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Pantallazos

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Televisión Española, es decir, ese canal público que pagamos con nuestros impuestos todos los españoles que pagamos impuestos (no, no es redundancia, es gusto por el matiz: evasión literaria), nos tiene acostumbrados a malversar esos fondos. Desde que el PP está en el Gobierno el pantallazo ideológico (que con el Rajoy de plasma alcanza su paroxismo) queda patente hasta el bochorno en unos informativos que pueden destinar varios minutos a contarnos que ha llovido en Algete mientras omiten de manera sistemática la reivindicación masiva en las calles de las distintas mareas ciudadanas.

Incluso, hace varios meses, los responsables de la televisión de todos los españoles se pasaron por el forro de la taleguilla el Código de Autorregulación de Contenidos Televisivos e Infancia, el Código de Autorregulación para la Defensa de los Derechos del Menor y la Ley General de la Comunicación Audiovisual para retransmitir las corridas de toros de la Feria de Valladolid. Los toros volvieron a TVE en horario de superprotección infantil, que exige que queden fuera de esa franja los “contenidos que presentan de forma realista y detallada actos violentos en los que hay presencia de violencia sobre víctimas reales, sean personas o animales", es decir, cometiendo una infracción administrativa grave, como denunciaron Alejandro Perales, presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación, y el Partido Animalista (PACMA). Pero los responsables, nada, pantallazo y olé.

El último pantallazo, ese panegírico de Juan de Carlos de Borbón titulado Audiencia abierta, les quedó regio, que diría Máxima de Holanda. Solo que, una vez más, no cuela. Las últimas encuestas del CIS certifican que la valoración de la Corona sigue cayendo como si del propio monarca, que no para de caerse, se tratara, pero los responsables de la televisión pública se apresuran a hacerle un publirreportaje en el que lo único que queda patente es que apenas se mantiene, literalmente, en pie. A eso lo llaman estar en “plena actividad”. Todo es relativo, claro. Se anuncia que el Rey está dispuesto a dar “un fuerte impulso a la Corona”, a retomar “su intensa agenda diplomática” y a “propiciar acuerdos entre las fuerzas políticas, sociales, económicas y ciudadanas” desde una “escrupulosa neutralidad”. También se hace hincapié (¡ups!) en que Su Majestad “explora” posibilidades para un acuerdo que permita reducir el desempleo”. Y, sobre todo, se deja clara su intención de cerrar “definitivamente” el debate sobre la abdicación y la continuidad de la Corona, para que “cuando llegue el momento, la sucesión sea solo un trámite”. Por si aún nos quedaba algún pelo que no pareciera una escarpia, concluyen: “Su ánimo demuestra ganas de seguir dando guerra”.

Vamos por partes, que diría aquél. Venda lo que venda la televisión que pagamos todos los que pagamos, el fuerte impulso a la Corona se lo está dando el suspenso clamoroso en las mencionadas encuestas: impulso hacia fuera, se entiende. Sin embargo, en el programita Audiencia abierta nadie dice nada al respecto. Debieran. Él mismo, el Rey, debiera. ¿Es que no tiene dignidad? Honorabilidad, si quieren, que es un término más palaciego. Pero nada. Como si el CIS no existiera. No obstante, la locutora menciona, de pasada, a las fuerzas sociales y ciudadanas. ¿Qué fuerzas? ¿Por qué no han aprovechado para que el Rey concretara, se interesara, se refiriera, se entrevistara incluso con los representantes de esas fuerzas? Nada. Humo. Pantallazo.

Por lo que respecta a la intensa agenda de Juan Carlos (la que nos deja ver la tele, claro; nos interesa la otra): consiste en abrazarse ante las cámaras con su homólogo jordano y después largarse al fútbol. No parece muy útil para reducir el desempleo, como no sea el de su yerno Urdangarín, que se pira a Qatar. ¿O será que, entre gol y gol, Su Majestad explora?. Tal intensidad viene ilustrada con unas imágenes muy oportunas del Rey visitando una fábrica y bajando con la Reina a una mina. Lástima que tales eventos fueran de hace más de treinta años. Pantallazo soberano.

En cuanto a la continuidad, debate real no ha habido, diga lo que diga TeleNO-DO, porque la jefatura del Estado, que Franco ordenó en herencia, no ha sido sometida a referéndum, así que eso de que queda cerrado definitivamente es una falacia y eso de que la sucesión llegue a ser un mero trámite, pura propaganda. Las principales actividades conocidas de Felipe de Borbón consisten en marcarse discursitos sobre “solidaridad” (¿con quién?) con una cara de agobio que realmente produce cierta angustia y después irse de fiesta a Amsterdam a celebrar el curioso destino de la mencionada mina Máxima, hija del Zorreguieta que participó en la dictadura militar argentina. Tronos y sables: nada nuevo. Pantallazo del tocado de Letizia, venga.

En fin, que si queremos enterarnos de cómo está la cosa, lo mejor es apagar (¡a pagar!) Televisión Española y encender a Ada Colau. Para pantallas, la suya.

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