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Brigitte Vasallo

Escritora a trompicones, periodista a ratos, mediadora intercultural, activista de las relaciones sexo-afectivas alternativas y feminista. Autora de la novela "PornoBurka" y dinamizadora de los talleres #OccupyLove sobre relaciones no-monógamas vinculadas y cuidadosas.

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Si todos somos Messi, ¿quién es el mantero?

En Barcelona se está encarcelando a vecinos por vender productos en la calle. Se los acusa de pertenencia a grupo criminal y de un delito contra la propiedad industrial ya que los productos, dicen, son ilegales. En cualquier caso, aclaremos que no venden productos nocivos, no son armas ni pornografía infantil: son bolsos y gafas de sol de imitación. Por si fuera poco, es el propio Fiscal contra los delitos de odio y discriminación de Barcelona, Miguel Ángel Aguilar, quien ha pedido su ingreso a prisión. El hombre en quien confiábamos también para temas de LGTBfobia. Estamos en malas manos, no nos queda ninguna duda.

Para poner en contexto qué es un delito y qué es sobrevivir dentro de un sistema injusto que exprime a las bases mientras libera a las grandes fortunas, recordemos que las empresas del Ibex tienen más de 800 filiales en paraísos fiscales. Telefónica, Repsol, Endesa, Red Eléctrica, Iberdrola, Unión Fenosa, Abertis y Ferrovial operan a través de entramados fiscales opacos mientras no dudan en cortar los suministros básicos a los hogares más vulnerabilizados en esta crisis-estafa. En los llamados Papeles de Panamá aparecen, entre otros centenares de nombres, Pilar de Borbón, Juan Manuel Soria (ex-ministro de industria), Rodrigo Rato, Mario Vargas Llosa o Pedro Almodóvar, por no hablar de la contabilidad B del partido que sigue, inexplicablemente, ganando las elecciones. Leo Messi ha recibido públicamente el apoyo del Fútbol Club Barcelona después de haber sido condenado por delito fiscal. Ninguno de ellos está en prisión, ni nadie lo pretende. Jose María Aznar apoyó la invasión de Iraq en 2003 bajo mentiras demostradas y en contra de la legalidad internacional, bajo la batuta de George Bush y Toni Blair. ¿Alguno de ellos ha sido detenido? España bate récords de venta de armas a Arabia Saudí, que está bombardeando Yemen y apoyando o haciendo la vista gorda al apoyo de sus acaudaladísimos súbditos a Daesh. ¿Y el grupo criminal son unos vecinos por vender en la calle sobre una manta?

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Con tetas no hay paraíso

Costillada familiar una tarde de verano cualquiera. Frente a las brasas, los hombres se quitan la camiseta en un gesto clásico estival mientras se pasan la bota de vino y comentan el diario deportivo.

En portada, el delantero estrella celebra un gol recorriendo el campo con la camiseta sobre la cabeza, descubriéndole el pecho. Dentro de unas horas, todos y todas volverán a bajar a la playa. Ellos con un pantalón corto; ellas con un bikini de dos piezas o con un bañador entero. En el otro lado del espectro, ellas, vestidas con camiseta, comentan el escándalo del pecho descubierto de la cantante de turno. Pechos que se salen de los escotes y dan titulares, portadas de revistas "para hombres", y topless "robados" de las starlettes nacionales. Pezones censurados en facebook, implantes de silicona y sujetadores con relleno.

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Islamofobia de barra de bar. En respuesta a Rafael Reig

Hacer afirmaciones tan sencillas y evidentes como que  “la islamofobia es el antijudaísmo del siglo XXI” provoca actualmente reacciones de una violencia insospechada. Hay quien me han tildado de antisemita (sic), islamofílica y manipuladora; otros, como Rafael Reig en su columna –que directamente tituló “A Brigitte Vasallo”–, han insinuado que defiendo la lapidación, la obligatoriedad del velo y las violencias contra las mujeres. No sé ante qué perversión de la mente nos encontramos cuando denuncio las violencias contra las mujeres musulmanas y alguien deduce que defiendo la violencia hacia esas mismas mujeres. Pero sí sé ante qué estamos cuando se pueden escribir cualquier tipo de barbaridades sobre la población musulmana o sobre las personas que reivindicamos sus derechos como los propios de una sociedad libre, sin que apenas salten las alarmas. Tenemos la sensación de que insultar a esa ciudadanía de segunda es algo divertido, canalla, incluso moderno. Y gratuito.

