaminantes. Ahora que Donald Trump comienza a cumplir sus amenazas en materia de política climática, conviene no perder de vista lo que hay de moralmente pernicioso en seguir contribuyendo desenfrenadamente al cambio climático.

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