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Lolita Bosch

Lolita Bosch. Barcelona, 1970. Escritora y activista. Su proyecto de activismo cultural contra la violencia y la exclusión, así como su propio trabajo literario, los proyectos por la paz activos y los programas literarios de autoaprendizaje que imparte y los que dona a víctimas se pueden ver en campuslolita.com

No con mi voto catalán

Esta democracia a la carta en la que parecen haberse instalado políticas y políticos de todo el Estado es abusiva, absurda, acomodaticia, caprichosa, infantil, vulnerable, frágil, agotadora, cara y parece un berrinche. Hemos dejado pasar mucho. Estamos ya acostumbradas y acostumbrados a que la mitad de las cosas que nos digan sean mentiras, a su corrupción, su jactancia, su impunidad. Y ahora nos estamos acostumbrando a que cuando algo no les parece bien propongan un cambio de presidencia: nuevas elecciones, nuevos envíos de propaganda que nadie lee y otro zarpazo innecesario al dinero público.

Para más inri lo hacen, cada vez con más frecuencia, acusándose las unas a los otros de ser poco demócratas. Ellas, ellos, que parecen haber olvidado que hacer política es pactar; escuchar a quien no piensa como tú; buscar lugares de encuentro y conciliación que logren que las distancias sean más cortas, el respeto más fundamental y el interés por el bienestar de la ciudadanía más genuino. La última, de los partidos independentistas catalanes, si bien podría obedecer a una intención de desobediencia justificada, visto lo visto, es sumamente complicada de asumir como votante.

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Somos su dinero

Casado quiere que se vaya Sánchez. Arrimadas, que se vaya Torra. Y una gran parte de los países del mundo quieren que se vaya Maduro. Parece que no sólo no estamos respetando la democracia sino que tenga más razón quien más lejos llegue: la nación moral, la está llamando estos días Pablo Casado. Como si en efecto hubiera una nación moral con valores enigmáticos que pasan por encima de los valores demócratas que sí nos hermanan y que sí son un logro social. Como si la democracia no fuera un derecho ciudadano sino la decisión de millones de personas que no saben pensar. Es decir, que la ciudadanía no fuéramos otra cosa que espectadores.

Esta percepción absolutamente religiosa del estado se extiende porque no es excesivamente difícil generar fanatismos que la sustenten. Hasta el extremo de hacernos poner en duda lo que consideramos que está bien o mal, o usando los preceptos y las leyes como herramientas de castigo y represión; sirvan como ejemplo la ley mordaza, la catalanofobia de algunos partidos políticos o la brutalidad con la que se trata la libertad de expresión. Pareciera que en esta España que no logra desembarazarse del fascismo no obedecer es traicionar. Como si hubiéramos perdido el derecho a ponernos en duda. ¿De verdad este es el país que queremos? ¿Somos conscientes de hasta qué punto estamos permitiendo que la extrema derecha marque nuestras agendas públicas, políticas y periodísticas? No estamos en un callejón sin salida que nos conduce al abismo, sino ante un dilema. Hace poco alguien me preguntaba si es cierto que en algunas lenguas indígenas de México no existe la palabra rendición. Es cierto, no existe. Es un lujo que se asume que no pueden permitirse. Nosotras, nosotros, tampoco deberíamos. Y bajar la guardia y dejarnos llevar es una de las peores formas de rendirnos.

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Ni celibato ni manada, es violación

Tengo una amiga jueza y feminista que dice que cuando hablamos de la violación múltiple de los San Fermines no deberíamos decir el 'caso de la manada' sino 'la violación múltiple de Pamplona'. Sabe que el lenguaje no es baladí. Lo tiene presente en su trabajo e intenta ser lo más precisa y justa posible cuando lo usa. A nosotras, a nosotros, a veces se nos olvida. Decía el filósofo alemán Theodor W. Adorno que el lenguaje nunca es impune. Tenía razón: no lo es. Decir 'el caso de la manada' es dar protagonismo a cinco desalmados que van abriéndose su espacio en la lamentable opinión pública en su grado máximo de manipulación. Y decir que los curas que han abusado de niños en escuelas religiosas si tuvieran derecho al matrimonio no lo harían, es abusar nuevamente de las víctimas. Pero además: no es cierto.

