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2018, el año de las mujeres políticas

Frente a la idea del castigo ejemplar y de cuidar de las mujeres para que los malos no les hagan daño, está la de la educación en igualdad: la de hacer algo también con los hombres

Las candidatas, las asesoras, las periodistas políticas, las electoras, las actrices de la política: ellas son las que deben llevar adelante el debate de las mujeres, las decisiones sobre las mujeres

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Una de las asistentes a la marcha de las mujeres / Olmo Calvo

OLMO CALVO

Ya se habla del duelo electoral entre Oprah Winfrey y Donald Trump en 2020. La mujer llamada a ser la nueva baza demócrata aprovechaba la entrega de los Globos de Oro, una retransmisión televisiva de carácter casi planetario, para lanzar sus líneas de acción política, focalizando su discurso en la reivindicación del papel de la mujer en la vida pública. Ella, una mujer negra, representando minorías y olvidados desde su posición de privilegiada. Ya van siendo unos cuantos los discursos virales de mujeres que aprovechan momentos de alta exposición en tribunas únicas para poner en la agenda temas silenciados de la agenda femenina: Madonna, Emma Watson, Oprah, Meryl Streep…

Este año será el año de las mujeres. Tiene que serlo porque la normalidad, el debate de los derechos y de las legitimidades lo necesita. En España visibilizamos a las mujeres víctimas, es imprescindible hacerlo, pero con ello estamos alimentando un debate tergiversado en el que lo importante parece ser si la mujer se defiende en una agresión sexual o no lo hace, si su vestimenta es la adecuada, si denuncia los malos tratos. A las mujeres les damos instrucciones, las cuidamos. Pero con lo hombres no se hace nada. Y a los hombres se les necesita en esta misión. En el Congreso se va a derogar la prisión permanente revisable, o sea, la cadena perpetua. Ahora ya, sin terrorismo, los delitos que se asocian a esta terrible pena son los de agresiones sexuales y asesinatos crueles, múltiples a personas indefensas, es decir, a mujeres. Frente a la idea del castigo ejemplar y de cuidar de las mujeres para que los malos no les hagan daño, está la de la educación en igualdad. La de hacer algo también con los hombres. Las duras penas no evitarán que los hombres se sigan creyendo dominadores y dueños de la situación.

La igualdad no está en la agenda de la política. Hace tiempo que la sacaron. En España hay pocas mujeres políticas, pocas mujeres directivas de medios de comunicación. Sin esa presencia, difícilmente nadie va a decidir tratar los problemas de las mujeres en los debates públicos. No se van a resolver cuidando de las mujeres o castigando a los malos hombres. Se resolverán si entendemos el problema, lo tratamos y lo consideramos. Los secretarios generales de los partidos son hombres, casi todos los candidatos son hombres. Y miren en las televisiones españolas, públicas y privadas: qué listas, qué jóvenes y qué guapas son las presentadoras y qué listos, qué mayores y qué indiferentemente poco agraciados son los presentadores. Y eso es así porque los que deciden son hombres. Y el resultado es que nuestros hijos leerán esto y reescribirán la historia de nuevo y la transmitirán así.

2018 debe ser el año de las mujeres políticas. Las candidatas, las asesoras, las periodistas políticas, las electoras, las actrices de la política. Ellas son las que deben llevar adelante el debate de las mujeres, las decisiones sobre las mujeres. Falta exhibición de su poder, que se desacomplejen, que compitan, que no duden. Las mujeres empoderan a mujeres, porque cuando son los hombres los que lo hacen, entonces la cuidan, las protegen. Y ocurre como en aquella campaña de Ciudadanos en la que se decía: “Las mujeres no pedimos permiso, pedimos paso”. De lo que se trata es de que pasen sin pedirlo, señores que decidisteis ese lema condescendiente y falsamente empoderador.

Con la victoria de Trump en Estados Unidos, se produjo una terrible involución en el debate de las mujeres y volvimos a la conversación sobre la discriminación, un debate que parecía superado. Unas primarias en el partido demócrata norteamericano entre dos mujeres negras, Michelle Obama y Oprah Winfrey, lo evitaría y nos haría saltar de pantalla hasta ese nivel del juego en el que las mujeres no necesitan ni cuidados, ni impulsos, ni paso, porque serán ellas quienes decidan.

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