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Clara Serra

Profesora de Filosofía. Responsable del Área Estatal de Igualdad, Feminismos y Sexualidades de Podemos.

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¿Son culpables las mujeres por no denunciar?

El proceso judicial más mediático de los últimos tiempos en nuestro país, el juicio a la Manada, ha venido acompañado por masivas manifestaciones feministas en nuestra calles porque ha vuelto a demostrar que poner una denuncia puede ser la vía de entrada en un proceso en el que las víctimas pueden ser juzgadas y cuestionadas y en el que las mujeres pueden sentirse solas y desamparadas. Si han hecho falta miles de voces diciendo "yo sí te creo" es porque la justicia, una institución en la que es necesario que puedan confiar justamente los y las más vulnerables, muy a menudo está por detrás de las demandas de igualdad de nuestra sociedad. A pocos días del fallo del Tribunal Supremo, conocemos el informe del observatorio contra la violencia de género del Poder Judicial y muchos de los medios que se hacen eco de los datos llaman la atención sobre uno: de las mil mujeres asesinadas por violencia machista desde 2003 la mayoría, hasta un ochenta por ciento, no había puesto una denuncia.

A pesar de que parece que gran parte de la opinión pública comprendió el malestar que un caso como el de la Manada generaba para las mujeres, a pesar de que parte de nuestra sociedad entendió que, si la justicia desconfía de las mujeres, las mujeres están abocadas a no poder confiar en la justicia, la lectura de la falta de denuncias viene seguida de un automático mensaje dirigido hacia las mujeres, un mensaje que hace descansar en ellas la solución. "El silencio de la víctima es un factor de riesgo para la vida de las mujeres", "el Poder Judicial hace un llamamiento a las mujeres para que denuncien" porque esta es "la única llave que abre la puerta de la esperanza". Mientras la presidenta del observatorio afirma que las mujeres "tienen que saber que hay muchísimas personas que están ahí para que puedan salir de ese círculo de la violencia", Susana Griso manda este mismo mensaje en la campaña de Antena 3: "la denuncia te ayuda a escapar de tu maltratador".

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En defensa de las mujeres malas y las lideresas inesperadas: 'Juego de Tronos' y feminismo

Juego de Tronos ha terminado, y lo ha hecho con polémica (feminista), como polémicas han sido algunas de sus aportaciones durante todos estos años a la hora de tratar cuestiones políticas de primer orden. Más allá del final concreto de la serie y de las conclusiones que de él se puedan sacar -el triunfo de la reforma del régimen político de Poniente, y la transición hacia una monarquía electiva, frente a la revolución-, y más allá de la presencia de elementos en las últimas temporadas que hacían de la serie algo menos "política", Juego de Tronos ha sido casi un manual de instrucciones sobre el poder, que ha mostrado de manera maravillosa esos grises en los que se mueve la política. En las últimas temporadas ha ido ganando espacio la amenaza mágica civilizatoria de los Caminantes Blancos e introducir el elemento sobrenatural ayuda a suspender el juego de la política "puramente" humano. Así mismo, el espectáculo bélico ha cobrado protagonismo en detrimento de un mejor desarrollo de la vida interna de los personajes. Aun con eso la serie ha mantenido constante una mirada cruda y realista, desnuda, sobre la política o, mejor dicho, sobre lo político, situando el conflicto y el juego de poder como piedra de toque de todo pretendido orden social. 

Juego de Tronos ha sabido hablarnos del poder y de sus diferentes facetas, como la coacción y la fuerza. "El poder es poder" le dice Cersei rodeada de sus guardias a Petyr Baelish, ante sus amenazas veladas de destapar la relación incestuosa que mantiene con su hermano. Y es que "el poder es poder" gana a "la información es poder", por mucho que les pese a quienes se ven forzados a hacer política de manera subrepticia. ¿Pero no es acaso eso una invitación a utilizar todas las posibilidades a nuestro alcance, aunque sean algo "heréticas", para compensar las desigualdades de las que partimos? 

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Más feminismo, más futuro

Decía Bertolt Brecht que de la ignorancia política, del analfabeto político, nace el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y el lacayo de las empresas multinacionales. Un día después de vivir una de las fechas más significativas del panorama social y político contemporáneo, este 8 de marzo de 2018, podemos afirmar sin dudas que de la ignorancia política nace la desigualdad, la brecha salarial, los techos de cristal, el acoso sexual y por supuesto, la falta de medios para combatir todos ellos.

