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Jorge Alemán Lavigne

Jorge Alemán Lavigne (Buenos Aires, 1951) es un psicoanalista y escritor de origen argentino. En 1976 se exilió en España, con 25 años de edad. Desde esa fecha vive en Madrid. Tanto su formación como su pensamiento singular, sostenido por un orador y un ensayista notables, se ha potenciado, sin duda, por la partición geográfica y cultural en estas dos regiones de una misma lengua. Ha publicado numerosos libros que dan cuenta de un pensamiento que une psicoanálisis, filosofía y política, así como libros de poesía.

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Acerca del 'kirchnerismo' y la nueva situación

El kirchnerismo habitó integralmente, por razones de época, en el interior del neoliberalismo. Transitó entre sus dispositivos de poder como una contraexperiencia política llevando algunos puntos al límite y manteniéndose, en otros, bajo los esquemas de dominación neoliberal. En definitiva, es propio de las épocas pos revolucionarias, donde no hay ruptura absoluta ni muertos por combate, realizar experiencias populares inestables, frágiles, con giros puntuales donde una voluntad popular emerge con fuerza pero es intermitente y no está del todo nunca asegurada como un sujeto histórico 

El macrismo, en cambio, es el neoliberalismo consumado en su esencia, es su despliegue como voluntad de poder. Por supuesto que se puede criticar al kirchnerismo e incluso demandar su autocritica en aquellos puntos donde no pudo, no supo, no quiso separarse de poder neoliberal; Pero los que quieren establecer una suerte de continuidad entre el kirchnerismo y el macrismo, porque el kirchnerismo no superó ni rompió con los dispositivos neoliberales, le hacen el juego a los cínicos del aparato mediático macrista, donde muchos de sus exponentes han conquistado su cinismo perverso gracias a su procedencia de "izquierda".

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La paradoja democrática y su radicalización

Cuando en la década de los 90’ Chantal Mouffe ya planteaba una decidida  advertencia sobre la función del "consenso" en el discurrir de la política, este aviso constituía una verdadera premonición teórica y política. ¿Acaso no era el "consenso" el fetiche privilegiado de la mediación política? Esa mediación que se imponía tanto en la gobernabilidad conservadora como socialdemócrata  funcionando como una realización plena del ideal democrático.

En los textos de La Paradoja democrática no solo el consenso no constituye un ideal político, sino que encubre y reprime al "antagonismo" político, ese antagonismo que se presenta como una negatividad radical ineliminable y sin posibilidad de ser cancelada dialécticamente. De ahí el peligro del consenso, al que alude el subtítulo del libro, como maniobra final de la política. Lo que el consenso reprime y evita es el antagonismo constitutivo de lo social que entonces retorna  de una manera feroz y ciega y a expensas de ser recogido por la ultraderecha que se nutre siempre de la amenaza que supone un enemigo nombrado y delimitado. En la época del capitalismo posfordista, el neoliberalismo ha capturado a la izquierda democrática y es entonces la ultraderecha la que se apropia de un modo perverso de las tradiciones referidas a la soberanía popular, la constitución de un Pueblo y el carácter antagónico de lo político. Pero, en ultima instancia, la ultraderecha  despliega esta operación con el único fin de darle consistencia  a una supuesta unidad nacional que necesita expulsar al exterior todo aquello que la cuestiona en su ser presentado siempre como un fundamento identitario.

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Horizontes neoliberales

El neoliberalismo posee una dimensión escatológica. Su época es por fin la que introduce una certeza para el futuro. Una especie de atractor, de imán irresesistible, llama desde el futuro a consumar la pulsión de muerte, esa por la que se interrogaba Freud en relación a su enigmático triunfo.

El discurso capitalista hacia su consunción

Más allá de los distintos timbres apocalípticos que sonaron a lo largo de la historia, ahora, a izquierda y derecha, ya se sabe que el mundo marcha hacia una catástrofe final. Y que las decisiones que habría que considerar para poner freno a este desenlace, no lograrán su cometido. Esto se podrá diferir, se podrá retrasar indefinidamente, hasta que finalmente se realice. Es en este horizonte, en este plus de certeza alojado en un futuro sin escapatoria, que Jacques Lacan afirmó que el Discurso Capitalista marchaba hacia su "consunción" , palabra que intenta designar en castellano un determinado modo de consumirse desde adentro.

Acumulación por desposesión

Este vector hacia el futuro que cifra el destino mortal de la humanidad se anticipa actualmente en un nuevo "modelo de acumulación primitiva" tan violento como el que describió Marx en el origen mítico del Capital. En ese nuevo modo, la apropiación se consumará más allá de la forma habitual Capital-Trabajo, se realizará como expolio y desposesión, como lo ha indicado de modo pertinente David Harvey en su tesis de "acumulación por desposesión".

