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Dos hermanos

Lengua y Literatura

Hoy: Lengua (modalidad fraternidad y comercio)

Dos hermanos. moisés ramses

Hoy L&L habla con Diego y Daniel Moreno (Madrid, 1976 y 1980), hermanos y editores. Los dos estudiaron Sociología en la Universidad Complutense y su madre, que no tiene otros hijos, quería que hicieran unas oposiciones; tal vez lo quiere aún. El mayor fue librero de segunda mano, trabajó en la librería Crisol, fundó una editorial (Josef K.) que duró cuatro títulos y, después de pasar un año y medio en una aldea aragonesa trabajando en un proyecto raro sobre una imprenta digital, creó en 2006 Nórdica Libros: su primer título fue Betsabé, de Torgny Lindgren, una historia bíblica. El menor trabajó en la librería Marcial Pons y, después de un intento fallido de hacerse con la Editorial Complutense, cogió tal berrinche, dice, que fundó su propio sello, Capitán Swing: con ese nombre –que no procede de un cómic– firmaban los granjeros ingleses las cartas intimidatorias a los introductores de la trilladora allá por 1830. Su primer título, en 2009, fue Florencia insurgente, de Maquiavelo. Los dos tienen novia, con la que viven. Daniel, cuando se ríe por escrito, dice “jsjsjsjsjsjsjs”. Diego dice “je, je” y cosas como “Acabo de regresar de la tournée de Logroño”.

L&L: Perdisteis a vuestro padre cuando aún estabais en la universidad. ¿Cambió eso vuestra relación como hermanos? ¿Alguno de vosotros sintió la necesidad de ejercer de cabeza de familia? ¿O vuestra madre no os dejó?
Diego M.:
Vaya pregunta… La muerte de mi padre fue un shock, fue repentina, y quien siguió ejerciendo de cabeza de familia fue mi madre, sin duda. Dani era más joven y, como yo siempre he sido muy responsable, mi madre se apoyaba en mí y protegió más a Daniel. Mi padre tenía una empresa pequeña de pintura industrial, y mi abuelo, que había fundado la empresa, esperaba que nosotros siguiéramos con ella. Fue una buena decisión decirle que no, pues nos habría pasado como a mi padre: que habríamos dedicado nuestra vida a algo que no nos satisfacía especialmente. En cuanto a la relación con mi hermano, no cambió mucho. Siempre nos hemos llevado bien y creo que la muerte de nuestro padre no afectó a nuestra relación (aunque sí veo que tenemos terrores comunes, tal vez debidos a esa muerte prematura), ¿no te parece, Dani?
Daniel M.:
Creo que nuestra relación siguió siendo igual… Distante y cercana al mismo tiempo… rara de explicar con palabras en todo caso. La relación de nuestros padres era un tanto especial antes de que mi padre muriera y ello hacía que mi hermano, desde mucho antes de que eso ocurriera, ya ejerciera no de padre pero sí de hijo muy responsable. Una responsabilidad propiciada por un lado por la separación de nuestros padres cuando nosotros éramos todavía muy pequeños, y que se vio un tanto acrecentada cuando mi padre murió. De todas maneras mi madre siempre hizo de padre, madre y Espíritu Santo y no hubo que superponer muchos papeles ya que ella se los adjudicaba todos. ¡Una gran MUJER!

L&L: ¿Cuáles son vuestras diferencias de carácter?
Diego M.:
Seguramente tenemos más rasgos en común, en cuanto a carácter se refiere, de los que nos creemos. Sin pretender hacer un análisis muy profundo, yo creo que soy más serio (en el sentido de que soy más aburrido) y responsable (a veces en exceso).
Daniel M.:
Creo que nuestras diferencias son grandes: mi hermano es una persona bastante racional y comedida para gran cantidad de cosas y yo más impaciente e impulsivo. Mi hermano siempre dio la sensación de tener un carácter y una personalidad fuerte y marcada y la mía me parece que se ha ido moldeando más lentamente… Mi hermano, como ya he dicho, se hizo mayor antes. Yo he sido bastante más golfo y macarra que él, que fue bastante hermanita de la caridad siempre. Por lo demás, ambos tenemos otras dimensiones de la personalidad que compartimos, seguramente por herencia familiar: somos personas bastante generosas, poco tendentes al enfado y la antipatía y sobre todo muy entregadas. Seguramente el rasgo más inconsciente que nos une desde siempre es que ambos hemos sido un poco disléxicos, jsjsjsjs.

