“Lucharemos por la verdad y para que no haya otro tren”: Huelva rinde homenaje a las víctimas de Adamuz
Apenas 11 días después del accidente ferroviario de Adamuz, Huelva rindió homenaje a quienes perdieron la vida en una misa funeral en la que la contención impregnó el encuentro. En la tarde invernal, los familiares y allegados se reunieron para ofrecer una última despedida a las 45 personas fallecidas, de las que 28 eran de la provincia onubense. “Lucharemos por saber la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad”, declaró Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre, una de las fallecidas en la tragedia.
En unas palabras recitadas desde el púlpito ensamblado en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva, Sáenz, junto a su hermano Fidel, dio las gracias a todas aquellas personas que han mostrado su apoyo y generosidad en momentos tan difíciles, al igual que a los servicios de emergencia que auxiliaron en apenas 13 minutos a las casi 500 personas que se encontraban en los trenes de Iryo y Alvia. “Gracias por este funeral, el único que cabía en esta despedida, la única presidencia que queríamos a nuestro lado era la de Dios”, reivindicó, a lo que añadió seguidamente como una crítica “la lentitud de la información, pues es mejor saber que imaginar”. Con la voz rota, se despidió de quienes “eran la alegría de nuestros despertares y los refugios de nuestras penas” con la ovación de 5.000 asistentes.
Al acto de este miércoles asistieron los reyes Felipe VI y Letizia, recibidos por salvas, así como el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en compañía del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. En nombre del Gobierno central, acudieron la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, y el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, quienes evitaron la entrada principal y la habilitada para la prensa para no encontrarse con quienes esperaban tras las vallas en la calle.
“Actuar con justicia”
Poco a poco, sin apenas ruido, tan solo con el murmullo de las pisadas y las conversaciones bajas, ocuparon su lugar los asistentes bajo la atenta mirada de las fuerzas de seguridad y las lentes de las cámaras que cubrían cada rincón. A las cinco y media, las puertas del recinto se cerraron a cal y canto. Ante la plana, la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, abría la sala rodeada rosas y dando comienzo a la misa funeral a la entrada de sus majestades, a cargo del obispo Santiago Gómez, en compañía de Luis Javier Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, y José Vilaplana, obispo emérito de la provincia.
El centro, con capacidad para 5.000 personas, tenía tan solo algunas sillas vacías mientras la pista del Palacio de Deportes, donde había espacio para 500 asistentes, quedaba bajo la lluvia. El dispositivo especial de transporte articulado por el Ayuntamiento de Huelva y la Diputación con el fin de facilitar el acceso a las inmediaciones de la ceremonia fue una llamada a la que acudieron familiares, allegados, vecinos, cualquier persona que se sintiera interpelada por el accidente que aconteció el 18 de enero. En el púlpito, monseñor dirigía sus palabras a los feligreses y, entre ellas, resonó “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”. Una plegaria de auxilio en la que se reconoce la desesperación de las desgracias sobrevenidas.
“El sufrimiento de estas familias no va a terminar cuando se apaguen los focos o se acallen las noticias de este luctuoso suceso”, retomó el obispo, “acompañarlos en su duelo y reparar las consecuencias del daño que han recibido será una tarea larga y exigente para todos”, para lo que pidió “esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia”.
El miedo en el cuerpo
La nave central de la catedral moderna se tiñó de rojo y, en las gradas más próximas, se sentaron Rosa y Santos, una pareja que, sin conocer a los afectados, sentía que era su deber estar en el oficio eclesiástico. Podrían haber sido ellos, podrían haber sido sus hijos, y la vulnerabilidad los une. “Acompañamos y, aunque no seamos los familiares, estamos muy cerca, porque ha sido un impacto muy grande”, relataron los onubenses a este medio. Cada año viajan a Zafra y, por primera vez, tienen el temor en el cuerpo. Lo habían escuchado, que el tren de cercanías que suelen coger tiembla y, por los vecinos, saben que ha descarrilado alguna vez, “pero al ir a una velocidad más moderada no se producen estos daños, así que, deberían reducir la velocidad cuando dos coinciden en el mismo tramo, ¿no?”, reflexionan.
Cerca están Cintia y Ana, dos amigas que se han visto directamente afectadas. Una de ellas conocía a una de las víctimas del accidente. Ana todavía permanece estupefacta: una semana antes había cogido el mismo tren, el mismo trayecto, pero solo la separaron siete días de diferencia. “Vi el domingo por la noche lo que pasaba y... Mi hija me llamó y me dijo, mamá, que fue el que cogiste tú”, rememoró. Aprieta los labios a medida que se van soltando las palabras, pero quiere mantener la serenidad. “La gente está tranquila, la gente no quiere más disgustos”, apostilló su acompañante, “y cuando veo un debate político quito la televisión, porque yo me pongo de los nervios: siempre es lo mismo”.
Disputa política
En un contexto político caldeado, el cruce de acusaciones de un bando político y otro ha subido varios decibelios a medida que han pasado las jornadas y el recato ante el impacto inicial se ha disuelto. Entre el enfoque nacional y autonómico, el presidente del PP andaluz Juanma Moreno optó por la gestión discreta de una de las peores catástrofes que se ha dado en Andalucía. Una vez superada la crisis de los cribados, el accidente de Córdoba ha servido para marcar distancias con la dirección de Feijóo, quien ha optado por la ofensiva directa con el anuncio de una comisión de investigación en el Senado para conocer el estado de la red ferroviaria. Sin oportunidad para mediar palabra, los dirigentes entraron juntos al recinto juntos.
En la primera fila de las autoridades, estaban sentados al lado de los ministros del Gobierno de Pedro Sánchez, uno de los grandes ausentes de la jornada junto al ministro de Transportes, Óscar Puente, quien permaneció en Madrid por la comisión bronca del Senado. Con la vista puesta en el horizonte, ninguno intercambió palabras entre sí y solo se apretaron las manos al darse la paz durante la eucaristía. El silencio lo llenó el Requiem de Mozart, tocado por la Orquesta y el Coro de la Catedral de Huelva. Así, la ceremonia de Adamuz quedó lejos de las escenas que provocaron los actos en memoria de las víctimas por la dana en Valencia.
Esta fue la despedida de la provincia onubense a las 28 personas fallecidas, a donde se trasladaron miles de personas, entre ellas, más de un centenar de periodistas y los más altos representantes políticos. Una fecha que cobró cada vez mayor protagonismo tras la cancelación del homenaje de Estado que estaba previsto para el 31 de enero. La explicación que transmitió Moncloa a través de un comunicado consistió en que un alto número de familias no estarían presentes. Una explicación que choca con el sentir de algunos allegados, que, a lo largo de estos días, han expresado su desacuerdo y malestar ante los medios por la gestión del siniestro y la falta de prevención en la infraestructura ferroviaria.