Una universidad cooperativa para formar ciudadanos

Estudiantes en el campus de Florida, en Catarroja (Valencia). / FLORIDA

Algunas universidades ganan renombre porque enseñan como nadie a competir.

Luego hay otras que, además, enseñan también a cooperar, no solo por una cuestión de solidaridad, sino porque al final la cooperación resulta útil tanto en la vida como en los negocios.

Florida Universitària, en Valencia, es una de las más importantes de estas últimas en España, y no le ha ido nada mal: está en plena celebración del 20º aniversario —el día 10 de julio, el ex ministro Ángel Gabilondo participó en uno de los actos de celebración— y está integrada en un grupo cooperativo —Florida Grup Educatiu Cooperatiu— que forma a 4.900 alumnos todos los años con una plantilla de 400 personas —la mitad, socios de trabajo asociado— y que, además, desde 2009 ha aumentado en el 50% el número de trabajadores pese al tsunami financiero, con la apertura de 15 escuelas infantiles.

“El ingrediente cooperativo está siempre integrado en nuestro método”, subraya Empar Martínez Bonafé, directora general de Florida.

Florida nació como una de las patas troncales del grupo cooperativo valenciano que en la Transición se propuso replicar el modelo vasco de Mondragón. La experiencia ha sido un gran éxito en todos los frentes: el financiero —Caixa Popular es un ejemplo de banca responsable y rentable—, el de consumo —los supermercados Consum cuentan con casi 11.000 trabajadores (el 95%, cooperativistas) y dos millones de socios de consumo— y el de la formación, con Florida.

Al inicio, en 1977, Florida se centró sobre todo en la enseñanza secundaria y la Formación Profesional para poder dar capacitación a la economía social, pero también al tejido empresarial unido al territorio. “Desde siempre, nuestra oferta educativa quiso aproximarse al entorno y evolucionar junto a él, sin ninguna pretensión de crear un mundo aislado”, insiste Martínez Bonafé en su despacho del campus, en Catarroja, en el área metropolitana de Valencia.

A partir de estas premisas, la lógica llevaba a ir ampliando las áreas de formación, y hoy el grupo ya ofrece “un proyecto único de formación a lo largo de toda la vida”, desde la educación infantil hasta los masters y la formación continua, con el objetivo de incorporar el espíritu emprendedor con valores de manera consustancial a todas las áreas de aprendizaje. La directora general pone un ejemplo gráfico de esta filosofía emprendedora con valores: “Si fabricas camas, no puedes perder de vista que el objetivo primordial es ayudar a que la gente descanse. Pero al mismo tiempo tienes que poder ganar dinero para seguir fabricando camas y ganarte la vida”.

Esta conjunción entre otra forma de abordar la economía y la rentabilidad —de la que la propia Florida es un ejemplo en sí misma, con una facturación anual por encima de los 10 millones de euros— se da cada vez con más frecuencia en el mundo de la economía social. La evolución, señala Martínez Bonafé, es muy positiva: “Antes tenías que hacer un gran esfuerzo para explicar que si creabas una cooperativa no era porque no servías para los negocios. Ahora ya no: hay una economía social muy potente mostrando que se pueden hacer las cosas de forma distinta con gran profesionalidad, y ayudando al mismo tiempo a avanzar hacia un nuevo modelo económico que prime el bien común”.

Las especializaciones de Florida Universitària —por la vía de grados o masters oficiales— son ahora mismo cinco: Turismo, Empresa y Finanzas, Educación, Ingeniería y Tecnologías de la Información. Cada curso cuesta por lo general alrededor de 5.000 euros, aunque existe una potente política de becas de la propia entidad, y están adscritos a las dos universidades públicas de la provincia: la Universidad Politécnica y la Universidad de Valencia.

Cuando desde el Gobierno se impulsa la colaboración pública-privada, raramente se piensa en un caso como el de Florida. Pero es también un buen ejemplo de todo el potencial de este tipo de fórmulas fuera de los canales convencionales de las empresas mercantiles, donde tienen prioridad el capital y la maximización del beneficio. Las cooperativas son también entidades privadas, y si los grados que Florida ofrece están adscritos a universidades públicas, estamos también ante un caso de cooperación pública-privada, fórmula anatematizada a menudo por corrientes de izquierda esencialista.

“La educación es la gran herramienta de transformación, tanto social como personal”, concluye la directora general de Florida. Y en el frontispicio del modelo, una frase del filósofo Bertrand Russell: “La educación tiene dos fines: por un lado, formar la inteligencia, del otro, preparar al ciudadano”.

[Este artículo pertenece a la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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Este blog corresponde a Alternativas Económicas, una publicación mensual que te explica la información económica desde un punto de vista social.

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19 de septiembre de 2014 - 20:33 h

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