L&L: Nature or nurture? ¿Creéis en la herencia o en el ambiente? ¿Habéis oído hablar de esos hermanos gemelos separados al nacer, criados en distintas familias, y que luego se encontraron a los 37 años y vieron que fumaban la misma marca de tabaco, iban de vacaciones a los mismos sitios y tenían los dos un perro llamado Troy?
Diego M.:
Me cuesta creer que la herencia biológica marque nuestra vida, aunque físicamente sí puede ser determinante. Yo defiendo claramente que ha sido el ambiente, la educación, lo que hemos visto en casa, lo que nos ha hecho compartir muchas cosas que ahora compartimos, y que hace años parecían imposibles: el gusto por los libros, el cine, la gastronomía, y, sobre todo, las posiciones políticas, aunque seguro que Dani dirá que en esto último no coincidimos tanto, je, je.
Daniel M.:
Para algunas cosas la herencia y para otras el ambiente; aunque estoy seguro de que si nos hubieran separado al nacer nunca habríamos reconocido que éramos hermanos. Tenemos en común muchas cosas que hemos mamado en la familia… gustos, situaciones cómicas, actitudes formales y materiales ante la vida, etc., pero luego la vida en sociedad de cada uno ha sido un mundo totalmente distinto. Se puede decir que la herencia nos une y el ambiente nos separa de alguna manera. En nuestra pequeña familia hay una manera muy clara de medir el rollo de la herencia. Hay dos planos, el materno y el paterno, y cada uno de ellos condiciona que cada uno tenga que ser de una manera, al igual que en las hormigas o que en el horóscopo (algo a lo que recurre nuestra madre de cuando en cuando y que le parece algo así como la ley de la relatividad especial o la evolución de las especies). Es decir, mi hermano ha salido a la familia de mi padre: gente con un humor más fino e irónico, serios y recios, gente responsable y decente. Y yo a la de mi madre (andaluces de Jaén), altivos, golferas, simpáticos y bastante vagos y perezosos.

L&L: Aparte de estudios genéticos, los hermanos han dado pie a muchos melodramas, empezando por Caín y Abel. Cuando no es la historia catastrófica de los celos, del bueno y el malo, suele ser la de una espesa dependencia. ¿Os veis protagonizando alguna de estas historias? ¿O dais más para una comedia de lealtad y buenos sentimientos?
Diego M.:
Uf, y además somos competencia… Mal rollo. Yo creo que, como nunca hemos sido de esos hermanos inseparables, es posible que tengamos más claras las cosas que nos unen. En muchas familias hemos visto hostias entre hermanos, y siempre nos decimos que esperamos que no nos toque a nosotros. Como en tantas otras cosas todo lo jode el dinero…

Dos hermanos. roco

L&L: El patrimonio, sí… ¡Gran tema! En cuanto aparece una herencia, algunos hermanos se sacan los ojos, por miles de millones o por una chabola en un descampado, da igual. Antonia S. Byatt y Margaret Drabble no se hablan por un juego de té.
Daniel M.:
Nuestra historia de hermandad da para poca literatura, sea escrita o en imagen. En todo caso, más allá de rivalidades atávicas por una mujer o un trono, mucho menos por el destierro divino, podríamos encajar en Rocco y sus hermanos. Evidentemente Rocco sería Diego, no por el tamaño de su miembro sino por su lealtad familiar y responsabilidad social corporativa, y yo, su hermano que no deja de liarla. Luchar de maneras distintas por adaptarse a una sociedad impersonal es algo que nos pega. Veo bastante a mi hermano en el papel de alguien que renuncia, en este caso a una mujer, por mantener el orden establecido, para que luego, igualmente, todo salte por los aires.

L&L: ¿Cuál es vuestra historia de hermanos favorita? La mía, Los diez mandamientos.
Diego M.:
Recurriendo a mi catálogo, y así hacemos promoción, je, je, Los hermanos corsos, de Alexandre Dumas. Dos hermanos que estaban unidos por el costado al nacer y que, aunque fueron separados y estuvieron años sin encontrarse, vivían y sentían el dolor del otro como propio.
Daniel M.:
Creo que nuestra historia de hermanos es ese poema de Cortázar que cantaba Pablo Milanés, y que yo cantaba mucho y siempre mirándole a él, como echándole en cara que fuera un hermano tan coñazo y a la vez que siempre estuviera ahí para lo que hiciera falta.
"Yo tuve un hermano. / No nos vimos nunca pero no importaba. / Yo tuve un hermano / que iba por los montes / mientras yo dormía", etc.