Cuando una mujer o un hombre son violados, no saben todavía lo que significará durante el resto de sus vidas. Cuesta imaginar cuando sufres una violación, o cuando la recuerdas años más tarde, lo que supondrá el hecho de seguir viviendo después de ser violada. Lo que será. Porque una violación no es un episodio, sino un proceso larguísimo durante el que una víctima necesita recomponer desde su manera de respirar hasta su relación con el espacio. Lo sacude absolutamente todo. Hablar del celibato o de un grupo con un nombre absurdo no se acerca a tanto dolor, tantísima rabia, impotencia, tristeza, desesperación, silencio. No. Una violación no es un episodio. Una violación es la obligación de reaprenderlo todo, de tratar de estar contigo de una manera distinta, de encontrar el modo de sacudirse de encima la sensación de sociedad, vacío, miedo y desasosiego que empapa tu manera de mirar el mundo. Cuando nos violan, nada existe como existía y el hecho de seguir viva adquiere otro sentido. Duro, hermético, difícil, aislado, vergonzante, embarazoso, incómodo, absurdo, inexplicable, doloroso, afilado, cortante. Ser una mujer violada es tener que recordarte constantemente que sí, que ésta que sigue hablando soy yo. Y el puro episodio es incapaz de contener lo que supone tratar de aprender a vivir así. 

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Las puertas y las oportunidades

Decía Gandhi que la paz no es un objetivo sino un camino. Y este camino que nos proponía recorrer nos parece más arduo, a menudo, cuantas más herramientas tenemos para transitarlo. Como si con las herramientas adquiriéramos también la incapacidad para reconocerlas y celebrarlas. O peor aún: como si con las herramientas llegará nuestro derecho a menospreciarlas. No pretendo banalizar la importancia de los problemas sociales del primer mundo, los hay y muchos, pero siempre que hablo de las dificultades y los riesgos de tratar de adquirir herramientas para una mejor construcción social en el tercer mundo hay quien incluso se avergüenza de quejarse desde un país como este. No deberíamos. La culpa es con frecuencia ignorancia y es, sobre todo, soberbia. No sirve.

Lo que sirve siempre es prestar atención. Escucha reparadora, la llaman desde Colombia las activistas y los activistas que trabajan por la paz y el bien común. Es sencillo: sólo se trata de acercarse a una víctima de la violencia social extrema o la exclusión y preguntarle: ¿Cómo está, qué necesita? Ofrecer un café y sentarse a escuchar, a una persona, una comunidad o un país. Una oportunidad que nos perdemos una vez y otra. Es increíble que no nos demos cuenta, es increíble que no entendamos que todas y cada una de las personas que viven en contacto permanente con lo que resulta fundamental saben cosas fundamentales. Y que muchas veces bastaría con aprender a hacerles las preguntas adecuadas en lugar de escuchar avergonzados cómo viven, sonreírles por la calle con conmiseración o atemorizarnos ante su pobreza. No podemos dividir el mundo entre quienes lo entienden de un lado y quienes lo entienden de otro.

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Las mamás de 45mil desaparecidos y desaparecidas

Hoy 10 de mayo se celebra en México el Día de la Madre y por tercer año consecutivo las mamás de desaparecidos y desaparecidas se manifiestan en la capital del país para demandar al Gobierno de México el cese de la violencia, la búsqueda de sus familiares, la resolución de los casos, estrategias sensatas de búsqueda y de acompañamiento a las víctimas, protocolos efectivos de búsqueda y respeto a su dolor y a la memoria de los suyos. Aunque debería decir “de los nuestros”.

En este tipo de actos en México se repite como consigna: “Los desaparecidos nos faltan a todos”. Y en efecto, si algo hemos aprendido en estos siete años que han pasado desde que el ex presidente Felipe Calderón le declaró públicamente la guerra al narcotráfico -sin las oportunas medidas de protección para la ciudadanía y con unas fuerzas del orden vinculadas, amedrentadas o sin recursos-, es que todos los muertos son nuestros muertos y que, en efecto, los desaparecidos nos faltan a todos. Que la catástrofe que azota al país nos afecta a todas y a todos de una manera íntima y profunda, y que el dolor de miles, cientos de miles, millones de víctimas, ha permeado la sociedad y la ha lastimado. Radicalmente.