Un desafío a tres bandas

Para todo el mundo ya es posible imaginar un mundo regido por corporaciones que organizarán de un modo cada vez más ilimitado el saqueo general de las materias primas, los recursos naturales y la destrucción absoluta de las soberanías populares. En un horizonte semejante la apuesta por una lógica emancipatoria, la única contingencia que se puede introducir en aquello que se dirige al futuro, se encuentra con un desafío a tres bandas. En primer lugar, organizarse colectivamente sin sofocar la dimensión singular de la experiencia de cada uno. En segundo, vehiculizar a partir de la experiencia de lo político una transformación del sujeto en relación con lo real del sexo, la muerte y el lenguaje.

Una nueva Internacional

Y por último, las nuevas experiencias populares de soberanía deben aspirar a una nueva Internacional transversal al mundo de las corporaciones neoliberales y sus instituciones mundiales sometidas al Capital. Es evidente que la tarea es enorme, tal vez tan grande como lo fue la aparición de las grandes religiones, pero como ya no se trata de realizar una utopía futura sino de evitar la gran catástrofe, la apuesta merece deseos que la puedan sostener.

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Neoliberalismo: experiencias populares e izquierdas

En la actualidad, nos encontramos con la “izquierda clásica” que defiende los “intereses de la clase obrera”, a la que todavía considera –contra toda realidad histórica del capital- la fuerza material que cumplirá con la desconexión definitiva del modo de producción vigente y con la “izquierda posmoderna”, advertida ya del “posfordismo” y de que no se dispone a priori de ningún sujeto histórico que sea identificable y necesario sin que medie la contingencia de la construcción política. Estas vertientes de la izquierda, a pesar de sus notables diferencias, coinciden en un punto crucial: en la crítica permanente a las experiencias populares latinoamericanas y las que despuntan en Europa, por no haber sido capaces de llegar a tocar, alterar o transformar lo “real” del capitalismo.

Por ello una y otra vez, con distintas variaciones, repiten el mantra de que no se pudo salir del "modelo extractivista" y de la excesiva dependencia del valor de las materias primas en el mercado mundial, de que no se superó una lógica distributiva que solo consiguió finalmente producir el efecto indeseado de una nueva "clase media consumista", etc. Estos argumentos solo serían veraces, si se admite que el partido se juega en un terreno distinto al que la agenda neoliberal propone, y ya sabemos que casi nunca es así. Lo que suele ocurrir es que la experiencia popular o el intento de una “hegemonía populista” funciona de un modo siempre frágil e inestable en los pliegos del poder neoliberal y está expuesta a su arma más directa: la producción de subjetividades. Esto provoca en la propia vida íntima una relación bloqueada casi en su totalidad con todo intento de transformación, que no coincida con una mera "gestión" y rendimiento de la relación consigo mismo y con los otros.

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La opción del Frente para la Victoria: elecciones en Argentina

En los últimos años, muchos pensadores hemos realizado un esfuerzo por tratar a lo real, a lo "fuera de sentido", intentado salir tanto del círculo escéptico-cínico como de la ingenuidad fantasmática utópica. En ese contexto, parece que no hay más remedio que saber vivir un desajuste permanente entre las elaboraciones teóricas y los modos en que el capitalismo contemporáneo se apropia de la existencia mortal, hablante y sexuada. En este aspecto, lo político ya no tiene derecho a soñar y por difícil que sea debe mantenerse en el deseo de despertar.

Sin la pantalla del Ideal, lo que resta es sostener el deseo de poner "un freno de mano", como diría Benjamin, en la marcha ilimitada del capitalismo. Esos frenos de mano ya no son estratégicos, sino que son siempre tácticos y nunca coinciden plenamente con los presupuestos teóricos que nos animan. En el caso de Argentina, más allá de todos los debates y discusiones, el obstáculo al neoliberalismo y su expansión incesante es la fórmula Scioli-Zannini.

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La nueva apuesta y la crítica de izquierda

Descontado estaba que la derecha española, una vez que el fenómeno Podemos lograse instalarse en la escena política y fuera precisando sus propósitos políticos, atacara con toda su artillería mediática y corporativa. También era previsible que el 'establishment' deseara, esperara e incluso ayudara a inventar una formación política como Ciudadanos. Lo decimos con prudencia para no decir directamente  que fue  inventada por la "racionalidad" neoliberal. Ciudadanos es una fuerza sin el gusto rancio de la derecha neofranquista, con el suficiente gesto "antipolítico" que el momento histórico  demanda y con una apariencia de novedad donde se combinan un "supuesto grado cero de la ideología" con un una verdadera voluntad de ordenamiento y disciplinamiento político a  la medida de la derecha neoliberal contemporánea. Todo esto en un contexto de "revolución pasiva", como diría Gramsci, donde en España no es muy difícil apreciar como los impulsos transformadores son reabsorbidos de modo eficaz por un despliegue restaurador sumamente potente.