Pero no lo es.

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Infancias de color de rosa

A mi hijo de 6 años le gustan los trenes, los perritos calientes y el color rosa. Le aburre el fútbol, le apasiona la mecánica y ante la pregunta de si le gustan los niños o las niñas responde tranquilamente que a él le gustan los tranvías.

Crece en un entorno de gente compleja y variopinta que le quiere sin cuestionarle qué es ni que será, y donde sus gustos son bienvenidos por muy atípicos que sean.

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Gordofobia: cuando esté delgada, seré feliz

Ahora que acaba el verano, recuperar la "figura perdida" –perdida no sabemos muy bien dónde– parece ser una emergencia social si atendemos a las portadas de las revistas que anuncian múltiples dietas postvacacionales, a los llamamientos de gimnasios milagrosos o a los anuncios de clínicas reconstructoras de un cuerpo que nunca tuvimos pero que anhelamos sin descanso. La gordura parece ser una imperdonable infracción del canon de belleza establecido, una afrenta pública y un estigma poderoso, tanto que probablemente la mayoría de personas que leemos este texto hayamos probado alguna dieta por razones estéticas.

La delgadez se nos vende con infinidad de mensajes que la relacionan con la felicidad, el éxito, el bienestar: desde anuncios de gente alegre vistiendo ropa que solo existe en tallas pequeñas, hasta películas donde los personajes delgados viven y los gordos, en el mejor de los casos, hacen gracia.  

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En el amor como en la guerra

Crecemos y vivimos en una cultura donde la competición está presente en todos los ámbitos, bajo un "más fuerte, más lejos, más alto" que, como en los Juegos Olímpicos, no nos anima a superar nuestros propios límites sino a imponernos sobre los límites ajenos. Los concursos televisivos que animan a luchar a personas y equipos con las excusas más variopintas, las calificaciones del sistema educativo que nos sitúan jerárquicamente en mejores y peores de la clase, y nuestro Parlamento chillón e histriónico refuerzan cada día la idea de que lo importante no es el bien común, sino ganar una guerra eterna y omnipresente contra los demás. Los conflictos internacionales se solucionan imponiendo la fuerza y las conversaciones en los bares raramente derivan en diálogos, sino en discusiones airadas. Como bien decía Italo Calvino, "el infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos". El infierno lo atizamos todas y todos nosotros.

En las relaciones amorosas también caemos con extrema facilidad en el esquema de la competición y la imposición de los criterios propios como precario modo de resolver los conflictos. Es, en el mejor de los casos, una resolución a muy corto plazo que deja las relaciones maltrechas. El blog La Mosca Cojonera trataba en un post reciente el chantaje emocional y manipulación, ambas estrategias que usamos constantemente, en mayor o menor medida, sin siquiera darnos cuenta. Si planteamos una divergencia en términos de batalla que hay que ganar, todo vale: la pena, la culpabilización, el escaqueo de las propias responsabilidades o el uso de la fuerza. Los gritos, las amenazas o el silencio, que también puede ser de una dureza insoportable. Al afrontar las diferencias desde la perspectiva de la competición, el objetivo de encontrar una solución equitativa desaparece y solo se logrará deshacer el nudo cuando una de las partes ceda. Se rinda, usando otra imagen bélica.

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Sobre la monogamia

"Que cada cual haga lo que quiera" es un frase simpática, contundente y poco discutible que sirve para dejar zanjados los debates. Parece darle la razón a todo el mundo, aceptar la existencia de opciones divergentes, así como su cohabitación pacífica y cooperante. Es una frase que escuchamos a menudo cuando encaramos el debate sobre la monogamia: si no quieres ser monógama, no lo seas y punto. Cada cual con su vida que haga lo que quiera.

A pesar de las buenas intenciones, en la práctica pocas veces hay posibilidades reales de escoger. La elección no empieza ni acaba con lo personal, con la propia vida, sino que incluye toda la carga previa y posterior a la toma de esa decisiones, así como todas las estructuras que nos mueven hacia uno u otro lado. El conjunto se dibuja a partir de hegemonías privilegiadas y disidencias que convierten unas opciones en más fáciles y otras en más complicadas, cuando no imposibles.  El "que cada cual haga lo que quiera" es, a la práctica, un "que cada cual haga lo que pueda".

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