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El colmo del machismo

De entre todas las mujeres que en nuestro país sufren diferencias e injusticias sociales, hay que tener muy presente el colectivo de chicas marroquíes que llegaron a España cuando eran pequeñas y han crecido aquí. Podríamos decir que son triplemente juzgadas: 1) Por la sociedad de la que se fueron, 2) Por la sociedad a la que llegan y 3) Por unos familiares que tienen que hacer esfuerzos verdaderamente profundos para poder entenderlas y acompañarlas, y que se convierten en una especie de puente entre una cultura y otra, a menudo con pocos recursos (de todo tipo) tanto en su origen como en la actualidad. Me explico, sin generalizar: si una chica marroquí de unos 20 años que ha crecido y ha ido a la escuela aquí, tiene una familia tradicional o de pocos recursos o con otro trabajo y otras preocupaciones; y ella crece naturalmente entre dos culturas que le son propias pero que no la acaban de entender, tiene que hacer muchos, muchos más esfuerzos de los que imaginamos. Se enfrentan a muchísimos obstáculos y retos, y tienen pocos lugares donde recurrir para pedir ayuda. A menudo no sienten un apoyo real de la familia (a la que lógicamente le cuesta entender este proceso de empoderamiento social femenino), de la comunidad (que en muchos aspectos está demasiado regida por los hombres en un entorno donde nos cuesta asumirlo) ni la sociedad que las acoge (que a pesar de ser también la suya, a veces las encasilla en unos prejuicios insoportables e incultos o las observa con una condescendencia exasperante que hace que tengan la sensación, en muchas ocasiones real, de que en el fondo no las entienden). Y la cierto es que este colectivo de mujeres necesita toda nuestra ayuda y toda nuestra atención.

Lo he pensado últimamente por una página que he encontrado en facebook y que he estado siguiendo a ver quien la hacía y por qué. Y lo confirmo: es el summum de un machismo cobarde y heredado que parece ser la única cosa que equivocadamente da poder a quien la realiza. La página se llama LA VIDA DE MARROQUIES EN ESPAÑA, gusta a casi 10mil personas y se dedica sistemáticamente a insultar mujeres marroquíes que viven en Catalunya. Las acusa de cosas absurdas y espantosas que tienen siempre que ver con el sexo y altera profundamente sus vidas (porque la información falsa que distribuye llega a su comunidad, y a veces incluso a sus familias) y vulnera su derecho a la intimidad. La página está llena de fotografías de chicas jóvenes de la periferia de Barcelona, con sus teléfonos reales y con frases como éstas: “Soy una putilla de las que cobran por el servicio. Pero no te preocupes por q te voy acer buen precio”; o este otro: “Se llama latifa tiene 19 años es de santa coloma, barcelona. le gusta que le chupan el culito y no lo hace gratis ehh por cada servicio te cobra 25 euros mas IVA”; éste: “Esta es una puta k no respeta el islam como muchas mas...y pos supuesto k es puta pero de las profesionales 'digo en la cama' lo da todoo toditoo gratis”; uno más: “Me llamo entisar esta ves k os parece mi hijab jaja i el pirsing ajajjaja soi muy warra y putilla soy de barcelona me dsbirgaron con dedos ajjaja comenta donde vivis y os agrego, estoy muyy catxonda”; o este último ejemplo que está escrito debajo de la fotografia de una chica que besa a un chico: “kon su novio bueno tiene muxo novios esta es amina de terragona sus padres estas super orgullosos d ver esta foto en facebok...”. Algunas fotos son verdaderas, otras falsas. Pero los teléfonos que publican son siempre reales. Conozco algunas de estas chicas, sé el trastorno que esto ha supuesto en sus vidas, e incluso sé de algunas que han ido a denunciar la página a los mozos y les han dicho que ellos no pueden hacer nada, que lo denuncien a facebook. Yo lo he hecho, pero después de investigar, me han escrito de facebook para decirme que esta página no hace exclusión por género, no provoca el odio y no es racista.

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El súmmum d'un masclisme

D'entre totes les dones que a casa nostra pateixen diferències i injustícies socials, cal tenir molt present el col·lectiu de noies marroquines que van arribar a l'Estat Espanyol quan eren petites i han crescut aquí. Podríem dir que són triplement jutjades: 1) Per la societat de la que marxen, 2) Per la societat a la que arriben i 3) Per uns familiars que han de fer esforços veritablement profunds per tal de poder-les entendre i acompanyar, i que es converteixen en una mena de pont entre una cultura i l'altra, sovint amb pocs recursos (de tot tipus) d'origen i actuals. M'explico sense generalitzar: si una noia marroquina d'uns 20 anys que ha crescut i ha anat a l'escola aquí, té una família tradicional o de pocs recursos o amb altra feina i altres cabòries; i ella creix naturalment entre dues cultures que li són pròpies però que no l'acaben d'entendre, ha de fer molts, molts més esforços del que normalment imaginem. Els posen molts pals a les rodes i tenen pocs llocs on recórrer per posar-hi remei. Sovint no senten un suport real de la família (que lògicament els costa entendre aquest procés d'empoderament social femení), de la comunitat (que en molts aspectes està massa regida pels homes en un entorn on això ens costa d'assumir) ni de la societat que les acull (que tot i ser també la seva, a vegades les encasella en uns prejudicis insuportables i incultes o les observa amb una condescendència exasperant que fa que tinguin la sensació, molts cops reals, de què en el fons no les entenen). I la veritat és que aquest col·lectiu de dones necessita ajuda i tota la nostra atenció.

