De Zaragoza a Los Ángeles: Gerald Fillmore reivindica un audiovisual hispano sin clichés

Gerald Fillmore lleva años moviéndose entre idiomas, países e identidades culturales, pero ahora acaba de convertir esa mezcla en el centro de su trabajo. El actor, guionista y director aragonés se ha convertido en el primer artista residente del Instituto Cervantes de Los Ángeles, una figura inédita con la que la institución quiere reforzar la presencia del cine en español dentro de la industria audiovisual estadounidense.

Nacido en Zaragoza y conocido por series como 'Muertos S.L.' o 'Gym Tony', Fillmore defiende desde California a elDiario.es que el español ya forma parte de la cultura de Estados Unidos, pero todavía no ocupa el espacio que le corresponde dentro de su ficción. “Existe un público enorme interesado en ver historias ambientadas en Estados Unidos pero contadas desde experiencias hispanohablantes reales y contemporáneas”, sostiene.

Su nombramiento llega en un momento en el que el contenido en español vive una expansión internacional sin precedentes gracias a las plataformas, pero donde, paradójicamente, la producción audiovisual en español dentro de la propia industria estadounidense sigue siendo minoritaria. “El cine y la televisión en español atraviesan un momento de enorme visibilidad internacional. Plataformas como Netflix han acostumbrado al público a consumir historias en otros idiomas y eso ha cambiado las reglas del juego”, apunta.

Sin embargo, señala que todavía existe una gran contradicción: “Estados Unidos es el segundo país del mundo con más hispanohablantes, por detrás de México, y, sin embargo, el cine producido en español dentro de la propia industria estadounidense sigue siendo mínimo”.

Lejos de entender esta residencia como un reconocimiento individual, Fillmore la interpreta como una oportunidad para construir puentes entre la industria, el ámbito académico y la comunidad cultural hispanohablante. En este sentido, asegura que entiende esta residencia como una “oportunidad” para fomentar que desde Estados Unidos también se puede generar cine en español “con vocación internacional y alejado de ciertos estereotipos o de la mirada anglocéntrica”.

“El objetivo es seguir creando puentes entre industria, universidad y comunidad cultural, y ayudar a que el audiovisual en español tenga una presencia más natural dentro del ecosistema estadounidense”, añade.

Y lo hace además desde la posición de alguien que siempre ha vivido entre culturas. Hijo de padre británico-estadounidense y madre española, asegura que en Los Ángeles terminó entendiendo California “no como el sur de Angloamérica, sino como el norte de Hispanoamérica”. “Aquello que uno considera ‘la mochila’ que trae de su país termina siendo precisamente lo más valioso”, reflexiona.

Un cine en español lejos de clichés

La residencia arrancó de manera casi orgánica tras la proyección de 'Amor en toda la cara' en el Instituto Cervantes de Los Ángeles. Escrita, dirigida y protagonizada por Fillmore, la película llamó la atención de lingüistas, profesores universitarios y especialistas en lengua española por su planteamiento poco habitual. Se trata de una producción rodada simultáneamente en dos idiomas y concebida como dos películas independientes.

Por un lado, está 'Amor en toda la cara' y, por otro, 'Face Love', su versión en inglés. Ambas comparten reparto y estructura, pero cambian completamente en función del idioma. “Uno no escribe igual en un idioma que en otro, y mucho menos en comedia. El idioma transforma la historia y también la manera en la que percibimos a los personajes”, explica.

Al mismo tiempo, agrega que, cuando conoces a alguien por primera vez, según su idioma o su acento, “tu cerebro construye automáticamente una especie de pseudorretrato de esa persona”.

La película transcurre a través de videollamadas entre Zaragoza, Madrid, Los Ángeles, Tijuana y Londres, y reúne acentos y formas de hablar procedentes de México, Puerto Rico, Perú, Argentina, Guinea Ecuatorial, Japón, Inglaterra o España. Una mezcla que, para Fillmore, refleja mejor la realidad contemporánea del español que muchas producciones tradicionales.