El feminismo no es solamente una cuestión de justicia hacia las mujeres, sino una manera de pensar cómo queremos vivir todos, cómo construir una sociedad más sostenible y con más futuro por delante. Tratar la discriminación salarial, la brecha de las pensiones o la desatención de nuestros mayores y dependientes como un acontecimiento natural en el que "no hay que meterse" es, simplemente, dejar de invertir en el mañana e hipotecar el futuro de nuestra sociedad. Decían algunas portavoces de Ciudadanos que este 8 de marzo "escondía cuestiones ideológicas" y que ellas, que son feministas pero no comunistas, no iban a ir a la huelga por eso. Nosotras, ante todo, damos la bienvenida al feminismo a todas las mujeres que hace años lo denostaban o ponían en duda la gravedad penal de la violencia machista. Nada tiene más sentido que el hecho de que las mujeres, todas las mujeres, vengan de donde vengan, se sumen a defender sus derechos, porque el feminismo es inclusivo, cómplice y transversal. Pero les recordamos a esas mujeres políticas que siguen yendo varios pasos por detrás, que lo que este 8 de marzo pedimos millones de mujeres, parando durante el día y desbordando las calles de las ciudades horas después, no es ideología, es sentido común, es democracia, pero sobre todo, es futuro.

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Solas

Este año estamos en el setenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un texto que reconoce el derecho de todos los hombres y mujeres a tener una familia. Si miramos a nuestro país y nos preguntamos cómo de garantizado está ese derecho en España, el panorama es desolador. Al trasfondo ideológico que subyace a las políticas familiares llevadas a cabo durante décadas por el partido que nos gobierna hay que sumar lo que el Partido Popular ha hecho contra las familias en nombre de la austeridad.

La crisis ha llevado a una verdadera situación de desatención de nuestros mayores y de las personas dependientes, abocados los primeros al cuidado insuficiente que reciben en unas residencias precarias gestionadas privadamente y desatendidos los segundos por la inexistencia de una ley de dependencia dotada de recursos reales. Muchos de nuestros jóvenes han abandonado forzosamente su país y sus familias y, los que buscan su futuro aquí, se enfrentan a un mercado laboral basura que no ofrece oportunidades para la generación más preparada de la historia. ¿Puede la mayoría de las personas de treinta años decidirse hoy a tener hijos y formar una familia? La sensación generalizada es el miedo, la incertidumbre y la falta de garantías para unos jóvenes que nacimos en un estado de bienestar pero que hoy día solo tiene ante sí riesgo y ausencia de certezas.

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Violencia machista y terrorismo

Quizás haya quien piense que la palabra "terrorismo" ayuda a darle a la violencia machista toda su importancia. Sin duda es una palabra terrorífica en nuestro imaginario, como también, sin ninguna duda, es una realidad que muchas mujeres hemos vivido o vivimos verdadero terror ante el machismo, ya sea en casa o en la calle. Pero la palabra "terrorismo" está cargada de una densidad semántica que dudo mucho que nos ayude a las mujeres, sometidas al control, la dominación o la humillación que nos impone una sociedad patriarcal, a sentirnos identificadas como víctimas de esa estructura.

La violencia terrorista es una violencia pública, realizada ante la vista de todos, y reivindicada por sus propios autores. Su naturaleza es completamente distinta a la de la violencia machista, que se lleva a cabo lentamente, a veces gradualmente, en la invisibilidad de unos gestos que no son reivindicados como violencia por quienes los cometen y que normalmente no son vividos como violentos por las que los sufrimos.

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Hackear la risa: el humor como arma feminista

¿Por qué cuando viajamos a otro país solemos no entender los chistes? No es una deficiencia lingüística, podemos hablar perfectamente el idioma. Da igual, entiendes todo, pero mientras todos se ríen tú, sencillamente, no lo pillas. Por eso se habla del humor inglés, no del humor "en inglés". Dominar otro humor es una de las fases más avanzadas del dominio de otro idioma. Porque significa que se ha logrado asimilar su sentido común, todas esas creencias, presupuestos y cosas dadas por sentadas propias de ese lugar, de esa comunidad de hablantes. El humor es un juego con presupuestos culturales, con elementos del sentido común que comparten quienes cuentan y se cuentan las bromas o los chistes. Forman parte de esos presupuestos compartidos los clichés sobre los ingleses, los franceses y los españoles, los catalanes, los de Lepe y, por supuesto, sobre las mujeres.