Podemos es una formación política que asumió uno de los desafíos más difíciles que se pueden aceptar en el orden le lo político, entre otros, asumir el acontecimiento del 15M con todo lo que tenía de acontecimiento imprevisible, de acto instituyente, de situación desbordante e inconmensurable  a cualquier intento de representación y traducción política, y darle una forma institucional que desafiara las estructuras institucionales de los partidos dominantes. Una tarea que, hay que reconocer en el límite de lo imposible. ¿Como institucionalizar y representar lo que surgió como aquello que cuestionaba todo orden de representación sin traicionar el acto fundante que le dio lugar?

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El retorno de lo político y la política

En primer lugar el título "El retorno de lo político", ya de entrada, implica que lo político parece ser algo que no está siempre presente, que no está ahí, que no se nos presenta como algo estable, firme y consolidado. Si hablamos de vuelta o retorno de lo político quiere decir que lo político puede ser evitado, puede ser reprimido, puede ser cancelado, puede ser olvidado, por eso para tratar este tema me voy a valer de la distinción entre lo político y la política, y voy a referirme a esta distinción clásica entre lo político y la política a través de los trayectos teóricos en los que me he sentido involucrado y concernido.

En primer lugar, una diferencia que para mí es clave y que se suele a veces solapar o confundir en el campo de la filosofía, de las ciencias sociales y de las ciencias políticas. Una cosa es, las lógicas del poder, que en la formación del neoliberalismo actual, como concreción del discurso capitalista producen subjetividades, el modo en que los medios de comunicación, las corporaciones han tomado como su botín más valioso la producción misma de la subjetividad, y otra cosa es la propia constitución del sujeto por "la lengua", constitución que se inaugura antes del nacimiento del sujeto y que prosigue después de su muerte. Son dos lugares absolutamente a diferenciar, es más , constituyen la diferencia absoluta.

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Capitalismo sin Nombre del Padre

El modo en que la crisis sistémica del capitalismo se despliega sobre el mundo muestra con claridad la ausencia de un límite que haga barrera a la deriva financiera incontrolada. Nada funciona como punto de amarre; las naciones y sus agrupamientos, las instituciones mundiales, las medidas económicas que pretenden paliar la emergencia de inmediato se reabsorben y se diluyen en los movimientos del mercado. No aparece el lugar desde donde podría operar lo que Lacan denomina el Nombre del Padre y su efecto logrado: el que Lacan llama punto de capitón. (N. de la R.: Lacan toma el concepto de punto de capitón de la tapicería: son esos botones que, generalmente a intervalos regulares, fijan los almohadones y los tapizados, de modo que el relleno no pueda deslizarse y se conserve la forma. En el discurso, el punto de capitón es aquel en que un significante queda abrochado a un significado y se constituye una significación: a partir del punto de capitón, ya no todo puede querer decir cualquier cosa). La hemorragia no se detiene, el efecto de autoridad simbólica que debe acompañar la decisión tomada se destituye con facilidad y el "semblante" del Padre que garantice, al menos coyunturalmente, una sutura en la hemorragia, no termina de emerger.

En suma, la autoridad simbólica, su credibilidad y la posible lectura retroactiva de lo sucedido no encuentran el tiempo ni el lugar para ejercerse de modo eficaz. ¿Se llama a esto "crisis del capitalismo"? Por el contrario, nuestra afirmación es otra: es el propio capitalismo el que es capaz de poner en crisis todas las estructuras que hasta ahora venían simulando su regulación.

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Latinoamérica y el momento actual español