Ho pensat darrerament per una pàgina que he trobat a facebook i que he estat resseguint aviam qui la feia i per què. I ho confirmo: és el summum d'un masclisme covard i heretat que sembla ser l'única cosa que equivocadament dóna poder a qui la fa. La pàgina es diu LA VIDA DE MARROQUIES EN ESPAÑA, agrada gairebé a 10mil persones i es dedica, sistemàticament, a insultar dones marroquines que viuen a Catalunya. Les acusa de coses absurdes i espantoses que tenen sempre a veure amb el sexe i els altera profundament la vida (perquè arriba a la seva comunitat, i a vegades, fins i tot, a les seves famílies) i vulnera el seu dret a la intimitat. La pàgina està plena de fotografies de noies joves de la perifèria de Barcelona, amb els seus telèfons reals i al dessota frases com aquestes: “Soy una putilla de las que cobran por el servicio. Pero no te preocupes .por q te voy acer buen precio”; o aquest altre: “Se llama latifa tiene 19 años es de santa coloma, barcelona. le gusta que le chupan el culito .y no lo hace gratis ehh .por cada servicio te cobra 25 euros mas IVA”; aquest : “Esta es una puta k no respeta el islam como muchas mas...y pos supuesto k es puta pero de las profesionales 'digo en la cama' lo da todoo toditoo gratis”; aquest altre: “Me llamo entisar esta ves k os parece mi hijab jaja i el pirsing ajajjaja soi muy warra y putilla soy de barcelona me dsbirgaron con dedos ajjaja comenta donde vivis y os agrego, estoy muyy catxonda”; o aquest últim exemple que hi ha sota una fotografia d'una noia que fa un petó a un noi: “kon su novio bueno tiene muxo novios esta es amina de terragona sus padres estas super orgullosos d ver esta foto en facebok...”. Algunes fotos són reals, altres falses. Però els telèfons que publiquen són sempre els de debò. Conec algunes d'aquestes noies, sé el trasbals que això ha suposat a les seves vides. I fins i tot en sé d'algunes que han anat a denunciar la pàgina als mossos i els han dit que ells no poden fer res, que ho denunciïn a facebook. Jo ho he fet, però després d'investigar-ho, m'han escrit de facebook per dir-me que aquesta pàgina no fa exclusió per gènere, no provoca l'odi i no és racista.

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S'obren onze fosses comunes a Mèxic: 300 cossos

Coahuila és un estat mexicà que fa frontera amb els Estats Units. Limita amb Chihuahua, que en el context internacional és conegut pels assassinats de dones a Ciudad Juárez, i amb Nuevo León, la capital del qual, Monterrey, va viure en anys passats uns altíssims graus de violència i es va convertir en el paradigma de la nova violència nacional: una ciutat pròspera i industrial sumida en el terror. Nuevo León limita al seu torn amb Tamaulipas, probablement l’estat més silenciat de Mèxic. I la combinació d’aquests tres llocs, especialment en el triangle que conformen les localitats de Piedras Negras (Coahuila), Matamoros i Tampico (Tamaulipas), és coneguda avui pel silenci de la seva premsa, el terror dels seus habitants i la crueltat dels seus criminals. Excepte pels activistes de la ciutat de Monterrey i per les víctimes dels desapareguts a Nuevo León i Coahuila, d’aquesta zona de Mèxic i de la manera en què estan afrontant aquesta guerra entre càrtels i autoritats que està portant la societat civil a extrems invivibles, tot just en sabem res. En aquest triangle queden ciutats com ara Reynosa, on el diari La Mañana va escriure un editorial l’any passat demanant als narcotraficants −i per tant als seus aliats en els cossos de l’Estat− que els diguessin què podien publicar i què no, perquè deixessin d’atemptar contra ells. En aquest triangle hi ha també Ciudad Victoria, on els líders del Càrtel del Golf van repartir regals i tortells de Reis per Nadal. I és un dels llocs de Mèxic on han assassinat o desaparegut més periodistes i on els atemptats contra la premsa són més impunes. El 2012 aquí van morir quatre tuiters per transmetre en directe quines eren les zones menys perilloses de la regió perquè els ciutadans i ciutadanes hi poguessin transitar. A dos joves de 25 i 28 anys els van penjar d’un pont, a un el van decapitar i a la quarta tuitera, una dona, li van tallar el cap i el van plantar en un test al costat d’un ratolí i un teclat d’ordinador. Així són les coses al nord-est mexicà.

