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Cómo la cultura transformó Málaga más allá del turismo de sol y playa: “La cultura no puede ser rehén de las ideologías”

El periodista y escritor Guillermo Busutil

Alejandro Luque

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En plena controversia sobre los beneficios y los perjuicios del turismo, son muchos los que miran hacia Málaga y la Costa del Sol para analizar qué cosas se han hecho bien y cuáles han resultado perjudiciales a corto y largo plazo. En dicho debate irrumpe ahora el libro MA-CULTURA 1988-2023, una crónica en clave de road-movie que levanta acta de los años en que esta capital andaluza apostó por un modelo diferente, más allá del clásico turismo de sol y playa, para iniciar una transformación espectacular.  

Su autor, Guillermo Busutil, escritor de larga trayectoria y Premio Nacional de Periodismo, fue testigo privilegiado de ese largo proceso. “La cultura es esencial porque forja la sensibilidad y el conocimiento, instruye el pensamiento, estimula la creatividad y contribuye al desarrollo, el progreso y la identidad diferencial de una ciudad que, por encima del capitalismo que la convierte en mercado y mercancía, la establece como fuerza educadora y de convivencia”, explica. “Esto es importante, y es por lo que he luchado desde mi humilde trabajo como periodista cultural”, añade.

Una memoria exhaustiva a través de los grandes temas de la ciudad que reconoce los méritos de los tres alcaldes, Pedro Aparicio, Celia Vilallobos y Francisco de la Torre, con especial mención para los Planes Estratégicos del 92 y el 94, pero que también destaca el papel de personalidades como Miguel Romero Esteo, director del Festival Internacional de Teatro; Eugenio Chicano, promotor de la Fundación Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso; Tecla Lumbreras, “la gestora que creó una atalaya de la posmodernidad y la Movida”; José Ignacio Velázquez, vicerrector de Extensión Universitaria y gran agitador de la cultura; Garrido Moraga, “hombre cultísimo, un dandy de la ciudad que fue concejal de Cultura e ideó el Festival de Cine de Málaga; Rafael Ballesteros, diputado del Partido Socialista que consiguió apostar por el Centro de la Generación del 27; Lorenzo Saval, director de la revista Litoral; Paco Aguilar, Rafael Alvarado, Pedro Pizarro, Carlos Álvarez, Alfredo Taján o Javier Ojeda, líder del grupo Danza Invisible y espíritu inquieto, así como fundaciones como Unicaja, el Ateneo, la Fundación Málaga o la Manuel Alcántara.

Contra la desmemoria    

El volumen fue originalmente un encargo que le hizo al autor Pedro Marín, director del Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU), quien pensó que podía ser la persona idónea para hacer un ensayo de “autor” desde una mira independiente y constructiva. Pero sobre todo prevalecía la intención de luchar contra el alzheimer colectivo, y reconocer la visión y el esfuerzo de aquellos que trazaron un futuro diferente para la ciudad.

“Málaga es una ciudad que tiene poca memoria”, lamenta el periodista. “También tiene una leyenda trabajada y arraigada de madrastra, y no mira para atrás ni reconoce el trabajo arduo y constante que mucha gente ha desarrollado y sigue desarrollando en la ciudad. Hoy día parece que Málaga es una ciudad consolidada en el mundo de la cultura, y ha tenido un empeño importantísimo por parte del alcalde Francisco de la Torre desde 2015, pero ya tenía un empuje muy importante por parte de esas personas que hemos trabajado con mucho ahínco y mucha pluralidad y profesional, cosas vitales en el mundo de la gestión cultural”.

En este sentido, Busutil destaca que “hay que tener en cuenta que la rentabilidad de la cultura no puede ser una almoneda, que la cultura no puede responder a la inmediatez de hacer caja o de obtener beneficios cuantificables rápidos. Ni depender de subastar la calidad o la oferta. La cultura es algo muy serio, una inversión en educación, en civilización, en progreso, en la construcción de una ciudadanía crítica. La cultura es el urbanismo del pensamiento creativo, abre plazas, conecta calles, crea sinergias, genera imaginarios. Crear un mapa, algo que ya se ha conseguido en la ciudad, pero todavía no se oferta como recorrido coherente desde la Pinacoteca del XIX, con la Fundación Casa Natal de Picasso, el Museo Picasso, el Museo Thyssen y el Pompidou… es muy importante”.

Auditorio sí, rascacielos no

El escritor y periodista destaca también dos aspectos a tener en cuenta: uno, y esto es una de sus luchas personales, es que “en lugar de apostar por un rascacielos en el corazón de la Bahía, que vulnera el horizonte, sería mejor apostar por un gran auditorio que aglutine el consenso de la sociedad y enriquezca la oferta cultural, moderno en su concepción estética y respetuoso con el Medio Ambiente”. Y por otro lado, “que la cultura sea capaz de permear una relación de mayor colaboración con el mundo del arte local, con las galerías que sobreviven como pueden y ese mundo del arte que vive en una gran precariedad”.    

Busutil también defiende en este libro “la importancia de que la cultura sea sólida en sus argumentos, atenta a los cambios y paradigmas sociales y de propuestas estéticas, que no sea complaciente con el discurso oficial y que proponga reflexiones y nuevas miradas enriquecedoras”, dice. “La cultura, más que un modelo de ciudad, es una forma de vivir. Málaga ha conseguido mucho, se ha convertido en un gran foro de cultura, muchas capitales miran a Málaga con envidia. Entre 2021 y 2022 obtuvo cuatro premios nacionales, algo inaudito. Y sin embargo, eso pasó un poco desapercibido en la ciudad”.

MA-CULTURA 1988-2023 reivindica asimismo ese trabajo “de 35 años de artistas y de gestores, el de todos los que trabajan en trastienda como funcionarios, técnicos, vigilantes de sala, prensa, que dan calidad a la imagen de museos e instituciones. Y reivindicó la dignidad económica del trabajo cultural frente a la precariedad, y la gratuidad. Pongo en valor el trabajo de profesionales, políticos e institucionales que han sabido entre todos crear progresivamente, desde el Plan Estratégico del 92, la cartografía de una capital cultural hoy día consolidada y con muchas posibilidades de crecimiento y expansión, siempre y cuando la política apueste con seriedad y pluralidad, sin convertir la cultura en rehén de lo ideológico, de las camarillas, de las exclusiones de miradas insumisas”.

Un viaje que, subraya Busutil, no tiene término. “La cultura tiene que seguir volando libre, empujándonos hacia delante. Su faro tiene que ser la luz que ilumine el horizonte. Esa es la esperanza, de que esos 35 años se conviertan en 70 o más”.

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