Silicon Valley acapara el crédito para sus centros de datos de IA y ahoga a las empresas europeas
La burbuja de la inteligencia artificial toma cuerpo en los centros de datos. Unas instalaciones que brotan por todo el mundo para entrenar y operar algoritmos de IA y que, según las estimaciones más recientes, sumarían al menos unas 12.000 en todo el planeta. Sin embargo, la verdadera explosión se ha dado en los llamados centros de datos a hiperescala, infraestructuras masivas con miles de servidores y una capacidad de cómputo nunca antes vista. Solo los gigantes tecnológicos estadounidenses como Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle tienen la capacidad para construirlos y operarlos, pero mueven un capital tan enorme que su impacto ya está afectando incluso a la economía europea.
Estas cinco grandes multinacionales, conocidas en el sector como las hiperescaladoras, gastarán este 2026 unos 714.000 millones de euros y más un billón en 2027, según datos de Goldman Sachs. Ese billón de euros equivale a aproximadamente un 6,5% del PIB de la eurozona o al 3% del de EEUU.
Aunque salvo en el caso de Oracle, todas podrían financiar esos desembolsos con su flujo de caja, los gigantes tecnológicos están optando por emitir bonos para compartir parte del riesgo. En los primeros nueve meses del año, las tecnológicas han emitido 230.000 millones de dólares en bonos, el doble del volumen registrado durante todo el ejercicio anterior, según S&P Capital IQ. En el conjunto de la industria de la IA, la cifra total de deuda emitida roza los 500.000 millones de dólares.
“Están recurriendo a todos los rincones de los mercados financieros globales para financiar su expansión”, explica el Banco Central Europeo (BCE): “Y cada vez más, recurren al mercado de bonos corporativos de la zona euro para obtener parte de esa financiación”. El problema es que su requerimiento de capital es tan enorme que los créditos de las hiperescaladoras ya representan el 10% de toda la nueva deuda emitida por empresas no financieras de la eurozona, según los datos que maneja la institución.
Esto tiene consecuencias para las empresas europeas, que están enfrentando mayores costes o se ven obligadas a retrasar sus propias salidas al mercado de deuda para no competir con los gigantes estadounidenses. “Los inversores tienen balances y límites de cartera limitados. Pueden reducir sus posiciones en otros bonos para hacer hueco a las grandes operaciones de las empresas hiperescala. Esto podría generar un efecto de desplazamiento que aumente los costes incluso para los emisores de sectores no relacionados”, destacan los analistas del BCE.
En la práctica, esto implica que una compañía europea que quiera pedir dinero prestado para construir una fábrica o ampliar su negocio puede encontrarse con que los inversores tienen menos dinero disponible para prestarle, porque lo están destinando a los gigantes tecnológicos estadounidenses. Para convencerlos, podría tener que ofrecerles un interés más alto, encareciendo su financiación. O bien aplazar la emisión de sus bonos y, por tanto, su crecimiento, hasta que haya menos competencia.
La burbuja de la IA en la economía mundial
Este martes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó sus perspectivas sobre la economía mundial. Y lo hizo con un mensaje doble sobre la IA: las inversiones masivas en centros de datos son, ahora mismo, uno de los motores de la economía mundial; pero que lleva aparejado un riesgo de burbuja por la falta de mejoras notables de la productividad y que concentra sus beneficios en un puñado de países.
Una “reevaluación” de la rentabilidad y de la productividad asociadas a la IA “podría reducir drásticamente la inversión, provocar correcciones en los mercados bursátiles y endurecer las condiciones financieras, con repercusiones en las economías integradas en las cadenas de suministro tecnológicas y con tenencias de acciones tecnológicas”, advierte el FMI.
Es el tipo de brecha que aparece entre la economía estadounidense y la europea. En EEUU, la Reserva Federal calcula que las inversiones de sus hiperescaladoras y la revaloración bursátil de su sector tecnológico añaden entre medio punto y un punto porcentual a su PIB. En cambio, en la eurozona, el acaparamiento de crédito por parte de estas grandes tecnológicas para financiar su crecimiento no aporta un retorno equivalente.
Incluso en España, que está siendo una de las grandes receptoras de esa inversión, aún queda por ver hasta qué punto el desembarco se traduce en mejoras duraderas para la economía. Amazon y Microsoft se han comprometido a invertir unos 33.000 millones y 5.000 millones de euros respectivamente en grandes centros de datos. Esto, a su vez, ha espoleado movimientos de otros actores del mercado. La Fundación Basilio Paraíso estima que, cuando entren en operación, aportarán cerca de 1.150 millones anuales a la economía de la región. La cifra equivale a aproximadamente al 0,07% del PIB español.
La Fundación advierte, además, que aunque la construcción de centros de datos genera actividad y empleo, “el reto” será conseguir que su fase de operaciones garantice mejoras de productividad en el resto de empresas, y que estas se puedan ver beneficiadas de forma proporcional de esa inversión.
Amazon, por su parte, asegura que sus centros de datos en España aportarán 31.700 millones de euros al PIB nacional hasta 2035 y sostendrán el equivalente a 29.900 empleos a jornada completa de media anual en empresas locales, incluidos los indirectos. Más de la mitad de ese impacto económico se concentraría en Aragón.
Crecimiento con asterisco
Fuera de EEUU, las economías que más están creciendo al calor de los centros de datos de la IA no son las que los están recibiendo, sino las que producen los componentes necesarios para construirlos. Muy especialmente, Taiwán y Corea del Sur.
Los dos pequeños países asiáticos concentran la industria vital de los chips de la IA. En Taiwán se producen aproximadamente el 90% de los chips avanzados del mundo que se usan para entrenar y operar esta tecnología. Lo hace a través de TSMC, su gran multinacional ultraespecializada en fabricar chips para terceros. Un negocio que nutre de chips a empresas clave como Nvidia y Apple, y que está haciendo que TSMC bata récords de beneficios trimestre tras trimestre.
Corea del Sur produce, por su parte, buena parte de los componentes alternativos de los servidores, como los chips de memoria. Su gigante Samsung ha multiplicado su valor bursátil un 121% en un solo año, mientras que otras multinacionales como SK Hynix también están disparando sus resultados gracias a la demanda de estos dispositivos.
Es una tendencia de cuellos de botella de la que Europa solo logra beneficiarse a través de ASML, la compañía neerlandesa que produce las máquinas que fabrican chips que necesitan TSMC o Samsung. ASML ha publicado sus resultados esta semana, comunicando unas ventas netas de 11.700 millones de euros, un 55% más interanual, y un beneficio neto de 4.960 millones. Sin embargo, la empresa también ha reconocido que no podrá cumplir con la demanda durante 2027 y 2028, y que ya está negociando entregas para 2030.
Son cuatro años de espera para conseguir una de estas máquinas que ejemplifican cómo la economía de la IA se apoya en un puñado de pilares clave que están llegando a su capacidad máxima. Y que dada su altísima complejidad tecnológica, no son sencillos ni baratos de ampliar: ASML está ampliando sus instalaciones, pero las primeras fases no entrarán en funcionamiento hasta, al menos, 2029.
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