L&L: Ya como editores, tenéis cada uno un catálogo bien diferenciado. Diego empezó con el mundo nórdico, que realmente fue distintivo, siguió con literatura de otras latitudes y ahora es además el príncipe de los clásicos ilustrados y de las aplicaciones para Ipad. Daniel, aunque ha publicado bastantes obras de ficción, parece haberse especializado –o al menos ser mayoritariamente reconocido por ello– en un género de ensayo político “radical” que Cristina Cifuentes debe de considerar que fomenta “cierto tipo de delincuencia”.
Diego M.:
Curiosamente los dos tenemos la misma formación académica. En aquellos años en la facultad de Sociología mis lecturas eran básicamente de no ficción. Disfrutaba muchísimo con títulos como los que publica ahora Capitán Swing. Pero llegó un momento en que empecé a leer literatura (todo empezó con Hambre, de Knut Hamsun, que tanto he recomendado) y descubrí que la narrativa trata los mismos temas que el mejor ensayo, pero de una manera mucho más atractiva y, por supuesto, hermosa. Dani, sin embargo, siguió fascinado con aquellas lecturas… que en estos tiempos son muy necesarias.
Daniel M.:
Evidentemente tenemos dos líneas diferenciadas pero eso no significa que no compartamos cosas que cada uno hace. Hemos estudiado la misma carrera, y los dos nos decantamos por un tipo de ciencia social crítica. Además cada uno en su momento ha militado políticamente, con lo cual también nos une cierta mirada sobre la realidad. Aunque sean dos líneas diferenciadas, creo que tenemos muchísimo en común a la hora de elegir las narraciones que nos interesan.

L&L: ¿Qué libro os gusta más a cada uno del catálogo del otro? ¿Querríais haber publicado alguno de ellos en vuestro propio catálogo?
Diego M.:
El catálogo de Capitán Swing está lleno de joyas. Me gustan especialmente dos títulos de dos autores norteamericanos: La jungla, de Upton Sinclair, y El financiero, de Theodore Dreiser. Me encantaría tener los dos en mi catálogo. Dani y yo hablamos con frecuencia de los libros que vamos a publicar y compartimos sugerencias. Hasta es posible que en unos meses os encontréis con una coedición (y hasta aquí puedo leer…).
Daniel M.:
Hay algunos libros que encajarían en mi catálogo perfectamente, seguramente los de Sinclair Lewis. Pero no son ésos los que más me gustan. Me gustó mucho en su momento La maravillosa historia de Peter Schlemhil. Luego los primeros libros que publicó, Michael Kohlhaas de Kleist o Un héroe de nuestro tiempo de Lérmontov, me parecen libros cojonudos.
L&L: Libros, Daniel, previamente publicados todos ellos por otras editoriales y en ediciones vivas en ese momento. ¿Tu hermano te los descubrió?
Daniel M.:
Hombre no entendí la cuestión como si se tratara de un nuevo descubrimiento en la literatura, pero yo sí que los descubrí por él, así que tanto monta… Los editores de ahora tenemos que hacer mucha labor de arqueología, ya que hay gran cantidad de obras buenísimas que se publicaron en un momento y casi nadie las conoce. Soy un gran defensor de rescatar libros… Mejor eso que sacar mierda por muy reciente que sea…

L&L: ¿Qué piensas, Diego, de que tu hermano publicara uno de esos libros de artículos sobre series de televisión, sobre Mad Men en concreto, que es una serie que sé que a ti, como a mí, no te gusta nada? ¿Y tú, Daniel, de que él publicara una edición con dibujitos de El manifiesto comunista?
Diego M.:
Tanto como que no me guste nada Mad Men...
L&L: A mí nada de nada.
Diego M.:
Es cierto que nunca he entendido el enorme éxito de esa serie (que es muy buena, sin duda), pero yo animé a Dani a que publicase ese libro, pues creía que era importante, no tanto para su catálogo como para llegar a un público más amplio. Además, ese libro estudia una serie que es un fenómeno social y tiene mucho que ver con la sociología, así que no era nada disparatado.
Daniel M.:
Comercialmente me parece un gran acierto haber sacado El manifiesto en un momento convulso en el que la prensa se podía hacer eco del rescate del gran clásico de la narrativa emancipatoria. Además, creo que mi hermano no tiene una línea editorial definida en lo político (aunque sea ficción lo que saque), por lo que no ha de pagar ningún peaje por publicar algo extraño en su catálogo. La imagen de marca (por desgracia) está por encima de los contenidos, con lo que publicar Blancanieves y El manifiesto se miden por el mismo rasero… Personalmente no soy muy partidario de ilustrar cosas que no se concibieron para tal propósito, por muy plásticas que sean… pero creo que la edición de mi hermano no resta atractivo al texto, y puede contribuir (cosa necesaria) a que alguna gente que compra el libro para regalar o adornar su estantería se asome a él por primera vez y vea aparecerse ese fantasma que todavía recorre Europa…