“'Amor en toda la cara' refleja cómo el español contemporáneo no pertenece a un único territorio, sino que es una conversación compartida entre muchísimas identidades distintas”, afirma.

Ese enfoque multicultural es precisamente lo que ha llevado la película hasta espacios poco habituales para una comedia romántica. Hace apenas unos días, Fillmore presentó el proyecto en el Observatorio de la Lengua Española y las Culturas Hispánicas del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard, dentro de una programación vinculada a lengua, identidad y cultura hispana en Estados Unidos. 

“Jamás imaginé terminar mostrando mi trabajo en un espacio así”, reconoce. Para él, el interés académico que ha despertado la película tiene que ver con una cuestión generacional y social: “Habla de vivir entre idiomas, culturas y pantallas. Cualquier migrante puede sentirse identificado con eso”.

Además, reivindica el papel que está jugando el Instituto Cervantes en Estados Unidos: “En los tiempos que corren, la difusión del español en Estados Unidos tiene un significado muy especial y el Instituto Cervantes está haciendo una labor admirable al defenderlo desde la diversidad, sin levantar banderas, sino construyendo puentes”.

Humor, identidad y tecnología

La historia de 'Amor en toda la cara' nació además en pleno confinamiento. Fillmore había viajado desde Los Ángeles a España por trabajo cuando estalló la pandemia y terminó atrapado allí con su familia. De aquella situación surgió primero una escena escrita para un casting remoto y después toda una película construida a partir de falsas videollamadas.

Pero detrás del experimento técnico, estaba el interés por reflexionar sobre las relaciones humanas en un mundo hiperconectado. “Queríamos hablar de identidad, maternidad, paternidad, perdón y de cómo la tecnología puede acercarnos muchísimo y aislarnos al mismo tiempo”, indica.

Y todo ello desde la comedia, ya que si hay algo que Fillmore reivindica constantemente es el humor como herramienta cultural y política. “Soy un defensor absoluto de la comedia como herramienta de transformación cultural. El humor acerca realidades distintas y rompe barreras”, subraya.

“Muchas veces entendemos mejor aquello que nos resulta ajeno precisamente cuando somos capaces de reírnos de ello y también de nuestras propias limitaciones”, añade.

En esa defensa del humor también hay una reivindicación del cine en español hecho desde Estados Unidos, pero alejado de ciertos estereotipos sobre lo latino. “La representación hispana dentro del audiovisual estadounidense sigue reducida a clichés, cuando la realidad cultural del país es muchísimo más compleja y rica”, lamenta.

“Todo lo que hago tiene sabor aragonés”

Aunque lleva casi dos décadas fuera de España, Fillmore insiste en que Aragón sigue atravesando todo lo que hace. No solo en lo personal debido a que su mujer también es zaragozana y mantiene vínculos constantes con su tierra, sino también en lo creativo.

“Todavía queda mucho por contar sobre Aragón más allá del tópico o del cliché”, defiende, al tiempo que sostiene que, para levantar una producción bilingüe rodada por duplicado en varios países y con un teléfono móvil, “hay que ser bastante cabezón”.

Actualmente trabaja en nuevos proyectos vinculados a la comunidad aragonesa, entre ellos una película rodada entre California y Aragón junto a la productora zaragozana Cosmos Fan, además de un thriller con tintes de comedia negra desarrollado junto al actor y guionista Nacho Rubio.

Su manera de contarlo mezcla ironía y orgullo: “Para levantar una producción bilingüe rodada por duplicado en varios países y con un teléfono móvil hay que ser bastante cabezón”.

Quizá ahí esté también parte de la explicación de su recorrido. En un momento en el que el español gana presencia global, Gerald Fillmore defiende que el reto ya no es solo ocupar espacios, sino transformar la mirada desde la que se cuentan las historias.

Porque, como resume él mismo, “un idioma lleva consigo memoria e identidad, pero también ideas y emociones. Y esas no tienen fronteras”.