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Donde arde la memoria: Bello y la nueva Celtiberia frente al declive demográfico

Al caer la tarde, la hoguera vuelve a encenderse en Bello. Es el momento central del Beltaine, uno de los rituales que forman parte de las Jornadas Celtibéricas Virgen de la Cabeza, un encuentro de tres días entre el 24 y el 26 de abril, en el que este municipio del sur de la laguna de Gallocanta transforma el espacio público en un escenario donde conviven referencias prerromanas, celebraciones religiosas y propuestas vinculadas al patrimonio local.

La actual festividad de la Virgen de la Cabeza llegó con los pastores trashumantes que recorrían la península buscando pastos de verano. Trajeron consigo una devoción procedente del sur (Sierra Morena), que se asentó en el territorio y terminó convirtiéndose en la celebración principal del pueblo.

Pero bajo esa capa cristiana sobreviven prácticas mucho más antiguas. El rito del Beltaine, por ejemplo, marca el paso del invierno a la primavera desde tiempos prerromanos. En Bello reviven la plantación del “mayo”, las danzas y la hoguera, un fuego colectivo que simboliza renovación, fertilidad y comunidad.

No es solo una fiesta local. Cumple varias funciones a la vez, como la recuperación del patrimonio inmaterial (ritos, música, tradiciones); la generación de actividad económica (artesanía, turismo, consumo local); el refuerzo del sentimiento de pertenencia y la conexión del pueblo que se resiste a desaparecer.

Según explica Ángel Muñoz, presidente de la Asociación de Amigos de la Celtiberia, Bello se encuentra en un proceso de recuperación de ciertos ritos, sobre todo paganos, que se estaban perdiendo, en un intento de dinamizar el territorio y el patrimonio. De esta forma, se han recuperado algunas melodías y elementos del dance que casi se habían perdido. Además, ponen especial acento en actividades que siempre estuvieron vinculadas a los asentamientos celtíberos, como la ganadería trashumante —de la que hoy casi no quedan pastores—, o la agricultura cerealística.

Lo que ocurre en Bello no es un caso aislado. El municipio se inscribe en el territorio de la Celtiberia, en el interior peninsular, que en la Antigüedad se organizó como una red de asentamientos interconectados. Estos núcleos, conocidos como oppida, mantenían relaciones comerciales, ganaderas y estratégicas, además de estructuras sociales y políticas propias.

Ejemplos como Numancia, Tiermes o Segeda evidencian que no se trataba de enclaves aislados, sino de puntos integrados en una red territorial. Esta organización permitía articular recursos y población en un espacio amplio, con una relación estrecha con el paisaje.

La relevancia de este territorio no fue menor en la Antigüedad. De hecho, uno de los episodios vinculados a la Celtiberia aragonesa dejó una huella que todavía perdura en la vida cotidiana: el calendario. En el año 153 a.C., en plena guerra contra ciudades como Segeda, el Senado romano decidió adelantar el inicio del año al 1 de enero para poder organizar antes la campaña militar. Hasta entonces, el calendario comenzaba en marzo. La medida, adoptada por una necesidad estratégica en el interior peninsular, se mantuvo con el tiempo y sigue vigente más de dos mil años después.

En la actualidad, gran parte de este territorio presenta una baja densidad de población y limitaciones en el acceso a servicios. La denominada Serranía Celtibérica figura entre las zonas menos pobladas de Europa y agrupa municipios repartidos por Aragón, La Rioja, Castilla y León y Castilla-La Mancha.

Ante esta situación, en los últimos años han surgido iniciativas orientadas a la cooperación territorial. Entre ellas, la Red de Municipios de la Celtiberia, a la que están adscritos 45 municipios, plantea la coordinación entre localidades con características similares. El objetivo es compartir recursos, desarrollar proyectos conjuntos y reforzar la articulación del territorio.

El ámbito de actuación de esta red abarca en torno a 1.300 municipios. Entre sus líneas de trabajo se incluyen la creación de proyectos culturales, el impulso de iniciativas turísticas, la elaboración de bases de datos para el análisis demográfico y la recuperación de celebraciones vinculadas al calendario tradicional, como Beltaine, Samhain o los mayos.

Estas propuestas se plantean como herramientas para dinamizar el territorio a partir de elementos existentes, como el patrimonio histórico, las tradiciones locales o los recursos naturales. La estrategia se basa en la colaboración entre municipios y en la construcción de marcos comunes de actuación.

Eventos como el de Bello se insertan en una dinámica más amplia de articulación territorial basada en la cooperación entre municipios y en la activación de recursos culturales.