La sucesión de imputaciones delirantes proferidas por distintos responsables de la derecha española guardan una gran afinidad temática con los supuestos análisis "críticos" que desde los medios dominantes en España tienen por referencia a Latinoamérica. En especial, los que se refieren a aquellos países del Sur que en la última década han afrontado proyectos políticos transformadores en relación al neoliberalismo vigente. En cierta forma, en muchas ocasiones, apenas cambiando puntos y comas, las pretendidas críticas que se vierten sobre los proyectos latinoamericanos  que han intentado reconstruirse de la devastación neoliberal de los 90, se han dirigido después a la "nueva y otra" izquierda española. Esa que claramente se ha decidido por introducir una brecha en el armazón del bipartidismo corporativo. Incluso, no es difícil admitir que las imputaciones, las que se presentan como delirantes, tienen la función final de operar como una amenaza velada. Pero también se debe de señalar que esas amenazas, que buscan instalar el pánico en el horizonte social, han sido precedidas por distintos análisis por parte  de numerosos intelectuales "ilustrados" que aún mantienen su aura  "progre", y que le han dedicado a Latinoamérica el mismo régimen  de descalificaciones que se le dirige a la nueva y otra izquierda: totalitarismo, demagogia, espíritu de venganza, crispación, cainismo, caudillaje y por último , el famoso "populismo", como el nombre que designa una monstruosidad a expulsar de la escena política. La matriz narrativa de las imputaciones ilustradas se presenta del siguiente modo: desde un supuesto "tribunal de la razón" de carácter universal, neutral, y representado por la tradición europea, que siempre es imaginada como portadora de valores democráticos eternos, se presenta un "centro" desde el cual los proyectos latinoamericanos constituyen "anomalías" que están abocadas en cumplir con una suerte de destino fatal.

¿Se trata entonces de que no se pueden admitir las críticas, la libertad de prensa u opinión, como suelen repetir los medios mientras una y otra vez reiteran sus argumentos? Más bien lo que ocurre es que la mayoría de las veces se omite en esas críticas el hecho mas crucial y determinante de los proyectos latinoamericanos, a saber: las construcciones políticas latinoamericanas cuando se apropian del Estado reinventándolo, lo hacen como un "contrapoder" a la verdadera dominación del neoliberalismo que se extiende por su modo de reproducirse socialmente hasta el ultimo confín de la vida. Esto es importante dejarlo en claro, a pesar de los esfuerzos de aquellos países por sobrevivir a la devastación neoliberal y la confiscación de todos los órdenes de lo público, nunca los proyectos políticos latinoamericanos han accedido a las instancias de Poder donde se gestionan y administran los flujos del capital en su dimensión global. Es a la luz de esta encrucijada que se pueden reconocer las nuevas lógicas políticas en curso, aquéllas prácticas instituyentes que dieron lugar a un nuevo tipo de Estado e incluso que llegaron a alcanzar el rango de una nueva construcción regional contraneoliberal inédita en la historia de América Latina. Esas prácticas instituyentes fueron reinterpretadas y distintas tradiciones ilustradas; la liberal, la jacobina y la socialista, encontraron acentos nuevos y distintos con la emergencia de actores populares que no sólo abrieron distintos frentes de luchas sociales y políticas, sino una nueva interpretación de sus teorías y sus prácticas. Las llamadas experiencias "populistas" en América Latina se asumen como perteneciendo a la época en donde no hay un progreso histórico que asegure de entrada un pasaje al socialismo. Por ello, han abandonado el concepto de revolución y lucha armada, más bien se trata de procesos transformadores y constructores de Hegemonía que se juegan íntegros en el interior del Capitalismo y sus dispositivos de poder. En definitiva, esas construcciones hegemónicas obedecen al deseo de radicalizar la democracia.

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Capitalismo y hegemonía: una distinción clave

Actualmente, son muchas las maneras de concebir al capitalismo contemporáneo. Mucho se ha escrito sobre las transformaciones internas que le permiten al capital, incluso en cada crisis, alcanzar una nueva potencia. También se ha tomado en cuenta el impulso incesante que lo lleva a expandirse sin límite por todos los confines del planeta y sobre su capacidad para transformar todas las relaciones sociales hasta alterar a la misma subjetividad en su modo especial de producirse.

Así, se han generado todo tipo de debates teóricos y políticos con respecto a estos puntos mencionados. No obstante, sean cuales sean, los modos en que estas concepciones actuales del capitalismo se presentan, existen ya una serie de conclusiones que, al menos desde un punto de vista histórico, parecen imponerse por su propio peso. En primer lugar ya no es posible pensar que alguna “contradicción” interna al capitalismo y su despliegue tenga la fuerza suficiente para transformarlo y hacerlo colapsar. Ese colapso, en todo caso, queda reservado para las naciones, los pueblos, las instituciones, los vínculos sociales e incluso los propios sujetos. En segundo lugar, las aparentes novedades que el capitalismo presenta, no son otra cosa que la máscara de un “retorno”, el velo de un movimiento circular que vuelve siempre al mismo lugar. Ese lugar, en donde de un modo cada vez más intenso y preciso se conecta, incluso en la pobreza más extrema, a la existencia de los sujetos con distintos mandatos implícitos de consumo, a saber: tratar la vida, la relación consigo mismo y con los otros, bajo las formas de la mercancía, la competencia, la gestión de intereses, el emprendedor de sí, la vida del endeudado o los diversos imperativos mortíferos de la autoayuda y la felicidad.

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