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Convirtiendo una crisis en éxito en Alemania

Merkel, pensativa en su escaño.

Kemal Dervis

Berlín —

Según una encuesta de opinión de principios de mes realizada por ARD DeutschlandTREND, el respaldo popular del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) hoy está en el 15%, más que hace un año, cuando rondaba el 5%. ¿Se puede revertir esta tendencia peligrosa?

El ascenso del AfD desde el verano pasado ha sido el resultado directo del incremento en la cantidad de refugiados –cerca de un millón en 2015– que entraron en Alemania. Después de todo, el partido ha hecho de la oposición a la admisión de refugiados la pieza central de su plataforma, que también incluye el antagonismo hacia la Unión Europea y un programa social muy conservador, al que se sumó un componente religioso abiertamente sectario en una convención del partido el 3 de mayo en Stuttgart.

Sin embargo, el amplio centro político de Alemania se mantiene en pie. Los democristianos de centro derecha y sus aliados todavía cuentan con el respaldo de aproximadamente el 33% del electorado, mientras que los socialdemócratas de centro izquierda tienen un apoyo del 20% y el Partido Verde, de alrededor del 13%. Incluso los demócratas libres lograron regresar con gran esfuerzo de los tiempos difíciles y ahora gozan de un respaldo cercano al 6%.

En resumen, las fuerzas políticas moderadas todavía cuentan con el respaldo de más del 70% de los alemanes –a diferencia de, por ejemplo, Austria, donde la extrema derecha obtuvo un 36% de los votos en la primera ronda de las elecciones presidenciales. Hasta el Partido de Izquierda de Alemania, que tiene un respaldo del 8% y no es definido tradicionalmente como moderado, tiene un ala “oriental” más moderada y un ala “occidental” más radical.

La fortaleza perdurable del centro político de Alemania quizá refleje el notable éxito económico del país, que se ha sostenido durante más de diez años, inclusive cuando la mayor parte de Europa enfrentaba desafíos difíciles. Este resultado se lo debe en parte al euro, que ha beneficiado las exportaciones y el crecimiento de Alemania mucho más de lo que cree la mayoría de sus ciudadanos. Si Alemania todavía tuviera o hubiera regresado al marco alemán, el empleo y el crecimiento se habrían visto obstaculizados por una moneda mucho más fuerte, sobre una base ponderada en función del comercio, tras la crisis económica global.

Más importante aún es el hecho de que Alemania se haya beneficiado de la extraordinaria cultura del consenso que desarrolló en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde los actores sociales y los partidos políticos demostraron una notable capacidad para alcanzar acuerdos. Una distribución territorial bastante amplia de la actividad económica, junto con organizaciones de la sociedad civil y gobiernos locales fuertes, ha contribuido aún más a una sensación generalizada de satisfacción –una sensación ausente en gran parte del mundo hoy.

Ahora, sin embargo, en tanto que la crisis de refugiados alimenta el populismo y la polarización política, los cimientos del éxito de Alemania parecen estar amenazados. Es más, su futuro podría evolucionar de dos maneras y el mundo tiene expectación sobre qué escenario va a prevalecer.

El primero es desalentador: Alemania no logra integrar a los refugiados ni social ni económicamente, aumenta el descontento político y los recién llegados se sienten cada vez más frustrados frente a su mala situación. Cualquier medida que tomen para descargar esa frustración envalentona a los populistas de derecha y puede derivar en violencia de ambas partes.

Si, en el peor de los casos, tuviera lugar un atentado terrorista –especialmente uno que pudiera, de alguna manera, asociarse con los refugiados–, la reacción nacionalista y populista sería poderosa y podría terminar debilitando el tejido mismo de la sociedad alemana. Los elementos anti-musulmanes de esa reacción se convertirían en carne de cañón para los extremistas religiosos de Oriente Medio al confirmar, aparentemente, su narrativa de un conflicto religioso y entre civilizaciones inevitable.

El segundo escenario convierte el desafío de los refugiados en otro éxito. La integración de los refugiados avanza de manera razonablemente rápida y Alemania retoma su sendero de la política moderada, la solidaridad social y el crecimiento económico. En el largo plazo, los refugiados podrían en verdad hacer un sólido aporte a la prosperidad alemana.  

Razones para el optimismo

A pesar del ascenso del AfD, existen muchas razones para conservar el optimismo. A fines del año pasado, miles de alemanes se congregaron en estaciones de tren y en las calles para darle la bienvenida a los primeros grupos de refugiados. A lo largo y ancho de gran parte del país, las comunidades locales se han movilizado para ofrecer vivienda, capacitación lingüística y orientación social a los refugiados, que nunca han experimentado algo parecido a una sociedad democrática adinerada. Decenas de miles de estudiantes adolescentes se desempeñan como “socios facilitadores” de sus compañeros de clase refugiados que no hablan alemán y que, en muchos casos, llegaron al país sin sus padres.

Que esta actitud perdure y traiga aparejada una integración exitosa dependerá tanto de los alemanes como de los refugiados. Los refugiados tendrán que aceptar el estado de derecho alemán, aunque en algunos casos les parezca carente de sentido. Tanto los recién llegados como los residentes alemanes necesitarán equilibrar el respeto por la diversidad en los estilos de vida y la asimilación de que, en una democracia secular, las mismas leyes se aplican a todos.

Esas leyes deben proteger el espacio religioso y cultural privado para todos, sin permitir que ese espacio se utilice como una excusa para invadir el derecho humano y democrático básico de cada individuo. La gran comunidad existente de inmigrantes puede ayudar a articular e implementar ese delicado equilibrio, por más imperfecto que pueda haber sido por momentos.

La integración exitosa de los refugiados también dependerá del crecimiento económico. En verdad, esto representa un argumento más para que Alemania utilice su espacio fiscal para aumentar la inversión e implementar políticas destinadas a mejorar el crecimiento.

Si bien el influjo demográfico podría convertirse en un importante beneficio neto para Alemania en el largo plazo, sigue siendo una carga en el corto plazo. Por ese motivo, todavía es necesario que los países europeos compartan parte de la carga, así como es preciso que se hagan esfuerzos para lograr una marcada desaceleración en el flujo de refugiados, defendiendo al mismo tiempo los derechos humanos de quienes huyen del conflicto y la muerte.

Si Alemania puede integrar a los refugiados, enviará un fuerte mensaje a los nihilistas y extremistas de todo el mundo. Mostraría que, con una economía fuerte, una sociedad civil activa y un estado de derecho secular, las diferencias religiosas, las tensiones culturales y los desafíos del mercado laboral se pueden superar. Este es un mensaje que el mundo de hoy necesita más que nunca.

Copyright: Project Syndicate, 2016Project Syndicate

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