OPINION

Un hilo rojo que recorre el mundo

Mieres del Camín —

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Se dice que las desgracias no suelen llegar solas y, el pasado 24 de enero, el adagio se hizo realidad.

En momentos convulsos en los cuales el orden mundial se tensa por la ruptura de los principios básicos que han regido, al menos en el aspecto formal, el Derecho Internacional desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, las redacciones de medio mundo se hacían eco de una segunda muerte en el Estado de Minnesota a manos de los miembros de la Agencia Federal ICE.

Pistoleros con placa

Los pistoleros con placa del ICE habían disparado el 7 de enero contra René Nicole Good en un control en Minneapolis y ahora abatían a Alex Pretti, un enfermero de un hospital de veteranos, durante una jornada de protesta ciudadana en el transcurso de la cual una mujer se vió arrollada por estos agentes de la barbarie —que no de la Ley ni del Orden— y, cuando Pretti se interpuso para protegerla, fue rodeado, derribado y acribillado.

Esto está sucediendo ante los ojos del mundo y viene a definir cómo la imposición de una dictadura planetaria no se define únicamente por el hecho de secuestrar a un mandatario en su país, aniquilando a su escolta con nocturnidad y premeditación y sacándole de su residencia y de las fronteras de su nación para llevarlo volando ante un juez federal de los Estados Unidos, sino que esa deriva dictatorial arremete contra los propios ciudadanos norteamericanos, cercenando los valores que durante décadas fueron bandera para generaciones de estadounidenses: la Libertad, la Democracia, el Derecho a expresar su opinión, a moverse libremente por cualquier parte del país.

Debo confesar que pensé que la resistencia al ICE llegaría en el sur fronterizo, en Texas, Arizona o en California, y que vendría por una explosión de ira de los inmigrantes acorralados y maltratados por Trump.

Desmanes y provocaciones

También pensé en algún momento que podía darse una rebelión cívica en Nueva York, auspiciada por la izquierda urbanita del Este. Pero no creí que fuera en Minnesota, en medio de una ola de frío invernal, donde ardieran las calles y donde el trumpismo avasallara a estadounidenses cuyo árbol genealógico hunde sus raíces en la Nación desde hace generaciones. Ahora bien, si me pregunto las causas, debo pensar que hay una evidente: el desembarco de miles de agentes de la ICE, sin formación adecuada y enrolados en banderines de enganche a lo largo y ancho del país con el único requisito de ser acérrimos trumpistas. Y se despliegan en un estado que es un bastión tradicional del Partido Demócrata, con un tejido asociativo vigoroso y una trayectoria de cultura activista. Un estado cuyo gobernador, Tim Walz, fue candidato a la Casa Blanca como vicepresidente junto a Kamala Harris.

Quizás estos datos nos hagan entender un poco mejor el teatro de operaciones de la extrema derecha y el porqué de sus desmanes y provocaciones en aquel territorio.

Y como decimos que las desgracias no vienen solas, coincide que ese día, 24 de enero, fallecía en Asturias un referente del movimiento sindical y vecinal y veterano luchador por la Democracia: Vicente Gutiérrez Solís.

Mientras el mundo asiste atónito al descarado exhibicionismo de una nueva forma de fascismo, se extinguía la llama de la existencia de un hombre que participó en las huelgas mineras de 1962, fue deportado, participó en las primeras Comisiones Obreras y militó en el Partido Comunista de España desde la clandestinidad. Una vez llegada la Democracia, fue concejal del Ayuntamiento de Langreo, dirigente de la Federación de Asociaciones Vecinales y, ya siendo anciano, demostró el mismo coraje de sus años mozos para sumarse a la denominada “querella argentina” contra los crímenes del franquismo.

Unir Asturias con Minnesota

Lo que este modesto artículo pretende es hilar una hebra de hilo rojo que, pasando por el ojo de la aguja de una fecha, el 24 de enero de 2026, sea capaz de unir Asturias con Minnesota en un abrazo internacionalista solidario donde las personas que se oponen a las tiranías, hoy igual que ayer, tengan el nexo común de un hilo rojo… no rojo de ira sino rojo de pasión y, lamentablemente, también rojo de sangre, derramada por la brutalidad del totalitarismo. En un mundo globalizado, ese hilo rojo se alza como una indestructible y galvanizada línea de dignidad humana entre las personas y los pueblos de la Tierra, quienes no buscamos heroínas ni héroes, pero sí necesitamos referentes tanto en Minneapolis como en Sama de Langreo.

No tuve oportunidad de conocer a los dos ciudadanos norteamericanos abatidos por las balas de ICE, pero sí pude conversar con Vicente Gutiérrez Solís, escuchar sus vivencias y aprender de sus experiencias, y considero un deber y un privilegio poder reclamarme, junto a millones y millones de seres humanos, custodio de ese legado. Creo firmemente que es el mismo legado que mueve hoy a la resistencia contra el trumpismo.

Por eso, mi corazón llora las ausencias de Solís, Good y Pretti… y mi llanto es uno más. Una gota en la mar. Pero será una mar llena de esperanzas, pese a todo, porque aunque nuestro tiempo vaya pasando, otros vendrán que harán realidad los sueños legítimos y hermosos de Vicente, de Nicole y de Alex, nuestros sueños. Sueños, que no quimeras.