L&L: Diego es uno de esos editores encantalibreros que se recorre, cual cómico de la legua, los pueblos de España haciendo presentaciones y actos. Daniel parece menos itinerante, más estoico. Aunque ninguno de lo dos tiene pinta de ser un editor sentimental, de esos que ahora tanto abundan y que escriben prólogos diciendo cuánto han llorado al editar un libro. ¿Tenéis una idea distinta de lo que es y lo que debe hacer un editor?
Diego M.:
Yo intento huir de la imagen romántica del editor. Durante una temporada (cuando estaba en el máster de edición de Santillana) leí muchos libros del estilo de los que escribía Mario Muchnik. Es cierto que esa vida, rodeada de escritores y bebiendo Lagavulin, literariamente es muy atractiva, pero no se parece mucho a la vida de un editor, al menos no en una pequeña editorial. Yo me reivindico como un artesano del libro. Me gusta maquetarlos y diseñarlos, no perder el control sobre ningún proceso. Y es cierto que no paro de viajar para visitar librerías. Hay gente que dice que soy un pelota con los libreros, pero yo he descubierto que recorrer la librerías y hablar con ellos (e incluso con los distribuidores, más peloteo) le da sentido a este trabajo. Hacer libros pensando que son cojonudos, enviarlos al distribuidor y olvidarte no va conmigo. Lo que realmente soy es un currante. También me gustan las fiestas, que conste, sobre todo la de Contexto en cada Feria del Libro de Madrid.
L&L: Y dale con la autopromoción…
Daniel M.:
El prototipo de nuevo editor independiente es algo que más o menos mi hermano y su troupe han inventado, con lo que todos vamos un poco a la zaga de ellos, no porque creamos que es lo que se debe hacer sino porque es algo que ellos han medio instituido; además, el que no lo hace parece que no está siguiendo el manual del buen editor independiente. Yo la verdad es que no estoy muy de acuerdo con algunas de las cosas del manual. No creo que un editor de “hazlo todo” o self-made man sea lo mas adecuado empresarialmente, aunque parece que sí que puede rentar, aunque sea simbólicamente, ir por ahí con ojeras todo el día; seguimos en el paradigma del “esfuerzo” mal entendido. Hay gente a la que se le dan muy bien las relaciones públicas, otros tienen más olfato en sus lecturas o son más leídos, otros saben mucho de cuentas o de marketing... En una editorial hay muchos palos que tocar y parece que, si no eres un editor que los toca todos como el batería de los Who, algo estás haciendo MAL. Una cosa es hacer de la necesidad virtud, cosa que hicieron los Contexto (y es de alabar), y otra es lo contrario y hacer de tripas corazón. Tener una editorial en la que cada miembro del equipo se concentre en la capacidad más acorde a su potencial sería lo suyo, más que que haya siempre un editor para todo, para presentar una novela, ir a la radio, visitar librerías, ver prensa, maquetar, diseñar, etc. Parece que el editor escribe los libros, ¡COÑO! Ése es un modelo al que todos estamos abocados porque nuestros modelos empresariales no nos permiten asumirlo económicamente de otra manera. Ahora, de eso a que sea el modelo a seguir va un mundo.