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"Me gusta ser una zorra" (feminista)

Hoy Barbijaputa escribe un artículo sobre el polémico spot Patria, de Amarna Miller, y sobre algunas declaraciones de la actriz porno feminista en una entrevista como estas, que Barbijaputa cita y comenta: "Si a mí me pone la figura masculina en un rol de poder, ¿he de modificar mi deseo porque esta fantasía no concuerda con mis ideales feministas? (...) Yo pienso que intentar modificar tu deseo sólo lleva a frustraciones y a un castramiento de tu identidad. Como yo no quiero modificarlo y creo que no es labor del feminismo modificar los deseos de nadie, lo que intento es asumir mis fantasías de una forma responsable y ética, saber de dónde vienen y disfrutarlo". Barbijaputa concluye que "esto puede tacharse de lo que queramos, pero definitivamente no de feminista". 

Hay un problema que aparece cada vez que debatimos sobre un tema complejo, y está claro que el porno lo es. Como no podemos hablar hasta el infinito, siempre nos toca dejar algo sin decir y probablemente dejemos sin hacer todos los matices que un tema así merece. Consciente de eso voy a decir las cosas que creo habría que decir en primer lugar, sabiendo que dejo otras muchas sin comentar.

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Las que faltan

Ayer en el Congreso de los Diputados se vieron muchas malas caras, reacción que continuó después en los medios y las redes. ¿Cuál era el cuerpo del delito? Diego, un bebé. Lactante.

Un Parlamento que ha permanecido impertérrito ante el agotador desfile de corruptos, ante una sociedad cada vez más desigual, se llevó las manos a la cabeza –por fin– pero por un bebé.

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Por mí y por todas mis compañeras

El pasado jueves, el Grupo parlamentario de Podemos presentó en la Asamblea de Madrid una Proposición no de ley sobre violencia machista. La iniciativa está siendo presentada por Podemos en todos los parlamentos autonómicos. Lo hacemos porque entendemos que la lucha contra esta lacra tiene que ser una prioridad política y que hay medidas muy concretas que podemos tomar ya. No parecen pensar asi el resto de partidos. En Asturias, por ejemplo, el PSOE votó en contra de nuestra propuesta desde el Gobierno. Y en Madrid el PP hizo lo propio.  

En España, la gestión de la crisis ha golpeado brutalmente a las mujeres. Los recortes en los servicios públicos llevados a cabo por el PP en sanidad, dependencia o educación llevan a muchas mujeres a cuidar de las familias en las casas y, lo que es más grave, a depender económicamente de sus parejas. La  brecha salarial ha crecido en los últimos años, lo que implica que las mujeres han perdido su mayor escudo de protección contra la violencia: su independencia económica.

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Malena sí puede

La política en cierto modo es un arte de bisagras. La sociedad y las leyes no siempre están ajustadas las unas con la otra. Si el desajuste se estira más de lo debido, se intensifica la tarea de lo político y la gente reclama su voz con más fuerza. El arte, sin duda, respira en la misma atmósfera. Su obligación es volar muy alto y desafiar a la realidad desde el horizonte.

Nuestra generación, la que ahora se ha visto obligada a interesarse por lo político y a pelear las bisagras que hagan falta para recuperar la dignidad y la vida, crecimos con los libros de Almudena Grandes. Almudena nos ha enseñado –sigue haciéndolo– que la vida vale más allí donde el corazón es más grande que las palabras, donde el cuerpo puede más que las costumbres, donde la libertad molesta al reloj y al calendario. Que hay que desafiar a las cadenas, las de dentro y las de fuera, se vistan de lo que se vistan. Nos ha enseñado que cuando Pablo hace sombra a Lulú, ésta confunde la sombra con el deseo y el deseo con la sombra; que a Malena le cuesta la vida querer lo que es y que a Jose –María José– le atraviesa tanto el amor del nosotros que le falta amor de sí.

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