En aquests últims dies, però, un fet succeït al nord de Coahuila ha sacsejat els activistes i defensors de drets humans de tot el país, si bé la premsa massiva i nacional no se n’ha fet encara el ressò necessari per difondre la notícia. En deu dies s’han trobat, en onze fosses comunes, cinc-cents restes humanes de tres-centes persones. És fins avui la fossa més gran trobada a Mèxic −encara que sens dubte aquest serà un episodi que es repetirà en els mesos i anys que han de venir.

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Se abren 11 fosas comunes en México: 300 cuerpos

Coahuila es un estado mexicano que hace frontera con los Estados Unidos. Colinda con Chihuahua, que en el contexto internacional es conocida por los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, y con Nuevo León, cuya capital, Monterrey, atravesó en los pasados años altísimos grados de violencia y se convirtió en el paradigma de la nueva violencia nacional: una ciudad próspera e industrial sumida en el terror. Nuevo León colinda a su vez Tamaulipas, probablemente el estado más silenciado de México.

La combinación de esos tres lugares, especialamente en el triángulo que conforman las localidades de Piedras Negras (Coahuila), Matamoros y Tampico (Tamaulipas), es conocida hoy por el silencio de su prensa, el terror de sus habitantes y la crueldad de sus criminales. Excepto por los activistas de la ciudad de Monterrey y las víctimas de los desaparecidos en Nuevo León y Coahuila, de esa zona de México y el modo en que están enfrentando esta guerra entre cárteles y autoridades que está llevando a extremos invivibles a la sociedad civil, apenas sabemos nada. En ese triángulo quedan ciudades como Reynosa, cuyo periódico El mañana escribió un editorial el año pasado pidiéndoles a los narcotraficantes –y por ende sus aliados en los cuerpos del estado– que les dijeran qué podían publicar y qué no, para que dejaran de atentarlos. En ese triángulo está también Ciudad Victoria, donde los líderes del Cártel del Golfo repartieron regalos y roscas de Reyes la pasada Navidad. Y es uno de los lugares de México donde han asesinado o hecho desaparecer a más periodistas y donde los atentados contra la prensa son más impunes.

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Nosaltres les dones

Ara fa un any vaig decidir deixar de signar en masculí. Jo no sóc proveïdor, escriptor ni col·laborador. Tampoc no sóc president d’un jurat literari, senyor que rep cartes informatives de les institucions ni autor en els contractes d’escriptura. Sóc filla d’una generació que m’ha traspassat aquest dret. I crec, profundament, en la lluita constant pels drets de les dones. No només lingüístics, sinó de facte. Dins i fora de les nostres fronteres. Jo he tingut la immensa sort d’haver estat educada per una dona feminista que m’ha ensenyat la importància de respectar, exigir i entendre. Sóc filla d’una generació de dones que han lluitat perquè jo tingui gairebé els mateixos drets que molts homes. I sóc filla d’una generació digna i exemplar de dones que, arreu de l’Estat Espanyol, han alçat la seva veu i han modificat les seves vides a mesura que anaven aprenent que tot allò que els havien dit que eren, no ho eren. Una generació valenta, combativa i capaç. Molt, molt capaç. Que va canviar el nostre món per ensenyar-nos que no som mares, esposes, filles, acompanyants ni amants. Sinó ciutadanes amb plena consciència dels nostres drets i que juntes hem treballat i treballarem, tan com calgui, per aconseguir deixar de demanar-los. Encara que sigui vergonyós, sincerament ofensiu, que a aquestes alçades de les nostres vides hàgim de reclamar sous igualitaris, tracte igualitari i drets laborals similars. És absolutament insultant que hàgim de demanar sensibilització contra la violència de gènere, la venta de dones robades, els drets de les prostitutes i avui, ara també, l’avortament. Una bofetada amb la mà oberta a la cara, una aberració. Com si no en tinguéssim prou amb els anuncis que ens humilien, les situacions de poder que ens humilien, les relacions desiguals que ens humilien i aquestes porqueries de manuals masclistes que algunes editorials s’entesten a publicar i a vendre.

Ja n’hi ha prou, hem pensat molts i molts cops.

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