L&L: ¿Alguna reflexión, frívola o sesuda, sobre el panorama de la edición en España? ¿En especial sobre los “pequeños editores”?
Diego M.:
Los pequeños editores somos la hostia, je, je. Modestamente, creo que hemos cambiado el panorama y la manera de editar. No creo que publiquemos mejores libros, pero sí editamos mejor y prestamos más atención a todo el proceso. Y, además, nos llevamos bien… Escribo esto sinceramente, no sé si estaré en la luna. Además, creo que tenemos mucho futuro. Las concentraciones de los grandes grupos dejan mucho terreno para la diversidad, pero necesitamos que los lectores sigan visitando las librerías.
Daniel M.:
Pues somos muchos editores y mal avenidos, en el sentido de que, aunque no hay grandes antipatías o piques, sí hay un gran vacío a la hora de establecer sinergias que no pasen de lo puramente coyuntural. Creo que lo único que puede salvar a los pequeños de la ruina, la nula visibilidad, o de la vida en la escasez permanente es que se unan al menos en lo más básico, es decir, en establecer relaciones de diversa índole tanto en España como en América Latina. En nuestro país no hay mercados paralelos al gran mercado, y los pequeños nichos son compartidos por muchos. El consumidor de mi editorial o de otras pequeñas es el mismo de Tusquets o Anagrama. El oficio de la edición de libros se puede hacer de manera más artesanal pero no deja de implicar un tipo de lógicas muy parecidas a las de una editorial de mayor rango estructural. Así que no queda otra que la cooperación si lo que queremos es mantener nuestro tejido editorial. No digo que debamos convertirnos en un grupo grande de pequeñas pero sí saber juntarnos para defender nuestros intereses comunes. Por supuesto, tampoco me refiero a un tipo de unión más de cara a la galería, o golpe de imagen, a lo Contexto, ni a montar un chiringuito de másteres en edición con poca fiabilidad profesional, cosas que nada tienen que ver con la edición de libros, sino a algo más de tipo cooperativo en cuestiones más profesionales, como compartir imprenta, montar puestos conjuntos en las ferias internacionales del libro y otras muchas buenas ideas que andan circulando en boca de algunos de nosotros pero que nunca terminan de materializarse. Hasta que los editores no dejemos de vernos como competencia y algunos aparquen su ego de editor-autor en casa vamos por mal camino.

L&L: No dudo, Diego Moreno, de que seas la hostia, je, je, pero habrá que volver a decirlo. En un L&L anterior aludía a la inflación de “pequeños editores” y tú sabes tan bien como yo (porque a ti te están copiando) que algunos de los libros más feos, rancios, cursis y peor editados (bueno, directamente sin editor) que hoy se pueden encontrar en las librerías son responsabilidad suya, y que nada tienen que envidiar en eso a los modos de algunas grandes editoriales. La consigna artesanal de “editamos mejor” –que en la edición española se remonta al menos a los primeros libros de Siruela de los años 80, con un toque de erudición extravagante, además, que ahora falta– no parece que les preocupe a todos; en algunos impera más bien la de “copiemos como podamos” y “a ver qué hacemos para sacar dinero, salir en los papeles y poder decir que somos editores”. Y, como dice Daniel, algunos de esos editores que no son editores dan hasta másteres de edición…
Diego M.:
Completamente de acuerdo, Luis. No podemos generalizar, ya que ni todos los grandes grupos trabajan igual ni todas las pequeñas editoriales aportan algo. Lo que pretendía señalar con esa frase tan vehemente es que un grupo amplio de pequeñas editoriales han cambiado el panorama, han sido un soplo de aire fresco y, en algunos aspectos, han contribuido a mejorar el panorama editorial. Por ejemplo, el diseño de los libros, la importancia del libro como objeto y el respeto a los traductores (es una queja generalizada de ese colectivo las tarifas ridículas que pagan algunas importantes corporaciones) son algunas de las características que observo, en términos generales, en muchas pequeñas editoriales, y, por supuesto, en las medianas que nos han precedido (y que han guiado y guían nuestro trabajo).
Daniel M.:
Lo importante es que cada uno haga lo que mejor sepa hacer, de manera lo más profesional que pueda, con las herramientas y recursos de que disponga; hemos de saber que somos unos mindundis en esto, que acabamos de empezar, y hay que ser honesto, que no somos Anagrama o Alba, ¡más quisiéramos! Todos somos un poco intrusos y un poco copiotas, pero hay que llevarlo con elegancia y discreción. Los que no lo hagan estarán abocados a que folloneros-justicieros como Magrinyà los destapen. Enterrar la etiqueta de editores “independientes” como símbolo de hacer mejor el trabajo, como si fuéramos la élite de yo qué sé, es el mejor inicio, que ¡ya sois todos muy MAYORES, joé!
L&L: Jsjsjsjsjsjs.

Dos hermanos. Daniel y Diego  Moreno




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