Como Gobierno no me viene nada

Los candidatos en su primer debate

País al que vas, país del que escuchas, país del que alguien se queja y siempre la misma sensación de que este ridículo y tantos actos impunes e injustos sólo somos capaces de cometerlos aquí. Lo he escuchado, y seguro que ustedes también, en distintos lugares del mundo, en conversaciones con personas de todos lados. La pregunta que me hago es: ¿lo habrán escuchado también las políticas y los políticos? ¿Hay quien pueda pensar que no tienen ninguna sensación de ridículo, que todo es pura avaricia y poder? ¿Debemos juzgar el papelón que está haciendo el Gobierno del Estado español como una lucha por el poder y basta? ¿O es que estamos en manos de mujeres y hombres ineptos? ¿No será un poco de todo?

Da miedo la ineptitud, casi más que la avaricia. La ineptitud es un estado en el que uno se acopla con naturalidad e incluso se vuelve inconsciente de sus propias limitaciones. Todas, todos somos ineptos e ineptas en algo. Por suerte. Pero las personas que representan nuestras necesidades, nuestros intereses y nuestras esperanzas, deberían estar obligadas a hacer ejercicios constantes de autocrítica y dejar de vivir en esta especie de lucha de gallos mexicana en la que aplauden a quien más fuerte golpea (haya visto el contrincante un abuso o no). Como decía hace años un árbitro de fútbol: la falta la decide el color de la camiseta.

¿Hasta qué punto, y eso sí es preocupante, está ineptitud soberbia de gran parte de la clase política, esa cerrazón y este convencimiento de tener la razón e incluso de que pactar es un fracaso cala en la ciudadanía? ¿Hasta qué punto seguimos escuchando a Sor Juana Inés de la Cruz cuando decía que el corazón tiene razones que la razón no entiende? ¿Por qué esta especie de superhombría tan antigua, tan heteropatriarcal y tan cobarde que hace sacar pecho a la gran mayoría de políticos de este país nos afecta a nosotras y a nosotros como ciudadanía? ¿Qué estamos permitiendo que nos hagan? ¿En qué nos están convirtiendo? 

Si esto fueran los ochenta (y créanme que hay quien extraña constantemente una pasión política que parecía ir más allá de otros intereses de una manera más masiva) y llamáramos a aquel servicio de información telefónica de antes para preguntar por el Gobierno de España, temo que la respuesta más probable sería: Lo siento. Como Gobierno no me viene nada.

Y a mí, por más que lo piense, tampoco. Patética ambición por el poder, a ratos parece que la zanahoria de los burros que nos ponen delante en un holograma, falsa, inventada y casi podrida, y que nos ponen sólo para que nos indignemos y sigamos viviendo en esta reacción al cinismo constante es una patética ambición por el poder. Y no nos sirve.

Y no: a la gran mayoría de la ciudadanía española hoy, como Gobierno, no nos viene nada.

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Publicado el
22 de septiembre de 2019 - 21:07 h

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